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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-09-2009

Entrevista a Santiago Alba Rico (en castellano) y debate posterior
Sujeto histrico y transformacin antropolgica

Santiago Alba Rico, Joaqun Miras, Joan Tafalla y Alejandro Andreassi
Espai Marx


Entrevista a Santiago Alba Rico:

Te has mostrado especialmente pesimista en relacin con la posibilidad de que se establezcan sujetos colectivos revolucionarios aqu en el viejo continente...

Bien, es un problema que no tiene ya que ver sencillamente con procedimientos de control, represivos o de manipulacin de los medios de comunicacin sino con procesos materiales de erosin de lo qu son los vnculos antropolgicos ms bsicos. Ya no solamente los vnculos polticos sino las mismas condiciones que hacen posible que despus acontezcan los vnculos polticos. Estos vnculos antropolgicos se han visto minuciosamente destruidos a lo largo de las ltimas dcadas por un capitalismo que ya no configura sus sujetos en los lugares de trabajo, como deca Gramsci . l deca que la fbrica era el lugar de la hegemona y cuando habla del taylorismo o del fordismo (de la racionalizacin que se introduce en los procesos laborales) considera que la fbrica es el lugar donde se constituye la hegemona y por lo tanto tambin la contrahegemonia . Ahora este lugar sera ms bien el centro comercial como estandarte de una determinada manera de abordar la realidad, de interiorizar sntesis espontneas para el abordaje de la realidad.

Esto es hasta tal punto cierto que, por ejemplo, hace unos das un periodista italiano de Il Manifiesto, este diario vinculado a los restos del comunismo italiano, public un extenssimo reportaje sobre el consumo de drogas en las fbricas, en las cadenas de montaje de la industria italiana. Y observ una cosa curiosa: las fbricas se han convertido en supermercados, en centros de consumo, ya no son solamente lugares de trabajo. Son ahora lugares dnde circula la droga e incluso de dnde sale la droga que se distribuye despus por los pueblos vecinos. Lugares dnde puedes comprar un coche, un Ipod ... La fbrica ya no es un espacio dnde una va a construir su proyecto vital. Antes, incluso si uno no tena conciencia poltica, la fbrica formaba parte en cualquier caso de un proyecto vital que te permita, yo qu s, casarte, tener hijos, etc. Y al mismo tiempo, evidentemente, era el lugar dnde uno se politizaba; la educacin sentimental, la educacin poltica del sujeto se produca en el puesto de trabajo. Hoy la mayor parte de los jvenes que siguen trabajando en fbricas lo hace para poder seguir consumiendo, no importa el qu. El consumo de cocana, por ejemplo, alcanza en el caso de Italia al 50% de los trabajadores de las fbricas. Y no se trata, como explicaba Engels a principios del S.XIX cuando hablaba de la situacin de los obreros en Inglaterra, de utilizar el alcohol y otros estimulantes para soportar las duras jornadas laborales, sino que, al contrario, la droga forma parte integrante del universo del qu se procede. De esta manera se trabaja por poder consumir y no a la inversa.

El mercado es pues el principal generador de hegemona. Esto lo explicaba muy bien Pier Pablo Pasolini en los aos setenta cuando deca que lo qu no haba conseguido Mussolini en veintitantos aos de dictadura fascista lo haba conseguido el hedonismo de masas o capitalismo de consumo en muy poco tiempo. El fascismo nunca consigui centralizar y homogeneizar la cultura; aunque existiera un acatamiento formal, no exista una interiorizacin del mensaje fascista. Los obreros y los campesinos conservaban sus culturas de resistencia y todo esto ha desaparecido en pocos aos. Y tambin dice una cosa que tiene que ver con el pesimismo del que yo hablaba ayer y que es muy inquietante: "El nuevo hedonismo de masas, el nuevo consumo tecnolgico es incompatible con el marxismo humanista". Es as de contundente. Habla en su tiempo bsicamente de la televisin, que tuvo este efecto homogeneizador y disolvente de las culturas de resistencia, de las culturas materiales de los barrios y del campo. Pero claro, actualmente esto se puede extender a otras muchas tecnologas, la implantacin de las cuales, en contraposicin con los aos setenta, se ha acelerado vertiginosamente. Por lo tanto, esta descomposicin del sujeto colectivo tiene que ver con procesos materiales asociados a la mercantilizacin general de la existencia y a la aceleracin de la renovacin de las mercancas. Y en particular de las mercancas visuales, que es un concepto en el cual no se insiste suficientemente en mi opinin. En una sociedad que no distingue entre las cosas de comer, las cosas de usar y las cosas de mirar, el propio consumo de imgenes es slo una extensin del proceso digestivo. Estamos ininterrumpidamente consumiendo imgenes, consumiendo simulacros, dobles o copias de las cosas que acaban convertidos, por un perverso efecto especular, en los originales que todos aspiramos a imitar. Estamos rodeados de verdaderas copias, a la manera de eidos platnicos invertidos, que han acabado por reemplazar completamente la realidad mediante un formato que es espontneamente nihilista: miramos el mundo como lo hacen los pilotos de un bombardero, que slo miran las cosas para destruirlas y al mismo tiempo que las destruyen. Encender la televisin, encender el ordenador, escribir un mensaje en el mvil, pasearse por un aeropuerto rodeados de pantallas encendidas, todo esto contribuye igualmente a este confinamiento del individuo en un aparato digestivo totalitario en el contexto del cual no podemos mirar, si no es para desnudar de existencia lo que miramos. En este sentido, es difcil pensar en un mundo as y pensar al mismo tiempo en la supervivencia de la compasin, la solidaridad, el compromiso... son cosas que estn material y radicalmente excluidas del horizonte...

Pero, sin nimo de provocar, si "Nada que pensar" es un grito [anti posmoderno] dirigido a los que se vendieron en la transicin y abandonaron el marxismo, este discurso tan pesimista y radical epistemolgicamente que considera que la imagen ha exorcizado la realidad, que se ha abolido el tiempo y el espacio... no viene a reproducir un discurso posmoderno?

No lo reproduce sino que lo denuncia all donde ha dado tantas vueltas que se ha pasado de rosca, all donde ha dado por supuesta la descomposicin de la razn a partir de los propios procesos inmanentes de la razn, que es de alguna manera lo qu pretende el discurso posmoderno. Hemos llegado a un punto en el qu se ha producido un cierre categorial que debemos asumir para poder denunciarlo. Hay que asumirlo porque de otra manera no queda claro que el enemigo ya no es (por mucho que siga siendo necesario) una polica represiva o un Estado que ilegaliza partidos y que sigue torturando en las prisiones o deteniendo a jvenes militantes antiglobalizacin en el mundo entero sino nuevas formas de dominacin que son las que configuran el sujeto. La represin se encarga ms bien de neutralizar, de combatir los residuos resistentes. Si alguien se resiste a ser configurado por estos procesos materiales, entonces s que se convierte en un terrorista contra el cual se aplica toda una batera de medidas represivas y legales. Ahora bien, es importante ver que todos estos procesos materiales del capitalismo, de lo que se llama la sociedad hiperindustrial , son decisivos a la hora de construir nociudadanos enfrentados entre ellos.

En relacin con el segundo aspecto, es verdad, a m me preocupa mucho que al final nos encerremos, yo el primero, en discursos desmovilizadores, porque el pesimismo puede serlo mucho. El miedo y la alarma nunca se sabe como gestionarlas porque pueden tener los dos efectos: sacudida o indiferencia. Pero creo, en primer lugar, que hay que recordar una cosa que puede ser muy poco estimulante, en relacin con el contexto europeo, pero que es tambin un ejercicio de modestia que nos conviene hacer desde Europa: y es el de entender que la corriente principal de la historia no pasa por el viejo continente: Donde estn los dos centros de decisin de los destinos de la humanidad en estos momentos? En dos lugares: el mundo rabe, donde yo dira que se est jugando la supervivencia material de la humanidad, donde encontramos una resistencia antiimperialista un poco desconcertante (porque desgraciadamente no es de izquierdas) y el otro, Amrica Latina, donde s que estn sucediendo cosas que animan a la esperanza. Creo que se tiene que aprender mucho de lo qu estn haciendo en uno y otro lado sin dejar de hacer cosas aqu.

Qu cosas? Hemos pasado muchas veces a lo largo de la Historia por periodos de inmersin como ste. Aqu pienso que lo bsico en estos momentos es lo que hace la gente joven como vosotros en muchos lugares: recuperar las condiciones antropolgicas de la resistencia. Estamos casi a cero, como si nos hubiesen arrancado los bosques, las hierbas, el humus mismo y estuvisemos en un terreno rido y despojado, completamente desnudo. As que lo qu debemos hacer es trabajar sabiendo que el tiempo apremia pero que en cualquier caso se necesita tiempo y trabajo para recuperar las condiciones antropolgicas necesarias para la articulacin de nuevos sujetos, sin olvidar que no podemos confundir como a veces ocurre en ciertos sectores de la izquierda- las condiciones con las soluciones: la solucin a la existencia de Repsol, Exhon , Roche o Montsanto no puede ser que cuatro amigos se renan en un bar para hacer un seminario sobre Marx mientras se beben unas caas, pero la posibilidad a largo plazo de acabar con estos enormes enemigos tiene tambin algo que ver con el hecho de hacer eso, de recuperar los espacios, los cuerpos, de hacerlos converger en un mismo lugar, de ponerlos a discutir. Es el trabajo que toca hacer ahora: restablecer casi desde cero las condiciones antropolgicas que permiten la articulacin de la respuesta. Y eso pienso que s se est haciendo y que se ha entendido bien desde algunos espacios de la izquierda en el Estado espaol. Entender que ya no podemos contar con partidos con representacin parlamentaria de los que se pueda esperar nada y que hay que trabajar desde abajo. Hay palabras peligrosas que los que provenimos de una tradicin slida, marxista, institucionalista, utilizamos y que dan un poco de miedo a algunos, como la palabra comunidad.

En relacin con eso, ayer decas que el programa poltico debe ser conservador en el terreno antropolgico, reformista en el institucional y revolucionario en el econmico. Crees que los movimientos sociales europeos posmuro responden a estas caractersticas? La nueva explotacin masiva de la tecnologa, con el uso brutal de las nuevas redes sociales de internet, se adecua al concepto de conservadurismo antropolgico que defiendes?

Yo creo que no. No se est haciendo y por diversos motivos. Me gustara distinguir primero entre la izquierda lquida, negrista , enfocada ms bien a la reivindicacin dal deseo, la multitud, la espontaneidad, que insiste efectivamente en el carcter emancipador de todos los procesos tecnolgicos que acompaan el capitalismo, y otra ms slida, ms bien institucionalista, de la cual yo formo parte pero que sigue en algunos aspectos tambin atrapada en tradiciones que se han demostrado fracasadas. Estas dos posiciones estn muy acantonadas en discursos escasamente abiertos. Primeramente, por qu conservadores en terreno antropolgico? Bien, pues en eso s que pienso que comenzamos a estar bastante de acuerdo estas dos izquierdas. Despus de dcadas en las cuales la izquierda marxista se limit a replicar e incluso acelerar los principios desarrollistas y productivistas del capitalismo pienso que ahora eso ya lo hemos superado y entendemos que es una concepcin que conduce a un suicidio global. As pues, en este aspecto, hay acuerdo. Tenemos que cambiar de modelo energtico, pero tambin recuperar modelos de relacin bsicos que tienen en ver con los cuerpos, con la reterritorializacin de las resistencias, y es en los aspectos vinculados a esto ltimo donde puede haber algunas discrepancias entre lo que yo he llamado lquidos y slidos, pero en trminos generales hay acuerdo.

A continuacin, reformistas en el terreno institucional: Por una parte hay toda una tradicin marxista que ha interpretado, errneamente a m entender, que la democracia es tan solo una trampa tendida por el capitalismo, que el enemigo no es slo el capitalismo y sus aparatos de produccin sino tambin las mal llamadas superestructuras especulares que reflejaran y reforzaran la sujecin capitalista. Pienso que es un error y por ello hablo de reformismo en el terreno institucional. Gramsci ya entendi muy bien que la democracia, la idea del derecho, el voto universal, la sanidad y la escuela pblica, la separacin de poderes, son conquistas obreras y campesinas que han costado muchos muertos. No tenemos ms que dos alternativas: o la voluntad o la ley. O nos sometemos a la voluntad de otro, confiando en que sea una buena voluntad o nos sometemos a la ley. Naturalmente, reivindicando la ley como aquello que los hombres y las mujeres se han dado a s mismos cuando estn tranquilos, recordando la idea de Voltaire. Estar tranquilos es muy difcil, pero por eso se hacen constituciones, que son decisiones que tienen que ver con aquello que todos compartimos y que no queremos ni debemos estar rediscutiendo constantemente. Democracia no es que una asamblea de Atenas discuta sobre si se tienen que esclavizar a todas las mujeres y nios de la isla de Mitilene que los atenienses acaban de conquistar en las guerras del Peloponeso. Democracia consiste en que eso no se pueda votar y por ello existe una constitucin que ha decidido que hay cosas que estn fuera de discusin. Aqu vemos que no se puede tocar la constitucin para decidir que los pueblos de la pennsula puedan autodeterminarse mientras que el caso terrible de un novio que ha matado a su novia desencadena toda clase de presiones, mediticas y polticas, en condiciones de intranquilidad anmica para restablecer la pena de muerte. Como hay mucho dolor, todos nos solidarizaremos contra la razn misma... Pues no, eso es como concebir la democracia en trminos plebiscitarios directos, como en el circo romano. No es cierto, pues, que las leyes las hacen los ricos para dominarnos mejor, las leyes se las hemos arrancado a los poderosos y lo qu hacen ellos es esquivarlas, violarlas, prevaricar, etc. Pero nada se puede reprochar a la idea de ley ni a la democracia. Sera tan absurdo como culpar a los diez mandamientos del aumento de robos a mano armada. Eso no se acaba de comprender bien. Pero, por ejemplo, una de las grandes virtudes de lo qu est pasando en Amrica Latina es precisamente que se ha apostado, por el socialismo, pero con democracia. Y creo que hay todo un debate que afortunadamente se ha trasladado al Estado espaol y que adems donde ms y mejor se ha desarrollado es en Catalunya (especialmente desde Espai Marx ) que trata de reivindicar esta tradicin republicana que asociara democracia con socialismo.

Por ltimo, estamos obligados a ser revolucionarios en el terreno econmico: Pienso que en eso s que nos tenemos que poner de acuerdo, no tanto en el supuesto mismo compartido de que el capitalismo es irreformable (precisamente se debe hacer una revolucin para que todos podamos descansar y volvernos reformistas), sino en como funcionara eso que ahora comienza a llamarse el socialismo del S.XXI sin que nadie le haya dado un contenido concreto (formas de propiedad, la divisin del trabajo, el acceso a los medios tanto de produccin como de informacin...)

Por qu consideras que la sociedad capitalista es la primera sociedad primitiva de la historia ?

Es curioso porque se habla de sociedad de consumo como si fuera algo deseable cuando hay una contradiccin en los trminos, entre sociedad y consumo. Consumo es el escaln animal del ser humano, la esclavitud biolgica del ser humano. Necesitamos consumir para renovar nuestras fuerzas vitales. Eso es lo qu hacen bsicamente los animales. Por lo tanto, una sociedad que es slo de consumo es la ms biolgica y primitiva que podemos imaginar, una sociedad que dedica todos y cada uno de sus instantes, de sus gestos, de sus acontecimientos exclusivamente a reproducirse biolgicamente. Una sociedad que no distingue entre las cosas de comer, de usar y de mirar porque se las come todas indistintamente, ya sea la carne o las catedrales o los paisajes, es una sociedad de pura subsistencia. Y contrariamente a lo qu se pensaba, nunca antes ha habido sociedades tan primitivas como para que ser consideradas de pura subsistencia. Y cul es la trampa mortal de todo esto? Volvemos aqu a hablar del pesimismo y la destruccin de los procesos de construccin de sujetos colectivos. La trampa es que el capitalismo se reproduce a base de aumentar las libertades. O sea, no es como el Antiguo Rgimen, un modelo en el que el instrumento privilegiado era la represin, en el que se tena que obligar a los esclavos a golpe de ltigo a ir a las plantaciones. Desde el punto de vista formal, el capitalismo est muy bien estructurado a partir de eso que llamamos contrato, segn el cual si uno decide no atender la llamada del despertador y no ir al trabajo es libre de hacerlo, aceptando claro- que pasa as a ser un parado, lo que es algo an peor en una sociedad capitalista que ser explotado por un empresario. Por lo tanto, en este aspecto no existe ningn elemento represivo.

Por otra parte, en el mbito no de la produccin sino del consumo, lo que ha hecho el capitalismo es atar a los sujetos como funciones de reproduccin del sistema mediante el aumento permanente de las libertades. Es el sistema ms tolerante del mundo: tolera al mismo tiempo el vegetarianismo y el canibalismo, el racismo y el antirracismo, el pacifismo y la violencia. Eso lo explicaba muy bien Gnter Andersen en "Hombres sin mundo" cuando deca que la caracterstica del consumo mercantil es que todos lo aceptamos todo a condicin que alguien ofrezca dinero para comprarlo en el mercado. Este principio se traduce en manifestaciones extremas de corrupcin mental y nihilismo, como en el hecho de que haya mujeres que subastan su virginidad por internet o que se vendan residuos corporales de actores y actrices. La existencia se reduce precisamente al mercado. Lo que no se puede vender es residual y por lo tanto inmoral. Todo lo qu adquiere existencia lo adquiere slo en el mercado y en la medida en que la adquiere deviene moral y legtimo. Por eso mismo, atentar contra el carcter mercantil de las cosas es atentar contra la tolerancia y la libertad y en definitiva contra la existencia misma de los objetos. La particularidad, pues, del capitalismo es que se reproduce a base de aumentar las libertades. Frente eso qu haces? Y eso es algo que la izquierda tiene que plantear. La izquierda tiene que reivindicar un cierto puritanismo, una cierta represin. Porque vivimos en el sistema ms libertario que hay, porque la libertad bsica que ha trado es la libertad del hambre, la libertad de tener siempre hambre. Y eso es, si lo llevamos al campo del psicoanlisis, como si hubiese triunfado el "ello" lo ms instintivo y primitivo- sobre el " superego ". La cultura y la civilizacin consisten en su raz en la represin del "ello".

Tenemos que plantearnos un poco la batalla en estos trminos. Fidel es un ejemplo muy claro de alguien que siempre ha entendido perfectamente el carcter necesariamente puritano de las izquierdas emancipadoras. Porque destruir es muy bonito, es bellsimo, mantener las ciudades en un eterno medioda con un malgasto lumnico increble, es maravilloso. Cambiar de mvil cada tres meses aunque eso cueste la vida a millones personas en el Congo que estn a miles de kilmetros de aqu tambin es una delicia. En consecuencia, de lo que se trata es de convencer a los humanos de que conservar es no slo ms til sino tambin ms bonito. Y cuando Fidel, en aquel famoso discurso de 2007 en la universidad se pasa horas explicando como se tienen que cambiar las bombillas y cunto dinero se va a ahorrar, la gente piensa "ya est este viejo desvariando con sus manas de pueblerina tacaa". Es un discurso que en nuestro mundo, en Europa, no est bien visto, es menospreciado. Estamos acostumbrados a la destruccin generalizada que acompaa a la obsolescencia programada y simblica de las mercancas. Es el apocalipsis permanente ofrecido como la cosa ms deseable y bonita del mundo. El "ello" triunfante. Y frente al "ello" hay que recordar a Fidel, porque la supervivencia del planeta est en juego. Pero como puedes convencer a la gente de eso? En Europa estamos cometiendo el mayor atentado suicida de la historia, que no es el de las Torres Gemelas, es sencillamente ir al Carrefour a hacer la compra. Y suicidarse con chocolatinas, hamburguesas y mviles es tan placentero! El peligro es ste y lo vemos tambin en Cuba: hay una fractura generacional y los jvenes en estos momentos perciben como retrico y moralista el discurso de la revolucin. Claro, ponte t a predicar puritanismo no consumista y austeridad a jvenes que estn deseando dejarse explotar tres meses en una fbrica para poder comprarse el ltimo modelo de Ipod o la pantalla plasma.

Has hablado de los artilugios no comunistas. Has llegado a alguna conclusin en relacin a qu se debe hacer con determinados objetos propios del proceso tecnolgico acelerado que parecen incompatibles con el humanismo marxista?

Lo qu me preocupa en primer lugar es una concepcin muy interiorizada en el discurso de la izquierda, incluso en el discurso ilustrado marxista original: que el desarrollo de las fuerzas productivas llevar en s mismo a la liberacin y la concepcin de la tecnologa como espontneamente emancipadora. Nada es neutral y, al contrario de lo que han pretendido muchas personas de izquierdas, ni la tcnica ni la tecnologa lo son. Nada que se introduce en este mundo es neutral, desde una caricia, a un cenicero... todas tienen la capacidad de modificar el mundo, aunque sea mnimamente. Porque ningn objeto es slo el colofn de un proceso inmanente, sino que se introduce en un mundo exterior en el cual hay toda clase de intersecciones posibles. Si t introduces un martillo en una sociedad que no lo tiene, el martillo mismo (aunque no introduzcas los procesos de produccin que te han permitido disponer de este martillo) genera cambios. Si introduces, por lo tanto, ordenadores con conexin a internet, mviles, televisores, ya no te cuento. Estos soportes slo permiten un determinado espectro de usos e imponen ciertas maneras de utilizarlos. Un martillo no sirve para coser un botn e impone ciertos gestos (cerrar el puo, doblar el brazo, acoplar el cuerpo, imprimir una cierta fuerza...). Y un martillo es una herramienta que, como tal, nos deja an un grado de libertad bastante grande. Uno puede utilizarlo o no. Si uno tiene que clavar un clavo agradece mucho tener un martillo, pero si no est obligado a hacerlo por una disciplina interior o una violencia exterior- el martillo no genera por s solo la necesidad de ir clavando clavos all donde no se necesita hacerlo. Con el ordenador no pasa eso. Las nuevastecnologas no constituyen herramientas sino rganos, y es muy difcil levantarse por el maana y decir "hoy intentar vivir sin mi hgado o mi corazn". Ante ellos tenemos muy poca libertad, y eso no es una cuestin menor.

Estamos pidiendo al mundo que se habitu a navegar por internet cuando la mayora de la humanidad no sabe an leer Por qu el libro como tal no ha agotado sus prestaciones y sus potencialidades? Por qu se debe continuar reivindicando la lectura an cuando parezca una tarea heroica e intil? Porque nos permite una mayor libertad. Y hay que medir la libertad por la pereza que generan las cosas. O sea, frente a un libro, como ante un martillo, uno debe decidir si lo abre o no, si lo usa o no lo usa. Ante la televisin, el ordenador, el telfono mvil, casi no hay margen de eleccin. Yo no he visto a nadie que tenga que promover el uso de internet o la televisin como pasa con la lectura. Fijaos si es esto cierto que hace un ao estuve dando una conferencia para bibliotecarios en Cuenca y antes de la intervencin habl un tipo ligado a una fundacin gubernamental que deca que, al contrario de lo qu se cree, en el Estado espaol se lee mucho. Ante la perplejidad de la audiencia, el tipo afirm que las estadsticas consideran un lector habitual a aqul que lee dos libros el ao. Yo le pregunt si l considerara un espectador habitual de televisin a aqul que la encendiese dos veces el ao. O dos por semana. Lo mismo pasa con internet. Se impone solo, sin necesidad de campaas ni propaganda. Eso demuestra claramente hasta qu punto es diferente el uso de una herramienta y el de un rgano. Una televisin apagada es una expresin de violencia infinita. Eso tambin lo explicaba bien Gnter Anders en los aos cincuenta; de forma absolutamente precursora escribi un libro de ttulo "la obsolescencia del hombre", y la primera parte est destinada a la televisin y viene a decir: "Dejmonos de tonteras, ante la televisin uno no es libre". Se dir, bien, uno puede encenderla y apagarla. Pues no. Cuando uno ha introducido un aparato de televisin en su casa ya no es libre de decidir entre estas dos opciones, porque una pantalla apagada es una enorme violencia. Apagar una televisin es como tomar la decisin de practicar la eutanasia a un ser amado. Dmonos cuenta de que la televisin est emitiendo las 24 horas del da, es un flujo vital, es como el monitor de un corazn que late. Y eso es una batalla perdida, as que como mnimo pensemos qu significa colocar soportes como stos en nuestras vidas. Supone asumir la simultaneidad frente a la sucesin, asumir la infinidad potencial ante la finitud que caracteriza el cerebro y el cuerpo humano...

Has participado ltimamente en un debate encendido en relacin a las prximas elecciones europeas. Puedes concretarnos tu opinin al respeto ?

Mi posicin es de muchsima perplejidad. No creo que tenga nada ms que aadir a lo que vosotros mismos pensis. Yo no he sido nunca militante de ningn partido, vivo en Tnez y desde ah contemplo siempre con una cierta pesadumbre, debido a mi vinculacin a diferentes partidos y sectores de la izquierda del Estado espaol, el grado de divisin que existe. Por una parte opino que Izquierda Unida no es refundable , que mejor sera incluso que perdiese la mnima representacin institucional que tiene. Y el malestar en relacin a las elecciones tiene que ver con que repentinamente se presenten varias formaciones a las cuales me gustara votar, cuyos programas prcticamente coinciden y asumo y cuyos candidatos conozco y admiro por igual. As que me siento como el asno de Buridn, equidistante y paralizado ante dos o tres fuerzas semejantes. Yo creo que eso es una seal tambin de hasta qu punto la corriente central de la historia no pasa por Europa. Cuanto menos poder tiene la izquierda, cuanto menos hay en juego, ms divisin se produce. Y de esa manera pasamos inmediatamente de Marx a Freud, de la poltica a la neurosis, porque lo qu est en juego no son los programas y los principios sino las cuotas de poder, las ambiciones personales...

Joaqun Miras:

Queridsimos amigos: hoy es el ltimo da de vacaciones para m, y deseaba haber dedicado la tarde a poner mi libro de Lukacs sobre Hegel en las 350 pginas (es denso y me quedaran entonces solo 150 por leer). Os explico esto porque deseara poder transmitiros toda la importancia que a mi juicio a mi juicio, luego, de su importancia e inters, todos juzgareis-tiene el asunto que deseo tratar con vosotros en privado. Versa sobre la entrevista, que es muy interesante, que se le ha hecho a Santiago Alba y que me haba enviado Alexandre y que os remit ayer mismo. El asunto de la entrevista los diversos asuntos- creo, son importantes en grado mximo. Santiago trata sobre ellos con particular agudeza, con penetracin, con saber. El tema axial, a saber, el anlisis sobre la penetracin de la vida cotidiana y de las culturas materiales por parte del capitalismo para el consumo es para nuestro pequeo grupo saber compartido plenamente; somos un pequeo grupo que hemos hecho todo lo posible hasta grado inimaginable por heredar lo mejor de nuestra traditio , la KOMINTERN, y donde otros saldaban en baratillo, se deshacan de ello a escondidas, como si nunca lo hubiesen conocido ni tenido ni sabido, nosotros, hemos logrado para nosotros estas y otras magnficas granjeras. Bueno.

El asunto que me interesa tratar aqu es el mismo que llama la atencin y sorprende al entrevistador, y que en realidad es el que hace a la posicin reflexiva, dubitativa, vacilante en un aspecto muy importante, de Santiago, cuya agudeza inteligencia y vastsimo saber estn claros. Y tambin la claridad expresiva; Lo uno y lo otro es lo que precisamente permiten al entrevistador percatarse de un problema. Para enunciarlo de una forma que haga referencia al texto dir que la argumentacin va de una reflexin sobre el cierre categorial, sobre la sociedad que ha llegado a un punto de no retorno y cierre sobre s misma, a la posibilidad de hacer pequeas cosas que la cambien.

Vuelvo un poco atrs. El texto de la entrevista trata sobre la crisis antropolgica que padecemos en Europa, y sus consecuencias en el primer mundo, si me es lcito simplificar y resumir -. Santiago deja de lado, como mnimo, el mundo rabe y el Cono Sur. Considera Santiago que en Europa y EEUU estamos en una situacin de transformacin antropolgica. El individuo humano de las zonas tecnolgicamente ms poderosas de la tierra ha mutado de ser. Esto es completamente plausible desde el plano conceptual, pues el ser humano no posee una forma de comportamiento de raz natural instintiva, un ethos biolgicamente determinado; sino que es un ser cultural, un bios cuyo programa de vida debe ser culturalmente formado e interiorizado, sin lo cual no es un ser individualmente viable. Un ser por tanto social al que la sociedad le proporciona la cultura que le permite sobrevivir. Sabemos que hemos intercambiado sobre esto. Pero lo dejo aqu ( captatio benivolentiae )

Por tanto, para mutar nuestras caractersticas definitorias como ser homo no es menester mudar el cdigo gentico. Basta con cambiar de forma radical nuestra antropologa transformado nuestra axiologa de valor civilizatoria. Los valores, principios etc que alimentan las ideas que usamos para reproducir y producir la vida el pensamiento vivido-.

Si muta el proyecto antropolgico, las ideas que han hecho curso durante siglos y milenios, la libertad, la dejaran de ser copertinentes a ese nuevo antrops . Las ideas que han dado pie a la traditio revolucionaria pasaran a ser pasado, arqueologa, como el culto solar, y otras ideas humanas ya desaparecidas de la humanidad. Si esto ocurre en la parte de la poblacin humana ms dotada tecnolgicamente, en cuyas sociedades se acumulan la mayor cantidad de recursos materiales, etc. podemos suponer que se abre un negro futuro para la especie en su totalidadcomo mnimo un colapso por choque sin salida entre los civilizados tecnolgicos y los menos dotados ( puede cambiar la composicin de los pases avanzados y de los retrasados pero si no cambia el modelo de aspiracin de sus habitantes). Estoy pensado en el Manifiesto y su recuerdo del derrumbe del Imperio Romano.

El tema que Santiago somete a nuestra consideracin es muy grave, muy serio. A lo largo de la entrevista Santiago se abre a la posibilidad de la iniciativa humana, a la posibilidad de la praxis que se empee en la creacin de nuevas formas de vida y cultura. Al comienzo del artculo Santiago plantea un anlisis segn el cual esta nueva civilizacin se interioriza en los individuos y se extienda en esos mundos de forma activa, reproducindose de forma cada vez ms extensa, ms amplia, ms multiforme, funcionalizando todas las demandas humanas y creando otras nuevas que surgen de forma ineluctable en los individuos sumergidos en esas sociedades. Los imperativos del capitalismo, doblados por las tecnologas productivas hoy existentes desarrollaran una produccin que sera la forma activa que moldeara los sujetos. Al penetrar en sus vidas cotidianas moldeara sin resto la naturaleza del ser humano.

La teora del estructural funcionalismo y Teora del sujeto

Del desastre cultural que vivimos no cabe duda: La cultura de la izquierda, la base cultural de la izquierda est disgregada.

Pero es aqu, ahora donde creo que se plantea el punto de debate. Y que se puede formular segn el rtulo que le he puesto a este apartado. Ambas teoras son inconmensurables. Antes de ponernos a deliberar sobre lo que es posible etc , debemos elegir una u otra. Y es posible que para poder hacerlo, para optar por una u otra la dirimente, el elemento discriminante sea algo tan personal como la esperanza, la confianza, el socratismo (esto es el escepticismo irnico activo); que sea una posicin existencial ante la vida la que nos incline a optar por una o por otra. O quiz nuestra propia experiencia personal, vital, lo que hemos vivido y la experiencia que tenemos de qu somos; tanto nosotros como nuestros amigos

La teora del estructural funcionalismo como explicacin humana pone la clave de todo en la estructura. Una estructura en un conjunto de elementos interrelacionados entre s, cada uno de los cuales desarrolla propiedades emergentes como resultado de su interrelacin con los dems. Las propiedades emergentes no son consecuencia de una autoactivacin del agente, elemento o unidad discreta que entra en la relacin, sino de la totalidad. Una viga de p.e . 30 toneladas, por s sola no puede sostener nada sobre ella ni tan siquiera a 5 cm . del suelo. Es ms, por s sola, aislada, no puede sostenerse ni ella misma a 5 cm . del suelo. Es la trabazn con otras vigas la que organiza un sistema o estructura capaz de soportar pesos enormes y darles orden etc.

La aplicacin de esta teora a la sociedad cuando se trata de explicar con ella el cambio histrico se basa en la eleccin de una tem al que se convierte en fuerza independiente, p e la actividad productiva, a la que se denomina de forma naturalizadora fuerzas productivas para desnaturalizarla bastara aadir: del ser humano, del individuo humano; o del individuo humano socialmente organizado-. Este tem funcionaliza todos los tems formantes de la estructura. Su desarrollo o cambio arrastra todos los otros formantes de la sociedad. Funcionaliza unos, aniquila otros y crea otros nuevos, para su autorreproductibilidad ampliada. Esta teora haba sido creada por Kautsky , que trataba de emular a Darwin y construir un modelo de diseo inteligente sin dios ni hombre-. Y se impuso luego con su aceptacin por Stalin. Su xito con todo, su cenit, su cima la alcanz en los aos sesenta e irradi desde Pars. Althusser fue el hbil aplicador de las teoras estructuralistas imperantes en Pars Levy Strauss, etc - al marxismo. Hubiera podido ser otro cualquiera de los aventajados discpulos estructuralistas el que se adelantase y lo enraizase al marxismo. El caldo estaba preparado: con decir que hasta Perry Anderson tuvo su brote est todo dicho.

Queda por dar cuenta y razn del por qu del auge de esta teora, tanto en el seno del movimiento democrtico post 1871 como en los aos sesenta del siglo XX cuando el auge econmico de la Europa capitalista comienza a darle la vuelta al prestigio del bloque del este. Un filsofo que leo ltimamente, el padre de la historia de la filosofa era de la idea de que toda contradiccin o dificultad que se daba en la filosofa de cualquier periodo es resultado, recoge y expresa una contradiccin del mundo real; pero yo no he comido tantas sopas como l para dar cuenta y razn de nada menos que eso mismo. Bueno, sigo

La teora estructural funcionalista, como toda teora humana pero esto es ya sin quererlo una crtica, pues se basa en una afirmacin que no se fundamenta en su antropologa- tiene la singularidad de autocumplirse si se comparte o se cree. Si, con el ejemplo clsico clsico de 30 aos- las gentes, los corredores de bolsa creyeran que las manchas solares producen crisis econmicas, cada vez que hubiese manchas solares cada 11 aos si mal no recuerdo- habra pnicos burstiles, desinversin, quiebras y crisis. Si creemos que el desarrollo de las fuerzas productivas es el autobs a la Parusa o como mnimo, a Lourdes- pues la apoyaremos, consideraremos que lo que se opone a eso es provincianismo, caspa, miseria moral, tontera, no saber vivir, cosa de acomplejados, algo propio de pringaos sin savoir faire nada como tener un dromedario musical que revele que hemos estado en el fotomatn de Keops y Micerino , (viaje con nosotros en una postal; conocer mundo en diez das) un coche de 1800 caballos en el que podamos sentarnos para poder or msica y que nos vean los vecinos, baarnos en las paradisacas playas (las 500 mejores playas azules espaolas suman 368 Kms de longitud, y cada playa tiene menos de 100 metros de anchura: es un hacinamiento propio de campo de concentracinperdonad las mordacidades; pero tiene su finalidad, no es lo mismo estar enganchado a la coca que a esta porquera. El prestigio, es muy importante, pero esto es ya otra clave explicativa).

La izquierda interioriz este modelo. No lo enfrent; representaba perder grosor en sus filas, tener desafeccin entre sus votantes slo una vez desde 1960, cuando se ha instaurado la sociedad reconsumo creo que hasta finales de los aos 50 los franceses no volvieron a tener la renta per cpita anterior a la guerra mundial- se plante el debate sobre la vida austera, lo hizo Harich a partir de los informes del club de Roma; solo una fuerza poltica hizo ademn de abrir debate pblico en PCI de Berlinguer (o, Berlinguer , que. me parece, fue dejado solo por el PCIpero esto habra que estudiarlo..)

La otra teora, la matriz intelectual opuesta es la Teora del Sujeto. Es la matriz de la que surge el marxismo: la teora del sujeto, del yo, del yo y su experiencia. Es la teora que surge como filosofar de la experiencia de la Revolucin Francesa. Es la escuela de idealismo alemn. Y parte del yo, de la experiencia del yo, y de la reflexin sobre la propia experiencia. A su vez la experiencia surge como consecuencia este es el eslabn fundamental- de la actividad del sujeto. La actividad se objetiva crea, produce; y la actividad, para poder efectuarse exige que el sujeto se haya socializado previamente interiorizando los saberes que le permiten objetivarla, vivir: usos, costumbres, etc -. La experiencia del yo es irreductible. Marx le llama conciencia de clase. Pero no como algo inherente a un colectivo masa, sino como conjunto de experiencias individuales de vida, culturalmente formadas: Somos felices? La gente se siente feliz? Hay satisfaccin vital en el hacer lo que se hace? O hay altsimos grados de agresividad y violencia que sealan malestar, rencor? Se puede vivir 24 de cada 24horas en el paraso?, p.e ., en una discoteca O solo unas pocas horas por semana?

Los seres humanos somos portadores de la cultura, y somos sus creadores. No la podemos controlar por entero, porque nadie puede abarcarla por entero. La cultura es la hominizadora : es el conjunto de saberes que orientan la actividad que produce y reproduce la vida. Desde saber cruzar una calle a saber usar un cuchillo, a saber cmo se saca un billete de tren a saber cmo se hace ese cuchillo o cmo se conduce ese tren o cmo se hace ese tren. Saberes, ideas, -el maestro de marx le llam, por ser ideas, espritu; y por ser concretas, fruto de la produccin mental y prctica humana anterior: objetivo: Espritu objetivo- La cultura y sus contradicciones se nos impone, nos forma. Pero nosotros la experimentamos, somos los seres conscientes de esa totalidad de saberes intelectivos que objetivamos mediante nuestros actos. Y que experimentamos como agentes y como pacientes en nuestra experiencia, en nuestro fuero interno. Qu nos dice este fuero interno. Creo que la gente no est contenta consigo misma, con su vida, ni con los dems: el mundo est lleno de borregos si deseas mucho algo lo obtendrs el Secreto, libro de autoayuda: mas deseo de cosas, eso s-. La conciencia de la cultura es nuestra conciencia de sujetos, la experiencia que hacemos con ella. Ella no tiene conciencia. La conciencia est en los sujetos vivos. No la bajarn de la cultura, del espritu objetivo los grandes sabios, los grandes crticos, los grandes economistas mire usted, si yo sabr que yo creo que esto que vivo es una puetera mierda, lo mismo que mire usted, si yo sabr si me gusta o no me gusta el jam serrano-. Somos los muchos pobres en nuestra humilde experiencia de pobres y muchos los que tenemos la AUTOCONCIENCIA DE LA HUMANIDAD -tremendol! que dira chiquito de la Calzada-, pues porque la conciencia es eso, conciencia de la experiencia y no ciencia o arte o religin ..ni filosofar, el filosofar parte de la experiencia

Una pequea muestra emprica. La busco en Engels , en su ltimo prlogo -el alemn?- a la edicin de La clase obrera en Inglaterra. Habla all del East End londinense. Todos los conocemos por las pelculas, es el lugar de Londres del siglo XlX en el que ocurran las cosas ms horribles. Durante el XlX haba acogido a todos los sujetos arrojados de sus aldeas, de sus pueblos, por el capitalismo, y que no haban podido rehacer sus vidas tratando de crear una nueva forma de cultura y de vida a partir de su trabajo en una fbrica. Era un lugar de alcoholismo, droga, prostitucin, enfermedad y feroz violencia. Pues Engels deca pasmado que ese mundo sin luz, todo barbarie haba pasado a ser en el gran reducto de la clase obrera trade unionista organizadaEs un ejemplo histrico, y vale lo que nuestro optimismo decida que valga.

Si seguimos con la teora del sujeto, los individuos, experimentan su vida y en consecuencia, actan y se movilizan, luchan, cambian situaciones, a esto los historiadores le llaman cambio de correlaciones de fuerza... El capitalismo no es algo al margen de la historia, de esas luchas de esas correlaciones de fuerza; podemos utilizar el concepto capitalismo para un sinnmero de correlaciones de fuerzas muy diversas, si estipulamos lo hacemos- que se denomina capitalismo a todo el inmenso conjunto de situaciones histricas dadas e hipotticas imaginables, en las que se d la concentracin de la propiedad de los medios de produccin en unas manos y en la que stos se enfrentan a los que no los poseen, pero en cada correlacin de fuerzas esto vara y vara de forma muy decisiva. Las sociedades son histricas, cada relacin de fuerzas es distinta el capitalismo es un nombre comn a muy diversas situaciones histricas, de vida y experiencia de la gente. Paris 1943 y Paris 1973, que dependen de la gente y de su actividad Quiero decir que capitalismo no es el nombre de una Esencia, del Mal metafsico, no es "La Peste" la de Bergman en el sptimo sello o la de Camus. Y si el capitalismo es el nombre del orden que ahorma nuestra forma de vida, si nuestra forma de vida es el capitalismo, si el capitalismo es nosotros, es de sentido comn, que podemos comenzar a cambiar las cosas y a combatir el capitalismo en una lucha con nosotros, desde nuestras propias vidas diarias. Desde la butaca de nuestra casa, incluso,si nos ponemos a abrigar una esperanza un poco excesiva, un poco loca de la casa

Es importante una cosa. Santiago Alba ve las cosas que vemos nosotros. Es una pequea seal. Aqu y all comenzamos a ver las cosas del mismo modo diversas personas. El espritu objetivo, la civilizacin y la experiencia de civilizacin, la experiencia que aquella crea comienza a ir por aqu no es importante?Os acordis de 1989 ?. Quin dice que el mundo no cambia, que la gente no tiene experiencia, que su experiencia no tiene repercusiones, que sus actos no llevan a ninguna parte, que en Europa todo estaba decidido? Bueno, a lo mejor lo dijimos nosotros. A lo mejor, a pesar de creer que aquello era una dictadura no creamos posible que aquello se fuera abajo, que la historia retrocediese que no nos vuelva ahora a pasar el mateix

Joan Tafalla:

Tanto la entrevista a Santiago, como las consideraciones de Joaqun me dan claves para pensar muchos de aquellos problemas, con los que me he estado debatiendo en los ltimos veinte aos. Tambin me indican caminos de investigacin y de accin. Joaqun, con muy pocas palabras nos a mostrado cuan pernicioso es y ha sido el modelo de evolucionismo kautskiano que se transmiti (so capa de marxismo) a las corrientes mayoritarias del movimiento obrero (socialista y comunista) del siglo XX. Se trata de un paradigma economicista, mecnico y evolucionista de las relaciones sociales, que condicion negativamente el pensamiento y la accin del movimiento obrero del pasado siglo.

Existi otro marxismo pero fue muy minoritario y perdi todas las batallas contra las burocracias y las castas elitistas que se consiguieron el poder en los partidos socialistas y comunistas tanto a Oriente como Occidente. Este mismo hecho era un argumento en su contra: ya que era minoritario o perdedor en todas las batallas no poda conducir ninguna batalla a la victoria. Ahora despus de la derrota del paradigma kautskiano tal vez estemos en condiciones de probar la potencia del otro paradigma.

Gramsci , Luckcs , partes de Lenin (que tena el corasn parto ), Harich , Bloch ... y a otros niveles, pocos nombres ms: Togliatti (que pese a su tacticismo , fue capaz de construir un "pueblo comunista" muy numeroso y preservar a Gramsci para la posteridad), Pasolini , aspectos de Berlinguer , Thompson, Hill, Williams... Poca cosa ms tenemos como punto de partida.

En la investigacin que hago sobre revolucin francesa, he ido percibiendo que la historiografa del marxismo economicista, pese a sus numerosos mritos, no sirve para explicar aqul acontecimiento fundador. Lo he visto con mis propios ojos.

O sea, no nos toca ms remedio que " begin the beguine " Con las pocas fuerzas que nos quedan y con paciencia, con mucha paciencia.

Algunos de vosotros me habris odo decir que la parte descriptiva de los textos e intervenciones de Santiago Alba sobre el cambio antropolgico impuesto por el capitalismo sobre los habitantes de la parte rica del planeta en los ltimos treinta o cuarenta aos, desprendan un aroma excesivamente pesimista. Siendo descripciones reales y verdaderas, parecen invitar al pesimismo ms absoluto y a la inaccin: "no hay nada que hacer". Creo (y no tengo suficientes conocimientos para demostrarlo) que el modelo que usa Santiago est excesivamente contaminado de estructuralismo. Como aprendiz de historiador creo que olvida la dinmica histrica, que da por inevitable que las clases subalternas seguirn siempre siendo subalternas. El ejemplo del East End de Londres explicado por Engels y que aporta en Joaqun me parece decisivo para contrarrestar este modelo excesivamente apocalptico. Las grandes luchas obreras, campesinas y populares en Francia e Italia en los aos cincuenta y sesenta, ms tardas en Espaa por la dictadura fascista, muestran tambin una resistencia notable de culturas viejas, subalternas si se quiere, pero con una orientacin cultural y moral no capitalista.

Yo tengo ms confianza en el sentido comn del personal que me rodea. Pese a no que entiendan ni pizca de filosofa, de economa, de sociologa... o de cualquier materia que acabe en " a ", hacen funcionar el mundo, administran los intereses comunes de mi escalera mucho mejor que yo cuando, por turno les toca ser presidentes de la escalera de vecinos... Los seres que forman nuestra sociedad, en general, son capaces de gestos admirables de solidaridad y de humanidad que me producen siempre una envidia notable. Sin ellos los autobuses no funcionaran, el metro no llegara nunca a lugar, la luz no se encendera, y nosotros no nos vestiramos ni comeramos.

Es cierto que el neo-capitalismo lleva a cabo una tarea destructiva de las viejas culturas autnomas de las clases subalternas. Siempre lo ha hecho. Con la urbanizacin salvaje de los aos sesenta del siglo pasado y con la sociedad de consumo este proceso, esta tendencia alcanz niveles muy elevados. Segn Santiago, el neocapitalismo en las grandes conurbaciones, ha destruido prcticamente la memoria y la capacidad de imaginacin de las clases subalternas de las grandes metrpolis. Sin memoria ni imaginacin, ni podemos relacionar lo que pasa con acontecimientos anteriores, ni imaginar un mundo diferente. Si estas facultades humanas estn ya totalmente destruidas, hemos traspasado aquel umbral donde deca: " lasciate ogni speranza voi ch entrate".

Es preciso haber vivido largos aos en una conurbacin metropolitana para percibir el ocaso generacional de la vieja cultura campesina de los emigrados de los aos sesenta dotada de un sentido natural de justicia y de una moral popular ajena al capitalismo. Una cultura obrera y popular que se est agotando por las desindustrializacin, y tambin por razones generacionales. Sin embargo, podemos percibir que aqu y all, en el territorio, de forma fragmentada y an inconexa surgen nuevas prcticas, nuevas propuestas cooperativas, potencialmente no capitalistas. Los hijos y nietos de aquella gran emigracin, tan bien narrada en su da por John Berger, a pesar de la tremenda aculturizacin sufrida por ellos, conservan caractersticas y comportamientos positivos.

Nadie entre nosotros sabe como piensan y se organizan realmente el milln de aldeanos llegados a Catalunya desde el ao 2000.

Adems, es preciso recordar que las viejas culturas autnomas campesinas hoy en extincin en la parte rica del planeta, no eran algo "estructural" a-histrico, intemporal. Explicarlas as, al margen de la dinmica histrica y de la lucha de clases (concepto heurstico an vigente) no da cuenta, siquiera de su destruccin actual por parte del capitalismo. Las viejas culturas autnomas campesinas eran, ellas mismas una creacin histrica que dependa de la voluntad y de la moral popular. Hay visiones bastante pesimistas que niegan absolutamente la existencia, en la actualidad, de esta moral popular, de este sentido de justicia natural entre las masas metropolitanas. No quiero pecar de ingenuo optimismo pero creo, sinceramente que si uno se acoge (es una decisin previa, como dice Joaquin ) al paradigma del marxismo del sujeto y no es vctima de ningn tipo de impaciencia elitista puede conseguir dos objetivos: el primero es interpretar mejor lo que pasa, el segundo es vivir la vida con mayor tranquilidad y modestia.

Un abrazo optimista pese a que "caigan chuzos de punta".

Alejandro Andreassi :

Coincido con las consideraciones de Joan sobre el texto de Joaqun. Como ha sucedido con otros, este excelente texto de Joaqun es muy sugerente y me permito transmitirles algunas cosas que se derivan de ello. La primera es que creo que Joaqun acierta plenamente al situar cronolgicamente el auge de esa teora kaustkista primero en el ltimo tercio del XIX y de su derivado estructuralista en la dcadas de los aos cincuenta y sesenta del XX , y acierta plenamente porque en ambos perodos el capitalismo como sistema de civilizacin, experimenta dos grandes transformaciones que paradjicamente niegan a la experiencia humana (entendida como equivalente a conciencia, tal como muy bien lo plantea Joaqun) su carcter histrico para permitir que esa misma experiencia lo naturalice, lo transforme en el producto obligado de la Naturaleza, en un resultado necesario del proceso comenzado cuando la primeros seres unicelulares iniciaron la larga cadena de la evolucin.

La primera de esas transformaciones fue la experimentada por el capitalismo durante la Segunda revolucin industrial, en la que el potencial tecnolgico desarrollado, el cambio radical en los mtodos de produccin (primera estandarizacin y produccin masa, taylorismo) y la necesaria imbricacin de la produccin con la ciencia produjeron en las sociedades que experimentaban esos cambios la idea de que el ser humano era capaz no slo de imitar a la Naturaleza, sino incluso de enmendarla y mejorarla, y como no se poda ir contra la Naturaleza, pensaban sus contemporneos que la explicacin del xito del capitalismo con sus asombrosos hallazgos e invenciones tcnicas y cientficas deba hallarse en su esencia completamente natural, su funcionamiento un apartado ms de las leyes que regan el universo (slo basta pensar el impresionante avance en biologa y medicina, as como en qumica y fsica que se produjo en el perodo a caballo del XIX y el XX, antes de 1914, para comprender el embeleso que ello produca entre burgueses pero tambin en el imaginario de las clases subalternas). No es casual que en esta poca H.G. Wells escriba la isla del Dr. Moreau (1896), o que Galton , primo de Darwin inicie sus reflexiones sobre la eugenesia, o que el materialismo vulgar desembocara en un desenfrenado pantesmo como el que protagoniz Ernst Haeckel en Alemania, en la que la Divinidad derrocada por Darwin era sustituida por el principio materia-energa como el origen y razn de todas las cosas, y hasta el pensamiento era equiparado a una secrecin del cerebro, del mismo modo que la orina lo era de los riones como hizo Karl Vogt (el mismo que recibi una voluminosa crtica de Marx en forma de libro). Ciertamente, al menos desde el neoltico, el ser humano es capaz de incidir colectivamente en el medio natural, pero es una caracterstica de la civilizacin del capitalismo que se haya adquirido conciencia de esa capacidad humana de incidencia. Creo que esa gigantesca transformacin produjo dos impactos que se registraron en la praxis y se convirtieron en discurso.

El primero, fue la eficacia con que esa nueva economa produca innumerables riquezas materiales junto con la profundizacin de las diferencias entre la prosperidad de unas minoras y la miseria y padecimiento de la mayora. Para quienes crean que el capitalismo era una estacin obligada de la evolucin humana, la explicacin del contraste no se deba achacar al sistema social y poltico dominante sino a la diferente aptitud biolgica de unos y otros sectores sociales, lo que daba respaldo al fuerte darwinismo social de la poca.

El segundo fue la prdida de fundamento material, en el sentido fuerte que plantea Joaqun, prxico , de la capacidad de los obreros de autogestin de la organizacin de la produccin, un fuerte componente de la cultura artesana precapitalista que subsista en los intersticios del capitalismo impulsado por la Primera revolucin industrial, capacidad a la que se refera Bill Haywood , lder anarcosindicalista de las IWW cuando afirmaba que el obrero guardaba bajo su gorra la mente del gestor. Esa prdida se verificara durante la Segunda revolucin industrial constituyendo lo que sera la etapa culminante de la alienacin, el ltimo paso en la separacin de los trabajadores de los medios de produccin que consisti en la prdida de la capacidad de concepcin de la totalidad de su actividad y el control de su ritmo, con la llegada del taylorismo con su propuesta de separar la concepcin, que sera transferida a la direccin de la empresa, de la ejecucin del trabajo, que sera lo ltimo que como actividad le quedara a un trabajador completamente heternomo. No hay que olvidar que el gran hallazgo de Taylor fue no la divisin del trabajo y la simplificacin de los procesos complejos en movimientos simples, sino el transformar el saber artesano complejo y consciente en un trabajo de autmatas. Con esa revolucin capitalista, se perdi por lo tanto algo que haba sido patrimonio de la cultura obrera de matriz artesana, esa que describa con tanta precisin Sewell para la Francia de las dcadas de 1830 y 40 del siglo XIX o Thompson en Gran Bretaa, y que era la conviccin de que los patronos eran algo impuesto, innecesario para la adecuada realizacin del trabajo. La pregunta para qu sirven los patronos? se vio sustituida por la necesidad de los cuadros tcnicos, aunque procedieran de la burguesa, afirmacin que se plante la socialdemocracia, todava en vida de Engels , y que sera debatida en la revolucin rusa. Dice Joan con mucha razn que para el otro paradigma marxista, el minoritario, en el que queremos reconocernos, podemos contar con un conjunto de pensadores valiosos pero no extenso, y entre ellos medio Lenin, y es cierto porque hay un Lenin que defiende el taylorismo, es el que a pesar de su polmica con Kautsky todava no se ha desprendido del todo de su influencia, pero hay el Lenin que critica al taylorismo y el que denuncia el neomaltusianismo que estaba influyendo en ciertos sectores del movimiento obrero. Por lo tanto ya tendramos una primera e incipiente mutacin ideolgica en ese perodo de paso de un siglo al otro en el cual el proceso revolucionario pasa por el cambio de las relaciones de propiedad (propiedad social o estatal en lugar de propiedad privada) sin cuestionarse ni la forma ni los objetivos de la produccin capitalista. Evidentemente no hago aqu ninguna referencia a una presunta ciencia proletaria que debera sustituir a la ciencia burguesa, sino simplemente a la posibilidad de decidir democrticamente qu, como y para qu se produce, en base a la informacin cientfica disponible, en lugar de que la decisin sobre esos tres aspectos sea el producto un sistema autoritario de toma de decisiones.

La segunda transformacin fue la experimentada durante los veinticinco o treinta gloriosos aos del capitalismo de la segunda posguerra, en el cual la experiencia de que poda haber un capitalismo en el cual mejoraran notablemente las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera sin modificar las reglas y objetivos fundamentales del sistema capitalista pareci posible y alcanzable transformndose en el segundo paradigma obligatorio que deban recorrer todos los pases para llegar al mundo desarrollado. Ya no bastaba con sustituir la industria de bienes de consumo por la de bienes de produccin, sino que deba conseguirse un crculo virtuoso, un automatismo en el cual el crecimiento de la capacidad masiva de consumo garantizara un crecimiento y desarrollo de la economa que no significaba ms que de la acumulacin incesante del capital, ahora sin las trabas de guerras europeas ni crisis como la de 1929. Fue el segundo fenmeno que reforz la concepcin de cierto automatismo, de cierto evolucionismo en el progreso social hacia una sociedad no capitalista, de que se haban obtenido garantas suficientes de que jams se iba a retroceder, a volver a las pautas de produccin y explotacin del pasado, y que definitivamente se haba entrado en el camino de la modernidad y el desarrollo sin fin que culminara con un paso prcticamente indoloro al socialismo. Falta un dato en este escenario, y es que, como dice muy bien dice David Anisi en su libro Creadores de escasez, el Welfare State occidental (que en realidad afect a una parte y no la totalidad del planeta, parte de Europa, USA y Canad, varios pases de Amrica Latina, en concreto Argentina, Chile y Uruguay) fue impensable sin 1917, y es cierto. El problema es que si el movimiento obrero pens que 1917 era el acicate que obligaba al capitalismo occidental a buscar la posibilidad de un capitalismo de rostro humano, la objetivacin del socialismo intentaba emular y superar al paradigma capitalista, con casi sus propias armas. La crisis de los aos setenta con la ruptura de ese Welfare State , marc el final de esa etapa que pareca infinita y abri otra, la que hoy padecemos. Perdonadme la extensin que est adquiriendo lo que en un principio era una apostilla de lo que tan bien expresaban Joaqun y Joan, pero prosigo. Evidentemente toda generalizacin, y mxime esta que estoy haciendo de prisa y corriendo corre el riesgo de dejar fuera cosas importantes, y soy consciente, pero como todo borrador de borrador espero el debate que propone Joan y que me parece necesario. Ya que lo que vengo a decir es que desde una perspectiva histrica no es una derrota sbita la que ha sufrido el moviendo obrero, sino que la, sino que la transformacin antropolgica a la que hace referencia Santiago Alba en su entrevista, no es definitiva, es el resultado de un proceso histrico que todava estamos viviendo, experimentado y padeciendo, una etapa que asienta en otros procesos de cambio de la perspectiva con que las clases explotadas afrontan y han afrontado su cotidianeidad.

http://www.moviments.net/espaimarx/?lang=cat&query=8d420fa35754d1f1c19969c88780314d&view=section



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