Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-09-2009

Somos todos chilenos?

Editorial de Punto Final
Punto Final


Preguntarnos si los nacidos en Chile somos todos chilenos plantea una respuesta compleja. Se aparta de lo establecido y del clima emocional de las Fiestas Patrias. Sin embargo, es una cuestin pertinente a 199 aos de nuestra Independencia.

Si bien existe un Chile profundo y un sentimiento indudable de chilenidad, enormes sectores de la poblacin ven negada su ciudadana por grupos privilegiados que se han adueado del poder, y que hacen suyo el nombre de Chile y la condicin de chilenos que niegan a los dems. En realidad, slo la cdula de identidad es igual para todos los chilenos.

La desigualdad -somos uno de los pases con mayor desigualdad en el mundo-, ha cavado un abismo entre ricos y pobres, estableciendo categoras diferentes de ciudadanos. Los estamentos inferiores, en trminos rigurosos, son chilenos slo de nombre porque no tienen acceso a los derechos ms elementales que la ciudadana permite alcanzar en un pas democrtico. Esta realidad se quiere disfrazar con paliativos que hacen del ciudadano un consumidor. El mundo evanescente de las tarjetas de crdito, que agudiza la explotacin fomentando un consumismo irracional -en loca imitacin del modo de vida de las clases adineradas-, no logra esconder las carencias de educacin, salud, vivienda y salarios dignos que sufren las mayoras.

Sin duda ha habido momentos o perodos en que hemos sido plenamente chilenos en un sentido colectivo. Como en medio de la lucha por la Independencia de Espaa o en el gobierno del presidente Jos Manuel Balmaceda, antes de la conspiracin que origin la guerra civil de 1891. Despus hubo otros todava ms significativos, como la administracin del presidente Pedro Aguirre Cerda y el Frente Popular en 1938, que tuvo como centro el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo y su acceso a la difusin y a la cultura, as como la industrializacin del pas a travs de la Corfo. Y sobre todo, en el gobierno del presidente Salvador Allende que recuper el cobre para Chile y dio comienzo a un proceso de cambios estructurales destinado a abrir camino al socialismo en democracia, pluralismo y libertad.

Fueron tambin destacables los momentos culminantes de la lucha contra la dictadura de Pinochet y su pandilla. O el comienzo de la transicin a la democracia, que se vio frustrada por los pactos con la derecha y los militares. El enorme esfuerzo popular -con derroche de valor cvico y heroicas acciones de resistencia- fue convertido en sal y agua por los manipuladores polticos de siempre. Se mantuvo la institucionalidad de la dictadura militar-empresarial; el modelo econmico neoliberal, levemente retocado, mantuvo su esencia individualista basada en el lucro; la impunidad debilit la lucha por la verdad y la justicia, y las Fuerzas Armadas -culpables de horrendas violaciones de los derechos humanos- se retiraron del gobierno sin asumir responsabilidades institucionales, sin depurarse de los oficiales fascistas -que hasta hoy permanecen en sus filas- ni comprometerse ideolgicamente con la democracia y la defensa efectiva de la soberana.

La igualdad segn OHiggins

En esos momentos clave ha habido grandes proyectos nacionales capaces de concitar el compromiso y entusiasmo creativo de la abrumadora mayora de la poblacin. En esos momentos el sentimiento nacional pudo convertirse en patriotismo, que ahora ha sido sustituido por un chovinismo despectivo hacia pueblos hermanos o un ridculo patrioterismo que emerge con ocasin del ftbol o de actividades asistencialistas, como la Teletn. En 1819 en la Gaceta Ministerial, el peridico oficial del gobierno, Bernardo OHiggins estableci los objetivos principales que deba cumplir el gobierno en su relacin con los ciudadanos: La igualdad es el derecho de invocar la ley en su favor que tiene lo mismo el rico que el pobre La libertad es la facultad de usar como uno quiera los bienes adquiridos, no vulnerando las acciones de los dems hombres ni leyes directivas de la sociedad La seguridad es el derecho de no ser violentado ni la vctima del capricho del que manda La propiedad es aquella prerrogativa concedida al hombre por el Autor de la Naturaleza de ser dueo de su persona, de su industria, de sus talentos y de los frutos que logra por su trabajo. Y al mismo tiempo adverta: Pero la misma naturaleza le impone ciertos deberes a que debe ceder el dominio exclusivo, o ms bien, hay casos en que se suspende ese dominio porque un objetivo de preferencia llama a cierta porcin de esas propiedades: toda aquella que no es indispensablemente necesaria para la vida. Nacido el hombre para la sociedad y constituido en ella, sera un criminal si viendo morir de hambre a otro de los asociados lo dejase perecer. Se cumplen hoy esos objetivos? Evidentemente, no.

Hay una justicia para ricos que les asegura que no llegarn a la crcel o quedarn en la ms irritante impunidad, y hay una justicia para pobres, que significa o indefensin ante los poderosos, que les den migajas en vez de lo que realmente deben recibir, o que los condenen a la crcel en condiciones inhumanas en las que pasan, casi siempre, mucho ms tiempo que el que finalmente les asigna la sentencia. Hay una salud para pobres -con hospitales pblicos que trabajan en condiciones pauprrimas- y una salud al nivel de pases del primer mundo, para los ricos. Sus clnicas de lujo han crecido vertiginosamente mediante las transferencias de recursos pblicos del Plan Auge. Hasta en la leche y los medicamentos impera la discriminacin entre ricos y pobres. Lo mismo sucede con casi todos los alimentos. Los de peor calidad y menor valor nutritivo, son para los pobres.

Existe, asimismo, una educacin para pobres y otra para ricos, que asegura a los hijos de stos ventajas escandalosas para su desarrollo profesional y cultural y que los prepara para que hereden el poder econmico y poltico. La educacin se ha convertido en un enorme negocio -en que participan empresarios, organizaciones religiosas, ejrcito, partidos y dirigentes polticos, incluso de Izquierda- y est siendo absorbida por corporaciones extranjeras en el proceso de transnacionalizacin de la economa y colonizacin cultural que sufre el pas.

Existe libertad plena? Tampoco. No hay, por ejemplo, verdadera libertad de expresin y pluralismo informativo. Un par de conglomerados -que actan como monopolio ideolgico- controlan los medios de comunicacin escritos que actan sistemticamente sobre los ciudadanos conciencindolos sobre las ventajas del modelo de dominacin. Tampoco existe libertad en el plano laboral, porque los trabajadores no pueden sindicarse sin correr graves riesgos, incluyendo la cesanta, y porque los sindicatos estn bajo permanente presin de los patrones. En el caso de los grandes consorcios, stos manejan -mediante ddivas y contribuciones a cajas electorales- a las autoridades de gobierno, parlamentarios y magistrados. Ni siquiera existe con plenitud la libertad de elegir y ser elegidos, porque los dirigentes sindicales y sociales estn inhabilitados para ser parlamentarios, alcaldes y concejales. En cambio, no lo estn los directivos de empresas ni de organizaciones patronales. En cuanto a la libertad de elegir, tanto el sistema binominal como los qurums de las leyes orgnicas constitucionales la convierten en una caricatura.

La propiedad es sacralizada por el modelo y ni siquiera es posible afectarla con expropiaciones ni devolverla al patrimonio nacional, al que pertenecen las riquezas bsicas y los recursos naturales como el agua de los ros y lagos, los glaciares y espacios marinos.

Muchas veces la injusticia ha sido la vencedora en la historia de los chilenos. Muchas veces se ha impuesto la desesperanza. No es primera vez que la Repblica experimenta el estado de nimo derrotista que vive en estos tiempos, herencia de desmoralizacin que dej la dictadura, y del pragmatismo e hipocresa descarados que se aduearon del pas.

Recabarren y la emancipacin del pueblo

Despus de grandes masacres obreras, Luis Emilio Recabarren escriba, en 1909, con motivo de las Fiestas Patrias de aquel ao: Qu es, pues, lo que hemos ganado con la llamada independencia nacional? Acaso el pueblo de Chile no es ametrallado, asesinado, encarcelado y perseguido cuando pretende hacer uso de sus derechos constitucionales? El pueblo en realidad nada tiene que celebrar. La verdadera emancipacin del pueblo no ha sonado an, ni sonar hasta tanto el pueblo mismo se organice y se emancipe de la tirana burguesa y capitalista que hoy lo oprime, social, poltica y econmicamente, como lo ha oprimido toda la vida.

Lo que se ha avanzado en derechos lo ha conseguido la lucha del pueblo, actor determinante en la bsqueda de la justicia, de la dignidad y en el anhelo de un Chile que sea la Patria de todos sus hijos. Toda sociedad supone una base mnima de entendimiento -un pacto social que interprete a los integrantes de la misma-. Ese pacto social est en crisis en Chile. Hay un sector privilegiado, de no ms del 10% de la poblacin, que maneja los grandes negocios, ligado al capital extranjero y a los verdaderos centros de poder. Los miembros de esa minora plutocrtica son considerados chilenos -ciudadanos con todos los derechos- y as lo hacen notar, apoderndose de los elementos simblicos que los convierten en intrpretes de la esencialidad nacional. Junto con ellos, son privilegiados los militares que tienen hasta seguridad social propia y atencin mdica superior a la del resto de los chilenos. Adems disponen de bolsa abierta -con oscuras comisiones por medio- para comprar armamentos; Chile se ha convertido en uno de los pases que ms gasta en armas, casi tanto como el gigantesco Brasil y ms que Colombia, que vive un prolongado conflicto armado. Las armas se llevan casi el 4% del PIB, mientras el Fisco niega recursos que podran mejorar sustancialmente la educacin y la salud.

Tambin la jerarqua de la Iglesia Catlica juega su papel en defensa de lo establecido, que es decir la injusticia, la desigualdad y las restricciones conservadoras, ahogando las manifestaciones disidentes. Sus denuncias sobre el escndalo social de la desigualdad se quedan en la retrica, sin identificar el sistema que genera la injusticia y sin presionar a los empresarios y polticos catlicos, responsables de esa situacin.

Apartheid a la chilena

Los partidos polticos y la llamada clase poltica, que incluye parlamentarios, voceros y dirigentes -de derecha, centro y de la Izquierda convertida al neoliberalismo-, tambin son privilegiados; pertenecen a la clase de los ricos y se sienten, por lo mismo, plenamente chilenos, ciudadanos de verdad. Se han convertido en un grupo cuya funcin es conservar el sistema mediante retoques y un maquillaje ocasional. La trenza poltica y social se amalgama en intereses comunes, alianzas familiares y de negocios, soslayando diferencias ideolgicas que para ellos han perdido toda significacin. Toman vacaciones en los mismos balnearios, viajan a los mismos pases -donde muchos tienen propiedades-, sus hijos estudian en los mismos colegios y universidades, se atienden en las mismas clnicas, visten en las mismas tiendas, viven en los mismos barrios, etc. La Dehesa, en los faldeos cordilleranos, es el lugar con ms alta densidad de polticos por metro cuadrado de todo el pas. Lo mismo ocurre con Lo Barnechea, Vitacura y Las Condes, comunas que -por su nivel de riqueza- pertenecen al primer mundo.

Frente a la riqueza de la oligarqua que controla Chile, est la pobreza que grita su dolor sin ser escuchada. Sus demandas caen en el vaco o retumban entre muros de indiferencia. Un ejemplo dramtico es el hermano pueblo mapuche, el ms pobre entre los pobres, cuya lucha tenaz por la tierra y por su identidad le han ganado el respeto y admiracin de los chilenos de corazn bien puesto y de amplios sectores internacionales. La desigualdad ha marcado a fuego fronteras inviolables en las grandes ciudades. Las reglas de este apartheid han instaurado formas diversas y odiosas de discriminacin. Desde luego la exclusin por el aspecto fsico y color de piel. Pero tambin la discriminacin por el domicilio, que impide a los pobres acceder a determinados trabajos por vivir en poblaciones criminalizadas por la prensa. Slo unos cuantos pobres -nanas, jardineros, choferes, guardianes, obreros municipales, trabajadores de supermercados- son admitidos cada maana en los barrios de los ricos. Un pobre no puede caminar por los barrios de los ricachones sin ser denunciado como sospechoso. Pero los ricos, a su vez, no se atreven a pisar el territorio de los pobres. Temen entrar a poblaciones donde imperan las leyes que dictan los miserables. Conocen mejor Pars, Roma o Nueva York que los barrios de Santiago donde viven aquellos que han perdido hasta las esperanzas de una vida digna, que slo conocen a travs de la televisin.

Los pobres, sin duda, quisieran sentirse tambin chilenos. Los rechazados, los oprimidos de siempre, los explotados, son la mayora en este pas. Ellos son los verdaderos patriotas porque aman a Chile sin intereses subalternos de por medio. Han vinculado su suerte al destino del pas. Ellos levantan la bandera chilena en la lucha social, la clavan en tierra cuando demandan una vivienda, la agitan en los estadios deportivos y caen con ella cuando son reprimidos y masacrados. Los pobres son chilenos a toda hora, todo el ao y todos los aos de su vida. No como esos ricos que se disfrazan de huasos para el 18 de septiembre pero que han demostrado -una y otra vez- que son capaces de entregar la Dulce Patria a la intervencin extranjera o venderla a pedazos como una mercanca cualquiera.

A los pobres -a los chilenos de verdad-, debe dedicarse el prximo Bicentenario de la Independencia. Porque a ellos -y a su capacidad de organizarse- pertenece el futuro de una Patria sin privilegiados y libre de toda forma de opresin.

(Editorial de Punto Final, edicin N 694, 17 de septiembre, 2009)


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter