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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-09-2009

Diego A. Manrique y el cine de suspense

Carlos Tena
Rebelin


En aquel film del director Alfred Hitchcock titulado Psicosis, primer gran xito global del realizador britnico, basado en la novela homnima de Robert Bloch, aunque adaptada al cine por un verstil actor, msico y escritor norteamericano, llamado Joseph Stefano, se abordaba lo que en psicologa se conoce como un trastorno disociativo de la identidad del yo, por el cual una persona llega a poseer dos personalidades distintas; es decir, dos formas de comportamiento diferentes, con sus respectivas estructuras, pautas de conducta, criterios y formas de reaccin. Dependiendo de diversas circunstancias, sobre todo debido a situaciones de estrs, prisa, tensin psquica, el enfermo pasa de una personalidad a otra, sin que pueda reaccionar ante el cambio.

Conociendo a Diego Alfredo Manrique (Pedrosa de Valdeporres, Burgos, 1950) desde hace lustros, habiendo trabajado codo a codo con l, tanto en radio como en televisin, puedo afirmar que su conocimiento y agudeza en los anlisis del fenmeno que se ha dado en llamar msica pop (de la clsica se reconoce poco seguidor), resultan difcilmente alcanzables para el resto de los colegas de su misma generacin, salvo contadas excepciones que no viene al caso citar.

A pesar de ello no me result chocante el artculo que escribi en su Pas, acerca del sobado Concierto habanero por la Promocin de Juanes, digo por la Paz, que me lleg, va email, hace unas horas. En esta ocasin, no ha sido Manrique, sino su yo-analista poltico, incapaz por ello de calibrar las consecuencias de la intromisin cerebral del invasor. Y me niego a creer que el hecho de que el prximo ao acceda a la tercera edad, sea la causa primordial que haya provocado que, de nuevo, sufriera ante la pantalla otro ataque a lo Anthony Perkins.

Recuerdo en cierta ocasin a mi admirado colega, que en tiempos del franquismo mantena una enconada lucha interior entre su herencia gentica y su inteligencia (de la que sali derrotado su primer coqueteo con el izquierdismo), escribiendo sobre los recitales de los cantautores, a la manera del cirujano que ha de intervenir el rin de una paciente, mientras su mirada est clavada en el pubis. Diego pareca no estar interesado en las canciones o la poesa, desplegaba su magistral pluma para acusar a los intrpretes de alentar al pblico a que lanzara gritos y consignas polticas, y asuma como normal la entrada violenta de la polica de la dictadura y la suspensin del concierto. Era tambin su otro yo, el analista poltico.

En esta ocasin, con su crnica desde la butaca sobre el multitudinario espectculo del colombiano, ninguneando a artistas, espectadores y sistema poltico, mintiendo de manera infantil acerca de los recitales, el pblico, los miembros de las Fuerzas Armadas cubanas, Fidel, Revolucin, etc., la disociacin del yo no situaba a Manrique reaccionando con la personalidad de un ser querido, como en la novela, sino con la del mismo Alfonso Ussa.

Lamentable, adems, porque segn me indican amigos comunes, Manrique es ms feliz con esta su segunda personalidad.


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