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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2009

Competencia imperialista en el cono sur: nuevos alineamientos

Albert G. Piquer
En lluita / En lucha


Los ltimos meses han estado protagonizados por la escalada de tensiones en suelo latinoamericano: el golpe de estado en Honduras, las nuevas bases militares norteamericanas de Colombia, el acuerdo militar entre Brasil y Francia. As, se estn desarrollando diversos alineamientos en la regin.

Nos encontramos en una coyuntura marcada por los efectos econmicos y sociales de la crisis internacional, en la cual el imperialismo estadounidense intenta recuperar terreno sobre su histrico patio trasero, considerada una regin clave para los intereses yanquis tanto por la cercana geogrfica como por las riquezas que le saquea, al mismo tiempo que las clases dominantes de Amrica Latina practican un giro a la derecha, buscando gobiernos ms leales que les permitan hacer pagar a los trabajadores los efectos de la crisis y reaproximarse al imperialismo.

Un nuevo imperialismo en tiempos de crisis

Hace unos diez meses, con la eleccin de Obama como presidente, el gobierno norteamericano efectu un cambio con respecto a George W. Busch en la tctica poltica del imperialismo, para hacer frente a la situacin mundial y la resistencia antiimperialista. Ello no significa, sin embargo, que Obama sea una paloma de la paz (basta ver su poltica de intensificar la guerra en Afganistn) y que no defienda tanto como su antecesor los intereses imperialistas. Y es que las causas de este cambio de tctica no subyacen en la buena voluntad de nadie, sino en la necesidad de adaptarse a un nuevo contexto econmico, social e ideolgico, as como a las derrotas que la movilizacin y la resistencia armada han inflingido a la poltica del imperialismo.

As pues, bajo el discurso conciliador y la poltica de buen vecino del sonriente Obama, apoyndose en sus aliados ms firmes como Mxico, Colombia o Per, y utilizando a Brasil como interlocutor privilegiado adems de los buenos oficios del gobierno chileno Washington se propone frenar el contagio populista y debilitar al chavismo, al mismo tiempo que pretende reafirmar su hegemona en la estratgica regin de Amrica Latina, a la que sigue considerando como su patio trasero.

En este sentido, el fortalecimiento del SOUTHCOM (Comando Sur, cuyo mbito estratgico es toda Latinoamrica) en Miami; la reactivacin de la IV Flota para operar en el Caribe y el Golfo de Mxico; la ampliacin de la red de bases en toda la regin, incluyendo las ya existentes en Colombia, Guantnamo, Aruba, Curaao, El Salvador... todo ello expresa una poltica de despliegue militar norteamericano que amenaza a toda Amrica Latina, y que puede servir desde espionaje y apoyo a conspiraciones golpistas, hasta nuevas guerras de baja intensidad como la impuesta en Centroamrica en los 80 o intervenciones contrarrevolucionarias de mayor envergadura ante nuevos levantamientos obreros y populares o grandes crisis polticas.

El golpe cvico-militar en Tegucigalpa apoyado desde la base yanqui de Soto Cano y la expansin de la presencia militar norteamericana en Colombia son las mejores expresiones de esta ofensiva.

Honduras

El pasado 28 de junio tuvo lugar en Honduras el ltimo golpe de estado en Amrica Latina. El intento de su presidente Manuel Zelaya de reformar la Constitucin fue la excusa usada por la clase dirigente hondurea estrechamente ligada a los intereses de la clase dirigente norteamericana para expulsar a Zelaya del pas y constituir un gobierno golpista liderado por Roberto Micheletti.

No es muy difcil trazar varios paralelismos entre este golpe de estado y aqul de 1964 contra el presidente de Brasil Joao Goulart, el cual signific el inicio de una serie de golpes militares en Amrica Latina, todos ellos apoyados por los EEUU, destinados a impedir las reformas en el continente. En efecto, si los golpistas brasileos justificaron el golpe aludiendo a la necesidad de salvar el orden constitucional (la causa principal del golpe hondureo fue el intento de Zelaya de reformar la constitucin a travs de un referndum), la realidad es que Goulart, que haba sido un rico agricultor (tal como haba sido Zelaya), haba comenzado a simpatizar con las demandas hechas por los trabajadores agrcolas e industriales, aumentando su salario mnimo (Zelaya haba aumentado el salario mnimo en un 50% en un pas donde el 77% de la poblacin vive bajo el umbral de la pobreza). stas y otras medidas establecidas a favor de las clases populares le enfrentaron a la oligarqua hondurea, que le acus de estar influenciado por Fidel Castro (Zelaya haba empezado a alinearse polticamente al lado de Hugo Chvez).

Ms all de las similitudes, el hecho ms preocupante es que el golpe militar hondureo represente un punto de inflexin como otrora fue 1964. No hay que desestimar la posibilidad de que inspire a otras oligarquas, con el fin de parar las reformas que estn ocurriendo en la mayora de pases de Amrica Latina. Sin embargo, tambin puede significar el despertar de procesos de resistencia obrera y popular.

De ah la importancia que tiene la respuesta de los sectores populares hondureos. A pesar de la brutal represin y del asesinato de varias personas han sido millones las personas que han participado en masivas jornadas de lucha a nivel nacional, entre las que destacan ocupaciones de recintos estudiantiles y empresas, tomas de carreteras, manifestaciones y huelgas de todo tipo. Los golpistas no se esperaban que el nivel de la resistencia fuera tan alto, incluyendo una huelga general a finales de julio En el momento de escribir este artculo, Zelaya ha vuelto a Tegucigalpa y est refugiado en la embajada de Brasil. Miles de personas han salido a la calle de todas partes del pas, desafiando el toque de queda impuesto en Honduras, para llegar a Tegucigalpa ante la llamada a resistir. El ejrcito ha sitiado la embajada y est llevando a cabo una brutal represin contra los manifestantes, contndose ya con centenares de heridos y detenidos por violar el toque de queda.

A pesar de esto, la respuesta de Zelaya sigue siendo contradictoria. Al fin y al cabo Zelaya forma parte de la clase dirigente hondurea de hecho forma parte del Partido Liberal, del cual tambin es miembro Micheletti . Por un lado hace constantes llamamientos a la insurreccin popular para repeler el ejrcito, pero por el otro sigue llamando al dilogo a los golpistas. No obstante, lo ms importante aqu es sin duda la masiva resistencia. La lucha popular aumenta cada da, y ya se est lanzando la consigna de que la resistencia continuar con o sin Zelaya, algo que asegura la independencia de sta frente a los movimientos vacilantes del presidente.

Colombia

Al mismo tiempo que Estados Unidos defiende a los golpistas en Honduras bajo la retrica de una salida pacfica al conflicto Obama firmaba en agosto un acuerdo para la instalacin de militares norteamericanos en otras siete bases en territorio colombiano, reafirmando la alianza militar y poltica con Uribe, con la excusa de la lucha contra el narcotrfico y el terrorismo.

As, el llamado Plan Colombia o Plan Patriota se inscribe claramente en un plan estratgico del Pentgono para ampliar la capacidad de intervencin imperialista en suelo latinoamericano, posicionando Colombia como punta de lanza en la compaa contra el chavismo.

No obstante, el centro de la poltica estadounidenses actual es la institucionalidad para negociar y resolver los conflictos. Aqu es donde la UNASUR (Unin de Naciones de Amrica del Sur) se muestra como una herramienta perfecta para evitar la profundizacin de los conflictos en Sudamrica. Siempre, claro, resguardando los intereses ms estratgicos del imperialismo y aplicando su tctica actual.

Esta organizacin comenz a funcionar en el ao 2008, con la supuesta intencin de servir como un mbito de las naciones sudamericanas que, a diferencia de la OEA (Organizacin de Estados Americanos), funcionara sin la presencia de representantes del imperialismo estadounidense y con mayor independencia de ste. Algunos sectores de izquierda depositaran grandes esperanzas en las perspectivas independientes de la UNASUR. Sin embargo, ya en su primera reunin efectiva en septiembre del 2008, durante los enfrentamientos entre el gobierno de Evo Morales y la oligarqua de la Media Luna, la resolucin final condenaba cualquier intento de golpe contra Evo, pero, al mismo tiempo, llamaba al dilogo conciliador entre un gobierno legtimo y sectores fascistas.

La historia ha vuelto a repetirse. La reunin de UNASUR que tuvo lugar a finales del pasado agosto en Bariloche (Argentina) vot una declaracin que legaliza el uso de las bases colombianas por parte de los EE. UU. y evita cualquier condena al gobierno de Uribe por permitir esta violacin de la soberana militar del subcontinente. Asimismo, Honduras ni siquiera fue mencionada en la declaracin. Al parecer, la guerra contra el terrorismo no tiene nada que ver con luchar contra los golpistas de Micheletti.

Brasil

Todo esto demuestra que, al margen de la oposicin de Evo Morales y las declaraciones de Chvez denunciando a EE. UU. y a su intencin de llevarse las riquezas latinoamericanas (aunque sin apelar a las masas latinoamericanas y manteniendo expectativas en influir sobre las decisiones de Obama), la direccin de UNASUR est en manos de Lula y Brasil; es decir, expresa tanto el peso econmico de este pas en Sudamrica como la disposicin de Lula y de la burguesa brasilea por jugar el papel de direccin poltica regional y tambin militar, como se ha evidenciado en Hait.

Efectivamente, el caso de Hait es paradigmtico. La MINUSTAH comenz sus actividades en Hait el 1 de junio de 2004, coordinada por las Fuerzas Armadas de Brasil -por mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas- e integrada por efectivos de Chile, Uruguay, Argentina, Ecuador y de Espaa, Canad, Francia y Estados Unidos. En la actualidad, la conducta de los militares extranjeros roza la brutalidad y el pillaje.

En esta lnea, el acuerdo militar con Francia que el presidente Lula anunciaba a inicios de septiembre es una respuesta de la burguesa brasilea al nuevo acuerdo militar de EE.UU. con Colombia, que mina las bases de la estrategia brasilea de consolidarse como el gran mediador al servicio del imperialismo, entre los dos bloques que polarizan la poltica en Amrica Latina el bloque de Chvez y los pases del ALBA, a un lado; al otro los pases ms alineados con EE.UU., como Colombia y Per y de esta forma extender su influencia en la regin.

Apenas das antes del anuncio del acuerdo con Francia, el presidente Lula sali en la cadena nacional de televisin para defender su proyecto para el pre-sal (los campos de petrleo recientemente descubiertos que pueden colocar a Brasil entre los diez mayores productores del mundo) como una segunda independencia, al mismo tiempo que present su acuerdo con Francia como una necesidad de defender esas riquezas que seran el pasaporte de Brasil para el futuro.

No podemos esperar que el fortalecimiento militar de Brasil sea utilizado, no para hacer frente a los golpes militares reaccionarios como el de Honduras, frente al cual Brasil no tom ninguna medida concreta para apoyar la resistencia, sino para intervenir como tropas de paz en pases vecinos a favor del imperialismo, como vemos hoy en Haiti, y para defender los intereses de las multinacionales brasileas instaladas en los pases de Amrica Latina.

En conclusin, en Amrica Latina, los titulares se centran en el reto planteado a EEUU por Hugo Chvez. Pero Brasil, bajo Lula, tambin se presenta como un rival, no de modelo social Lula no se plantea romper con el neoliberalismo, ni mucho menos con el capitalismo sino simplemente como otra importante potencia capitalista en la regin.

Imperio o imperialismos?

Llegados a este punto debemos plantearnos la cuestin del imperialismo, o de los imperialismos, desde una perspectiva mucho mayor.

El fin de la Guerra Fra marc el fin del reparto del mundo entre dos bloques imperialistas rivales. Una interpretacin generalizada de estos cambios es que ellos permitieron a EEUU asumir una posicin de predominio global, incluso mayor a la que disfrut despus de la Segunda Guerra Mundial. Particularmente, con el comienzo del ataque occidental contra Irak en 1991, se hizo popular considerar a EEUU como la nica superpotencia.

Pero las proclamaciones sobre un mundo con una nica superpotencia interpretan de modo totalmente equivocado la verdadera tendencia de los eventos; s que EEUU es la mayor potencia, sobre todo en lo militar, pero existen otras que le hacen sombra en diferentes mbitos. El colapso del estalinismo fue un episodio de importancia histrica mundial, precisamente porque rompi la rgida divisin bipolar del mundo, caracterstica de la era de posguerra. Con eso permiti un regreso a una era de competencia interimperialista, una nueva situacin de inestabilidad y de amenazas militares, tanto entre las grandes potencias como entre stas y los pases ms dbiles.

En sentido vemos cmo los conflictos entre potencias son los protagonistas en frica central, en el sur de Asia, en la frontera europea de Rusia. El mundo entero, desde el este de Asia hasta Amrica Latina, vive en una nueva carrera armamentstica.

Caer en el error de pensar que EEUU es la nica potencia imperialista equivale a repetir el esquema bipolar de la Guerra Fra, donde a un lado est Washington y al otro los antiimperialistas, es decir, todo aqul que se enfrenta a los intereses norteamericanos: ya sea Cuba, Venezuela, China, Rusia, Irn o Brasil. Las ltimas consecuencias de esta interpretracin implican ver un complot de la CIA detrs de las protestas de Irn o de las insurrecciones de Xinjiang en China.

Pero adems, ello significa obviar las contradicciones de clase existentes en el interior de las potencias o de los paises aspirantes a serlo; significa obviar que los intereses de las burguesas nacionales como es el caso de Lula en Brasil; o incluso para los golpistas hondureos, cuyos intereses son suficientemente fuertes como para desear mantener el control sin necesidad de estmulos norteamericanos se oponen a las reivindicaciones de los trabajadores y las trabajadoras.

En conclusin, la lucha antiimperialista en Amrica Latina es inseparable de la ms activa solidaridad con la resistencia hondurea, hasta lograr la completa derrota de los golpistas. Pero tambin debe unirse a la campaa por el retiro inmediato de las fuerzas militares de Brasil, Uruguay, Chile, Argentina, Bolivia y otros que integran la MINUSTAH, fuerza de la ONU que ocupa y reprime en Hait por cuenta y cargo del imperialismo.

Y es que en un mundo dominado por una pequea porcin de grandes potencias, es una fantasa peligrosa creer que las mismas pueden llegar a proteger los intereses de la mayora explotada. La humanidad no conocer la paz hasta que esa mayora tome el control del mundo, lo que slo podr realizarse, tanto en Amrica Latina como en todo el mundo, derrotando a los Estados imperialistas, que intentarn impedirlo con uas y dientes.

Fuente: http://www.enlucha.org/?q=node/1626



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