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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2009

Conferencia magistral de Noam Chomsky en la Sala Nezahualcyotl (Mxico D.F.)
Guerra, drogas y poltica, elementos del mundo bipolar

Noam Chomsky
La Jornada


Qu lecciones nos han dejado dos dcadas de una realidad mundial unipolar?

Noam Chomsky disert el pasado lunes largamente sobre esta pregunta y dej en odos del auditorio ideas sorprendentes, en una conferencia magistral en la Sala Nezahualcyotl, transmitida en vivo por TV Unam y 12 televisoras pblicas y universitarias que se enlazaron para enviar la seal a Aguascalientes, Hidalgo, Michoacn, Morelos, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potos, Tlaxcala, Yucatn, Durango y Nuevo Len, adems de por La Jornada on line.

Ideas sorprendentes como la de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, descrito como una mercanca con una mercadotecnia tan exitosa, que el ao pasado mereci el primer lugar en campaas promocionales por parte de la industria de la publicidad. Ms famoso que las computadoras Apple. Tan vendible como una pasta de dientes o un frmaco.

O la idea de que la invasin estadunidense a Panam, en 1989, hoy apenas una nota a pie de pgina para muchos, fue en realidad la seal de que Wa-shington iniciaba, a travs de la ficcin de la guerra contra las drogas, una nueva etapa de dominacin, cuando apenas haban pasado algunas semanas de la cada del Muro de Berln.

O bien, un dato puntual, asombroso: la preocupacin manifestada en 1990, en un taller de desarrollo de estrategias para Amrica Latina en el Pentgono, de que una eventual apertura democrtica en Mxico osara desafiar a Estados Unidos. La solucin propuesta fue imponer a nuestro pas un tratado que lo atara de manos con las reformas neoliberales. La propuesta se materializ en el Tratado de Libre Comercio (TLC), que entr en vigor en 1994.

As, la resea de Chomsky de las dos ltimas dos dcadas lleg al momento actual, al proceso de remilitarizacin de Amrica Latina con siete nuevas bases en Colombia y la reactivacin de la Cuarta Flota de su armada.

Todo, para aterrizar en la visin de un continente, el nuestro, que pese a todo comienza a liberarse por s solo de este yugo, con gobiernos que desafan las directrices de Washington, pero sobre todo con movimientos populares de masas de gran significacin.

Congruente con esta importancia que Chomsky da a los procesos sociales y a su constante llamado a visibilizar a sus protagonistas, al concluir su conferencia magistral y una entrevista con TV Unam, el acadmico todava tuvo fuerzas para encontrarse brevemente con Trinidad Ramrez, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, esposa del preso poltico Ignacio del Valle, la cual agradeci al conferencista que fuera firmante de la segunda campaa por la libertad de 11 presos, le regal su paliacate rojo y, por supuesto, tambin su machete.

Blanche Petrich

A continuacin se reproducen las palabras de Noam Chomsky en la sala Nezahualcyotl:

Al pensar en cuestiones internacionales, es til tener presentes varios principios de generalidad e importancia considerables. El primero es la mxima de Tucdides: Los fuertes hacen lo que quieren, y los dbiles sufren como es menester. Esto tiene un importante corolario: todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologtica, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los dbiles es su culpa. En el Occidente contemporneo a estos especialistas se les llama intelectuales y, con excepciones marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su prctica se remonta a los orgenes de la historia de la que tenemos registro.

Los principales arquitectos

Un segundo punto, que no hay que olvidar, lo expres Adam Smith. l se refera a Inglaterra, la potencia ms grande de su tiempo, pero sus observaciones son generalizables. Smith observaba que los principales arquitectos de polticas pblicas en Inglaterra eran los comerciantes y los fabricantes, quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien servidos por tales polticas, por gravoso que fuera el efecto en otros incluido el pueblo de Inglaterra y pese a la severidad que tuvieran para quienes sufren la salvaje injusticia de los europeos en otras partes.

Smith fue una de esas raras figuras que se apartaron de la prctica normal de retratar a Inglaterra como una potencia angelical, nica en la historia del mundo, dedicada sin egosmo al bienestar de los brbaros. Un ejemplo revelador, en estos trminos exactos, es un ensayo clsico de John Stuart Mill, uno de los ms decentes e inteligentes intelectuales occidentales, en el que explicaba por qu Inglaterra tena que culminar su conquista de la India en aras de los ms puros fines humanitarios. Lo escribi justo en el momento de mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del monopolio del opio y establecer la ms extraordinaria empresa de narcotrfico en la historia mundial, y as obligar a China, con lanchas caoneras y venenos, a aceptar las mercancas de fabricacin britnicas, que China no quera.

La plegaria de Mill es la norma cultural. La mxima de Smith es la norma histrica.

Hoy, los principales arquitectos de las polticas pblicas no son los comerciantes y los fabricantes, sino las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales.

Una refinada versin actual de la mxima de Smith es la teora de la inversin en poltica, desarrollada por el economista poltico Thomas Ferguson, la cual considera que las elecciones son la ocasin para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones.

Como muestra Ferguson, esta teora es un mecanismo muy bueno para predecir polticas pblicas durante un periodo largo.

Entonces, para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendran prioridad para el gobierno de Obama. Fueron sus principales provedoras de fondos y se inclinaron mucho ms por Obama que por McCain. Y as result ser. El semanario de negocios Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras gan la batalla por la atencin a la salud, y de que las instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen inclumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate pblico lo que acomoda el escenario para la siguiente crisis, apuntan los editores. Y aaden que otras corporaciones aprendieron valiosas lecciones de estos triunfos y ahora organizan grandes campaas para frenar la aprobacin de cualquier medida relacionada con energa y conservacin (por suave que sea), con pleno conocimiento de que frenar esas medidas negar a sus nietos cualquier posibilidad de supervivencia decente. Por supuesto, no es que sean malas personas, ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos, a veces en formas muy notables.

Las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares (extravaganzas), conducidos por la enorme industria de las relaciones pblicas que floreci hace un siglo en los pases ms libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares haban ganado la suficiente libertad para que el pblico ya no tan fcilmente fuera controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las polticas pblicas se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las elecciones.

Estados Unidos no es una democracia guiada como Irn, donde los candidatos requieren la aprobacin de los clrigos imperantes. En sociedades libres, como Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados terminan casi siempre determinados por los gastos de campaa.

Los operadores polticos estn siempre muy conscientes de que con frecuencia el pblico disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las polticas pblicas. Entonces, las campaas electorales evitan ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras de oratoria, las personalidades y el chismorreo. Cada ao la industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaa promocional del ao. En 2008 el premio se lo llev la campaa de Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos estaban eufricos. Se ufanaban abiertamente de que ste era su xito ms grande desde que comenzaron a promocionar candidatos cual si fueran pasta de dientes o frmacos que asocian con estilos de vida, tcnicas que cobraron fuerza durante el periodo neoliberal, primero que nada con Reagan.

En los cursos de economa, uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de televisin sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones. Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarn decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.

Tanto en el mundo de los negocios como en el poltico, los arquitectos de las polticas pblicas son constantemente hostiles con los mercados y con la democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto, la retrica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante claros.

La mxima de Adam Smith tiene algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo contemporneo importante son las polticas de Washington hacia Cuba desde que sta obtuvo su independencia, hace 50 aos. Estados Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco comn, as que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el pensamiento y los planes de los arquitectos de las polticas pblicas. A los pocos meses de la independencia de Cuba, el gobierno de Eisenhower formul planes secretos para derrocar al rgimen e inici programas de guerra econmica y de terrorismo, cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continan en varias formas hasta nuestros das. Desde el inicio, la intencin explcita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano para que derrocara al rgimen criminal. Su crimen era haber logrado desafiar polticas estadunidenses que databan de la dcada de 1820, cuando la doctrina Monroe declar la intencin estadunidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar interferencia alguna de fuera ni de dentro.

Aunque las polticas bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la mxima de Tucdides, entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos brindan una mirada especial sobre cmo se configuran las polticas. Durante dcadas, el pueblo estadunidense ha favorecido la normalizacin de relaciones con Cuba. Desatender la voluntad de la poblacin es normal, pero en este caso es ms interesante que sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan tambin la normalizacin: las agroempresas, las corporaciones farmacuticas y de energa, y otros que comnmente fijan los marcos de trabajo bsicos para la construccin de polticas. En este caso sus intereses son atropellados por un principio de los asuntos internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los tratados acadmicos en la materia: podramos llamarlo el principio de la Mafia. El Padrino no tolera que nadie lo desafe y se salga con la suya, ni siquiera el pequeo tendero que no puede pagarle proteccin. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es opcin. Que alguien logre desafiar al Amo puede volverse un virus que disemine el contagio, por tomar prestado el trmino usado por Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende.

sa ha sido una doctrina principal en la poltica exterior estadunidense durante el periodo de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes. Otro ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aqu, es la poltica estadunidense hacia Irn a partir de 1979.

Tom su tiempo cumplir los objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de stos siguen topndose con muchos impedimentos. El fin ltimo perdura y es incuestionable. Adquiri mucho mayor significacin cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirti en una potencia global dominante y desplaz a su rival britnico. La justificacin se ha analizado con lucidez.

Por ejemplo, cuando Wa-shington se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de Seguridad Nacional puntualiz que si Estados Unidos no lograba controlar Amrica Latina, no podra esperar consolidar un orden en ninguna parte del mundo, es decir, imponer con eficacia su dominio sobre el planeta. La credibilidad de la Casa Blanca se vera socavada, como lo expres Henry Kissinger. Otros tambin podran intentar salirse con la suya en el desafo si el virus chileno no era destruido antes de que diseminara el contagio. Por tanto, la democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y as ocurri el primer 11 de septiembre, en 1973, que est borrado de la historia en Occidente, aunque en trminos de consecuencias para Chile y ms all sobrepase, por mucho, los terribles crmenes del 11 de septiembre de 2001.

Aunque las mximas de Tucdides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de todas las decisiones de poltica exterior, cubren una gama bastante amplia, como tambin lo hace el corolario referente al papel de los intelectuales. No son el final de la sabidura, pero se encaminan a l.

Con el contexto proporcionado hasta el momento, miremos el momento unipolar, que es el tpico de gran cantidad de discusiones acadmicas y populares desde que se colaps la Unin Sovitica, hace 20 aos, dejando a Estados Unidos como la nica superpotencia global en vez de ser slo la primera superpotencia, como antes. Aprendemos mucho acerca de la naturaleza de la guerra fra, y del desarrollo de los acontecimientos desde entonces, mirando cmo reacciona Washington a la desaparicin de su enemigo global, esa conspiracin monoltica y despiadada para apoderarse del mundo, como la describa Kennedy.

Unas semanas despus de la cada del Muro de Berln, Estados Unidos invadi Panam. El propsito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a Florida y sentenciado por crmenes que haba cometido, en gran medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirti en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.

La invasin mat a varios miles de personas pobres en Panam, segn fuentes panameas, y reinstaur el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a Estados Unidos. Fue apenas algo ms que una nota de pie de pgina en la historia, pero en algunos aspectos rompi la tendencia. Uno de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y ste lleg rpido: la amenaza de narcotraficantes de origen latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya haba declarado la guerra contra las drogas, pero sta asumi un nuevo y significativo papel durante el momento unipolar.

Sofisticacin tecnolgica en el tercer mundo

La necesidad de un nuevo pretexto gui tambin la reaccin oficial en Washington ante el colapso de la superpotencia enemiga. El gobierno de Bush padre traz el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo se mantendr bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos. Todava requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un nuevo justificante: la sofisticacin tecnolgica de las potencias del tercer mundo. Tenemos que mantener la base industrial de defensa, eufemismo para describir la industria de alta tecnologa apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervencin dirigidas a las regiones ricas en energticos de Medio Oriente, donde no haramos responsable al Kremlin de las amenazas significativas a nuestros intereses, a diferencia de las dcadas de engao cuando eso ocurra.

Todo lo anterior pas muy en silencio, apenas si se not. Pero para quienes confan en entender el mundo, es bastante ilustrativo.

Como pretexto para una intervencin, fue til invocar una guerra a las drogas, pero como pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de ms arrastre. Rpidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su misin. Declararon una revolucin normativa que confera a Estados Unidos el derecho a una intervencin por razones humanitarias escogida por definicin, por la ms noble de las razones.

Para expresarlo con sutileza, ni las vctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de alto nivel en el Sur global condenaron con amargura el as llamado derecho a una intervencin humanitaria. Era necesario un refinamiento adicional, por lo que se dise el concepto de responsabilidad de proteger. Quienes prestan atencin a la historia no se sorprendern al descubrir que las potencias occidentales ejercen su responsabilidad de proteger de modo muy selectivo, en adherencia estricta a las tres mximas descritas. Los hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de lado.

Conforme el momento unipolar se ilumin, otra cuestin que se puso al frente fue el destino de la OTAN. La justificacin tradicional para la organizacin era la defensa contra las agresiones soviticas. Al desaparecer la Unin Sovitica se evapor el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen fe en las doctrinas del momento, habran esperado que la OTAN desapareciera tambin; por el contrario, se expandi con rapidez. Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fra y de lo que sigui. A nivel ms general revelan cmo se forman y ejecutan las polticas de los estados.

A medida que se colaps la Unin Sovitica, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesin: permiti que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania por s sola casi haba destruido Rusia en dos ocasiones durante el siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, un esto por aquello, una reciprocidad. El gobierno de Bush prometi a Gorbachov que la OTAN no se extendera a Alemania oriental, y que desde luego no llegara ms al oriente. Tambin le asegur al mandatario sovitico que la organizacin se transformara en un ente ms poltico. Gorbachov propuso tambin una zona libre de armas nucleares desde el rtico al Mar Negro, un paso hacia una zona de paz que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental. Tal propuesta se pas por alto sin consideracin alguna.

Poco despus lleg Bill Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN se convertira en un ente ms poltico. Clinton expandi la organizacin hacia el este, y Bush fue ms all. En apariencia Barack Obama intenta continuar la expansin.

Un da antes del primer viaje de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional y Asuntos Eurasiticos inform a la prensa: No vamos a dar seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos respecto de la expansin de la OTAN o la defensa con misiles.

Se refera a los programas de defensa con misiles estadunidenses en Europa oriental y a la posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que, de igual modo, podan inflamar las tensiones internacionales.

Ahora, la jurisdiccin de la OTAN es todava ms amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la organizacin se ample al sur y tambin al este, de modo que se refuerce el control estadunidense sobre las reservas energticas de Medio Oriente. El general Jones tambin aboga por una fuerza de respuesta de OTAN, que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas, objetivo que ahora Washington se empea en lograr en Afganistn.

El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, inform a la conferencia de la organizacin que las tropas de la alianza tienen que custodiar los ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente y, de modo ms general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques cisternas y otras cruciales infraestructuras del sistema energtico. Dicha decisin expresa de forma ms explcita las polticas posteriores a la guerra fra: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervencin global encabezada por Estados Unidos, cuya preocupacin especial sea el control de los energticos. Supuestamente, la tarea incluye la proteccin de un ducto de 7 mil 600 millones de dlares que conducira gas natural de Turkmenistn a Pakistn e India, pasando por la provincia de Kandahar, en Afganistn, donde estn desplegadas las tropas canadienses. La meta es bloquear la posibilidad de que un ducto alterno brinde a Pakistn e India gas procedente de Irn, y disminuir la dominacin rusa de las exportaciones energticas de Asia central, segn inform la prensa canadiense, bosquejando con realismo algunos de los contornos del nuevo gran juego en el que la fuerza de intervencin internacional encabezada por Estados Unidos va a ser un jugador principal.

Desde los primeros das posteriores a la guerra fra, se entenda que Europa occidental podra optar por un curso independiente, tal vez con una visin gaullista de Europa, del Atlntico a los Urales. En este caso el problema no es un virus que pueda diseminar el contagio, sino una pandemia que podra desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansin actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organizacin, dan nuevo empuje a esos fines.

Los acontecimientos continan atravesando el momento unipolar, adhirindose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Ms en especfico, las polticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertira en una potencia global y desplazara a Gran Bretaa. En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porcin sustancial del planeta. Esta gran rea, como le llaman, habra de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio britnico, el Lejano Oriente y los recursos energticos de Asia occidental. En esta gran rea, Estados Unidos habra de mantener un poder incuestionable, una supremaca militar y econmica, y actuara para garantizar los lmites de cualquier ejercicio de soberana por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominara en Europa, pero conforme Rusia comenz a demoler la Wermacht (las fuerzas armadas nazis), la visin se hizo ms y ms expansiva, y se busc que la gran rea incorporara la mayor extensin de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazn econmico de Eurasia.

Se desarrollaron planes detallados y racionales para la organizacin global, y a cada regin se le asign lo que se le llam su funcin. Al Sur en general se le asign un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversin y ms tarde otros servicios, tales como recibir la exportacin de desperdicios y contaminacin. En ese entonces, Estados Unidos no estaba tan interesado en frica, as que la pas a Europa para que explotara su reconstruccin a partir de la destruccin de la guerra. Uno podra imaginar relaciones diferentes entre frica y Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta. En contraste, se reconoci que las reservas de petrleo de Medio Oriente eran una estupenda fuente de poder estratgico y uno de los premios materiales ms grandes en la historia del mundo: la ms importante de las reas estratgicas del mundo, para ponerlo en palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionara a Estados Unidos el control sustancial del mundo.

Quienes consideran significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden que los planificadores de Truman hacan eco de las doctrinas de los demcratas jacksonianos al momento de la anexin de Texas y de la conquista de medio Mxico, un siglo antes. Tales predecesores anticiparon que las conquistas proporcionaran a Estados Unidos un virtual monopolio del algodn, el combustible de la primera revolucin industrial: Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas las naciones a nuestros pies, declar el presidente Tyler. En esa forma, Estados Unidos podra esquivar el disuasivo britnico, el mayor problema de esa poca, y ganar influencia internacional sin precedente.

Concepciones semejantes guiaron a Washington en su poltica petrolera. De acuerdo con ella explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower, Estados Unidos debe respaldar regmenes rudos y brutales y bloquear la democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una campaa de odio contra nosotros, como observ el presidente Eisenhower 50 aos antes de que George W. Bush preguntara en tono plaidero por qu nos odian y concluyera que deba ser porque odiaban nuestra libertad.

Con respecto a Amrica Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadunidenses la representan los regmenes radicales y nacionalistas que apelan a las masas de poblacin y buscan satisfacer la demanda popular de mejoramiento inmediato de los bajos estndares de vida de las masas y el desarrollo a favor de las necesidades internas del pas. Estas tendencias entran en conflicto con las demanda de un clima econmico y poltico que propicie la inversin privada, con la adecuada repatriacin de las ganancias y la proteccin de nuestras materias primas. Gran parte de la historia subsiguiente fluye de estas concepciones que nadie cuestiona.

TLC, cura recomendada

En el caso especial de Mxico, el taller de desarrollo de estrategias para Amrica Latina, celebrado en el Pentgono en 1990, hall que las relaciones Estados Unidos-Mxico eran extraordinariamente positivas, y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o obreros y campesinos, ni otros detalles menores. Los participantes en el taller s vieron una nube en el horizonte: la amenaza de una apertura a la democracia en Mxico, la cual, teman, podra poner en el cargo a un gobierno ms interesado en desafiar a Estados Unidos sobre bases econmicas y nacionalistas. La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-Mxico que encerrara al vecino en su interior y proponerle las reformas neoliberales de la dcada de 1980, que ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos mexicanos en materia de polticas econmicas.

En resumen, el TLCAN, impuesto puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposicin a la voluntad popular.

Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton institua tambin la Operacin Guardin, que militariz la frontera mexicana. l la explic as: no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasin y justicia. No mencion nada acerca de la compasin y la justicia que inspiraron la imposicin de tales fronteras, ni explic cmo el gran sacerdote de la globalizacin neoliberal entenda la observacin de Adam Smith de que la libre circulacin de mano de obra es la piedra fundacional del libre comercio.

La eleccin del tiempo para implantar la Operacin Guardin no fue para nada accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir Mxico a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas tarde o temprano socavara la agricultura mexicana, y que las empresas mexicanas no aguantaran la competencia con las enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al tratado, deberan operar libremente en Mxico. Una consecuencia probable sera la huda de muchas personas a Estados Unidos junto con quienes huyen de los pases de Centroamrica, arrasados por el terrorismo reaganita. La militarizacin de la frontera fue un remedio natural.

Las actitudes populares hacia quienes huyen de sus pases conocidos como extranjeros ilegales son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de obra superbarata y fcilmente explotable. En Estados Unidos las agroempresas, la construccin y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales sentimientos antimigrantes, persistente y extrao rasgo en esta sociedad de migrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos. Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron vitoreados como hroes estadunidenses. Pero a fines del siglo XIX los letreros de ni perros ni irlandeses no los habran dejado entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores asiticos son una fulgurante innovacin en el sector de alta tecnologa. Hace un siglo, acciones racistas de exclusin impedan el acceso de asiticos, porque se les consideraba amenazas a la pureza de la sociedad estadunidense.

Sean cuales fueren la historia y las realidades econmicas, los inmigrantes han sido siempre percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia. Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios reales. Es vctima de los programas de manejo financiero de la economa y de globalizacin neoliberal, diseados para transferir la produccin hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios. Los efectos han sido severos desde los aos de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los das que corren. Los dos partidos polticos compiten por ver cul de ellos puede proclamar en forma ms ferviente su dedicacin a la sdica doctrina de que se debe negar la atencin a la salud a los extranjeros ilegales. Su postura es consistente con el principio, establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley, esas criaturas no son personas, y por tanto no son sujetos de los derechos concedidos a las personas. En este mismo momento la Suprema Corte considera la cuestin de si las corporaciones deben poder comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos ms indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y as, de hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados acuerdos de libre comercio. Estas reveladoras coincidencias no me provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y majestuoso.

El espectro de la planificacin es estrecho, pero permite alguna variacin. El gobierno de Bush II fue tan lejos, que lleg al extremo del militarismo agresivo y ejerci un arrogante desprecio, inclusive hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prcticas, aun dentro de las corrientes principales de opinin. El segundo periodo de Bush fue ms moderado. Algunas de sus figuras ms extremistas fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros. A Cheney no lo pudieron quitar porque l era la administracin. Las polticas comenzaron a retornar ms hacia la norma. Al llegar Obama al cargo, Condoleeza Rice predeca que seguira las polticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo que ha ocurrido, ms all del estilo retrico diferente, que parece haber encantado a buena parte del mundo tal vez por el descanso que significa que Bush se haya ido.

En el punto ms candente de la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del gobierno de Kennedy expres muy bien algo que hoy es una diferencia bsica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran Bretaa con la aniquilacin, pero sin informar a los britnicos.

En ese punto, el asesor defini la relacin especial con el Reino Unido. Gran Bretaa dijo es nuestro teniente; el trmino ms de moda hoy sera socio. Gran Bretaa, por supuesto, prefiere el trmino en boga. Bush y sus cohortes se dirigan al mundo tratando a todos como nuestros tenientes. As, al anunciar la invasin de Irak, informaron a Naciones Unidas que poda obedecer las rdenes estadunidenses, o volverse irrelevante. Es natural que una desvergonzada arrogancia as levante hostilidades.

Obama adopta un curso de accin diferente. Con afabilidad saluda a los lderes y pueblos del mundo como socios y nicamente en privado contina tratndolos como tenientes, como subordinados. Los lderes extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el pblico en ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los hechos, y no a la retrica o a las conductas agradables. Porque es comn que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso tambin.

Tecnologa de la destruccin

El actual sistema mundial permanece unipolar en una sola dimensin: el mbito de la fuerza. Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en fuerza militar, y est mucho ms avanzado en la tecnologa de la destruccin. Est solo tambin en la posesin de cientos de bases militares por todo el mundo, y en la ocupacin de dos pases situados en cruciales regiones productoras de energticos. En estas regiones est estableciendo, adems, enormes megaembajadas; cada una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara indicacin de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los costos de la megaembajada asciendan de mil 500 millones de dlares este ao a mil 800 millones en los aos venideros. Se desconocen los costos de sus contrapartes en Pakistn y Afganistn, como tambin se desconoce el destino de las enormes bases militares que Estados Unidos instal en Irak.

El sistema global de bases se comienza a extender ahora por Amrica Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamrica; el caso ms reciente es el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logr arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras, que jug un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La Cuarta Flota estadunidense, desbandada en los aos 50 del siglo XX, fue reactivada en 2008, poco despus de la invasin colombiana a Ecuador. Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamrica, y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus variadas operaciones, acciones contra el trfico ilcito, maniobras simuladas de cooperacin en seguridad, interacciones ejrcito-ejrcito y entrenamiento bilateral y multilateral. Es entendible que la reactivacin de la flota provoque protestas y preocupacin de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y otros.

La preocupacin de los sudamericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009, producido por el comando de movilidad area estadunidense (US Air Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en Colombia, pueda convertirse en el sitio de seguridad cooperativa desde el cual puedan ejecutarse operaciones de movilidad. El informe anota que, desde Palanquero, casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar combustible. Esto podra formar parte de una estrategia global en ruta, que ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la movilidad de los trayectos hacia frica. Por ahora, la estrategia para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el alcance de la movilidad area en el continente sudamericano, concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para extender el sistema a frica con bases adicionales, todo como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervencin.

Estos planes forman parte de una poltica ms general de militarizacin de Amrica Latina. El entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los ltimos 10 aos, mucho ms all de los niveles de la guerra fra.

La polica es entrenada en tcticas de infantera ligera. Su misin es combatir pandillas de jvenes y populismo radical, trmino este ltimo que debe de entenderse muy bien en Amrica Latina.

El pretexto es la guerra contra las drogas, pero es difcil tomar eso muy en serio, aun si aceptramos la extraordinaria suposicin de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una guerra en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez ms a fines de febrero por la Comisin Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria. Su informe concluye que la guerra al narcotrfico ha sido un fracaso total y demanda un drstico cambio de poltica, que se aleje de las medidas de fuerza en los mbitos interno y externo e intente medidas menos costosas y ms efectivas.

Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadunidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma ms efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevencin, el tratamiento y la educacin. Han mostrado adems que los mtodos ms costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio pas, tales como las fumigaciones y la persecucin violenta. El hecho de que se privilegien consistentemente los mtodos menos eficaces y ms costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la guerra contra las drogas no son los que se anuncian. Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurdico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intencin. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de limpieza social en lo interno, enviando enormes nmeros de personas superfluas, casi todas hombres negros, a las penitenciaras, fenmeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento ms alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 30 aos.

Aunque el mundo es unipolar en la dimensin militar, no siempre ha sido as en la dimensin econmica. A principios de la dcada de 1970, el mundo se haba vuelto econmicamente tripolar, con centros comparables en Norteamrica, Europa y el noreste asitico. Ahora la economa global se ha vuelto an ms diversa, en particular tras el rpido crecimiento de las economas asiticas que desafiaron las reglas del neoliberal Consenso de Washington.

Tambin Amrica Latina comienza a liberarse por s sola de este yugo. Los esfuerzos estadunidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos, particularmente en Sudamrica, la cual por vez primera desde las conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales que han plagado el continente. He ah el inicio de movimientos encaminados a la integracin de pases que tradicionalmente se orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y tambin un impulso por diversificar las relaciones econmicas y otras relaciones internacionales. Estn tambin, por ltimo, algunos esfuerzos serios por dar respuesta a la patologa latinoamericana de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de responsabilidades, excepto la de enriquecerse a s mismos. Esto ltimo es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante su periodo de rpido crecimiento, la exportacin de capitales poda acarrear la pena de muerte.

Estos procesos en Amrica Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos populares de masas, son de gran significacin. No es sorpresivo que provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales, respaldadas por la superpotencia hemisfrica. Las barreras son formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a cambiar en forma significativa el curso de la historia latinoamericana, y sus impactos ms all de ella no sern pequeos.

Traduccin: Ramn Vera Herrera

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/09/22/index.php?section=politica&article=003n1pol



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