Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Golpe militar y resistencia popular en Honduras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2009

Honduras: las tres peleas simultneas

Guillermo Almeyra
La Jornada


La instalacin del presidente Manuel Zelaya en la embajada de Brasil en Tegucigalpa agudiz de un solo golpe la lucha entre los usurpadores del poder en Honduras y la gran mayora del pueblo hondureo y, al mismo tiempo, el conflicto entre la mayora de los gobiernos latinoamericanos, encabezados por Brasil, y Estados Unidos, as como la disputa entre el presidente Barack Obama y el gobierno paralelo de la derecha unida (demcrata y republicana) que utilizan por su cuenta el Departamento de Estado y el Pentgono para forzarle la mano al ocupante de la Casa Blanca.

En lo que respecta a la situacin interna en Honduras, la bestial represin que ejercen los golpistas tiene varios fines. En primer lugar, busca paralizar el movimiento masivo de la resistencia popular, que se ha galvanizado con la presencia de Zelaya en la capital hondurea y, adems, crear las condiciones para la invasin de la embajada de Brasil y el asesinato de Zelaya, hechos que seran presentados como excesos de un grupo exasperado. Por ltimo, esa represin busca tambin unir las filas de las clases dominantes. Porque entre los paros, huelgas y manifestaciones, la cada de las exportaciones y de las remesas y los continuos toques de queda que paralizan la produccin, hay sectores de la burguesa industrial, comercial y hasta de los terratenientes de las zonas ms pobres, as como de las fuerzas armadas, que esperan una solucin poltica a la crisis y estn dispuestos a aceptar un gobierno presidido por Zelaya, en el que ste en realidad est maniatado.

La represin no aplastar a los sectores populares en su lucha antioligrquica y democrtica. Por el contrario, radicalizar sectores que van mucho ms all del objetivo de Zelaya de volver al gobierno como vencedor, incluso si lo hace en el contexto de los acuerdos de San Jos, es decir, integrando un gobierno con sus adversarios y sin poderes reales, porque el presidente sabe que, de todos modos, influenciara desde ese puesto en la eleccin de su sucesor constitucional y preparara incluso el camino para su eventual releccin posterior.

Zelaya, en efecto, se presenta como pacificador ante sus pares en las clases dominantes y en las fuerzas armadas y sin duda tiene peso en ellas. Pero en los sectores populares que dirigen la resistencia estn tambin quienes quieren resolver el problema de la tierra, expropiar a la oligarqua, conseguir derechos sociales y no estn exponiendo su libertad y su vida simplemente para reponer a Zelaya en la presidencia y, menos an, para que sea presidente junto con representantes de segundo rango de los golpistas, que son tambin sus explotadores.

La represin, adems, no puede durar mucho tiempo porque el aislamiento internacional de los golpistas se une a la parlisis econmica del pas y a la creacin de condiciones seminsurreccionales y no todos los sectores reaccionarios estn de acuerdo con enfrentar en esas condiciones una guerra civil. Por eso las cosas se resolvern sobre todo por la resistencia popular pero tambin en el seno de las fuerzas armadas, y Zelaya cuenta con la existencia de un sector conciliador que desplace al alto mando gorila, lo exilie o lo encarcele. Y se resolvern tambin si la poltica de Obama se impone sobre la del sector ultraconservador demcrata-republicano que apoya a los golpistas, como lo hacen varios senadores, The Wall Street Journal y The Washington Post.

Brasil consinti que Zelaya se hospedase en su embajada pese al riesgo de que sta fuese invadida para superar con esa jugada la impotencia de la OEA y darle un golpe al Departamento de Estado. La advertencia brasilea de que si en su embajada no hubiese agua ni alimentos llevara a sus 300 ocupantes, incluido Zelaya, a la embajada de Estados Unidos, as como el planteo brasileo de que el Consejo de Seguridad de la ONU tome posicin sobre el caso hondureo, buscan obligar a Obama a superar las reticencias de los militares y de la derecha clintoniana.

El presidente estadunidense se pronunci en la asamblea de Naciones Unidas, el mircoles, en favor de Zelaya, pero sin proponer nada concreto al respecto, y el Departamento de Estado se mantuvo mudo desde que el presidente hondureo entr en Tegucigalpa. Este conflicto del establishment estadunidense, por tanto, an no ha sido resuelto ni es fcil de resolver, porque Obama es el primer mandatario de una potencia imperialista que tiene polticas muy claras para Amrica Latina y porque la ultraderecha en Estados Unidos est atacando a la Casa Blanca en el campo de la sanidad, en el de la omnipotencia de la CIA y en el internacional, y Obama tiende a privilegiar su plan de salud y a dejar en segundo plano a Honduras y sus relaciones con Amrica Latina.

Pero el apoyo de Brasil a Zelaya es una respuesta al despliegue de la Cuarta Flota estadunidense, que amenaza tambin las reservas marinas brasileas de petrleo y la Amazonia, y es una respuesta a la instalacin de siete bases estadunidenses en Colombia para controlar todo el norte de Amrica del Sur y en particular a Venezuela, Ecuador, Cuba y Brasil. Por tanto, la poltica brasilea en Honduras debe ser vista, por su simultaneidad, junto con el rearme de Brasil en Francia y con su posicin como pas emergente, contraria a la del Grupo de los Ocho. Estamos, por consiguiente, ante una lucha local en uno de los pases menores y ms pobres de nuestro continente que, sin embargo, forma parte de un juego en todo el tablero mundial en el que Brasil desea jueguen tambin Rusia, China, Francia (en el Consejo de Seguridad) y todos los pases dependientes.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/09/27/index.php?section=opinion&article=020a1pol



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