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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-10-2009

Referndum sobre el Tratado de Lisboa
La Unin Europea se la juega en Irlanda

Josu Juaristi
Gara

Decir que la Unin Europea se la juega en Irlanda parece una obviedad. Todo lo dems entra en el terreno de la especulacin, de las hiptesis. Tras su rotundo no al Tratado de Lisboa hace quince meses, los irlandeses acuden hoy de nuevo a las urnas. Los sondeos apuestan por el s, aunque anoche se afirmaba que la campaa del no recuperaba terreno. La UE aguanta la respiracin mientras mira de reojo a Praga y niega tener un plan B.


La teora asegura que si los irlandeses aprueban a la segunda el Tratado de Lisboa quedar desbloqueada la reforma de las instituciones y la Unin Europea ganar tiempo para definir con ms calma su futuro. Los ms optimistas afirman que el futuro de la UE es precisamente el Tratado de Lisboa y que la reforma pactada en este texto es suficiente para asegurar aos de estabilidad al proceso de integracin. Sin embargo, esto implica otorgarle al nuevo Tratado una dimensin que no tiene, puesto que ni tan siquiera la profundizacin en el actual modelo garantiza su continuidad.

A grandes rasgos, el texto de Lisboa refuerza el poder de codecisin del Parlamento Europeo y mantiene la tendencia de reducir los mbitos en los que impera el sistema de toma de decisiones (en el Consejo) basado en la unanimidad; instaura la iniciativa ciudadana (un grupo de al menos un milln de europeos de un nmero significativo de estados miembros podr invitar a la Comisin a que presente una propuesta legislativa en los mbitos de las competencias de la Unin); se clarificar un poco ms el reparto de competencias; se crear la figura del presidente del Consejo Europeo, que ser nombrado para dos aos y medio para garantizar un trabajo continuo y favorecer el consenso; el Alto Representante de la Poltica Exterior y de Seguridad ser asimismo vicepresidente de la Comisin Europea y comenzar a esbozar un futuro y an incierto cuerpo diplomtico comunitario; se otorgar valor jurdico a una Carta de Derechos Fundamentales sin valor aadido, y se facilitarn algo ms posibles procesos de integracin internos en base a cooperaciones reforzadas de al menos nueve estados miembros.

Todo junto parece mucho, pero no es ms que la adecuacin mnima necesaria para que puedan seguir funcionando a Veintisiete. Y el maquillaje es tan endeble y delicado que la parte del Tratado que alude al nuevo sistema de toma de decisiones que extiende el voto por mayoras cualificadas no entrar en vigor hasta dentro de varios aos. Ni tan siquiera lo pactado para la reforma de la Comisin Europea se ha mantenido, puesto que lo pactado a Veintisiete se fue al garete cuando negociaron las concesiones para forzar un segundo referndum en Irlanda.

Esto ltimo es otra prueba ms de que tambin el sistema de reforma de los tratados se ha agotado. Ni las conferencias intergubernamentales ni las convenciones ni las negociaciones secretas para desatascar los bloqueos sirven ya cuando ante el rechazo de un Estado miembro se ampla sin pudor ni rubor esta Unin a la carta que no es sino una amalgama irreconocible para la mayora de geometras variables, de cooperaciones reforzadas, de polticas parciales comunitarizadas parcialmente, de reuniones bilaterales y grupos de intereses (lase obsesiones estatales)... De estrategias, en definitiva, para estirar el modelo como un chicle.

Pero el masivo desapego ciudadano y la indefinicin, por ejemplo, sobre las fronteras ltimas de la Unin o la direccin en la que debe avanzar el proceso de integracin auguran que los problemas de identidad saltarn de nuevo a la mnima. Ser en la negociacin de los prximos presupuestos, o cuando toque hablar de Turqua, o cuando las minoras de bloqueo comiencen a primar sobre las mayoras cualificadas, o cuando los contribuyentes netos cierren el grifo de la caja comn... O cuando un grupo de estados se decida a avanzar ms rpido que el resto en una integracin ms reforzada. O, al revs, si un grupo decide que ya no quiere ceder ms competencias a la Unin (siguiendo la estela marcada por el Constitucional federal alemn). Lo que s interesa a todos es mantener el mercado nico, aunque son ya tantos los socios retrasados en la aplicacin de las directivas que ni tan siquiera esto es una garanta de unidad. Y esto en el mejor de los casos para los intereses comunitarios, con la reforma de Lisboa en vigor si todos (irlandeses, checos y polacos) lo ratifican.

En caso de rechazo irlands, el terreno para las hiptesis aumenta casi hasta el infinito. En cualquier caso, la primera reaccin, como siempre, ser la de tratar de ganar tiempo, lo que probablemente se traducira en una relacin especial para Irlanda de modo que el resto pudiera salvar la mayor parte del Tratado de Lisboa. Siempre, claro est, que los checos, por ejemplo, no aprovechen la ola y rechacen ratificar el Tratado. Dos especiales comenzaran quizs a ser demasiados. Y entonces el mito de la caja de Pandora reventara en Bruselas.

Sobre todo esto, y mucho ms, podremos hablar a partir de maana, que es cuando comenzar el recuento en Irlanda.

http://www.gara.net/paperezkoa/20091002/159532/es/La-Union-Europea-juega-Irlanda



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