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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2009

De progreso miope, aullidos bestiales, consenso, caos y una nueva guerra fra en Cachemira
Qu le hemos hecho a la democracia?

Arundhati Roy
Tom Dispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Introduccin del editor de Tom Dispatch

As que t, como ciudadano, quieres ser candidato a la Cmara de Representantes? Bueno, tal vez llegaste tarde. En 1990, segn OpenSecrets.org, un sitio en la web del Center for Responsive Politics, el coste promedio para ganar una eleccin para la Cmara fue de 407.556 dlares. Calderilla para el ciudadano promedio. Pero eso fue en el Siglo XX. El costo promedio para conseguir un escao en la Cmara en 2008: casi 1,4 millones de dlares. Pero tambin tienes que considerar que la mayor parte de los escaos en la Cmara no cambian de mano, porque en el sistema democrtico estadounidense en el Siglo XXI, los que poseen un mandato no lo pierden, se retiran o mueren.

En 2008, 403 candidatos en ejercicio se presentaron como candidatos a la Cmara y 380 de ellos ganaron. Perder una eleccin el ao pasado hubiera costado, en promedio, 492.928 dlares, casi 100.000 dlares ms de lo que cost ganar en 1990. Y para llegar a ser senador? Ni en tus sueos ms delirantes, a menos que tengas excelentes amigos en las farmacuticas y en la atencin sanitaria (236.022.031 dlares en cabildeo pagados en 2008), seguros (153.694.224), o petrleo y gas (131.978.521). Un mandato senatorial cost slo unos 8.531.267 dlares y la prdida de un mandato 4.130.078 en 2008. En otras palabras, no tienes ni la menor esperanza de ser un perdedor en el sistema parlamentario estadounidense, y en qu te convierte eso?

Claro que, si eres un joven estadounidense de sangre ardiente, podras ir un poco ms lejos. As que quieres ser presidente? En ese caso, slo para ir sobre seguro en 2012, probablemente deberas prepararte para juntar algo como 1.000 millones de dlares. Despus de todo, la campaa de 2008 cost al equipo de Barack Obama aproximadamente 730 millones y el precio de un sitio en la mesa sigue subiendo. Por cierto, ms vale conocer a la gente adecuada. El ao pasado, la cuenta total de cabildeo, incluyendo el dinero gastado en campaas electorales y en el cabildeo del Congreso y de las agencias federales lleg a 3.300 millones de dlares, y en casi 9 meses de 2009, ya han gastado 1.630 millones sin que haya una eleccin a la vista.

Seamos realistas. En el mbito nacional, a eso se reduce actualmente la democracia estadounidense, y eso es lo que George W. Bush & Ca. exportaron con tanto orgullo por la fuerza de las armas a Afganistn e Iraq. Por eso tenemos que pensar en las preguntas que Arundhati Roy a mi juicio, un personaje heroico en una poca bastante pusilnime plantea sobre la democracia global en un ensayo adaptado de la introduccin de su ltimo libro. Ese libro:

Field Notes on Democracy: Listening to Grasshoppers, se acaba de publicar (con un ensayo que apareci originalmente en TomDispatch). Seamos realistas, es uno de esos autores cuenta a Eduardo Galeano como otro que hay que leer. Tengo que agregar algo ms? Tom

Qu le hemos hecho a la democracia?

De progreso miope, aullidos bestiales, consenso, caos y una nueva guerra fra en Cachemira

Arundhati Roy

Mientras seguimos discutiendo si hay vida despus de la muerte, podemos agregar otra pregunta al carrito? Hay vida despus de la democracia? Qu clase de vida ser? Cuando digo democracia no quiero decir democracia como un ideal o una aspiracin. Quiero decir el modelo existente: la democracia liberal occidental y sus variantes, tal como son.

De modo que, hay vida despus de la democracia?

Los intentos de responder a esta pregunta se convierten a menudo en una comparacin de diferentes sistemas de gobierno, y terminan en una defensa algo espinosa y combativa de la democracia. Es deficiente, decimos. No es perfecta, pero es mejor que todo lo dems que se presenta. Inevitablemente, alguien en la sala dir: Afganistn, Pakistn, Arabia Saud, Somalia es lo que preferira?

Si la democracia debera ser la utopa a la que aspiran todas las sociedades en desarrollo es un tema totalmente distinto. (Pienso que debera serlo. La primera fase idealista puede ser bastante emocionante.) La pregunta sobre la vida despus de la democracia va dirigida a aquellos entre nosotros que ya vivimos en democracias, o en pases que pretenden ser democracias. No quiere sugerir que caigamos en modelos ms antiguos y desacreditados de gobierno totalitario o autoritario. Quiere sugerir que el sistema de democracia representativa demasiada representacin, demasiado poca democracia necesita un cierto ajuste estructural.

La pregunta es en realidad, qu le hemos hecho a la democracia? En qu la hemos convertido? Qu pasa una vez que la democracia se ha agotado? Cuando ha sido ahuecada y vaciada de contenido? Qu pasa cuando cada una de sus instituciones ha sido metastasiada hasta convertirse en algo peligroso? Qu pasa ahora, cuando la democracia y el libre mercado se han fundido en un solo organismo depredador con una delgada imaginacin constreida que resuelve casi todo, casi enteramente alrededor de la idea de maximizar los beneficios?

Es posible revertir este proceso? Puede algo que se ha mutado volver a ser lo que era? Lo que necesitamos hoy en da, por el bien de la supervivencia de este planeta, es visin a largo plazo. Pueden asegurarla gobiernos cuya propia supervivencia depende de beneficios inmediatos, extractivos, a corto plazo? Podra ser que la democracia, la respuesta sagrada a nuestras esperanzas y plegarias a corto plazo, la protectora de nuestras libertades individuales y la que nutre nuestros sueos avariciosos, resultara ser la jugada final de la raza humana? Podra ser que la democracia tiene tanto xito entre los seres humanos modernos precisamente porque refleja nuestra mayor locura nuestra miopa-?

Nuestra incapacidad de vivir enteramente en el presente (como hacen la mayora de los animales), combinada con nuestra incapacidad de ver muy lejos hacia el futuro, nos convierte en extraas criaturas intermedias, ni bestias ni profetas. Nuestra sorprendente inteligencia parece haber dejado atrs nuestro instinto de supervivencia. Saqueamos la tierra a la espera de que la acumulacin de excedente material compensar lo profundo e insondable que hemos perdido. Sera presuncin pretender que tengo las respuestas a alguna de esas preguntas. Pero parece como si el fanal estuviera fracasando y que tal vez ya no se pueda confiar en que la democracia provea la justicia y la estabilidad que una vez soamos que traera consigo.

Burcrata de la resistencia

Como escritora, escritora de ficcin, a menudo me he preguntado si el intento de ser siempre precisa, de tratar de lograr que todo corresponda exactamente a los hechos, reduce de alguna manera la escala pica de lo que est sucediendo en realidad. Oculta en ltima instancia una verdad mayor? Me preocupa que est dejando que se me presione para que ofrezca una precisin prosaica, objetiva, cuando tal vez lo que necesitamos es un aullido bestial, o el poder transformador y la verdadera precisin de la poesa.

Parece que algo respecto a la naturaleza artera, brahmnica, intrincada, burocrtica, dependiente de archivos, de solictese a travs del canal adecuado del gobierno y de la subyugacin en laIndia me ha convertido en una burcrata. Mi nica excusa esdecir que se requieren instrumentos extraos para destapar el laberinto de subterfugio e hipocresa que enmascara la insensibilidad y la fra violencia calculada de la nueva superpotencia favorita del mundo. La represin a travs de canales adecuados a veces genera resistencia a travs de canales adecuados. Si se trata de resistencia no basta, lo s. Pero, por ahora, es todo lo que tengo. Tal vez algn da se convierta en fundamento para poesa y para el aullido bestial.

En la actualidad, palabras como progreso y desarrollo se han hecho intercambiables con reformas econmicas, desregulacin y privatizacin. Libertad ha llegado a significar disyuntiva. Tiene menos que ver con el espritu humano que con diferentes marcas de desodorante. Mercado ya no significa un sitio en el que se compran provisiones. El mercado es un espacio desterritorializado en el cual corporaciones annimas hacen negocios, incluida la compra y venta de futuros. Justicia ha llegado a significar derechos humanos (y de aquellos, como dicen, bastarn unos pocos)

Ese robo del lenguaje, esa tcnica de usurpar palabras y desplegarlas como armas, de utilizarlas para enmascarar la intencin y para que signifiquen exactamente lo contrario de lo que han significado tradicionalmente, ha sido una de las ms brillantes victorias estratgicas de los zares de la nueva administracin. Les ha permitido marginar a sus detractores, privarlos de un lenguaje para expresar su crtica y descartarlos por ser contrarios al progreso, contrarios al desarrollo, contrarios a reformas, y desde luego anti-nacionales negativistas de la peor clases.

Si se habla de salvar un ro o de proteger un bosque dicen: No creis en el progreso? A la gente cuya tierra es sumergida por embalses, y cuyas casas son aplanadas, le dicen: Tenis un modelo alternativo de desarrollo? A los que creen que un gobierno tiene el deber de suministrar a la gente educacin bsica, atencin sanitaria y seguridad social, les dicen: Vais contra el mercado. Y quin excepto un cretino se opondra a los mercados?

La reivindicacin de esas palabras robadas requiere explicaciones que son demasiado tediosas para un mundo con capacidad de atencin limitada, y demasiado costosa en una era en la que la Libertad de Expresin se ha hecho inaccesible para los pobres. Este atraco lingstico puede llegar a ser la clave de nuestra ruina.

Dos dcadas de progreso en la India han creado una vasta clase media que est grogui con su repentina riqueza y el repentino respeto que la acompaa y una clase marginada mucho ms amplia y desesperada-. Decenas de millones de personas han sido desposedas y desplazadas de sus tierras por inundaciones, sequas y desertificacin causadas por ingeniera indiscriminada del entorno y masivos proyectos de infraestructura, represas, minas, y Zonas Econmicas Especiales. Todas desarrolladas en nombre de los pobres, pero que en realidad tienen el propsito de servir las crecientes demandas de la nueva aristocracia.

Las antiguas instituciones de la democracia india el aparato judicial, la polica, la prensa libre y, claro est, las elecciones-, lejos de funcionar como un sistema de limitaciones y chequeos, a menudo hacen lo contrario. Se cubren mutuamente para promover los intereses ms amplios de Unin y Progreso. Al hacerlo, generan tal confusin, tal cacofona, que las voces que se alzan como advertencia slo se hacen parte del ruido. Y eso slo ayuda a realzar la imagen de la democracia tolerante, torpe, pintoresca, algo catica. El caos es real. Pero tambin lo es el consenso.

Una nueva guerra fra en Cachemira

Ya que hablamos de consenso, existe el pequeo y siempre presente asunto de Cachemira. Cuando tiene que ver con Cachemira, el consenso en la India es incondicional. Pasa por todas las secciones del establishment incluidos los medios, la burocracia, la intelectualidad, e incluso Bollywood-.

La guerra en el valle de Cachemira ya dura 20 aos y ha costado unas 70.000 vidas. Decenas de miles de personas han sido torturadas, varios miles han desaparecido, mujeres han sido violadas, decenas de miles han enviudado. Medio milln de soldados indios patrullan el valle de Cachemira, convirtindolo en la zona ms militarizada del mundo. (EEUU tuvo unos 165.000 soldados en servicio activo en Iraq en el clmax de su ocupacin). El ejrcito Iindio afirma ahora que ha aplastado en su mayor parte la belicosidad en Cachemira. Tal vez sea cierto. Pero, significa victoria la dominacin militar?

Cmo justifica una ocupacin militar un gobierno que afirma que es una democracia? Celebrando elecciones regulares, evidentemente. Las elecciones en Cachemira tienen un pasado largo y fascinante. La eleccin estatal manifiestamente amaada de 1987 fue la provocacin inmediata para el levantamiento armado que comenz en 1990. Desde entonces, las elecciones se han convertido en un instrumento cuidadosamente afinado de la ocupacin militar, un siniestro terreno de juego del Estado oculto de a India. Las agencias de inteligencia han creado partidos polticos y polticos-seuelo, han construido y destruido carreras polticas a voluntad. Son ellas, ms que nadie, las que deciden cul ser el resultado de cada eleccin. Despus de cada eleccin, el establishment indio declara que la India ha obtenido un mandato popular del pueblo de Cachemira.

En el verano de 2008, una disputa por tierra asignada al Comit del Santuario Amarnath se convirti en un levantamiento masivo y no violento. Da tras da, cientos de miles de personas desafiaron a soldados y policas que dispararon directamente a las multitudes, matando a muchsima gente y abarrotaron las calles. Desde temprano por la maana hasta tarde por la noche, la ciudad reverber con gritos de "Azadi! Azadi!" (Libertad! Libertad!). Los vendedores de fruta la pesaban repitiendo "Azadi! Azadi!" Los comerciantes, doctores, dueos de casas flotantes, guas, tejedores, vendedores de alfombras, todos salan con pancartas, todos gritaban "Azadi! Azadi!" Las protestas continuaron durante varios das.

Las protestas fueron masivas, Fueron democrticas yno-violentas. Por primera vez en decenios aparecieron brechas en la opinin pblica dominante en la India. Al Estado indio le entr el pnico. Sin saber exactamente cmo encarar esa desobediencia civil de masas, orden la adopcin de medidas de fuerza. Impuso el toque de queda ms duro que se recuerda, con orden de disparar de inmediato. En efecto, durante das enteros, virtualmente enjaul a millones de personas. Los principales dirigentes por la libertad fueron puestos en arresto domiciliario, otros fueron encarcelados. Los allanamientos culminaron en arrestos de cientos de personas.

Una vez que se control la rebelin, el gobierno hizo algo extraordinario, anunci elecciones en el Estado. Los dirigentes pro-independencia llamaron al boicot. Volvieron a ser arrestados. Casi todos creyeron que las elecciones se convertiran en un inmenso embarazo para el gobierno indio. El establishment de la seguridad estaba convulsionado por la paranoia. Su complicada red de espas, renegados y periodistas empotrados comenz a agitarse con una energa renovada. No corrieron ningn riesgo. (Incluso yo, que no tena nada que ver con lo que estaba sucediendo, fui puesta en arresto domiciliario en Srinagar durante dos das.)

La convocatoria a elecciones fue un inmenso riesgo. Pero el juego dio resultado. La gente fue a votar en masa. Fue la mayor participacin de votantes desde el inicio de la lucha armada. Ayud que la votacin fue programada de manera que los primeros distritos en votar fueron los ms militarizados, incluso dentro del valle de Cachemira.

Ninguno de los analistas, periodistas y expertos en elecciones de la India se preocuparon de preguntar por qu gente que slo semanas antes haba arriesgado todo, incluidas balas y rdenes de disparo inmediato, haba cambiado repentinamente su opinin. Ninguno de los destacados eruditos del gran festival de la democracia quienes prcticamente viven en estudios de televisin cuando hay elecciones en la India continental, diseccionando cada pronstico y sondeo a boca de urnas y cada nfimo cambio porcentual en el recuento de votos habl de lo que significan las elecciones en presencia de un despliegue tan masivo y permanente de tropas (un soldado armado por cada 20 civiles).

Nadie especul sobre el misterio de cientos de candidatos desconocidos que aparecieron de la nada para representar a partidos polticos que no haban tenido una presencia previa en el valle de Cachemira. De dnde haban salido? Quin los financiaba? Nadie mostr curiosidad. Nadie habl del toque de queda, de los arrestos en masa, del encierro de electores que iban a las urnas.

Pocos hablaron del hecho de que los polticos se esforzaron en su campaa por desligar a Azadi y la disputa por Cachemira de las elecciones. Insistieron en que tenan que ver slo con temas municipales carreteras, agua, electricidad-. Nadie habl del motivo por el cual gente que ha vivido bajo una ocupacin militar durante decenios en la que los soldados podan irrumpir en las casas y llevarse a la gente a cualquier hora del da o de la noche podra necesitar que alguien la escuchara, que se ocupara de sus casos, que la representara.

Apenas haban pasado las elecciones, el establishment y la prensa dominante cantaron victoria (para la India) una vez ms. El resultado ms preocupante fue que en Cachemira la gente comenz a repetir el punto de vista de sus colonizadores sobre ella, como gente algo pattica que mereca su suerte. Nunca confe en un cachemir, me dijeron varios cachemires. Somos volubles y poco fiables. La guerra psicolgica, conocida tcnicamente como psy-ops, ha sido un instrumento de la poltica oficial en Cachemira. Podra decirse que sus depredaciones durante decenios su intento de destruir la autoestima de la gente constituyen el peor aspecto de la ocupacin. Basta para hacer que uno se pregunte si hay alguna conexin entre las elecciones y la democracia.

El problema es que Cachemira se encuentra sobre las lneas de falla de una regin que est repleta de armas y que se desliza hacia el caos. La lucha por la libertad cachemir, con su sentimiento clarsimo pero contornos poco definidos, est atrapada en la vorgine de diversas ideologas peligrosas y conflictivas el nacionalismo indio (corporativo as como hind, que se confunde con imperialismo), el nacionalismo paquistan (que se rompe bajo el peso de sus propias contradicciones), el imperialismo de EEUU (impacientado por una economa abatida), y un resurgente talibn medieval-islamista (que gana rpidamente en legitimidad, a pesar de su insana brutalidad, porque se perciber como resistencia contra una ocupacin). Cada una de estas ideologas es capaz de una inclemencia que puede ir desde el genocidio hasta la guerra nuclear. Si se suman las ambiciones imperiales chinas, una Rusia agresiva reencarnada, y las inmensas reservas de gas natural en la regin del Caspio y persistentes murmullos sobre reservas de gas natural, petrleo y uranio en Cachemira y Ladakh, se tiene la receta para una nueva Guerra Fra (que, como la ltima, es fra para unos y caliente para otros).

En medio de todo esto, Cachemira va a convertirse en el conducto por el cual toda la violencia que se desarrolla en Afganistn y Pakistn se derrama hacia laIndia, dnde encontrar aceptacin en la clera de los jvenes entre los 150 millones de musulmanes de la India que han sido brutalizados, humillados y marginados. El aviso lo han dado la serie de ataques terroristas que culminaron en los ataques de Mumbai de 2008.

No cabe duda de que la disputa de Cachemira se clasifica arriba, junto con Palestina, como una de las disputas ms antiguas y ms recalcitrantes del mundo. Esto no significa que no se pueda resolver. Slo que la solucin no ser de la entera satisfaccin de un solo partido, un pas, o una ideologa. Los negociadores tendrn que estar dispuestos a desviarse de la lnea del partido.

Desde luego, no hemos llegado todava a la etapa en la que el gobierno de la India est incluso dispuesto a admitir que existe un problema, menos todava a negociar una solucin. Por el momento no tiene motivos para hacerlo. Internacionalmente, sus acciones suben vertiginosamente. Y mientras sus vecinos encaran derramamientos de sangre, guerra civil, campos de concentracin, refugiados y motines de los ejrcitos, la India acaba de concluir una hermosa eleccin. Sin embargo la locura demonaca no puede engaar a toda la gente todo el tiempo. Las soluciones temporales a punta de fusil para la intranquilidad en Cachemira (perdn por la broma), han magnificado el problema y lo han llevado a la profundidad de un sitio en el que envenena las aguas subterrneas.

Se funde la democracia?

Tal vez la historia del glaciar de Siachen, el campo de batalla ms elevado del mundo, sea la metfora ms adecuada para la demencia de nuestros das. Miles de soldados indios y paquistanes han sido desplegados en el lugar, sufriendo vientos glidos y temperaturas que caen a 40 grados centgrados. De los cientos que han muerto, muchos han muerto slo por los elementos.

El glaciar se ha convertido en un vertedero, repleto con los desechos de la guerra miles de proyectiles de artillera vacos, tambores de combustible vacos, piquetas, botas viejas, carpas, y todo tipo de basura que pueden generar miles de seres humanos en guerra-. La basura sigue intacta, perfectamente preservada a esas temperaturas, un monumento prstino a la locura humana.

Mientras los gobiernos de la India y Pakistn gastan miles de millones de dlares en armas y en la logstica de la guerra de alta altitud, el campo de batalla se ha comenzado a derretir. Ahora mismo, se ha reducido a la mitad de su tamao. La fusin tiene menos que ver con el enfrentamiento militar que con gente lejana, al otro lado del mundo, que vive la buena vida. Son gente buena que cree en la paz, la libertad de expresin, y los derechos humanos. Vive en prsperas democracias cuyos gobiernos estn en el Consejo de Seguridad de la ONU y cuyas economas dependen fuertemente de la exportacin de la guerra y de la venta de armas a pases como la India y Pakistn. (Y Ruanda, Sudn, Somalia, la Repblica de Congo, Iraq, Afganistn es una larga lista.)

La fusin glacial causar severas inundaciones en el subcontinente, y eventualmente severas sequas que afectarn las vidas de millones de personas. Eso nos dar an ms motivos para combatir. Necesitaremos ms armas. Quin sabe? Esa especie de confianza del consumidor puede ser precisamente lo que el mundo necesita para salir de la actual recesin. Entonces todos en las prsperas democracias vivirn todava mejor y los glaciares se derretirn an ms rpido-.

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Arundhati Roy naci en 1959 en Shillong, India. Estudi arquitectura en Nueva Delhi, donde vive actualmente, y ha actuado como diseadora, actriz y guionista de cine en la India. Roy es autora de la novela El Dios de las cosas pequeas (Random House), por la que recibi el Premio de Booker de 1997. Su nuevo libro, que acaba de ser publicado por Haymarket Books, es Field Notes on Democracy: Listening to Grasshoppers. Este trabajo es una adaptacin de la introduccin de ese libro.

Copyright 2009 Arundhati Roy

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175119/arundhati_roy_is_democracy_melting_ 



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