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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2009

Ley de Servicios de Comunicacin Audiovisual
La palabra y la propiedad

Jorge Sanmartino
Rebelin


El periodista Pepe Eliaschev se considera un liberal. Denuncia atropellos, censuras y se ve en el espejo como un Quijote de las libertades pblicas combatiendo contra las mquinas infernales del autoritarismo. Invitado a debatir sobre la ley de medios, no acus la raigambre montonera de Carlos Kunkel ni hizo mencin a la tendencia que gobierna el pas. Puso bajo un manto de sospecha la intencin democratizadora y antimonoplica de la ley, pues el mercado no da para infinitas radios y canales. No hay como sostenerlas, dijo. Por eso, la forma de asegurar buen periodismo es con fuertes y poderosos medios independientes como en EEUU.

Como liberal, asocia la libertad a la propiedad, en consonancia con Locke, que en el Tratado del gobierno civil asegura que la propiedad aparece cuando agregamos un trabajo a la naturaleza, la fijamos y apropiamos, separando lo que es privativo de los bienes comunes. El estado, guardin nocturno, est para velar esa propiedad. Pero desde Hegel en adelante, las constituciones de todos los pases la defienden bajo reserva de excepcin, es decir, de intereses del bien comn ms altos que la propiedad. Las empresas recuperadas, cooperativas y otros movimientos sociales han impulsado en nuestro pas reformas al derecho basados en este inters general, con el objetivo de recortar los derechos de propiedad a favor del bien pblico. Son dos derechos que conviven pero se oponen en circunstancias especiales y all decide la fuerza. La propiedad, por eso mismo, est en el centro de la batalla poltica socialista. Se debilit al fragor de las conquistas sociales de la posguerra, que recort su dominio en mbitos como la educacin, ciertos servicios pblicos, la salud e incluso la vivienda. Desde hace 30 aos, los polticos e idelogos neoliberales, con un claro instinto de clase, apuntaron a restablecer la propiedad privada de esas esferas sustradas al mercado. Y, luego de golpes militares y luchas encarnizadas, lo lograron. Las contrarreformas sociales se extendieron y transformaron la creacin humana y el mismo vnculo con la naturaleza en una relacin puramente mercantil. Hacia all apuntan los movimientos altermundialistas cuando denuncian que el mundo no es una mercanca.

Libertad y monopolio

Pero la libertad basada en la propiedad choca con otro obstculo que Locke no poda teorizar: el monopolio, que es la consecuencia natural del libre mercado. Mientras el poder se traslada por entero al mercado, son las empresas privadas dominantes las que lo detentan. La denuncia del Estado hace juego con nuevo color del poder capitalista. Por eso a veces liberalismo y anarquismo se confunden malamente.

Esa es la situacin actual del mercado comunicacional, desregulado en todo el mundo pero hiperliberalizado en nuestro pas, que gracias a la poltica, es decir, a las decisiones de los sucesivos gobiernos, empezando por la dictadura militar que entreg Papel Prensa a La Nacin y Clarn, aseguraron una posicin monoplica indiscutible a los grupos periodsticos que no pararon de acaparar negocios bajo todos los gobiernos, desde el liberal de Menem hasta el neodesarrollista de Kirchner, quien le renov las licencias de manera automtica y facilit la fusin monoplica en el negocio del cable.

Para los dueos de la palabra y sus representantes polticos, la colonizacin meditica se ha vuelto algo tan natural, que consideran las frecuencias radioelctricas como de su propiedad privada. Por ese motivo, las grandes corporaciones y las instituciones que la agrupan, denunciaron como una afrenta a la constitucin y la libertad de expresin la no renovacin de la licencia por parte del gobierno de Chvez a los titulares de RCTV, que dicho sea de paso estuvieron implicados en el (anticonstitucional, verdad?) golpe de estado del 2002. La batalla por la propiedad y la garanta jurdica es la que paladines republicanos como Mariano Grondona vienen ventilando junto a la Sociedad Rural, Marsans, los bancos propietarios de las ex AFJP, Techint, Clarn-TyS y otras joyas de nuestra burguesa nacional.

Palabra y propiedad

Pero a diferencia de otras ramas de la produccin, los servicios audiovisuales ataen a las formas comunicativas por excelencia, es decir, a la propia produccin y circulacin del lenguaje. Es el lenguaje el mediador de una sociedad, la que otorga sentido y direccin, constituye imaginarios y crea cultura. Si somos una sociedad es porque en ella circula la palabra. Y cuando Marx deca hace ms de un siglo y medio que la prensa crea hoy en da ms mitos en un solo da de lo que le llev a los antiguos todo un siglo, no haca ms que expresar ese poder condensado de los medios de comunicacin, que desde esa poca hasta nuestros das se multiplic de manera colosal. Instrumento de voluntad y fuerza constructiva, organizadora del sentido comn. Es por eso mismo que la mercantilizacin de la palabra esclaviza bajo su forma de valor la accin social comunicativa de los hombres y crea, para tomar un trmino caro al filsofo Habermas, una interferencia estratgica en el espacio de la opinin pblica. Pero no slo interfiriendo, sino tambin creando la arena y la galera.

El poder comunicacional no atae slo a un beneficio econmico sino al poder productivo, poltico, social, cultural de una civilizacin. La paradoja es que mientras la palabra slo deja de ser ruido cuando es producida socialmente, bajo los imperativos econmicos de la sociedad actual solo es audible y visible si los beneficios de su circulacin son privados.

Liberalismo y socialismo


El proyecto de ley que fue aprobado en Diputados incluye cambios que demandaron mediante una estrategia adecuada los bloques de centroizquierda. Ella es democrtica, porque asegura jurdicamente la inclusin de nuevos actores que no lo estaban con anterioridad, y es liberal porque pone restricciones muy claras que obstruyen la formacin de monopolios al nivel de lo que hoy son Clarn, vila y otros grupos. Es progresista porque exige cuotas de produccin nacional, resguarda derechos del nio, entre otras medidas. Todas ellas se alimentan unas a otras.

Pero el liberal Pepe Eliaschev tiene razn cuando avisa de que, en concreto, en este mundo encantado de la mercanca, no hay mercado para que cientos de nuevos actores se arrimen al fogn de la palabra. Porque para tener voz es preciso tener dinero, y mucho. La incorporacin de la tecnologa digital que multiplica por cinco cada frecuencia, ensancha ms an el abismo entre sus capacidades democratizadoras y la lgica restrictiva del capital. Para dar y recibir la palabra, que alcance a grandes mayoras en el gora nacional se precisa lo que slo unos pocos tienen.

La denuncia de los representantes del establishment comunicacional privado alertan sobre este nudo y agitan el fantasma chavista, advirtiendo que el gobierno se presta a financiar a miles de radios y emprendimientos comunicacionales para que sean afines al rgimen. La derecha, que en este debate sobre la palabra qued, literalmente, muda, ilumina, sin embargo, el camino que las clases subalternas deben recorrer.

La democratizacin real y completa de la palabra exige sustraerla a la lgica mercantil, brindar a cada ciudadano la posibilidad irrestricta de usarla en el parlamento cumunicacional del siglo XXI. Democracia y capitalismo aqu se repelen.

El acceso formal al espectro radioelctrico de sindicatos, movimientos sociales, indgenas, radios comunitarias, cooperativas, universidades, etc., constituye un elemento de democratizacin poltica. La izquierda debe defenderla. En sintona con Marx, que en La cuestin juda sostena que la emancipacin poltica era un avance que se deba apoyar, aunque el objetivo era la emancipacin social, aqu el avance legal debe servir como plataforma para colocar el poder de la palabra ms all del capital. No se avanza un paso denunciando que unos y otros son capitalistas, como tampoco se puede gritar en una bomba de vaco. El que no sabe reconocer en poltica la paleta de colores est perdido para la causa del socialismo. La demanda de presupuestos culturales y periodsticos para todos los emprendimientos comunicacionales, desde el ltimo barrio hasta la ltima fbrica, bajo las mil y un formas que pueda adquirir en la poltica cotidiana, constituye un norte poltico cultural que la izquierda no debera soslayar y que, si se aprueba la ley de servicios audiovisuales, contar con un piso ms alto desde el cual encarar dicha tarea.

Jorge Sanmartino es Integrante del EDI (Economistas de Izquierda) y de la Asociacin Gramsciana Argentina.

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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