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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-10-2009

Tratado de Lisboa
Tras el s de Irlanda

Jose A. Garca Saez
Attac Pas Valenci


El triunfo del S en el segundo referndum de Irlanda hace que el Tratado de Lisboa se considere definitivamente aprobado, aun a falta de la firma de los presidentes polaco y checo. Desde la Comisin Europea se asegura que el Tratado entrar previsiblemente en vigor a principios de 2010. Parece entonces que ya tenemos Tratado y con l una Europa, nos dicen, ms dinmica, ms transparente y ms democrtica. Ahora bien, la pregunta que me hago es: por qu vale ms el S del 2 de octubre de 2009 que el No del 12 de junio de 2008? Si uno fuera malpensado dira que parece que tendramos que valorar y respetar los resultados de los referndum nicamente en funcin de si son acordes o no con el modelo de Unin Europea que a puerta cerrada disean los lderes europeos.

Pero no seamos malpensados... lo que pasaba, declaraba este fin de semana Durao Barroso, es que los ciudadanos irlandeses en la primera votacin no estaban bien informados, sin embargo en esta segunda ya conocan perfectamente el Tratado y sus consecuencias. Como el resto de europeos no hemos podido manifestar nuestra voluntad democrtica acerca del Tratado no nos ha hecho falta conocerlo; pero quiz sera interesante hacer una breve (y parcial) valoracin de los cambios que implicar, puesto que su entrada en vigor nos afectar a todos, aunque no hayamos tenido la oportunidad de votarlo en referndum.

Reconozcamos, en primer lugar, que el Tratado de Lisboa introducir algunos avances que agilizarn y clarificarn el funcionamiento de la Unin. Para explicar algunas de estas mejoras, podramos empezar diciendo que el Tratado de Lisboa no va a ser un texto que se aplique directamente, sino que modificar los tratados bsicos: el Tratado de la Unin Europea (o Tratado de Maastricht) y el Tratado Funcionamiento de la Unin Europea (antiguo Tratado de la Comunidad Europea). El primero de ellos puede considerarse como el texto bsico que fija las instituciones y los principios de funcionamiento de la Unin, mientras que el segundo sera el texto de desarrollo. A estos dos documentos habra que aadir la Carta de Derechos Fundamentales de la Unin Europea, que por fin adquiere un valor jurdicamente vinculante.

Al adoptar una personalidad jurdica propia, la Unin podr adherirse a instrumentos internacionales de proteccin de derechos fundamentales, como se prev con la adhesin al Convenio Europeo de Derechos Humanos, lo que debera significar que los actos de las instituciones de la Unin podrn ser enjuiciadas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que es una instancia internacional ajena a ella. Este avance contrasta, sin embargo, con la vergonzosa excepcin permitida en el famoso Protocolo n 30 a Polonia y al Reino Unido, ante cuyos tribunales no sern alegables los derechos reconocidos en la Carta de Derechos Fundamentales. Particularmente, en tal Protocolo se insiste en que en estos Estados no sern aplicables los derechos econmicos y sociales enunciados, por cierto, en el ttulo IV de la Carta bajo el inquietante epgrafe de solidaridad.

La tolerancia mostrada hacia esta excepcin a la aplicacin de derechos fundamentales es, en mi opinin, un buen indicador de cmo se est construyendo la Unin Europea que refleja el Tratado de Lisboa. Para la libre circulacin de mercancas y capitales, por supuesto, no se contemplan excepciones. El artculo 63 del nuevo Tratado de Funcionamiento establece con toda claridad que quedan prohibidas todas las restricciones a los movimientos de capitales entre Estados miembros y entre Estados miembros y terceros pases. Si esto es as, cabe preguntarse de qu manera podr imponerse, por ejemplo, una tasa tipo Tobin como la que ahora tantos lderes europeos estn considerando necesaria para evitar la especulacin financiera, principal responsable de la crisis sistmica en la que nos encontramos sumidos.

Desde luego, si, como nos dicen, uno de los motivos por los que los irlandeses han votado S al Tratado de Lisboa es la estabilidad econmica que hipotticamente les va a proporcionar la Unin, quiz no conozcan tan a fondo las consecuencias de la aprobacin del Tratado. Quiz tampoco conocan que el nico sector en el que se anima a realizar gasto pblico es en el militar. En lugar de fomentar el desarme, los Estados miembros se comprometen a mejorar sus capacidades militares (art. 42.3 TUE). Tal vez tampoco saban que todos los servicios pblicos se considerarn servicios de inters econmico general, y que estarn sometidos a las reglas de la libre competencia (art. 107 TFUE). Dudo igualmente que en esta segunda campaa de informacin (cuyo presupuesto se ha reducido respecto de la primera de 24 a 20 millones de euros) haya hecho demasiado hincapi en la reforzada independencia del Banco Central Europeo, que se consolida como una institucin ms de la Unin, capaz de jugar de manera totalmente independiente y autnoma con el precio del Euro, como si el precio del dinero fuera una decisin estrictamente tcnica que no necesitara de ningn tipo de control poltico.

Son slo algunos motivos por los que creo que hubiera merecido la pena que los irlandeses hubieran dicho que no. Porque un no nos hubiera ayudado a reflexionar sobre el tipo de Unin Europea que el Tratado de Lisboa est consolidando (que no inventando) y nos hubiera dado tiempo a pensar en una Europa ms justa, realmente comprometida con la paz, el medio ambiente y los derechos humanos. Tanto por su contenido material como por la forma en la que ha sido elaborado, la ciudadana no debera conformarse con este Tratado. Otra Europa es posible, pero sin madurez cvica no hay racionalidad poltica. Continuemos diciendo entonces que no, que as no. Usemos la imaginacin y la experiencia para construir entre todos esa Europa diferente, esa Europa de la que nos alejar la aprobacin del Tratado de Lisboa.

http://www.attacpv.info/participacio/index.php?option=com_content&task=view&id=671&Itemid=1


Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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