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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-09-2009

O por qu las cifras suelen evocar las cuentas del gran capitn
Obsesiones de papel

Atenea Acevedo
Mujer y palabra...


Las nicas muecas con las que disfrut jugar cuando nia eran de papel, algo hoy tan arcaico como entonces me pareca el balero de madera que marc la infancia de mi padre. Esas muecas venan pudorosamente cubiertas con ropita interior y las vendan en paquetes de diferentes conjuntos de ropa, accesorios y peinados o sombreros con pequeos bordes que se doblaban para fijarlos al papel. Mi primer ao de escuela fue aburridsimo, excepto por la hora de recortar, dibujar y pegar. Tena unas tijeras especiales, con la punta roma para no hacerme dao, un juego precioso de lpices de colores y un resistol del elefantito, es decir, pegamento blanco que quien haya habitado el Mxico de los setenta guardar sin duda en su memoria. Despus todo fue estudiar y crecer, a veces ms lo segundo que lo primero, y tambin divertirse y no pensar demasiado. Hasta que mi inters en el papel volvi y arras con todo en la poca universitaria: enloquec con el arte objeto y me inscrib en un taller donde aprend a contar historias con residuos de todo tipo de materiales. Hice un libro objeto que a la fecha miro con orgullo trasnochado, y ms de un hombre de mi vida recibi algn separador para libros con el sello de mis ideas en tinta china sobre papel kraft. Cuando no hubo remedio transit a la informtica y dej de lado el papel, aunque empec a obsesionarme con su sentido figurado: el papel de las personas, de las instituciones, de las acciones, de las decisiones. Me pregunt cul habra de ser mi propio papel y decid, en adelante, tener ese pensamiento siempre a la mano, es decir, recordarme la importancia de asumir una postura, porque hay realidades y situaciones en las que no tomar partido, no desempear un papel, equivale a ser cmplice. As sucede, por ejemplo, ante el conflicto del Shara Occidental.

Intua que despus de su visita relmpago a los campamentos cercanos a Tinduf Antnio Guterres, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, sentira lo mismo que quienes hemos atestiguado, as sea fugazmente, las atroces consecuencias de someter a un pueblo al exilio forzado a punta de bombas, colonos invasores y muros: la exigencia de ser mejores personas. Se trata de una decisin individual en la que se elige (o no) denunciar la injusticia y actuar desde el espacio inmediato. As van surgiendo grandes y pequeos gestos de solidaridad acordes a las posibilidades reales de cada caso, y grandes y pequeas indiferencias que resuenan segn el impacto de su inmovilidad. Era de esperarse que un ser humano con enorme margen de accin como Antnio Guterres hiciera declaraciones grandilocuentes sobre la urgencia de aliviar las penurias de la poblacin refugiada saharaui, por eso el 10 de septiembre pasado afirm apesadumbrado que el ACNUR otorgara una ayuda de 12 millones de dlares a los campamentos. Pocos das despus la prensa dominante espaola inform del condicionamiento de una ayuda ms generosa a la realizacin de un censo, y otros das ms tarde Guterres afirma que, gracias a tomas areas, la ONU calcula que la cantidad de personas refugiadas es solo 80.000, no 165.000 como afirma el Frente Polisario. Supongo que ahora empezar el jaloneo para definir si son peras o manzanas, y cuntas moneditas amerita la preservacin de cada vida humana, estrategia por dems perversa. Mientras tanto, la poblacin saharaui, una vez ms, esperar a que las instituciones hagan algo, lo que sea (porque la comunidad internacional se reconforta con desfachatez ante esa proverbial paciencia). Mientras tanto, Marruecos y sus aliados ganarn tiempo y las buenas conciencias dormirn tranquilas gracias al somnfero de las falsas expectativas.

Por si el panorama no fuera lo suficientemente sombro, leo en la invaluable memoria de las jornadas 2006 y 2007 de las universidades pblicas de Madrid organizadas para discutir el tema del Shara Occidental que ya en 2005 se llev a cabo un recorte para limitar la ayuda del ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos de 158.000 a 90.000 personas refugiadas, algo que con bastante razn el Ministro de Cooperacin de la RASD, Salek Baba, denomin en las jornadas como la poltica del hambre. Cabe preguntarse si esa criminal reduccin de 43% se bas en un censo o cualquier otro instrumento matemtico fiable para respaldar decisiones cuyas consecuencias afectan a varios miles de personas. Pecar de paranoica y me atrever a inferir que no, porque si se hubiese realizado un censo en 2005 no existira la necesidad de llevar a cabo otro hoy so pretexto de condicionar la ayuda.*

Inmersa en esas reflexiones asist este 19 de septiembre a la conferencia de Mohamed Ahmed Labeeid, representante de la Asociacin de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis, en la Universidad Nacional Autnoma de Mxico. En una poblacin de por s numricamente pequea y azotada por polticas que apuntan al exterminio, lo normal es que ninguna familia saharaui sobreviva intocada por la desaparicin o la represin marroqu en los territorios ocupados, inaccesibles a la prensa y a los grupos de observadores internacionales, donde la clandestinidad empieza desde el acto de portar o levantar una bandera de la RASD. Lo normal tambin es que gente como Mohamed Ahmed Laabeid se adhiera a Afapredesa y constituya un colectivo militante que denuncia el silencio cobarde de la comunidad internacional al verse en el pozo de una tragedia familiar (en su caso, el secuestro, la desaparicin y el posterior asesinato de su hermana Kaltoum cuando contaba 20 aos de edad). Lo normal es que se tenga la documentacin de aproximadamente 90% de los casos de desapariciones forzadas y se hayan detectado al menos cuatro fosas comunes que no se pueden investigar por la renuencia del Estado marroqu y la connivencia de las potencias que conforman el Consejo de Seguridad. Lo normal es que el 21 de septiembre, durante la segunda conferencia de Mohamed Ahmed Labeeid en otra universidad del Distrito Federal, hubiera una irrupcin marroqu tal y como suele haberlas en otras latitudes cuando de escuchar la voz saharaui se trata. Vivimos en tiempos de una normalidad txica.

Recientemente le un ejemplar de Don Quijote, el azri de la badia saharaui, antologa que hace homenaje a la obra de Cervantes y la transporta, a lomo de camello, al desierto de la aoranza. Me maravilla y conmueve que el pueblo saharaui, como el latinoamericano desde hace siglos, conserve la lengua del colonizador, una lengua que es condena geopoltica en la regin francfona del Magreb y a la vez canal de comunicacin para hacerse or en Occidente. Pero el idioma es tan solo una de las similitudes que nos hermanan con el Shara Occidental: pertenecemos al llamado sur global, nuestra gente es morena, padecimos las contradicciones de la corona espaola, conocemos el rigor de la represin financiada y entrenada por potencias extranjeras, nuestra historia cuenta cifras escandalosas de personas detenidas desaparecidas, entendemos el abismo que encierran palabras como pobreza o despojo, y sabemos que el ataque ms eficaz empieza por el estmago, porque el hambre prcticamente todo lo puede. Nuestras races nos recuerdan que la lucha no es solo por la independencia, sino tambin por la denuncia, sabemos poner al mal tiempo buena cara y mezclar extraamente la pena con la alegra, conocemos el derecho inalienable a la resistencia y tambin hemos constatado, en carne propia y con mltiples exilios, cunta razn tuvo Neruda al afirmar que la solidaridad es la ternura de los pueblos. Por eso es urgente decirles, desde nuestro lugar en el mundo, que la esperanza es til para renovar fuerzas, pero no debe ser el nico asidero cuando la intervencin de las potencias convierte en rehenes a pases enteros. Aqu nos sobran botones de muestra: ayer y hoy, el bloqueo de Cuba, antes el Plan Cndor y la Escuela de las Amricas, y su infame papel en Panam, Guatemala, El Salvador, Bolivia, Repblica Dominicana, Argentina, Per, Nicaragua... ahora el Instituto de Cooperacin para la Seguridad Hemisfrica y la Fundacin Nacional para la Democracia, y la continuacin de la injerencia mediante el Plan Mrida en Mxico, las bases militares en Colombia, Guantnamo, Per, Puerto Rico, Honduras, El Salvador, Panam, el reciente golpe de Honduras o el intento de golpe en Venezuela, pas que junto con Ecuador y Bolivia est en la mira.

Un amigo saharaui me cont que un viejo poeta del desierto hace tiempo dijo La cuestin del Shara se resolvera fcilmente si tuviramos unas enormes tijeras: con ellas recortaramos nuestro pas del mapa africano y lo pegaramos en algn rincn de Latinoamrica. Podemos hablar el idioma, nuestra piel tiene las mismas tonalidades y all no molestamos a nadie. No s si la solucin sera mgica, pero no puedo evitar el deseo de volver atrs y reencontrar aquello que a los cuatro aos bastaba para resolver el mundo con unos trazos y una pizca de creatividad: las tijeras escolares, el resistol del elefantito y los lpices de colores.

Fuente: http://my.opera.com/mujerypalabra/blog/2009/09/22/la-burocracia-internacional-ii





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