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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2009

Las relaciones entre Usamrica y Latinoamrica en tiempos de militarismo, proteccionismo y pillaje

James Petras
Rebelin y Tlaxcala

Traduccin de Manuel Talens


Introduccin

Uno de los aspectos ms sorprendentes de las relaciones contemporneas entre Usamrica y Latinoamrica es la profunda divergencia que existe entre, por un lado, las esperanzas, las expectativas y la positiva imagen que de s mismo ofrece el gobierno de Obama y, por el otro, las polticas, estrategias y prcticas que lleva a cabo en el mundo real. Muchos de los comentaristas usamericanos y no pocos escritores latinoamericanos han decidido ignorar los rasgos ms elementales de la poltica exterior de Washington para centrarse exclusivamente en su falsa retrica de cambio y nuevo comienzo. Para comprender en su justa medida la poltica exterior usamericana con respecto a Latinoamrica se necesita un anlisis de los principales objetivos del gobierno de Obama, a saber, de las prioridades planetarias de la poltica imperial en estos tiempos de guerras mltiples y crisis generalizada.

Las tcticas y la estrategia usamericanas con respecto a la regin del continente situada al sur del Ro Bravo salen a la luz nicamente si se tienen en cuenta los recientes cambios histricos, econmicos y polticos en Latinoamrica, as como los variables alineamientos polticos.

Una evaluacin realista de la poltica de Usamrica requiere que se vaya ms all de las declaraciones y de la proyeccin del poder de Washington para proceder a un anlisis de sus actuales capacidades y de los recursos disponibles para llevar a cabo el programa de Obama en Latinoamrica. Con vistas a evaluar la poltica de Washington, se debe analizar su coherencia y su viabilidad a la luz de su diagnstico poltico de Latinoamrica, lo cual ofrece una base para determinar la compatibilidad o el conflicto de intereses entre ambas regiones. Surge entonces una cuestin bsica: De qu manera las polticas, los objetivos y los recursos disponibles del gobierno de Obama cuadran con las necesidades de desarrollo de los diferentes pases latinoamericanos en estos tiempos de crisis econmica global?

La respuesta a esta pregunta requiere que examinemos las polticas recientes y los alineamientos polticos en Latinoamrica. Sera absurdo sobreestimar o subestimar el grado de la hegemona usamericana o de la autonoma latinoamericana, sobre todo si se consideran los importantes cambios en las relaciones de poder que tuvieron lugar durante las dos ltimas dcadas y todava siguen teniendo lugar hoy en da.

Las relaciones de Latinoamrica con Usamrica estn ampliamente influenciadas por los acontecimientos externos, entre ellos los conflictos de clase, que determinan la correlacin de fuerzas polticas, y tambin por los acontecimientos externos, tales como la intervencin usamericana y su expansin externa y las condiciones de los mercados mundiales. Los cambios en las relaciones poltico-econmicas de Latinoamrica se pueden dividir en perodos distintos, que ofrecen una visin general de su grado relativo de hegemona y autonoma con respecto al imperio.

 

Los cambiantes contornos de las relaciones entre Usamrica y Latinoamrica (1990-2009)

Cualquier anlisis general de las relaciones entre Usamrica y Latinoamrica est sujeto a excepciones y variaciones segn sean las experiencias particulares de los pases, incluso si existen tendencias dominantes en la regin.

Las primeras dos dcadas, desde 1980 a 2000, establecen ciertos parmetros para polticas recientes, en particular los conflictos y las divergencias de inters.

El perodo desde 1980 a 1999 fue definido por Washington y Wall Street como la Edad de oro de las relaciones entre Usamrica y Latinoamrica. Los regmenes aceptaron y promocionaron la hegemona usamericana, de acuerdo con los trminos dictados por el FMI, el Consenso de Washington y el modelo de acumulacin capitalista.

Esto inclua la eliminacin de las barreras arancelarias, la privatizacin de compaas pblicas (entre ellas bancos, pozos petrolferos, minas, fbricas y compaas de telecomunicaciones) y su posterior desnacionalizacin o transferencia a corporaciones multinacionales usamericanas y europeas.

Tanto Usamrica como la Unin Europea se apoderaron de esas compaas pblicas a precios y condiciones excepcionalmente favorables, lo cual condujo a la transferencia masiva de los beneficios, los intereses y los pagos en concepto de alquiler a las multinacionales, lo que les proporcion una amplia influencia sobre el sistema financiero y crediticio, as como el acceso a los ahorros locales en los pases latinoamericanos.

En el mbito poltico, tales pases aceptaron y promovieron la ideologa usamericana del libre mercado, conocida como neoliberalismo, y apoyaron la intervencin diplomtica y poltica del imperio en la regin, as como en otras partes del planeta.

El saqueo de los tesoros pblicos y de los ahorros privados por parte de las multinacionales y la concentracin resultante de la riqueza y del poder poltico polarizaron la sociedad y precipitaron grandes crisis polticas y econmicas, lo cual condujo a levantamientos populares en la mayor parte de la regin entre los aos 2000 y 2004. Latinoamrica fue testigo de la sustitucin de varios gobiernos clientelistas de Usamrica, de un cuestionamiento generalizado de la ideologa del libre mercado y de un creciente potencial de cambios estructurales radicales.

Como consecuencia de la nueva relacin de fuerzas, el poder poltico usamericano disminuy y su influencia se vio ampliamente limitada a las elites polticas y econmicas situadas en los mrgenes del gobierno, asediado por movimientos activos y electorados desafectos.

El tercer perodo fue testigo de regmenes inhibidos, que respondieron a las exigencias populistas y a las crticas del neoliberalismo (estructuras y polticas econmicas centradas en el imperio), pero sin eliminar ninguno de los impopulares legados estructurales y de la propiedad impuestos por los gobiernos clientelistas anteriores. El auge y la consolidacin de un amplio abanico de gobiernos de centroizquierda, altamente diferenciados, se benefici de las condiciones econmicas mundiales, en especial de los elevados precios de los bienes de consumo, que facilitaron programas de bienestar social y la recuperacin econmica, as como el declive relativo del poder poltico usamericano. Este declive se intensific a causa de la implicacin de Washington en una serie de guerras prolongadas en Oriente Prximo y en el sudeste asitico, as como de su guerra global contra el terror.

El tercer perodo se caracteriz por un aumento de la relativa autonoma de Latinoamrica, ayudado por enormes e imprevistos beneficios debidos a precios excepcionales y a mercados asiticos en expansin, as como a las iniciativas poltico-econmicas regionales del gobierno de Hugo Chvez en Venezuela.

El final del boom de los bienes de consumo y el inicio de una depresin de mbito mundial marca el comienzo del cuarto perodo. Dos fenmenos contradictorios impactaron las relaciones entre Usamrica y Latinoamrica. Dado que la primara era el epicentro de la crisis econmica mundial y sus instituciones financieras y de inversin se volvieron insolventes, la financiacin y la inversin desaparecieron o fueron repatriadas, lo cual debilit la presencia usamericana en Latinoamrica y su influencia econmica en la regin con grandes reservas extranjeras. En segundo lugar, el incremento de las fuerzas militares usamericanas en otras regiones (Oriente Prximo/Asia/Europa del Este) disminuy su capacidad de intervencin militar en Latinoamrica. Mientras que los acontecimientos de la situacin econmica y militar mundial ofrecieron oportunidades para ejercer una mayor autonoma latinoamericana, el declive en los mercados de la exportacin, la contraccin de los mercados del crdito y de los ingresos en concepto de capital extranjero sacaron a la luz la vulnerabilidad de los regmenes de centroizquierda, muy dependientes de las estrategias de exportacin. Los rasgos contradictorios del cuarto perodo dieron forma al marco actual de las relaciones contemporneas entre Usamrica y Latinoamrica y definen algunos de las cuestiones clave a las que se enfrentan los dirigentes latinoamericanos y el gobierno del presidente Obama.

 

Aumento del militarismo, proteccionismo financiero y disminucin del comercio

Las polticas de Obama en Latinoamrica estn negativamente presididas por estas tres prioridades. En poltica exterior, el nuevo presidente prosigue los designios militares imperiales de sus predecesores. Contrariamente a las esperanzas de paz de muchos de sus defensores progresistas e izquierdistas, Obama se ha rodeado de militaristas comprometidos, de sionistas y de fros seores de la guerra.

Las principales diferencias entre Bush y Obama estriban en el lenguaje diplomtico que acompaa al designio imperial y en el alcance y la profundidad de la actividad militar. Obama ha asumido una retrica de reconciliacin, negociacin y cambio, muy distinta de la abiertamente belicosa y confrontacional de Bush, pero ello no le ha impedido acelerar y extender las actividades militares ms all de las de Bush.

Un anlisis sistemtico de las polticas de Obama revela su insistencia primordial en proyectar el podero militar como instrumento principal para el mantenimiento del imperio en todo el mundo.

Sudeste asitico

Obama ha incrementado en ms del 40 % las unidades militares de Usamrica en Afganistn al aadir 21.000 soldados a los 38.000 ya existentes; adems, ha intensificado la financiacin para duplicar los efectivos del ejrcito y de la polica afganos ambos mercenarios, que ahora sobrepasan los 200.000. Washington ha extendido el escenario de la guerra en Paquistn, ha aumentado sus bombardeos diarios en el valle de Swat y las operaciones fronterizas con comandos. Obama ha extendido formalmente la guerra a zonas ms profundas del territorio de Pakistn y ha prolongado su influencia en los servicios de inteligencia de Pakistn.

A pesar de la intensa presin ejercida por Obama sobre la Unin Europea y sus aliados y clientes en todo el mundo, pocos han sido los pases que le han prometido fuerzas de combate. Al igual que Bush, Obama intensifica unilateralmente la ofensiva militar y luego espera que sus aliados lo secunden. El aparato militar y los servicios de inteligencia de Obama se han introducido todava ms en las instituciones paquistanes con el claro propsito de deshacerse de oficiales nacionalistas y de seleccionar a funcionarios que repriman con ms ahnco a las comunidades, las organizaciones y los lderes opuestos a la intervencin usamericana en Paquistn, Afganistn y Oriente Prximo.

Iraq

El contraste entre la retrica diplomtica de retirada militar y la realidad de la escalada militar es ms flagrante en el caso de Iraq. Obama ha prolongado el marco temporal de la ocupacin y ha multiplicado los fondos para bases permanentes y sus correspondientes infraestructuras. Su estrategia militar prev un gran ejrcito y policas iraques mercenarios para controlar a la poblacin y reprimir cualquier resistencia nacionalista. Obama duplicar el nmero de mercenarios iraques en todo el pas bajo el mandato del Pentgono.

Irn

La poltica ms sorprendente que Obama ha adoptado contra Irn es la aadidura de nuevas sanciones todava ms severas al vigente embargo econmico. Sigue amenazando a Irn con un ataque militar preventivo, en total acuerdo con los planes de guerra desarrollados por los mximos funcionarios del Pentgono y propuestos por Bush. En consonancia con este ruido de sables, Obama se hizo con los servicios de dos de los ms belicosos israelousamericanos, Dennis Ross como emisario principal para Irn y Stuart Levey en el Tesoro para ocuparse de las imponentes sanciones econmicas. Washington est haciendo un gran esfuerzo diplomtico para aislar a Irn por medio de negociaciones con Siria, Rusia y China. Ante tales hechos, el ofrecimiento retrico de una nueva poltica a Irn es pura propaganda. Las fuerzas areas y navales de Usamrica junto a las costas de Irn continan amenazando a Tehern con un bloqueo o incluso con ataques areos y navales masivos. Obama sigue financiando y entrenando a grupos terroristas para que se infiltren en Irn a partir de sus bases en Iraq y Paquistn y ataquen las dependencias y al personal del gobierno iran. Las amenazas militares israeles contra Irn se realizan probablemente con las nuevas tecnologas usamericanas, entre ellas el ms avanzado sistema antimisiles y las bombas de destrozabnkeres, diseadas para destruir las instalaciones subterrneas del gobierno iran.

Palestina / sur del Lbano / Siria

La poltica militar de Obama queda en evidencia por su apoyo incondicional a la agresin homicida israel en Gaza, a los asesinatos selectivos de activistas palestinos en Cisjordania y a las amenazas contra Hezbol.

El gobierno de Obama, con las dos cmaras del Congreso, ha apoyado todas las acciones de guerra de Israel, incluido el brutal bloqueo econmico de Gaza y el desalojo sistemtico de residentes palestinos en Cisjordania y la Jerusaln Este ocupada. Obama se ha rodeado de prominentes sionistas proisraeles, que impiden cualquier cambio en los fuertes vnculos militares de Washington con el militarista gobierno de extrema derecha de Netanyahu/Lieberman.

frica Oriental

Obama sigue aplicando una poltica de confrontacin con el Sudn musulmn mediante la financiacin de los separatistas en el sur de Darfur; tambin ha llevado a cabo recientemente un ataque areo contra un convoy militar sudans. Tras su fallida intervencin militar en Somalia junto a su cmplice etope, Washington ha optado por una nueva coalicin clientelista somal apoyada por mercenarios africanos de Uganda.

Rusia / Europa del Este

Bajo el liderazgo de Obama, el provocador cerco militar a Rusia contina por medio del reclutamiento de nuevos miembros clientes de la OTAN entre las ex repblicas soviticas, as como la construccin de bases frente las fronteras rusas. Obama combina un doble discurso de reconciliacin diplomtica mientras que, al mismo tiempo, construye nuevas bases militares, depsitos de misiles y puestos avanzados de radar desde Polonia hacia el sur, en direccin a Ucrania y Georgia. Las aperturas diplomticas de Washington con respecto a Rusia se deben a sus necesidad logsticas en Iraq, Afganistn y Paquistn y, sobre todo, a sus preparativos de guerra contra Irn. Obama est exigiendo que Rusia aporte apoyo logstico a la guerra y ocupacin afganopaquistan de la OTAN y, al mismo tiempo, exige que Rusia cancele su venta de misiles avanzados y su acuerdo de contrato de centrales nucleares con Irn, todo ello a cambio de la buena voluntad usamericana

China

Incluso si Obama es muy consciente de que el dficit usamericano depende de la continua financiacin de China, ha iniciado una confrontacin naval de alto riesgo en las zonas econmicas del litoral de China. Informes recientes del Pentgono sobre la preparacin militar china estn redactados con una chocante retrica de guerra fra, destinada a exagerar la amenaza China para el dominio usamericano en Asia y su falta de transparencia. De nuevo, Obama utiliza el doble discurso de diplomacia amigable y agresivas polticas militaristas.

China se enfrenta a un cerco militar de Usamrica a lo largo de un arco de bases que va desde Afganistn, Paquistn y Japn, hasta Corea del Sur, as como a una nueva doctrina militar que etiqueta a China de amenaza que debe ser contenida en Asia.

 

La poltica latinoamericana de Obama

Para poder descifrar el contenido real de la poltica de Obama con respecto a Latinoamrica es preciso observar sus prioridades de poltica exterior, su reparto de los recursos financieros y sus compromisos de poltica pblica, as como hacer caso omiso de su insignificante retrica diplomtica. La primera declaracin importante, de acuerdo con sus polticas militares mundiales, fue la militarizacin de la frontera con Mxico, que recibi una asignacin de casi quinientos millones de dlares en ayuda militar para el derechista Caldern. La poltica de la Casa Blanca con respecto al problema del narcotrfico y la violencia en Mxico y Colombia es de orden militar e ignora sus races socioeconmicas estructurales:

Millones de jvenes campesinos y pequeos agricultores mexicanos han sido conducidos a la quiebra, el desempleo y la pobreza a causa del Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte (TLC), lo cual ha creado una enorme bolsa de posibles traficantes.

La expulsin de cientos de miles de trabajadores mexicanos inmigrantes y las nuevas fronteras militarizadas han cerrado la puerta de salida con la que contaban los campesinos mexicanos para huir de la miseria y el crimen. Contrariamente a lo sucedido en la Unin Europea, que entreg miles de millones a los pases menos competitivos en el momento de su incorporacin, como Espaa, Grecia, Portugal y Polonia, Washington no ha puesto a la disposicin de Mxico ningunos fondos compensatorios para que incremente su competitividad productiva y cree empleo para su poblacin.

El militarizado rgimen colombiano, conocido por sus violaciones de los derechos humanos, es en la actualidad el mayor receptor de ayuda militar de Usamrica en Latinoamrica. A travs del Plan Colombia de contrainsurgencia, Bogot ha recibido ms de 5 mil millones dlares, la tecnologa militar ms avanzada y miles de consejeros militares usamericanos y mercenarios subcontratados. El apoyo de Obama al ultraderechista Estado colombiano es su respuesta a los gobiernos populares y radicales elegidos democrticamente en Ecuador y Venezuela.

Las polticas de Obama con respecto a Latinoamrica son la continuacin de las prioridades militares y de defensa del gobierno de Bush, incluidos el embargo econmico de Cuba y su violenta hostilidad frente al nacionalismo venezolano. No hay ninguna nueva iniciativa econmica. Ms all del apoyo retrico al libre comercio, Obama mantiene los cupos y los aranceles anteriores sobre importaciones ms competitivas de Brasil y aade nuevas medidas proteccionistas contra camiones y camioneros mexicanos.

Incluso en estos tiempos de grave crisis econmica nacional, la incesante continuacin del crecimiento militar imperial constituye la base sobre la cual se asienta la relacin de Washington con Latinoamrica. El enfoque militar con respecto a Latinoamrica se refleja en su ineptitud o falta de predisposicin para asignar recursos econmicos y subraya su preocupacin por sostener a dos clientes muy importantes de Usamrica, Colombia y Mxico, con programas de ayuda militar. El escaso inters y todava peor compromiso econmico de la Casa Blanca con Latinoamrica son la prueba de que no la tiene entre sus prioridades. De hecho, est en quinto lugar despus de la crisis econmica, el Oriente Prximo y las guerras del sudeste asitico, la coordinacin de las polticas econmicas con la Unin Europea y las estrategias econmicas y las relaciones militares con Rusia y China. Con tales prioridades sobre la mesa, Obama carece de tiempo, inters u ofertas programticas para ayudar a Latinoamrica en su lucha contra la crisis econmica.

En lo bsico, Obama est siguiendo una triple estrategia: (1) conserva el apoyo de gobiernos derechistas (Colombia, Mxico y Per); (2) incrementa su influencia sobre gobiernos centristas (Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay) y (3) asla y quita fuerza a gobiernos izquierdistas y populistas (Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua).

Lo que ms sorprende de la supuestamente progresista poltica latinoamericana de Obama es su continuidad con respecto al gobierno reaccionario de Bush en casi todas reas estratgicas, entre las que se encuentran las siguientes:

(1) La misma baja prioridad de Latinoamrica en la poltica planetaria del imperio;

(2) La insistencia en colaborar militarmente en la lucha contra las drogas (lase la seguridad) sin preocuparse de la pobreza socioeconmica ni de la puesta en marcha de programas de tratamiento de las toxicomanas;

(3) Su estrecha colaboracin con los regmenes ms derechistas de la regin (Mxico y Colombia);

(4) La continuacin del embargo econmico de Cuba, a pesar de haber perdido a sus ltimos dos valedores latinoamericanos;

(5) El doble discurso de preconizar el libre mercado mientras que practica el proteccionismo;

(6) La financiacin y reforzamiento del papel del IMF como instrumento de la expansin imperial;

(7) La poltica usamericana de meter una cua entre gobiernos centristas (Lula en Brasil, Fernndez en Argentina, Vsquez en Uruguay y Bachelet en Chile) y gobiernos nacionalistas de izquierda y centro (Chvez en Venezuela, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador y Ortega en Nicaragua) y

(8) Su apoyo a las actividades separatistas de elites regionales que buscan la desestabilizacin de gobiernos de centro izquierda a partir de sus tradicionales bases de extrema derecha en Santa Cruz (Bolivia), Guayaquil (Ecuador) y Maracaibo (Venezuela).

En otras palabras, Obama ha adoptado el programa estratgico del gobierno de Bush, esencialmente intacto salvo por algunos cambios menores, forzados por la decadencia del podero usamericano. El Departamento de Estado utiliza un lenguaje diplomtico menos polmico y ha buscado un claro acercamiento con regmenes centristas, como pudo observarse en las reuniones que tuvieron lugar en la Casa Blanca con el presidente de Lula da Silva (en marzo de 2009) y con el vicepresidente Biden en Chile (los das 27 y 28 de marzo de 2009). El recurso de Obama al guante de seda en una mano de hierro, que no se acompaa de ninguna iniciativa econmica y que contina las polticas bsicas de su predecesor, no le ha aportado nuevos aliados.

Sin embargo, hay una serie de cambios que dependen directa e indirectamente de la crisis financiera y del gigantesco dficit de Usamrica y tienen un impacto muy negativo sobre la recuperacin econmica de Latinoamrica. Obama est absorbiendo la mayor parte del crdito del hemisferio para el rescate financiero en su pas. Esta poltica hace muy difcil que los exportadores latinoamericanos financien sus ventas. Adems, Obama exige al sector financiero que ample sus reservas de capital y concentre su concesin de prstamos en el mercado nacional, lo cual ha llevado a que los bancos repatren capital al pas desde sus filiales latinoamericanas, a expensas de los prestatarios latinoamericanos, todo lo cual prolonga y hace ms profunda la recesin en Latinoamrica.

Los cambios diplomticos y retricos y el apoyo al libre comercio de Obama tienen poca sustancia: la Casa Blanca contina con su doble discurso de alabanzas al libre comercio mientras que apoya un nuevo y ms virulento proteccionismo financiero. Adems de los veinte mil millones de dlares en subsidios para las exportaciones agrcolas, los demcratas han favorecido las provisiones del compre productos del pas en la poltica federal de adquisiciones y en los subsidios multimillonarios acordados a la industria del automvil.

Latinoamrica se enfrenta una creciente oleada de proteccionismo en Usamrica mientras que Obama reacciona frente a la crisis econmica nacional forzando a Latinoamrica a que busque nuevos socios comerciales, a que proteja sus mercados internos y a que busque nuevas fuentes para el comercio y el crdito.

 

Honduras, el ltimo ejemplo de la poltica usamericana en Latinoamrica [1]  

La [estrategia] por parte de Obama de hacer retroceder a regmenes electos crticos para imponer clientes acomodaticios encuentra otra expresin en el reciente golpe militar en Honduras. El uso del alto mando del ejrcito de Honduras y de los viejos vnculos de Washington con la oligarqua local, que controla el Congreso y el Tribunal Supremo, facilit el proceso y obvi la necesidad de una intervencin directa estadounidense, como fue el caso en otras recientes campaas golpistas. A diferencia de Hait, donde hace slo una dcada intervinieron los marines usamericanos para derrocar al democrticamente elegido Bertrand Aristide y respaldaron abiertamente el fallido golpe contra el presidente Chvez en 2002 y, ms recientemente, financiaron el chapucero golpe contra el presidente electo Evo Morales en septiembre de 2008, las circunstancias de la implicacin usamericana en Honduras fueron ms discretas para posibilitar un desmentido creble.

La presencia estructural y los motivos de Usamrica en relacin al derrocado presidente Zelaya son fcilmente identificables. Histricamente, Washington ha adiestrado y ha tratado con prcticamente todo el cuerpo de oficiales de Honduras y ha mantenido una profunda penetracin en todos los altos niveles gracias a consultas diarias y a una planificacin estratgica comn. A travs de su base militar en Honduras los agentes de la inteligencia militar del Pentgono mantienen estrechos contactos, tanto para llevar a cabo las polticas como para seguir la pista de todos los movimientos polticos por parte de todos los actores polticos. Como Honduras est tan fuertemente militarizada, ha servido de importante base para la intervencin militar usamericana en la regin: en 1954 se lanz desde Honduras el golpe con xito respaldado por Usamrica contra el presidente guatemalteco elegido democrticamente. En 1960 se lanz desde Honduras la invasin del exilio cubano orquestada por Washington. Desde 1981 a 1989 el imperio ha financiado y adiestrado a ms de 20.000 mercenarios de la contra en Honduras, que integraban el ejrcito de escuadrones de la muerte para atacar al gobierno sandinista nicaragense elegido democrticamente. Durante los primeros siete aos del gobierno de Chvez los regmenes hondureos se aliaron incondicionalmente con Washington en contra del rgimen popular de Caracas.

Es obvio que nunca ha habido o podra haber un golpe militar contra ningn rgimen ttere de Washington en Honduras. La clave del cambio de la poltica usamericana con relacin a Honduras se produjo en 2007-2008, cuando el presidente liberal Zelaya decidi mejorar las relaciones con Venezuela para asegurar el generoso subsidio de petrleo y la ayuda exterior de Caracas. Posteriormente, Zelaya entr en Petro-Caribe, una asociacin del Caribe y Centroamrica organizada por Venezuela para suministrar petrleo y gas a largo plazo y bajo coste con el fin de satisfacer las necesidades de los pases miembros. Ms recientemente, Zelaya se uni al ALBA, una organizacin de integracin regional patrocinada por el presidente Chvez para promocionar ms intercambios comerciales e inversiones entre sus pases miembros en oposicin al pacto de libre mercado promovido por el imperio, conocido como el ALCA. Dado que Washington considera a Venezuela una amenaza y una alternativa a su hegemona en Latinoamrica, el alineamiento de Zelaya con Chvez en cuestiones econmicas y su postura crtica con respecto a la intervencin usamericana lo convirtieron en un objetivo probable de los planificadores de golpes yanquis deseosos de convertir a Zelaya en un ejemplo y preocupados por su acceso a las bases militares hondureas, tradicional punto de lanzamiento de su intervencin en la regin.

Washington asumi equivocadamente que un golpe en una pequea repblica bananera (de hecho, la repblica bananera original) en Centroamrica no provocara ninguna protesta importante. Crey ue el retroceso centroamericano servira de advertencia a otros regmenes con mentalidad independiente en la regin del Caribe y Centroamrica de lo que les espera si se alienan con Venezuela.

La mecnica del golpe es bien conocida y pblica: el ejrcito hondureo secuestr al presidente Zelaya y lo exili a Costa Rica y los oligarcas nombraron presidente a uno de los suyos en el Congreso, mientras sus colegas de la Corte Suprema proporcionaban un falaz argumento legal.

Los gobiernos de Latinoamrica, desde la izquierda a la derecha, condenaron el golpe y reclamaron el restablecimiento del presidente legalmente elegido. El presidente Obama y la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que no estaban dispuestos a renegar de sus clientes, condenaron la violencia sin ms especificaciones y pidieron negociaciones entre los poderosos usurpadores y el debilitado presidente en el exilio, un claro reconocimiento del papel legtimo de los generales hondureos como interlocutores.

Una vez que la Asamblea General de Naciones Unidas conden el golpe y que la Organizacin de Estados Americanos (OEA) exigi la restitucin de Zelaya, Obama y la secretaria Clinton condenaron finalmente el derrocamiento de Zelaya, aunque se negaron a llamarlo golpe, lo cual, de acuerdo con la legislacin de Usamrica, habra dado lugar automticamente a una suspensin total de su paquete anual de ayuda militar y econmica (80 millones de dlares) a Honduras. Mientras que Zelaya se reuni con todos los jefes de Estado latinoamericanos, el presidente Obama y la secretaria Clinton lo remitieron a un funcionario de rango menor a fin de no debilitar a sus aliados de la Junta de Honduras. Todos los pases de la OEA retiraron a sus embajadores, salvo Washington, cuya embajada comenz a negociar con la Junta para ver cmo se podra salvar la situacin en la que ambos se encontraban cada vez ms aislados, especialmente ante el hecho de la expulsin de Honduras de la OEA.

Que Zelaya regrese por fin a su puesto o que la Junta respaldada por Washington contine en el cargo durante un periodo prolongado de tiempo, mientras Obama y Clinton sabotean su regreso inmediato a travs de prolongadas negociaciones, la cuestin clave de la estrategia de retroceso promovida por el imperio ha sido extremadamente costosa desde el punto de vista diplomtico y poltico. El golpe en Honduras, respaldado por Washington, demuestra que, a diferencia de la dcada de los ochenta, cuando el presidente Ronald Reagan invadi Granada y el presidente George Bush (padre) invadi Panam, la situacin y el perfil poltico de Latinoamrica (y del resto del mundo) han cambiado drsticamente. Entonces, los militares y los regmenes proyanquis de la regin aprobaron en general las intervenciones de Usamrica y colaboraron; algunos protestaron ligeramente. Hoy en da, el centro izquierda, e incluso los regmenes electorales de la derecha, se oponen a los golpes militares en cualquier parte [porque los ven] como una amenaza potencial para su propio futuro.

Es igualmente importante que, habida cuenta de la grave crisis econmica y del aumento de la polarizacin social, lo ltimo que desean los correspondientes regmenes es un sangrante malestar interno estimulado por crudas intervenciones imperiales de Washington. Por ltimo, las clases capitalistas de los pases latinoamericanos de centro izquierda quieren estabilidad, porque pueden cambiar el equilibrio de poder a travs de las elecciones (como en los recientes casos de Panam y Argentina) y los regmenes militares favorables al imperio pueden alterar sus crecientes lazos comerciales con China, Oriente Prximo y Venezuela/Bolivia.

 

Latinoamrica frente a la crisis mundial

En toda Latinoamrica la crisis econmica est haciendo estragos en la economa, el mercado laboral, el comercio, el crdito y la inversin. Los principales pases de la regin van camino del crecimiento negativo, con tasas de dos dgitos en el desempleo, incremento de la pobreza y protestas masivas. En Brasil, a finales de marzo y principios de abril, una coalicin de sindicatos, movimientos sociales urbanos y trabajadores del movimiento de los sin tierra convocaron manifestaciones a gran escala, y en ellas particip la confederacin sindical CUT, que generalmente suele aliarse con el Partido dos Trabalhadores de Lula.

Las tasas de desempleo en Brasil han aumentado bruscamente y ya sobrepasan el 10%, conforme aumentan los despidos en las industrias del automvil y otros sectores metalrgicos. En Argentina, Colombia, Per y Ecuador, las huelgas y las manifestaciones han empezado a extenderse en protesta por el desempleo y el aumento de las quiebras entre exportadores, que se enfrentan al declive de la demanda mundial y a la imposible financiacin.

Los pases latinoamericanos ms industrializados, cuyas economas estn ms integradas en los mercados mundiales y que han seguido una estrategia exportadora de crecimiento, son los ms afectados por la crisis mundial. Esto incluye a Brasil, Argentina, Colombia y Mxico. Adems, los pases que dependen de los envos de divisas desde el extranjero y del turismo, como Ecuador, Centroamrica y los pases del Caribe, e incluso Mxico, con sus economas abiertas, son los ms afectados por la recesin mundial.

Mientras que el colapso financiero usamericano no tuvo un enorme impacto inmediato en Latinoamrica, en gran medida porque los anteriores colapsos financieros en Argentina, Mxico, Ecuador y Chile haban llevado a sus gobiernos a imponer lmites a la especulacin, los resultados indirectos, sobre todo en lo relativo a la congelacin del crdito y a la disminucin del comercio mundial, han destruido sectores productivos. A mediados de 2009, las industrias manufactureras, la minera, los servicios y la agricultura, tanto en los sectores privado como pblico, estaban ya afectadas por la recesin.

La vulnerabilidad de Latinoamrica ante las crisis mundiales es el resultado directo de la estructura de produccin y de las estrategias de desarrollo adoptadas en la zona. Tras la reestructuracin neoliberal o supeditada al imperio de las economas, que tuvo lugar entre mediados de los aos setenta y noventa, el perfil econmico de Latinoamrica se caracteriz por un dbil sector estatal a causa de las privatizaciones en todos los sectores productivos clave. La desnacionalizacin de los sectores estratgicos financiero, crediticio, comercial y minero aument la vulnerabilidad, y lo mismo sucedi en la muy concentrada propiedad de los ingresos y del inmobiliario, en manos de una pequea elite nacional y extranjera. Estas caractersticas se vieron exacerbadas por el boom de los bienes primarios, que tuvo lugar desde principios de 2003 hasta mediados de 2008. El cambio de las polticas gubernamentales hacia una estrategia de exportacin basada en materias primas sent las bases de la catstrofe. Como resultado de su estructura econmica, Latinoamrica era enormemente vulnerable a la decisin de los polticos usamericanos y europeos encargados de los sectores econmicos clave. La desnacionalizacin neg al Estado las palancas necesarias para controlar la crisis mediante un cambio de direccin en la economa.

Los cambios estructurales impuestos por el Fondo Monetario Internacional / Banco Mundial y sus socios locales de la clase neoliberal gobernante abrieron los pases al estallido de la crisis mundial a causa del desmantelamiento de las instituciones estatales que podran haber protegido la economa o, al menos, evitado los peores efectos de la crisis.

La privatizacin llev a la concentracin de la renta, disminuy la demanda local y aument la dependencia en los mercados de la exportacin mientras que, al mismo tiempo, privaba al Estado de las palancas necesarias para controlar las inversiones y el ahorro, que podran haber contrarrestado el declive de la entrada de capital extranjero y el colapso de sus mercados en el exterior.

La desnacionalizacin facilit el flujo de capital, especialmente en el sector financiero, profundiz las crisis del crdito y afect de forma adversa la balanza de pagos. La propiedad extranjera someti a los pases latinoamericanos a decisiones econmicas estratgicas controladas por elites econmicas del exterior, ms preocupadas por los costos y beneficios de sus imperios econmicos. Por ejemplo, en Brasil, tanto el cierre de fbricas de automviles pertenecientes a capital usamericano como los despidos masivos de trabajadores se deben a los clculos de los costos en el mercado mundial, algo totalmente ajeno a las necesidades del mercado laboral brasileo.

La estrategia de la exportacin dependa de los subsidios estatales a la expansin de plantaciones agroalimentarias, que producan alimentos bsicos para el mercado de la exportacin, lo cual se haca a expensas de pequeos agricultores, campesinos sin tierra y trabajadores rurales, y debilitaba el mercado interior como posible alternativa a los mercados exteriores en proceso de colapso, aumentando la dependencia de alimentos importados y afectando la seguridad de los alimentos.

Las estrategias de exportacin dependen de que los costos laborales y los salarios sean bajos, lo cual debilita la demanda interior y hace que el empleo dependa de las fluctuaciones de la demanda exterior. La produccin especializada en un vasto complejo de divisin internacional del trabajo es fundamental para cualquier compaa multinacional. Esto ha reducido de forma importante la diversificacin nacional de la industria y la integracin manufacturera, en las que todos los componentes de un producto se producen en el interior de una sola regin geogrfica. Bajo la actual divisin del trabajo, un fabricante brasileo de frenos de automviles depende por completo de la demanda exterior, determinada por la compaa multinacional. Las desventajas estratgicas de esta especializacin en una cadena capitalista mundial de produccin se han hecho evidentes en la crisis actual.

A pesar de estas profundas debilidades estructurales, heredadas de gobiernos anteriores, los actuales gobiernos de centroizquierda en Latinoamrica no estn procediendo a ningn cambio estructural para disminuir su vulnerabilidad econmica, con la nica excepcin parcial de la Venezuela chavista.

La cumbre de los gobiernos de la tercera va, que tuvo lugar en marzo de 2009 (ms los demcratas del tndem Obama-Biden y el gobierno del British Labor) se reuni en Santiago de Chile, donde cuidadosamente todos evitaron incluso mencionar las imperfectas estructuras internas que han dado lugar a la crisis econmica y prometen profundizarla.

Las propuestas de consenso de los gobiernos de la tercera va repitieron anacrnicamente los llamados a mayores flujos de capital, ajenos a la realidad de la crisis actual. Pidieron a Washington, a la Unin Europea y a Japn que resucitasen mercados colapsados y promovieran el comercio. De manera especfica, la reunin de e inst a los dirigentes del G20 a que promuevan programas de estmulos y se comprometan contra el proteccionismo. Pidieron a los gobiernos latinoamericanos que aumentasen el gasto y la liquidez para disminuir las tasas de inters, sostener las instituciones financieras y promover las exportaciones.

Los gobiernos de centroizquierda reunidos en Santiago no mencionaron ningn plan para aumentar la demanda interna mediante la intervencin en el mercado laboral, impidiendo que los propietarios despidan a los trabajadores. No mencionaron ningn aumento del salario mnimo. Evitaron cualquier discusin sobre el aumento de la demanda en zonas rurales mediante reformas agrarias generadoras de salarios. No consideraron el establecimiento de una industrializacin que sustituya las importaciones financiadas con fondos pblicos, la cual podra generar empleo para los trabajadores despedidos en los sectores de la exportacin.

Frente al aumento de los precios de los alimentos, no se propusieron medidas de ayuda a las familias de renta baja ni a los desempleados y pensionistas con una renta fija. Las propuestas de los gobiernos de centroizquierda demostraron una enorme rigidez estructural y su incapacidad para romper con estrategias fracasadas que dependen de la poderosa clase dirigente del sector de la exportacin agrominera. En vez de ello, sus propuestas reafirman su dependencia de programas de estmulo expansionista de las clases dirigentes de Usamrica y Europa. Sus insistentes llamados al libre comercio y a evitar el proteccionismo cayeron en odos sordos, puesto que todos los pases imperiales persiguen una doble poltica de promocin del libre comercio para sus dinmicas multinacionales radicadas en el extranjero y de proteccionismo para sus desfallecientes sectores financieros y manufactureros locales.

Mientras que evitan cualquier cambio estructural interno que pudiese favorecer a los trabajadores desempleados, campesinos, funcionarios pblicos y pequeas empresas, persisten en seguir las polticas que favorecen a banqueros, elites de la exportacin y compaas multinacionales. El principal objetivo econmico de los regmenes latinoamericanos de centroizquierda no es la reforma interna, sino la bsqueda de inversionistas y nuevos mercados exteriores.

A principios de abril, los dirigentes latinoamericanos y su elite de los negocios se reunieron con sus homlogos rabes en Qatar para incrementar las inversiones y el comercio mediante empresas conjuntas. Misiones similares llevadas a cabo en China, Rusia y Japn han conducido a inversiones casi exclusivas de capital en industrias extractoras (petrleo y minerales) y en agricultura mecanizada para la exportacin. El comercio interregional a travs del MERCOSUR ha sido altamente asimtrico, tal como lo demuestra el dficit comercial de 4.000 millones de dlares que Argentina tiene con Brasil. El centroizquierda es estructuralmente incapaz de reconocer que la crisis mundial ha debilitado en gran parte la estrategia de la exportacin; que las elites no pueden sobreponerse a sus contradicciones internas y a sus limitaciones de clase y exportan sus mtodos de recuperacin econmica. La bsqueda de nuevos mercados e inversionistas en Asia y Oriente Prximo puede ofrecer un aumento limitado de mercados de exportacin, pero tendr poco o ningn efecto sobre los sectores industriales y de servicios, los cuales dan trabajo a la mayora de los trabajadores y empleados. Adems, los pases asiticos y de Oriente Prximo tambin sufren una grave crisis, ya que el comercio (tanto las importaciones como las exportaciones), el sector manufacturero y el empleo estn en declive. As, China ha optado por un vasto plan de estmulo econmico basado en el aumento de la demanda interna. Asia, pues, puede ofrecer muy poco alivio a Latinoamrica en esta crisis.

El nico pas que brill por su ausencia en la reunin de gobiernos de centroizquierda en Santiago de Chile fue Venezuela, en parte debido a que el presidente Chvez prosigue una estrategia econmica alternativa para enfrentarse a la crisis mundial.

La estrategia de Chvez incluye la nacionalizacin de sectores econmicos clave como el petrleo y el gas, lo cual aumenta los ingresos del Estado; la proteccin de sectores sociales estratgicos como los alimentos y su distribucin, y la expansin de una reforma agraria para aumentar la produccin local de alimentos. El gobierno tiene un programa de subvencin de los precios de los alimentos, un aumento del 20% en el salario mnimo, que busca amortiguar los efectos de la inflacin, y un gasto pblico en proyectos intensivos de infraestructuras laborales, programa que ha dado lugar a una disminucin del desempleo con la creacin de 280.000 nuevos puestos de trabajo en enero y febrero de 2009.

Chvez est utilizando un radical programa keynesiano que depende de inversiones pblicas a gran escala para expandir el mercado domstico y de subvenciones sociales dirigidas a una amplia franja de las clases ms humildes. Su poltica de inversiones estatales se basa en la cooperacin del todava dominante sector privado, en especial las finanzas, la construccin, la agrominera y las manufactureras, ya sea mediante incentivos econmicos y contratos estatales o mediante amenazas de intervencin o nacionalizacin.

Las reformas estructurales internas de Chvez se complementan con la promocin de pactos politicoeconmicos regionales como Petrocaribe y el ALBA, con Bolivia, Cuba, Nicaragua y varios estados caribeos y de Amrica Central. Cuenta con los crecientes acuerdos financieros y de inversin con China, Oriente Prximo sobre todo Irn y Rusia, en particular mediante empresas conjuntas en los sectores del petrleo y la minera.

Mientras que la estrategia de Chvez representa una alternativa y una clara ruptura con el enfoque de la elite exportadora de centroizquierda, no deja de mostrar graves contradicciones. Venezuela es muy dependiente de una exportacin nica el petrleo para los ingresos del exterior y de un mercado nico, el usamericano. En segundo lugar, sus reservas de divisas extranjeras se estn agotando rpidamente. En tercer lugar sus esfuerzos para promover la integracin regional no han prosperado, ya que los principales pases latinoamericanos miran hacia el G20 en busca de salvacin. La intervencin estatal y la nacionalizacin han aumentado el control nacional sobre la economa, pero no se han enfrentado a la desigual distribucin de la renta, de la propiedad y del poder. Como resultado de ello, la economa se ha visto afectada por una ola de huelgas de trabajadores y empleados en los sectores manufactureros, de la educacin, la minera y las fundiciones.

Igualmente grave es que una tasa de inflacin del 30% ha erosionado el poder adquisitivo de los ingresos fijos, que ha erosionado los recientes aumentos del salario mnimo. Los aumentos del precio de los alimentos, que provienen de la importacin en el 90%, afectan adversamente la balanza de pagos. El futuro inmediato podra convertirse en una amenaza para la estabilidad social de Venezuela.

 

Latinoamrica y el agravamiento de la crisis

La participacin de algunos pases latinoamericanos importantes en la reunin del G20 en Londres, que tuvo lugar el 2 de abril de 2009, y los acuerdos posteriores revelan la bancarrota poltica de la actual dirigencia poltica. La declaracin de un importante programa de nuevos estmulos ocult el hecho de que la mayora de los fondos citados (1,1 billones de dlares) ya estaban asignados antes de la reunin y no tendran efecto alguno. La cantidad real de nuevos fondos fue slo una fraccin de este desembolso (250.000 millones de dlares), la mayor parte de ellos destinada a rescatar al sector financiero.

El solemne acuerdo del G-20 para oponerse al proteccionismo se vio falseado por un informe de la Organizacin para la Cooperacin y el Desarrollo Econmico (OCDE), segn el cual 17 de los 20 pases han adoptado recientemente medidas protectoras de sus industrias locales y limitaciones a la financiacin exterior. El ms beneficiado en el G-20 fue el Fondo Monetario Internacional, que ha prometido 500.000 millones de dlares adicionales en lneas de crdito y financiacin. Dado el dominio usamericano y europeo en el interior del FMI y la historia reciente de imposiciones de condiciones restrictivas a favor de los pases imperiales, su fortalecimiento plantea un obstculo importante a la recuperacin de cualquier gobierno latinoamericano progresista. Las grandes expectativas que tenan los gobiernos de centroizquierda y de derecha en Latinoamrica de que el G-20 los favoreciese con estmulos significativos quedaron defraudadas.

A la izquierda, Fidel Castro y sus aliados latinoamericanos dirigen su mirada a China como mercado alternativo y socio inversionista. Pero las inversiones exteriores de China casi siempre se dirigen a los sectores de la extraccin (minerales, petrleo) y, en menor grado, a la agricultura. Por eso, las inversiones chinas en Latinoamrica han creado pocos empleos mientras que favorecen a los sectores que contaminan el medio ambiente. El perfil exportador de Latinoamrica con China se reduce a un monocultivo de materias primas altamente vulnerable a las fluctuaciones de los precios mundiales. Ms an, los acuerdos comerciales de China con Latinoamrica incluyen la importacin de bienes manufacturados chinos producidos por trabajadores no sindicados y altamente explotados, lo cual socava cualquier recuperacin del sector manufacturero latinoamericano.

Los dirigentes latinoamericanos, que confan en que China los saque de la crisis, estn inmersos en un estilo neocolonial de recuperacin basado en un modelo exportador de materias primas. De la misma manera, tampoco la perspectiva de Rusia como nuevo mercado y estmulo econmico mejora las cosas, y ello debido a que la economa rusa es muy dependiente del petrleo y del gas, carece de industrias competitivas y, por encima de todo, est inmersa en una gran crisis con una cada de la economa que sobrepasa el 7% en 2009.

La bsqueda de nuevos paquetes de estmulos provenientes de Usamrica y de la Unin Europea o de nuevas alternativas comerciales con China y Rusia es un esfuerzo desesperado de los dirigentes latinoamericanos para salvar el desfalleciente modelo exportador de sus elites. La idea promovida por Brasil de que los pases imperiales deberan ofrecer una solucin a la crisis mundial, puesto que fueron ellos quienes la provocaron, es un desatinado brindis al sol, sobre todo a la luz de la manifiesta incapacidad que estn demostrando para estimular sus propias economas. La promocin usamericana del FMI busca entorpecer cualquier poltica progresista latinoamericana y el florecimiento de regmenes independientes, de ninguna manera ayudarlos a recuperarse de la crisis.

 

Conclusin

A causa de la profunda y costosa implicacin del gobierno de Obama con el complejo militar del imperio y de la multibillonaria financiacin de su sector bancario interno (mientras que al mismo tiempo apoya el proteccionismo crediticio), las clases dominantes latinoamericanas no pueden esperar ninguna medida de estmulo econmico proveniente de Usamrica.

Las profundas divisiones polticas entre Washington y Latinoamrica (y entre las propias clases de sta ltima), as como las divergentes estrategias nacionales y de clase, impiden cualquier estrategia regional. Incluso entre los gobiernos nacionalistas de izquierda, aparte de algunas limitadas iniciativas complementarias entre los pases del ALBA, no existe ningn plan regional. En este sentido, es un grave error escribir o hablar de iniciativa o problema latinoamericano. Lo que hoy podemos observar es una cada generalizada del modelo de las exportaciones y respuestas sociales divergentes entre las polticas proteccionistas salariales de Venezuela y las polticas que subvencionan la exportacin en Brasil, Argentina, Chile, Per y Colombia. Durante la recesin, estos gobiernos de centroizquierda, han demostrado un algo grado de rigidez estructural, ya que no han realizado esfuerzo alguno para profundizar y expandir el mercado interno y la inversin pblica, por no hablar de nacionalizar las compaas en estado de quiebra. La crisis subraya el proceso de desglobalizacin neoliberal y el auge de la importancia del Estado-nacin.

La galopante crisis econmica afecta negativamente a los actuales gobiernos, ya sean de centroizquierda o de derecha, y fortalece a sus oposiciones respectivas. En Argentina, la derecha y la extrema derecha han controlado las calles con un creciente poder interior entre la elite agraria del pas y la clase media bonaerense. El sindicato progresista CTA [Central de los Trabajadores Argentinos], que ha organizado huelgas y protestas, no est vinculado a ninguna nueva organizacin poltica de izquierda alternativa.

Brasil ha sido testigo de protestas similares por parte de movimientos sociales y sindicatos contra un aumento del 10% del desempleo y la decadencia del sector exportador. No obstante, el principal beneficiario poltico de la cada de popularidad del autodenominado Partido dos Trabalhadores de Lula es la derecha. Por el contrario, el centroizquierda se va a beneficiar en los pases en que el poder est en manos de la derecha, entre ellos Mxico, Colombia y Per. Pero, al igual que en otros lugares, los movimientos de masas carecen de capacidad de respuesta poltica organizada ante un capitalismo en pleno colapso.

Adems, ni Cuba ni Venezuela, ofrecen un modelo al resto de Latinoamrica. La primera es muy dependiente de una vulnerable economa basada en el turismo, mientras que la segunda es una economa dependiente del petrleo. Dado el colapso sistmico del capitalismo, estos pases necesitarn hacer reformas a la carta, tales como las subvenciones alimentarias de Chvez, as como nacionalizaciones personalizadas, o tender a la socializacin de los sectores financiero, comercial y manufacturero.

Las protestas masivas, las huelgas generales y otras formas de rebelda social estn empezando a surgir en todo el continente. Sin duda, el imperio intensificar su apoyo a los movimientos derechistas de la oposicin y a sus clientes actuales, tambin derechistas, que estn en el poder. La hegemona imperial sobre la elite latinoamericana sigue siendo fuerte, incluso si es prcticamente inexistente entre las organizaciones de la sociedad civil. Dada la posicin militarista y proteccionista del gobierno de Obama, es de esperar una intervencin del imperio bajo la forma de operaciones encubiertas, conforme la lucha de clases se incrementa y se dirige hacia una transformacin socialista.

[1] Este apartado sobre Honduras procede del artculo La estrategia de retroceso de Obama. Honduras, Irn, Pakistn, Afganistn (y el efecto boomerang), de James Petras, originalmente traducido por Beatriz Morales Bastos. Revisin de Manuel Talens.

 

El escritor usamericano James Petras es profesor emrito jubilado de Sociologa en la Binghamton University, SUNY (Nueva York).  

El escritor y traductor espaol Manuel Talens es miembro de Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica.



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