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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-10-2009

La causa a favor de la legalizacin de todas las drogas es irrebatible

John Gray
The Guardian

Traducido para Rebelin por Anah Seri


Los enormes beneficios que se obtienen de los estupefacientes, resultado directo de la prohibicin, alimentan la guerra y el terrorismo. Urge la legalizacin

La guerra contra las drogas es una poltica fallida que ha perjudicado a muchas ms personas de las que ha protegido. Desde finales de 2006, unas 14.000 personas han muerto en las guerras de la droga de Mxico, ms de 1.000 de ellas en los primeros tres meses de este ao. Ms all de las morgues saturadas de los pueblos fronterizos mexicanos, estn los nmeros no registrados de quienes han sido mutilados, traumatizados o desplazados. De Liverpool a Mosc, de Tokio a Detroit, un rgimen punitivo de prohibicin ha convertido las calles en campos de batalla, mientras el consumo de drogas se ha implantado en nuestro modo de vida. La cruzada anti droga pasar a la historia como uno de los mayores disparates de la edad moderna.

Hace una dcada o as, se poda razonar que an no se dispona de pruebas. Nadie ha credo jams que el consumo ilegal de drogas se pudiera erradicar, pero estaba el punto de vista defendible segn el cual la prohibicin poda prevenir ms dao del que causaba. El consumo de drogas no es un acto privado sin consecuencias para los dems; incluso cuando es legal, supone unos costes, mdicos y de otro tipo, para la sociedad. Una sociedad que adoptara una actitud permisiva hacia los hbitos de sus ciudadanos en cuanto a las drogas, podra experimentar un incremento en el nmero de consumidores. Estara el riesgo del abandono social, quedando las personas de comunidades pobres abandonadas a su suerte.

Estos peligros no han desaparecido, pero el hecho es que los costes de la prohibicin de las drogas superan, con mucho, cualquier posible beneficio que pueda acarrear la poltica. Ha llegado la hora de cambiar radicalmente de poltica. La legalizacin a gran escala, con una intervencin del Estado dirigida principalmente a regular la calidad y proporcionar educacin sobre los riesgos del consumo de drogas, as como atencin a quienes tienen problemas con las drogas que consumen, debera centrar ahora la agenda de la reforma de la legislacin sobre drogas.

En sociedades ricas como el Reino Unido, los EEUU o la Europa continental, la guerra de las drogas ha inflingido muchos daos. Dado que el resultado inevitable es un incremento de precios que pone el hbito del consumo a un nivel inalcanzable para muchos, la penalizacin del consumo conduce a muchas personas por lo dems respetuosas con la Ley a una economa delictiva. Adems de criminalizar a los consumidores la prohibicin los expone a graves riesgos para la salud. No es fcil comprobar la calidad de las drogas ilegales, y la toxicidad y la sobredosis son riesgos constantes. Cuando la droga se inyecta, est el peligro de contagiarse con hepatitis y VIH. Una vez ms, la criminalizacin de determinadas drogas, mientras se permite el libre mercado de otras, distrae la atencin de las que son legales y nocivas, como el alcohol.

Si bien es sin duda cierto que la legalizacin podra impulsar a ms personas a consumir drogas, la vida del consumidor de drogas sera mucho ms segura y sana que en la actualidad. Aqu no hay margen para la especulacin, pues sabemos que un gran nmero de consumidores llevaban vidas muy productivas antes de que las drogas se prohibieran. Hasta la Primera Guerra Mundial, cuando se introdujo al amparo de la seguridad nacional, ni en el Reino Unido ni en los EEUU haba mucho control de las drogas. La cocana, la morfina y la herona se podan comprar en cualquier farmacia. Haba muchos consumidores, entre ellos William Gladstone, a quien le gustaba ponerse una gota de laudanum (un tintura alcohlica de opio) en el caf antes de un discurso. Algunos consumidores tenan problemas, pero ninguno tena que enfrentarse a los precios inflados, los riesgos para la salud y la amenaza de crcel a que se enfrentan los consumidores actuales.

Aunque a los polticos les gusta dar a entender que ellos representan un consenso moral, en lo que respecta a la tica del consumo de drogas, tal consenso no existe. Barack Obama ha admitido que ha consumido cocana, mientras que David Cameron se niega a responder a la pregunta. Ninguno de los dos ha sufrido consecuencias polticas negativas por ello. Todo el mundo sabe que el consumo de drogas era comn en la generacin a la que pertenecen estos polticos, y nadie se escandaliza. Lo que es ms preocupante es que la admisin tcita de que el consumo de drogas es un aspecto normal de la vida vaya asociada a un apoyo incondicional a la fallida poltica de prohibicin.

La produccin y distribucin de drogas ilegales es un negocio muy organizado cuyos efectos se hacen notar en toda la sociedad. Los inmensos beneficios que se cosechan corrompen a las instituciones y arruinan vidas. La venta de drogas puede parecer una profesin con glamour para los jvenes en barrios marginales, incluso cuando su socializacin se realiza en una cultura de bandas donde la violencia se considera normal. El entorno hobbesiano de bandas callejeras anrquicas, polticos poco honrados, y policas victimizados y ocasionalmente corruptos que se representa en The Wire [1] puede no ser inmediatamente reconocible en la mayora de los pases europeos, pero no queda tan lejos.

Es en las sociedades ms pobres del mundo donde la prohibicin de las drogas est teniendo unos efectos ms catastrficos. Mxico es slo uno de varios pases latinoamericanos donde la cruzada anti drogas ha escalado hasta convertirse en algo as como una guerra de baja intensidad, mientras que en el resto del mundo algunos pases estn casi totalmente en manos del dinero de la droga. Los narcoestados son uno de los peores efectos secundarios de las drogas; pases pequeos como Guinea-Bissau en frica Occidental han sido secuestrados (como informaban Ed Vulliamy y Grant Ferrett en estas pginas en marzo del ao pasado) para servir como puntos de distribucin de la cocana latinoamericana. El narcocapitalismo es uno de los aspectos de la globalizacin a los que se le da menos publicidad, pero es muy posible que salga fortalecido de la reciente descolocacin de los mercados globales.

No slo en Afganistn, sino en todo el mundo, est bien documentado que las inmensas ganancias que proporciona el comercio de la droga contribuyen a la financiacin de las redes terroristas y de este modo amenazan los pases avanzados. Sin duda alguna, el terrorismo seguir siendo una amenaza, cualquiera que sea el rgimen vigente de las drogas, pero la brusca cada de precios que provocara la legalizacin afectara notablemente a los recursos disponibles. No se ve cmo pueden ser seguros los pases donde viven la mayora de los consumidores de drogas mientras las operaciones anti terroristas se confunden con el combate ritual de la cruzada anti drogas.

Lo que hace falta no es una utopa libertaria en la cual el Estado se desentiende de la conducta personal, sino una evaluacin utilitaria, fra y calculada, de los costes y beneficios de los diversos mtodos de intervencin. La magnitud del problema sugiere que descriminalizar el consumo personal no es suficiente. Hay que sacar de las tinieblas y regular toda la cadena de produccin y distribucin. Tal vez cada droga requiera un tipo de regulacin diferente, y es posible que la legalizacin funcione mejor si en cada pas se gestiona de forma ligeramente distinta. En estos momentos, los detalles no son de importancia capital.

Lo que urge es cambiar de perspectiva. Hay seales esperanzadoras de que esto est ocurriendo en algunos de los pases emergentes, como Argentina, Mxico y Brasil (cuyo ex presidente Fernando Henrique Cardoso la semana pasada argument con fuerza, en este peridico, que la guerra contra las drogas haba fracasado). No hay razn para que estos pases, que sufren lo peor de las guerras de la droga, se queden esperando a que se imponga la sensatez entre los polticos de los pases ricos. Deberan abandonar la prohibicin lo antes posible.

Sigue siendo cierto que, si los lderes de los pases ricos, ante todo EEUU, no cambian de perspectiva, esta cruzada global infructuosa continuar. La probabilidad de que las clases polticas usamericanas la detengan en un futuro prximo debe ser muy cercana a cero. Y sin embargo, resulta agradable soar con que el Presidente Obama, entre los muchos dilemas a los que se enfrenta, algn da se preguntar si Amrica, o el mundo, puede seguir permitindose la absurda guerra contra las drogas.



[1] Serie de televisin ambientada en Baltimore que trata de ofrecer una visin realista de la vida de la ciudad, especialmente centrada en el trfico de drogas (N. de la trad.)


Fuente: http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2009/sep/13/legalise-drugs-john-gray 



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