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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2009

La Unin Europea no se atreve a cambiar de paradigma

Editorial de Gara
Gara


Es obvio que vivimos un tiempo convulso, al norte y al sur, al este y al oeste, en casa y fuera. Un tiempo de incertidumbre en el que, seguro, algunos preparan el porvenir mientras otros piensan simplemente a corto plazo. En las relaciones internacionales, deberamos decir, pomposamente desde luego, que estamos en una fase de cambio de paradigma, de bsqueda de un modelo, patrn o prcticas que sirvan para definir tanto el tiempo que nos toca vivir como, sobre todo, el que se avecina. El cambio de paradigma tiende a ser dramtico, especialmente en las ciencias, pero tambin en el campo de las relaciones internacionales. Esta semana ha habido algunas noticias diferentes en este campo, sobre todo tras la confirmacin de que Estados Unidos aparca el proyecto de desplegar un escudo antimisiles en el centro de Europa, en plena Unin Europea. Ha sido realmente significativo ver cmo muchos medios europeos han interpretado el anuncio como una ruptura en toda regla del noviazgo entre EEUU y Europa Central. La UE ha sido, y es, incapaz de labrarse su propio camino en este mbito, y la reaccin al anuncio de Obama no hace sino confirmarlo.

En el caso de los temas intercontinentales de seguridad, la Unin Europea mantiene una prctica y un discurso que realmente ha variado muy poco desde la aprobacin, en febrero de 1992, del Tratado de la Unin Europea (ms conocido como Tratado de Maastricht). Aquel texto, que supuso una pequea revolucin (nueva arquitectura institucional, ms mercado...) en el proceso de integracin europeo, se refera ya a los problemas futuros que la UE tendra que solucionar con Estados Unidos, y aluda directamente al mando estadounidense de la OTAN y a la necesidad de una poltica de seguridad propia europea, quizs con intereses estratgicos diferentes. Hoy, igual que entonces, el mando estadounidense controla la OTAN y dirige la seguridad europea, y as seguir siendo con escudo o sin l.

Pero, que hay detrs de este nuevo impulso al debate de la seguridad y de las nuevas relaciones internacionales? Por qu surge ahora, en plena crisis econmica? Es consecuencia de esa crisis, o pretende ocultarla? Y es que, a fin de cuentas, habra que preguntarse qu es hoy la seguridad y, en consecuencia, cules son los principales riesgos para los estados, por ejemplo para los europeos. Y la principal amenaza no es, desde luego, que los blindados rusos vayan a invadir Europa Central. La principal amenaza es el paro, la crisis econmica y financiera, y el temor a que los ciudadanos despierten al fin de su letargo (o miedo a perder lo poco que tienen) y tomen las calles y las plazas y tumben gobiernos y sistemas. Esta posibilidad, que parecer exagerada a muchos, forz hace apenas seis meses a los gobiernos de la Unin Europea a crear un rgano de coordinacin comn ante posibles revueltas sociales en toda la Unin.

En cualquier caso, si el debate de la seguridad clsica se reactivara, debera partir de la premisa de que ninguno de los dos grandes bloques sirvi realmente a sus objetivos declarados. Fijmonos en la OTAN, cuya principal misin era, segn aseguraban, evitar conflictos entre sus miembros (obvio) y en su rea de actuacin. Fall en Chipre en el primer supuesto y en los Balcanes, estrepitosamente, en el segundo. As que la Unin Europea, incluidos sus nuevos socios centroeuropeos, que desembarcaron en la Unin con una carga antirrusa enorme que se convirti en una fidelidad hacia la OTAN y EEUU exagerada, debera mirar a s misma y reestructurarse a fondo. Pero para poder hacer avanzar algo es esencial saber hacia dnde se va, y ah puede detectarse una carencia bsica tambin en la actual UE. Y ni tan siquiera el Tratado de Lisboa (si es ratificado en Dubln, Praga...) servir para solucionarlo. Hoy, curiosamente, en los pasillos de la Unin se habla de nuevo de salidas y alternativas acalladas desde hace una dcada. A muchos asusta, por ejemplo, el ltimo movimiento del Constitucional federal alemn y, para mayor espanto, todava habr quien recuerde el documento elaborado en 1995 por la CDU de Kohl (padrino de Merkel), documento que, por ejemplo, dejaba al Estado espaol fuera de un hipottico ncleo duro teorizado para profundizar en un proceso de integracin no slo econmico (como deca Delors, uno no puede enamorarse de una cosa tan rida como el mercado nico).

Sea como fuere, si algo es inherente a las relaciones internacionales sa es la poltica de poder. De hecho, las normas que configuran el mbito comunitario deban haber instituido una nueva forma de dominacin poltica (dictada, controlada y gestionada por la UE), diferente a la tradicional (es decir, la de los estados), un cambio de paradigma incluso, pero la Unin se qued a medias y la mxima de que quien no tiene un estado que le proteja es un ciudadano pobre en derechos sigue vigente, por mucho que haya evolucionado ese objeto poltico no identificado que es la Unin Europea. Pero en esa evolucin sigue medrando la inercia y la falta de visin, quizs porque no terminan de asimilar las enseanzas de Thomas Kuhn, que fue quien dio sentido contemporneo al concepto de paradigma en alusin a los valores compartidos por el trasfondo cultural de la comunidad y por el contexto histrico del momento, y quien enumer las condiciones que facilitan un cambio: organizaciones que legitiman el paradigma, lderes que lo introducen y promueven y, curiosamente, periodismo que escribe acerca de ello y lo legitima al tiempo que lo difunde.

http://www.gara.net/paperezkoa/20090920/157505/es/La-Union-Europea-no-atreve-cambiar-paradigma



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