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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-10-2009

Puerto Rico
Las vueltas del carrusel

Csar J. Prez Lizasuain
Rebelin


La izquierda oficial parece estar montada en un lindo y encantador carrusel. Sus vueltas parecen recordar un eterno retorno por aquello de utilizar la analoga de Nietzsche. Al parecer tenemos una izquierda que no se recupera de los tropiezos en las ltimas dos dcadas. Parece retornar una y otra vez al viejo debate entre reformadores y los revolucionarios de las izquierdas socialistas: reforma vs. revolucin. De manera anloga nuestra izquierda oficial sigue debatiendo entre los revolucionarios (independentistas) y los reformistas (aquellos partidarios al PPD) [1] y de cmo aquellos se suman a los otros y los otros a aquellos y as sigue el carrusel. El problema es que a estas alturas del juego, 20 aos despus de la guerra fra, este debate es obsoleto. Un debate que padece de un gran anacronismo y que a su vez ha sido la exclusiva estrategia de la izquierda puertorriquea en las ltimas dcadas. De esta forma, nuestra izquierda se ha enfrascado, junto con las izquierdas oficiales europeas y la estadounidense, es decir, las del norte del globo, en un modus operandi estril que las ha llevado a una derechizacin y a arrastrar cuesta abajo sus niveles de influencia poltica en Italia, Francia, Estados Unidos y, probablemente, Espaa por mencionar algunos pases.

Esencialmente, la crisis de la izquierda oficial puertorriquea es consecuencia directa de la crisis de lo poltico propia de nuestros tiempos. En Puerto Rico los niveles de deslegitimacin y cuestionamiento tanto al Estado, a los partidos polticos, instituciones gubernamentales, sindicatos, la banca privada y al marco jurdico que nos cobija (Estado de Derecho), por ende, a nuestro orden democrtico liberal, alcanza niveles histricos. Esencialmente, y sin quererlo, nuestra izquierda est en el mismo bote. La izquierda oficial puertorriquea, al igual que los tradicionales partidos polticos, se ha convertido en un pequeo grupo cerrado y autorreferencial, que la conduce insistentemente a un tipo de incesto intelectual y poltico, en donde no hay contacto con las realidades locales, regionales (Amrica Latina) y global. Las lneas divisorias entre izquierda oficial y la derecha en nuestra Isla, crecientemente continan desapareciendo.

Seguimos enfrascados en el limbo electoral pendiente de ste, aqul y el otro posible candidato para las prximas elecciones. Se nos hace imprescindible salir del carrusel electoral y partidista y reconocer un movimiento distinto, uno que no va a vuelta redonda como el carrusel, sino hacia delante, que emana esencialmente de las diversas experiencias y subversiones que acontecen en lo cotidiano de la vida puertorriquea. De ah a que me refiera a una izquierda oficial y a otra izquierda paralela (la hay? cul es?). Ese movimiento paralelo es el movimiento de la sociedad: llenos de tropezones, de contradicciones, no uniforme y operante en diversos tiempos y espacios. Este movimiento resiste no slo al gobernador Fortuo, ni a al presidente del Senado, Rivera Schatz, sino que resiste diariamente contra una realidad mucho mayor. Una realidad que responde a una visin que se empezara a desarrollar a inicios de la dcada del 90 y que se le catalogara como el Nuevo Modelo de Desarrollo Econmico para Puerto Rico que ciertamente estaba influenciado por el llamado Consenso de Washington que impulsara el eje Reagan-Thatcher durante la dcada del 80. El gobierno de Luis Fortuo viene a consolidar dicho proyecto bajo el prisma neoliberal: que supone la subsuncin real de la vida toda bajo el imperio del mercado capitalista. As que, despus de todo, el actual gobierno es meramente un depsito de poder del capital criollo.

Ese movimiento real de la sociedad puertorriquea acontece en un plano no-oficial. Sugiere el filsofo italiano Gianni Vattimo que ese plano informal es una [] iniciativa popular en cierto sentido subversiva, que desestabiliza []con fuerza el crculo virtuoso del poder que se distribuye siempre y exclusivamente en su propio interior, siguiendo las reglas de la democracia formal. El movimiento real se va forjando de aquellas subversiones diarias que acontecen entre la gente comn; en las luchas y reivindicaciones comunitarias y locales, es decir, en los actos de autodeterminacin que dan gnesis a otro Derecho: el Derecho de lo comn. Queremos realmente que la izquierda oficial reconozca este movimiento real? Yo no estoy muy seguro de ello; por el momento dejamos el asunto quare. En el independentismo, ocasionalmente, se nos escapan los tiempos y ponemos todo nuestro destino en manos de la fortuna. Advierte sabiamente Maquiavelo que [] prospera todo el que procede conforme a la condicin de los tiempos, se pierde el que hace lo contrario. En ocasiones, adoptamos una versin divina de lo que es la poltica. La poltica a priori, de manera trascendental, la cual no est sujeta a la experiencia. La izquierda oficial, y su versin independentista, no hemos sido capaces de adecuarnos a los tiempos y tejer nuestro propio destino (esto lo podemos estipular como se dira en el mundo de los abogados). Lograr la secularizacin de la poltica en nuestros tiempos es una tarea urgente y necesaria como bien advierten los autores Michael Hardt y Antonio Negri en su nuevo trabajo titulado Commonwealth [2]. E l poder y la poltica no descienden del cielo y se postran en determinados lugares; el poder fluye en redes, se crea y se produce en una multiplicidad de focos.

Uno de los muchos legados que nos ha dejado la lucha en torno a Vieques, como me comentaba una compaera, es el reconocer el papel de la humildad en la formacin social puertorriquea. Reconozcamos, pues, con humildad la necesidad de abrir nuevos debates y dejar de lado, por el momento, los viejos. En conclusin: variando la fortuna indica Maquiavelo , y empeados los hombres de no cambiar de conducta, prosperan mientras los tiempos estn de acuerdo con sta, y, [] faltando dicha conformidad, se arruinan. Que no se nos escape el tiempo, que no nos idiotice el movimiento del carrusel y revistmonos de singulares subversiones para conspirar contra el terrenal carrusel y as poder trazar un camino conducente a un nuevo y mejor modo de vida.

Csar J. Prez Lizasuain es egresado de la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos en Mayagez, Puerto Rico; y del Instituto Internacional de Sociologa Jurdica en Oati, Pas Vasco.

Notas:

[1] Partido Popular Democrtico (PPD) es el partido que ideolgicamente sostiene la invariabilidad de las relaciones coloniales entre EEUU y Puerto Rico mediante la defensa del actual marco jurdico-poltico que rige las relaciones entre ambos pases: el Estado Libre Asociado (ELA).

[2] Libro an sin publicar. Se encuentra un extracto del mismo en la pgina de Harvard University Press: http://www.hup.harvard.edu/pdf/HARCOM_excerpt.pdf

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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