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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-09-2009

Nueva ofensiva de Estados Unidos sobre los pueblos de Amrica
Yankees go home!

Ana Esther Cecea y Humberto Miranda
Rebelin


Aunque parece ya lejano porque ocurri en marzo de 2008, el presunto ataque colombiano a Ecuador en la provincia de Sucumbos marc el inicio de un nuevo ciclo dentro de la estrategia estadounidense de control de su espacio vital: el continente americano. No se trat de un hecho aislado, sino de una primera piedra de un camino que contina abrindose paso.

En aquel momento se desplegaban iniciativas de creacin de plataformas regionales de ataque bajo el velo de la guerra preventiva contra el terrorismo. Pero si en Palestina y el Medio Oriente haba ya costumbre de recibir las ofensivas del Pentgono desde Israel, y aderezadas con sus propsitos particulares, en Amrica no haba ocurrido un ataque unilateral de un Estado a otro en defensa de su seguridad nacional.

El ataque perfil las primeras lneas de una poltica de Estado que no se modific con el cambio de gobierno (de Bush a Obama) sino que se adecu a los tiempos de la poltica continental que, en esa ocasin, dio lugar a un airoso reclamo de Ecuador, secundado por la mayora de los presidentes de la regin en la reunin de Santo Domingo.

Prudentemente se detuvo esta escalada militar para bajar las tensiones y dar paso al cambio de gobierno en Estados Unidos, pero la necesidad de detener el crecimiento del ALBA y la bsqueda de caminos seguros para intervenir en la regin, sobre todo frente a Venezuela, Ecuador y Bolivia, llev nuevamente a Estados Unidos a involucrarse en proyectos desestabilizadores o directamente militaristas.

Nuevas formas de viejos propsitos. La doctrina formulada por Monroe y reiterada por Kennedy con la Alianza para el Progreso (Alpro), tiene expresiones contemporneas en el rea de Libre Comercio de las Amricas (ALCA), la Integracin de la Infraestructura Regional de Sudamrica (IIRSA) y el Proyecto Mesoamericano (antes Plan Puebla Panam), pero tambin en la creacin de una retcula militar que envuelve la regin en su conjunto.

La revolucin cubana en 1959 gener una cua de subversin social que puso en entredicho el dominio estadounidense en el continente. La victoria cubana en Playa Girn en 1961, la supervivencia del proceso cubano despus de la crisis de los misiles, y su permanencia en medio del acoso y las dificultades se constituyeron en un dique simblico que desde entonces aparece como bastin de esperanza y dignidad, y como posibilidad real frente a la dominacin.

Por esta misma razn, Cuba ha sido cuidadosamente separada del resto del continente mediante polticas de extensin de la democracia y combate a las tiranas (Alpro) promovidas financieramente a travs de la USAID, mediante su expulsin de la Organizacin de Estados Americanos y mediante la manipulacin de los imaginarios hasta convertirla en caso nico e irrepetible, con tal xito que en muchos sentidos el proceso cubano no es incorporado a los anlisis sino como experiencia aislada que es a la vez aorada y rechazada por las izquierdas del continente.

Despus de Cuba y de las experiencias insurgentes en casi todos los pases de Amrica Latina, los procesos democrticos fueron violentamente interrumpidos por dictaduras militares financiadas por la USAID, tan activa nuevamente en nuestros das, y preparadas por la Escuela de las Amricas. Se abri una larga noche para el continente y Amrica volvi a ser, en cierta medida, para los americanos.

Las dictaduras se transformaron en neoliberalismo, las riquezas de nuestros pases dejaron de ser patrimonio estratgico de la nacin para convertirse en atractivos de inversin. La ilusin hegemnica de una Amrica unida defendiendo los intereses americanos se encamin en los tratados de libre comercio.

Los levantamientos contra el neoliberalismo, los tratados regionales, el ALCA y, recientemente, contra los dos megaproyectos de reordenamiento territorial y creacin de la infraestructura de la integracin energtica y el saqueo (Plan Puebla Panam, crecido hasta el Putumayo incorporando a Colombia, y hoy transformado en Proyecto Mesoamericano, e Integracin de la Infraestructura Regional de Sudamrica), obligaron a la inteligencia hegemnica a recolocarse estratgicamente en el continente.

La insuficiencia del mercado como disciplinador general es acompaada por la presencia creciente de las polticas y fuerzas militares en todo el continente. El ethos militar se impone como eje ordenador de la totalidad.

Como una vuelta de tuerca ms, las movilizaciones antineoliberales dan lugar a cambios institucionales y experiencias de gobierno contrahegemnicas en Venezuela, Bolivia y Ecuador, y con esto se pone en riesgo, o por lo menos en dificultades, el dominio estadounidense. Con estas nuevas experiencias que se agregan a la cubana y la reubican geopolticamente-, no slo se cuestionan las reglas del juego establecidas sino que grandes extensiones territoriales e inmensas fuentes de recursos empiezan a salir del control hegemnico.

La amenaza de esta confluencia y de su potencial ampliacin, los triunfos democrticos, la constitucin del ALBA, Petrocaribe y las seales de distanciamiento de las polticas de Washington encaminadas en mltiples ocasiones por los organismos internacionales-, es asumida como un peligro mayor por los guardianes de la seguridad de Estados Unidos que, independientemente de quien ocupe la presidencia, mantiene una poltica de estado para defender como hinterland el continente americano y enfrentar desde esta plataforma el juego de competencias con el resto del mundo.

El golpe de Estado en Honduras -uno de los eslabones ms frgiles del ALBA-, conducido por un militar hondureo formado en la Escuela de las Amricas, tramado en vinculacin con la base de Palmerola, consultado con el personal de la Embajada estadounidense y asumido por la oligarqua hondurea -que si existe es por el auspicio de los intereses de EEUU que requieren parapetarse en socios locales-, es el primer operativo de relanzamiento de la escalada iniciada en Sucumbos.

Como parte de una ofensiva con mltiples variantes, que combina el juego de fuerzas constituidas internamente con intervenciones desde el exterior, que se presenta lo mismo con faceta militar que diplomtica, econmica o meditica, el golpe en Honduras abre un sendero diferente que pone en riesgo cualquier tipo de procedimiento democrtico y deja sentado un precedente perverso. Cmo leer si no la deslegitimacin de un gobernante constitucional y legtimo, derrocado por un golpe espurio que violenta la Constitucin y las formas democrticas, y que, no obstante, mediante un extrao subterfugio termina siendo acusado de ser l el violador de la Constitucin y, por ese mecanismo, es equiparado con el gobierno de los golpistas. Tan defensor como violador de la Constitucin es uno como el otro en el esquema de dilogo que se impuso despus del golpe y que, de no ser por la movilizacin popular exigiendo el restablecimiento de la constitucionalidad y rechazando tanto el golpe de Estado como la militarizacin, ya sera un dato ms en la historia.

Honduras no es cualquier pas. No solamente es integrante del ALBA y Petrocaribe sino que el gobierno de Zelaya empezaba a hablar de reforma agraria en las tierras que histricamente han sido parte del reino de la United Fruit Company, responsable de muchas masacres. Honduras fue el espacio desde donde se organiz la contrainsurgencia en los aos de las luchas revolucionarias centroamericanas y es todava el espacio de emplazamiento de la base militar estadounidense de Soto Cano o Palmerola, una de las mayores en la regin latinoamericana que ha funcionado como cuartel general del Comando Sur desde su creacin.

El depuesto gobierno de Zelaya, empujado por la movilizacin popular que desde hace un ao cuestion la existencia de Palmerola en el II Encuentro contra la Militarizacin, empezaba a hablar de la recuperacin de las instalaciones de esa base. Esto, en un momento de ascenso de la presencia militar estadounidense, de ampliacin, reactivacin o modernizacin de sus posiciones en el continente, aceler sin duda la intervencin1 que, evidentemente, responde a intereses econmicos y geopolticos mucho ms trascendentes que los de la oligarqua local.

No obstante, a pesar de su gravedad, el golpe en Honduras slo anuncia lo que se vislumbra para los gobiernos que han osado desafiar al imperio y que no cesan de ser acosados. Honduras result atropellado en una bsqueda por alcanzar objetivos de mucha mayor importancia geoestratgica como Venezuela, Ecuador y Bolivia, y constituye ya, independientemente de su desenlace, uno de los soportes de la estrategia en curso.

Honduras constituy el elemento desencadenador o, mejor, la cortina de humo que dio paso a la reactivacin del proyecto interrumpido despus del ataque a Sucumbos: el establecimiento de una sede regional de la llamada guerra preventiva en Amrica, justo al lado del Canal de Panam y en la entrada misma de la cuenca amaznica pero, lo ms importante en trminos estratgicos coyunturales, en las fronteras de los procesos incmodos para los grandes poderes mundiales liderados por Estados Unidos.

Mientras la nebulosa levantada por Honduras desvi la mirada, se vuelven a desatar los montajes para acusar de cmplices de las FARC, nico grupo reconocido como terrorista por el Pentgono en la regin, a los presidentes de Venezuela y Ecuador, pero, sobre todo, se revive un viejo acuerdo entre Colombia y Estados Unidos que otorga inmunidad a las tropas estadounidenses en suelo colombiano y permite la instalacin de 7 bases militares estadounidenses que se suman a las seis ya registradas por el Pentgono y por el Congreso en su Base structure report.

El plan de disciplinamiento continental pasa por quebrar geogrfica y polticamente las alianzas progresistas y los procesos emancipatorios continentales. En Honduras se trata de introducir una cua divisoria que debilite y quiebre los potenciales procesos democrticos en Centroamrica, y simultneamente que se articule con el corredor de contencin contrainsurgente conformado por Mxico, Colombia y Per, al que poco a poco se van sumando otros posibles aliados (ver mapa). La israelizacin de Colombia que se erige como punto nodal, articulada a este corredor, parece estar intentando tender una cortina de separacin entre Venezuela, Ecuador y Bolivia, crendoles condiciones de aislamiento relativo, en el plano geogrfico. Colombia como plataforma de operaciones enlazada a todo un entramado de posiciones y complicidades que rodean y aislan las experiencias contrahegemnicas y/o emancipatorias para irlas cercenando, disuadiendo o derrotando a medio plazo.2

Pero adems de este corredor geopoltico, que adems se entrelaza geogrficamente con las zonas de mayor riqueza del continente, se puede ubicar otra lnea de intervencin ms sutil que podra establecerse como el eje Miami-Mxico-Bogot3, en el cual se pretende agrupar una derecha supuestamente endgena, portadora de un pretendido modelo latinoamericano propio frente a las propuestas emancipatorias emergentes. La participacin de los grupos anticastristas de Miami y de sus contrapartes en el Pentgono en el golpe de Honduras se hizo evidente tanto en las sorprendentes declaraciones anticomunistas de los protagonistas del golpe, que parecan como salidas de la prehistoria poltica, como en la aparicin en escena de personajes como Otto Reich.

Este conjunto de hechos permite concluir que est en curso un proyecto de recolonizacin y disciplinamiento del continente completo. Con la anuencia y hasta entusiasmo de las oligarquas locales, con la coparticipacin de los grupos de ultraderecha instalados en algunos gobiernos de la regin, en Amrica Latina se est conformando mucho ms que un nuevo Israel, desde donde el radio de accin se debe medir con las distancias que los aviones de guerra y monitoreo alcanzan en un solo vuelo sin necesidad de cargar combustible; o con los tiempos de llegada a los objetivos circunstanciales, que son muy reducidos desde las posiciones colombianas; o con la capacidad de respuesta rpida ante contingencias en las principales ciudades de los alrededores: Quito, Caracas y La Paz; o con la seguridad econmica que les da establecerse al lado de la franja petrolera del Orinoco, equivalente a los yacimientos de Arabia Saud, y al lado del ro Amazonas, principal caudal superficial de agua dulce del continente, al lado de los mayores yacimientos de biodiversidad del planeta, frente a Brasil y con posibilidades de aplicar la tcnica del yunque y el martillo, contando con la cooperacin de Per, a cualquiera de los tres pases que en Sudamrica han osado desafiar a la hegemona.

Si bien Honduras muestra claramente los lmites de la democracia dentro del capitalismo, el trasfondo de Honduras, con el proyecto de instalacin de nuevas bases en Colombia y la inmunidad de las tropas estadounidenses en suelo colombiano, convertira a ese pas en su totalidad en una locacin del ejrcito de Estados Unidos que pone en riesgo la capacidad soberana de autodeterminacin de los pueblos y los pases de la regin. Una base militar estadounidense del tamao de un pas completo y en el corazn de la amazonia.

Todo hace pensar que las acciones desde este enclave militar en Amrica del Sur se dirigirn a los Estados enemigos o a los Estados fallidos, que, de acuerdo con las nuevas normas impulsadas por Estados Unidos, pueden ser histricamente fallidos o devenir, casi instantneamente, Estados fallidos por colapso. Cualquier contingencia puede convertir a un pas en un Estado fallido sbito y, por ello, susceptible de ser intervenido. Y entre las contingencias estn las relaciones de sus gobernantes con algn grupo calificado como terrorista (es ah que se explica la insistencia por acusar a los presidentes Chvez y Correa de mantener vnculos de colaboracin con las FARC), los conflictos transfronterizos o la penetracin del narco.

Una vez decretado el Estado fallido, la intervencin puede realizarse desde Colombia, que ya estar equipada para avanzar sobre sus vecinos.

Es de prever la bsqueda de otros emplazamientos militares en el futuro cercano (por lo pronto en Per, que ya est estableciendo compromisos de operacin amplia de tropas estadounidenses en su territorio desde 2006 y con posibilidades de uso de bases en Chiclayo y en la zona del VRAE) combinada con procesos de fortalecimiento de los aparatos de inteligencia y militares en general al interior de los pases latinoamericanos. Asimismo, es de esperar que la construccin de los Estados fallidos pasar por estimular deserciones militares, inculpar o corromper altos funcionarios de gobiernos progresistas por vnculos con las actividades criminalizadas por la hegemona o por la implantacin del narcotrfico en barrios marginales de ciudades como Caracas u otras, como herramienta para desatar conflictos y desestabilizar/controlar una regin cada vez ms rebelde.

A slo unos meses del ascenso presidencial de Obama, ya resultaingenuo pensar que existe un cambio en la poltica estadounidense hacia la regin. El esquema de dominacin est claro y delineado. Estados Unidos va, como deca Mart, con esa fuerza ms sobre nuestras tierras de Amrica. Deber haber una respuesta mltiple, regional, social, solidaria, en bloque. Una respuesta que se extienda desde el Ro Bravo hasta la Patagonia y que redite a la independencia de nuestras naciones.

500 aos de lucha nos han dotado a los pueblos de Amrica Latina de suficiente experiencia para encarar las batallas presentes contra el saqueo, la colonizacin y las imposiciones de todo tipo. Hoy esa lucha pasa por detener y revertir la militarizacin y el asentamiento de las tropas de Estados Unidos en Colombia y en todos nuestros pases para que los ltimos 500 aos en rebelda no hayan sido en vano.

No hay consigna ms sensata y oportuna en este momento que la renovada Yankees, go home.



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