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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2009

Efectos colaterales

Fernando Suazo
Rebelin


No es lo mismo hablar del hambre que ser hambriento, descendiente de generaciones de personas hambrientas, y vivir entre miseria. Siento algo parecido a la vergenza por escribir este artculo. Me estremecera -y tal vez no podra terminarlo-, si en este momento me miraran unos ojos casi secos, alguien que ya ni alcanza a sonreir, que tal vez no sepa qu responder si le pregunto por su hambre. Pero tambin siento clera; y ella me mantiene aqu.

Nunca ha habido tantos hambrientos y hambrientas en el mundo, y las cifras siguen subiendo. El ao pasado, la FAO hablaba de 925 millores, ahora, la directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Josette Sheeran, asegura que la cifra de habrientos es de 1,020 millones. Tambin crecen las cifras de los cientos de millones de personas privadas de lo necesario para vivir (agua potable, salud, educacin, etc). De los 6,500 millones de habitantes, cerca de la mitad, 2,800, sufren desnutricin.

Causa estupor el contraste entre esta masiva tragedia y la mnima disponibilidad de recursos de asistencia, un mnimo histrico, en el presente ao. Esa falta de fondos afectar a programas que se vienen desarrollando en pases como Guatemala, Kenia y Bangladesh, dice la seora Sheeran, y se atreve a aadir que con menos del 1% de las inyecciones econmicas que han hecho los gobiernos para salvar al sistema financiero global, se podra haber resuelto el hambre en el mundo.

Resulta demasiado estridente que suceda esto en una sociedad construida sobre el rigor de las ciencias. Acaso las ciencias no descubren las leyes de la realidad con la intencin de predecir su comportamiento? Acaso la economa no es experta en cculos y previsiones? No es la cultura occidental fantica de la planificiacin? Por qu, entonces, a la vez que crece la riqueza crece la miseria en el planeta?

No hace falta estudiar libros para entender que cuando los bienes abundan para unos y faltan para otros, el exceso y la escasez guardan relacin de causa y efecto. El hambre, la pobreza, no son fenmenos naturales, sino sociales, aunque los medios de masas no lo presentan as: Las noticias del hambre aparecen en pginas diferentes de las que presentan los desmanes de los ricos. Hasta suena subversivo pronunciar estas dos palabras juntas, pobres y ricos; como si entre ellas no existieran intenssimas relaciones de causalidad.

Existen diez corporaciones transnacionales que controlan el 80% del comercio mundial de alimentos bsicos. De ellas, destacan la suiza Nestl SA., la francesa Groupe Danone SA. y la usamericana Monsanto Co. Sus prcticas especulativas, unidas a las de otras monstruosas corporaciones petroleras, les reportan ganancias descomunales, pasando por encima de la capacidad adquisitiva de cada vez mayores bolsas de poblacin. No les interesa el bien social de los alimentos, sino el lucro. Nada les preocupa que cada vez ms millones de personas queden fuera de los circuitos comerciales que ellos provocan. Fijan los precios atendiendo a la demanda especulativa de los mercados financieros, ms que a la demanda del consumo masivo. Al fin y al cabo, esas masas desposedas, que se multiplican en las periferias de Asia, frica y Amrica Latina, no renen los estndares del consumo bsico para generar rentabilidad. (Manuel Freytas, 18,09,09, socialismo-o-barbarie.org).

Para las corporaciones sobran las gentes, pero valen los recursos donde malviven o mueren. A partir del 9 de este mes, los medios locales anunciaban que el presidente haba declarado, en presencia de diplomticos estranjeros y dicen que hasta urgido por el embajador USA-, el estado de calamidad en el llamado corredor seco del oriente del pas. En los das siguientes aparecieron cifras de la solidaridad internacional para Guatemala.

En esos mismos das, los pobladores de la regin ms hambrienta del pas, en los municipios de Jocotn y Camotn, trataban de presentar una reclamacin que no tena la misma cobertura meditica: A pesar de la hambruna y pobreza en que viven las comunidades del rea Chorti, las autoridades gubernamentales han hecho caso omiso a las demandas de la poblacin, aprovechndose de los recursos disponibles en la regin, para concederlos a beneficio de intereses empresariales en detrimento de nuestros derechos y desarrollo colectivo Manifestamos nuestro rotundo rechazo a la concesin del megaproyecto a la empresa Las Tres Nias, S.A. quien en su estudio de impacto ambiental NO menciona los riesgos e impacto real sobre nuestras tierras, territorios y comunidades. (Comunicado publicado por Las comunidades chortis asentadas a las riberas del Rio Grande o Jupilingo del municipio de Jocotn, Chiquimula, 26/09/09).

Se refieren a la construccin de dos hidroelctricas por parte de la Empresa Las Tres Nias, S.A., que se est realizando sin haber consultado a la poblacin afectada: trece comunidades, tres mil familias, 18,000 habitantes, casi la mitad del muncipio de Jocotn. Las grandes hidroelctricas alterarn gravemente la geografa y las condiciones de vida de esta poblacin, dejando a 20,000 habitantes sin tierras donde trabajar. Tambin destruirn el canal de Pajc, recientemente construdo, y que desempea un notable aporte al desarrollo de la regin.

Recuerden que en esta regin ya haba sido declarado el estado de calamidad en 2001. Fue cuando un vicepresidente del que no quiero acordarme le dijo a un nio desnutrido: Vos ests gordito, y bien que camins.

Son los efectos colaterales de capitalismo. Qu diran los medios que aqu controla la oligarqua, si todo esto sucediera en Cuba o Venezuela o Ecuador o Bolivia?



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