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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2009

La era del exceso energtico o la vida despus de la era del petrleo

Michael T. Klare
Sin Permiso


El debate actual gira en torno a una cuestin bsica: si ya hemos alcanzado el pico de la produccin de petrleo o si ello no ocurrir, como mnimo, hasta la prxima dcada. De una cosa no hay dudas: estamos pasando de una era basada en petrleo como principal fuente de energa a otra en la que una proporcin cada vez mayor de los insumos energticos provendrn de energas alternativas, sobre todo, de energas renovables derivadas del sol, el viento o las olas. Ahora bien: ajstense los cinturones, porque ser un viaje turbulento y bajo condiciones extremas.

Sera ideal, naturalmente, si el paso del petrleo a sus sucesores ms amigables en trminos ecolgicos se produjera suavemente, a travs de un macro-sistema, bien coordinado e interconectado, de instalaciones de energa elica, solar, mareomotriz, geotrmica y otras renovables. Desafortunadamente, es poco probable que esto ocurra. Lo ms seguro es que antes atravesemos una era caracterizada por un excesivo recurso a las ltimas y menos atractivas reservas de petrleo y carbn, as como a hidrocarburos poco convencionales pero altamente contaminantes, como las arenas bituminosas de Canad y otras alternativas fsiles muy poco atractivas.

No hay dudas de que a Barack Obama y a varios miembros del Congreso les gustara acelerar el salto de la dependencia del petrleo a otras alternativas no contaminantes. Como el propio presidente dijo en enero, nos comprometemos con la bsqueda firme, centrada y pragmtica de unos Estados Unidos libres de la dependencia [del petrleo] y dotados de un nuevo modelo energtico y econmico que ponga a trabajar a millones de nuestros conciudadanos. Ciertamente, de los 787.000 millones de dlares del paquete de estmulos que firm en el mes de febrero, 11.000 millones se destinaron a la modernizacin de la red elctrica nacional, 14.000 millones a incentivos fiscales a las empresas que inviertan en energas renovables, 6.000 millones a programas estatales de mejora energtica, y miles de millones ms a investigacin en materia de energas renovables. A estas medidas podran sumrsele otras similares en caso de que el Congreso apruebe el proyecto de ley sobre cambio climtico. La versin del mismo que acaba de votar la Cmara de Representantes, por ejemplo, obliga a que en 2020 el 20% de la produccin elctrica de los Estados Unidos provenga de energas renovables.

Pero tambin hay malas noticias. Incluso si estas iniciativas prosperan, e inmediatamente se aprueban otras parecidas, todava llevara dcadas reducir sustancialmente la dependencia estadounidense del petrleo y de otras energas contaminantes no renovables. Tal es nuestra demanda de energa y tan arraigados estn los actuales sistemas de distribucin de combustibles que consumimos que, salvo una sorpresa inesperada, lo que tenemos por delante son aos en una tierra de nadie entre la era del petrleo y un eventual florecimiento de las energas renovables. A este nterin podramos llamarlo, por ponerle un nombre, era del exceso energtico. Y lo ms seguro es que, en todos los aspectos imaginables, desde los que tienen que ver con los precios hasta los vinculados al cambio climtico, sean tiempos difciles.

Es intil engaarse pensando en que esta nueva y sombra era traer consigo muchas ms turbinas elicas, placas solares y vehculos hbridos. Es posible que la mayora de nuevos edificios vengan equipados con paneles solares y que se construyan ms trenes ligeros. Pero lo ms probable es que, en materia de transportes, nuestra civilizacin siga dependiendo en lo fundamental de aviones, barcos, camiones y coches movidos por petrleo. Y lo mismo puede aplicarse al carbn en relacin con la energa elctrica. Buena parte de las infraestructuras para la produccin y distribucin de energa permanecern intactas, incluso aunque las actuales fuentes de petrleo, carbn y gas natural comiencen a agotarse. Todo ello tendr una consecuencia: nos forzar a confiar en fuentes fsiles hasta ahora no exploradas, mucho menos deseables y con frecuencia bastante menos accesibles.

En las recientes proyecciones del Departamento de Energa sobre los niveles futuros de consumo energtico en los Estados Unidos pueden verse algunos indicadores que anticipan esta combinacin de combustibles en la nueva era. Segn el Panorama Anual de la Energa para 2009 elaborado por el Departamento, se calcula que los Estados Unidos consumirn unos 114 cuatrillones de unidades termales britnicas (UTB) de energa en 2030. De este total, un 37% provendr del petrleo y otros lquidos disueltos en el petrleo; un 23% del carbn; un 22% del gas natural; un 8% de la energa nuclear; un 3% de la energa hidrulica y slo un 7% de la energa elica y solar, de la biomasa y de otras fuentes renovables.

Est claro que ninguno de estos datos permite prever un dramtico abandono del petrleo y otros combustibles fsiles. Teniendo en cuenta la tendencia actual, el Departamento de Energa tambin prev que incluso dentro de dos dcadas, en 2030, el petrleo, el gas natural y el carbn an representarn el 82% del consumo primario de energa en los Estados Unidos, slo dos puntos menos que en 2009 (No es descartable, desde luego, que un cambio dramtico en las prioridades nacionales e internacionales pueda conducir a un mayor crecimiento de las energas renovables en las prximas dcadas. Pero a estas alturas, un escenario as es ms una esperanza remota que un dato fiable).

Aunque los combustibles de origen fsil seguirn siendo dominantes en 2030, la naturaleza de algunos de ellos, y la manera de adquirirlos, experimentarn cambios profundos. Actualmente, la mayor parte de nuestro petrleo y de nuestro gas natural proviene de fuentes convencionales: vastas reservas subterrneas halladas en tierras o costas poco profundas y relativamente accesibles. Estas reservas se pueden explotar de manera sencilla con tecnologa conocida, sobre todo a travs de versiones ms o menos modernas de los enormes pozos petroleros que se hicieron famosos con la pelcula There Will be Blood (Pozos de ambicin, en castellano), estrenada de 2007.

Como fuente de consumo global, sin embargo, la mayor parte de estos pozos estn a punto de agotarse. Ello forzar a la industria energtica a recurrir cada vez ms a plataformas marinas que permitan buscar petrleo y gas a mayor profundidad, a arenas bituminosas, a petrleo y gas proveniente del rtico y a gas extrado de rocas esquistosas a partir de tcnicas altamente costosas y ambientalmente riesgosas.

Segn el Departamento de Energa, en el ao 2030 estas fuentes no convencionales proporcionarn el 13% de la oferta mundial de petrleo (en comparacin con apenas un 4% en 2007). Una tendencia similar se seala en materia de gas natural, sobre todo en los Estados Unidos, donde se calcula que el porcentaje de energa proveniente de fuentes no convencionales pero no renovables crecer de un 47% a un 56% en el mismo perodo.

La importancia de estas fuentes de aprovisionamiento es evidente para cualquiera que siga los peridicos especializados en el mercado de la industria petrolera o que simplemente lea de manera regular las pginas de negocios del Wall Street Journal. Al margen de ello, no se han dejado de anunciar grandes descubrimientos de nuevas reservas de gas y petrleo en sitios accesibles a las tcnicas clsicas de perforacin y conectados a mercados clave a travs de tuberas o de rutas de comercializacin ya existentes (o fuera de zonas de guerra activas, como Iraq, la regin del Delta del Nger o Nigeria). Sin embargo, aunque los anuncios estn ah, prcticamente todos tienen que ver con reservas que se encuentran en el rtico, en Siberia o en aguas muy profundas del Atlntico o del Golfo de Mxico.

Hace poco, por ejemplo, la prensa anunci a bombo y platillo grandes descubrimientos en el Golfo de Mxico y en las costas de Brasil que en principio permitiran dar algo de oxigeno suplementario a la era del petrleo. El 2 de septiembre, la petrolera BP (la ex British Petroleum) anunci que haba encontrado un yacimiento gigantesco en el Golfo de Mxico, a unos 400 kilmetros al sudeste de Houston. Se calcula que cuando de aqu a unos aos comience la explotacin, la prospeccin Tiber puede llegar a producir cientos de miles de barriles de crudo por da, lo que reforzara el status de BP como gran productor en zonas marinas. Esto es grandioso, coment Chris Ruppel, un alto analista en materia de energa del Execution LLC, un banco de inversiones de Londres. Las mejoras tecnolgicas nos estn permitiendo liberar recursos que nadie haba descubierto o que resultaban demasiado costosos de explotar desde un punto de vista econmico.

Con todo, si alguien concluyera que este yacimiento podra engrosar rpida o fcilmente los insumos de petrleo del pas, se equivocara por completo. Para comenzar, est situado a unos 10.600 metros de profundidad ms que la altura del Monte Everest, como apunt un periodista del New York Times- y bastante por debajo del suelo del Golfo. Para llegar hasta el petrleo, los ingenieros de BP debern perforar kilmetros de roca, sal y arena comprimida, y debern recurrir para ello a un equipo muy costoso y sofisticado. Para poner las cosas an ms difciles, Tiber se encuentra justo en medio de una zona del Golfo regularmente azotada por tormentas masivas y temporadas de huracanes. Cualquier perforadora, pues, que pretenda operar en la zona, deber estar diseada para resistir vientos y olas huracanados y para permanecer inactiva durante semanas cada vez que los operadores se vean forzados a evacuar la zona.

En el caso del yacimiento de Tupi, el otro gran descubrimiento de los ltimos aos, la situacin es similar. Situado a unos 320 kilmetros al este de Ro de Janeiro en las profundidades del Ocano Atlntico, Tupi ha sido a menudo descrito como el ms grande yacimiento de petrleo descubierto en 40 aos. Se calcula que podra albergar entre 5.000 y 8.000 millones de barriles de petrleo recuperable, una cantidad que catapultara a Brasil a la primera lnea de productores de petrleo. Siempre, claro, que los brasileos pudieran superar su propia desalentadora lista de obstculos: el yacimiento de Tipi tiene encima unos 2500 metros de agua de mar y unos 4.000 metros de roca, arena y sal. Para acceder a l hacen falta tecnologas de perforacin novsimas y super-sofisticadas. El coste estimado de toda la operacin rondara entre los 70.000 y los 120.000 millones de dlares y exigira aos de dedicado esfuerzo.

Si se consideran los elevados costes potenciales que comporta la recuperacin de sta ltimas reservas de petrleo, no sorprende que las arenas bituminosas de Canad sean la otra gran baza que el negocio del petrleo est dispuesto a jugar. No se trata de petrleo en sentido convencional, sino de una mezcla de arcilla, arena, agua y bitume (una forma muy pesada y densa de petrleo) cuya extraccin exige la utilizacin de tcnicas de perforacin propias de la minera y cuya utilizacin como combustible lquido utilizable requiere un intenso tratamiento previo. En realidad, el que las grandes empresas energticas se hayan disputado a codazos la compra de licencias para minar bitumen en la regin de Athabasca o en el norte de Alberta slo se explica por su convencimiento de que el petrleo convencional y fcilmente accesible se est agotando.

El minado de arenas bituminosas y su conversin en combustibles lquidos utilizables es un proceso costoso y pleno de dificultades. La urgencia por recurrir a l, en realidad, dice bastante sobre el peculiar estado de dependencia energtica en que nos encontramos. Los depsitos situados en la superficie pueden extraerse mediante minera a cielo abierto, pero los que se encuentran en zonas muy profundas del subsuelo exigen la utilizacin de vapor, primero, para separar el bitumen de la arena, y luego para extraer el bitumen. El proceso global consume enormes cantidades de agua y de gas natural (necesarios, precisamente, para convertir el agua en vapor). Una parte del agua utilizada proviene del propio yacimiento y se reaprovecha, pero una cantidad importante suele ir a dar a la red de abastecimiento de agua de Alberta del Norte, lo que ha generado el temor entre grupos ambientalistas acerca de una posible contaminacin a gran escala.

A estos inconvenientes pueden sumrseles otros, como el intenso proceso de deforestacin que la minera a cielo abierto implica o el alto consumo de un bien preciado como el gas natural requerido para extraer el bitumen. Sin embargo, la demanda de productos derivados del petrleo que nuestra civilizacin ha desarrollado es tal que el objetivo es que las arenas bituminosas generen unos 4,2 millones de barriles de combustible por da tres veces la cantidad que producen hoy- en 2030, incluso si ello supone devastar zonas enteras de Alberta, consumir cantidades ingentes de gas natural, potenciar la contaminacin extensiva y sabotear los esfuerzos de Canad para disminuir sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Al norte de Alberta es posible hallar otra fuente adicional de energa excesiva: gas y petrleo del rtico. Si hace tiempo ya era difcil sobrevivir en la regin, mucho menos se esperaba que produjera energa. Sin embargo, en la medida en que el calentamiento global ha facilitado a las empresas el acceso a las latitudes del Norte, el rtico se ha convertido en objeto de una nueva fiebre petrolera. La compaa estatal noruega StatoilHydro gestiona actualmente el ms importante yacimiento de gas natural del crculo rtico. Un sinnmero de empresas de diferentes lugares del mundo, a su vez, tienen en mente realizar exploraciones en territorios rticos de Canad, Groenlandia (administrados por Dinamarca), Rusia y los Estados Unidos. Hasta las perforaciones en las costas de Alaska podran estar pronto a la orden del da.

No ser sencillo, empero, obtener petrleo y gas natural del rtico. Incluso si el calentamiento global eleva las temperaturas y reduce el espesor de la capa de hielo polar, las condiciones para la actividad petrolfera en invierno continuarn siendo en extremo complicadas y riesgosas. Las tormentas feroces y los cambios bruscos de temperaturas continuarn siendo moneda corriente. Todo ello supondr un alto riesgo para cualquier grupo humano desprovisto de los correspondientes equipos de seguridad y un evidente obstculo para el transporte de energa.

Nada de esto, en cualquier caso, ha conseguido disuadir a unas empresas que, ante el panorama de la inminente cada de los insumos petroleros, estn totalmente dispuestas a zambullirse en aguas heladas. Sin perjuicio de las condiciones adversas, el inters en las reservas de gas y de petrleo en el extremo norte no ha hecho sino aumentar, constata Brian Baskin en el Wall Street Journal. Prcticamente todos los productores ven el subsuelo del rtico como la prxima gran fuente de recursos. Lo que resulta cierto para el petrleo, lo es tambin para el gas natural y el carbn: la mayora de los depsitos convencionales accesibles se estn agotando rpidamente. Lo que queda son, bsicamente, fuentes no convencionales.

Los productores estadounidenses de gas natural, por ejemplo, han registrado un significativo aumento de la produccin local, lo que ha provocado una disminucin de precios considerable. Segn el Departamento de Energa, se calcula que la produccin de gas de los Estados Unidos pasar de los 20 billones de pies cbicos en 2009 a los 24 billones en 2030. Una autntica bendicin para los consumidores norteamericanos, cuya calefaccin domstica y cuya electricidad dependen en buena medida del gas natural. En todo caso, el propio Departamento de Estado ha sealado tambin que la mayor contribucin al crecimiento de la produccin de gas natural en los Estados Unidos ha provenido del gas natural no convencional, ya que la subida de precios y las mejoras en las tecnologas de perforacin han proporcionado los incentivos econmicos necesarios para la explotacin de recursos ms costosos.

La mayor parte del gas no convencional en los Estados Unidos se obtiene de arenas compactas, pero hay un porcentaje cada vez mayor que se extrae de rocas esquistosas a travs de un proceso conocido como de fractura hidrulica. En virtud del mismo, se fuerza la entrada de agua en formaciones subterrneas de esquisto con el propsito de partir la roca y liberar el gas. Las cantidades de agua empleadas en este proceso son cuantiosas, y los ambientalistas temen que parte de la misma, lastrada de contaminantes, pueda acabar en las redes de suministro de agua potable. Por otro lado, hay muchas zonas en las que el agua como tal es un recurso escaso, de manera que la desviacin de cantidades considerables para la extraccin de gas bien puede disminuir las cantidades disponibles para agricultura, preservacin del hbitat y consumo humano. Con todo, se calcula que la produccin de gas proveniente de esquisto saltar de los dos billones de pies cbicos anuales en 2009 a los cuatro billones en 2030.

El panorama en materia de carbn es ms o menos similar. Muchos ambientalistas han denunciado la quema de carbn, ya que genera ms gases de efecto invernadero por BTU producida que cualquier otro combustible fsil. No obstante, la industria nacional de la electricidad contina recurriendo al carbn porque sigue siendo relativamente barato y disponible. Lo cierto, en todo caso, es que las fuentes ms productivas de antracita y carbn bituminoso las que contienen el mayor potencial de energa- estn exhaustas. Por tanto, y al igual que ocurre con el petrleo, lo que queda son slo las fuentes menos productivas y vastos depsitos de un carbn con bajo contenido bituminoso, muy poco atractivo y altamente contaminante, en la zona de Wyoming.

Para acceder a lo que resta del ms valioso carbn bituminoso de los Apalaches, las compaas mineras recurren cada vez ms a una tcnica conocida como de remocin de la superficie de la montaa. John M. Broder, del New York Times, ha descrito este proceso como una voladura de la superficie de las montaas en la que los restos de roca son arrojados a los valles y corrientes de agua. No por casualidad, esta tcnica ha sido fuertemente objetada por los ambientalistas y residentes de la zona rural de Kentucky del oeste de Virgina, cuyas fuentes de agua resultan amenazadas por el vertido de restos de roca, polvo y una variedad de contaminantes. En cambio, recibi el decidido apoyo de la Administracin Bush, que en diciembre de 2008 aprob una normativa que permita ampliar extensivamente su uso. El Presidente Obama se ha comprometido a derogar esta normativa, pero para favorecer la utilizacin de carbn limpio como parte de una estrategia energtica de transicin. Queda por ver hasta donde podr ceir las bridas a la industria del carbn.

En definitiva: no nos engaemos. Estamos lejos de entrar (al menos todava) a la tan proclamada era de las energas renovables. Ese da glorioso llegar, eventualmente. Pero no hasta avanzado el siglo y no sin que la bsqueda febril de viejas formas de energa haya causado una considerable cantidad de dao al planeta.

Mientras tanto, la era del exceso energtico se caracterizar por una dependencia cada vez mayor de las fuentes menos accesibles y deseables de petrleo, carbn y gas natural. A lo largo de este perodo seguramente asistiremos a una intensa lucha en torno a las consecuencias ambientales del recurso a fuentes tan poco atractivas de energa. Las grandes empresas del petrleo y del carbn crecern an ms, al tiempo que los relativamente moderados precios actuales del combustible y de la energa crecern, principalmente como consecuencia de los elevados costes del proceso de extraccin de petrleo, gas y carbn en reas de difcil acceso.

Slo hay una cosa, desafortunadamente, segura: la era del exceso energtico acarrear intensas batallas geopolticas por el control de las fuentes remanentes entre los mayores productores y consumidores de energa, como los Estados Unidos, China, la Unin Europea, Rusia, India y Japn. Rusia y Noruega, por ejemplo, ya tienen abierto un contencioso fronterizo en el mar de Barents, una promisoria fuente de gas natural en el extremo norte. China y Japn, por su parte, han tenido desencuentros similares en torno al Mar de China Oriental, un rea que alberga otro gran yacimiento gasfero. Todos los pases del rtico Canad, Dinamarca, Noruega, Rusia y los Estados Unidos- han reclamado sus derechos sobre porciones muchas veces coincidentes del Ocano rtico, lo que ha generado inditas disputas fronterizas en estas zonas ricas en energa.

Ninguna de estas disputas ha derivado an en un conflicto violento, pero ya han tenido lugar algunos despliegues de buques y aviones de guerra y es posible que los nimos se caldeen a medida que aumente la consciencia del valor de los recursos en juego. No hay que olvidar, al mismo tiempo, que de hecho ya existen algunos puntos calientes ligados a la lucha por la energa en Nigeria, Oriente Medio y la Cuenca del Caspio. En la era de los lmites energticos que se avecina, por fin, tampoco pueden descartarse conflictos en torno a las cada vez ms apetecibles zonas en las que la energa es simplemente accesible.

Para muchos de nosotros, la vida en la era del exceso energtico no ser fcil. Los precios de la energa aumentarn, los peligros ambientales se multiplicarn, cantidades cada vez mayores de dixido de carbono irn a parar a la atmsfera y el riesgo de conflictos crecer. Slo tenemos dos opciones para acortar esta complicada era y mitigar su impacto. Las dos son absolutamente obvias, lo cual, desafortunadamente, no hace ms fcil su puesta en prctica: acelerar de manera drstica el desarrollo de fuentes de energa renovable y disminuir sensiblemente nuestra dependencia de los combustibles fsiles, reorganizando nuestras vidas y nuestra civilizacin de manera que tengamos que recurrir menos a ellos en todo lo que hagamos.

Puede que esto suene demasiado sencillo, pero intenten decrselo a los que gobiernan el mundo. A las grandes empresas de la energa. Lo ltimo que hay que perder es la esperanza, y hay que trabajar por ello. Pero mientras tanto, mantengan ajustados los cinturones de seguridad. El viaje en montaa rusa est a punto de comenzar.

Michael T. Klare es profesor de estudios de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College. Su ltimo libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books).

Traduccin para www.sinpermiso.info : Xavier Layret

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2788



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