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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2009

Si es verdadero, es blanco

Santiago Alba Rico
Ladinamo


Los negros de La Martinica que iban al cine en los aos 40 -cuenta Frantz Fanon en Piel negra, mscaras blancas- se identificaban con Tarzn y no, obviamente, con sus porteadores africanos. Tarzn era el negro ms fuerte, el negro ms inteligente, el nico negro verdadero, porque era blanco, y todos los otros negros, que no lo eran, tenan que someterse a su jefatura natural. La blancura no es un color sino un precipitado rocoso de certezas y gestos, apoyado en una jerarqua geolgica, de origen colonial, hasta tal punto anclada en el orden de nuestra historia que lo que verdaderamente asombra del triunfo de Obama es que se trata, no de la primera vez que un negro alcanza la presidencia de los EEUU, no, sino de la primera vez que un negro, al igual que Tarzn, al contrario que Michael Jackson, alcanza la verdadera blancura; es decir, se convierte en un foco de identificacin universal. El gobierno es blanco, o de otro modo es que no hay gobierno. Pasa lo mismo con la novela?

Lo importante no es en qu lengua hablamos; lo importante es en qu lengua callamos. No me refiero a la lengua del pensamiento sino a ese ms atrs, cuando ya no podemos retroceder ms, del que queremos escapar a todo trance y del que tratamos de escapar precisamente hacia el lenguaje mediante toda clase de rodeos, tanteos, palabras de ciego: la narracin. Lo que se quiere decir, lo que no se puede decir, lo que siempre queda debajo, esa impotencia -lengua y ciudad materna- es irreductiblemente castellana o inglesa o francesa o china o swahili. El colonialismo europeo cometi, resultado de otros anteriores o simultneos, dos crmenes imperdonables: ense ingls y francs a los nativos como si hablar consistiera en pronunciar sonidos, sin proporcionarles la espalda en la que uno se apoya y que al mismo tiempo no se puede mirar; y les ense ingls o francs como si no fuesen ya hablantes, es decir, sin dejarles un lugar propio al que poder retroceder o, ms exactamente, del que poder escapar narrativamente. Los llamados estudios postcoloniales se ocupan desde hace cuatro dcadas de esta donacin depredadora o de este magnnimo saqueo que prolonga, tambin en el mbito de la cultura, ancestrales relaciones de dominio colonial.

Ngugi wa Thiongo, nacido en Kenia en 1938, es uno de los ms grandes novelistas africanos y uno de los que mejor ha pensado esta madeja. En 1977, despus de haber publicado cuatro novelas en ingls, escribi e hizo representar una pieza teatral en lengua kikuyu, Me casar cuando me apetezca (Ngaahika ndeenda); el xito fue tan grande que el gobierno lo meti en la crcel. Como bien explica Frdrick Ivor, el problema no es que criticara al rgimen del presidente Kenyatta, como vena haciendo desde siempre, sino que por primera vez hablaba de la vida cotidiana del pueblo en una lengua que el pueblo poda comprender. En prisin Ngugi escribi una primera novela en su lengua materna y, una vez liberado gracias a la presin internacional, decidi no volver a escribir nunca ms en ingls, lo que le retir el aprecio de muchos crticos occidentales que hasta entonces lo haban alabado: se trataba de un desastre editorial, un error que lo sacaba del mercado para convertirlo en un escritor minoritario. Se escribe para ser ledo, deca Denise Coussy, habra que estar loco para ponerse a publicar, por ejemplo, en bretn. Pero Ngugi escriba precisamente para ser ledo, no por Denise Coussy, es verdad, sino por la poblacin de Kenia; y no por esa minora mayoritaria de los lectores y crticos occidentales sino por la mayora minoritaria de los keniatas.

Ngugi no escriba para cambiar la historia de la literatura; escriba -y escribe- para cambiar la historia de su pas. Su decisin la explic muy bien en un libro fundamental, vstago de Fanon y de Cesaire, cuyo ttulo enuncia ya un programa: Descolonizar la mente (1986). El efecto de un bombardeo cultural, dice Ngugi, es aniquilar la confianza de un pueblo en sus nombres, en sus lenguas, en sus entornos, en su herencia de lucha, en su unidad, en sus capacidades y, en ltima instancia, en s mismo. Le hace querer identificarse con lo que est ms lejano de s, por ejemplo, con las lenguas de otros pueblos ms que con la suya propia. No es que la causa de este colonialismo sea lingstica, pero se habla ah, se esconde ah, anida y se legitima y se reproduce ah. Las causas son la intervencin permanente de un Occidente que no quiere una democracia autntica para Africa, entendida como soberana de los propios recursos materiales, y la monotona de unos gobiernos dictatoriales que colaboran en la divisin y represin permanentes del continente. Y la solucin no puede ser literaria, claro, pero la literatura constituye ese fondo materno irrenunciable hacia el que retroceder, desde el que escapar, sin el cual no hay ms que mscaras, o cscaras, derribadas por el ms liviano empujn. El kikuyu no es la liberacin, pero interrumpe el juego de la donacin depredadora y el magnnimo saqueo y enciende un foco local de identificacin no-blanco, no-verdadero, no-colonial. Lo que los blancos robaron a los negros no fue una lengua propia sino -al contrario- una lengua comn, y se la robaron no porque fuera distinta de la suya o porque quisieran compartir el ingls (que no queran) sino precisamente porque era comn. Es decir, porque era el ingls del otro, pero quizs sin tantas mentiras y tantos muertos enterrados en sus verbos.

En Espaa se han traducido slo dos libros de Ngugi wa Thiongo'o: El diablo en la cruz, escrito en 1984 y publicado por la editorial Txalaparta (1994, traduccin de Alfonso Omaetxea) y Un grano de maz, una de sus primeras novelas, todava afroeuropea, escrita en ingls en 1967 y publicada en nuestro pas por la editorial Zanzbar (2006, traduccin de Mara Sofa Lpez). Al placer narrativo de leer uno y de leer otro se aade el placer especulativo de compararlos.

Revista La Dinamo, N. 31

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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