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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-10-2009

El combate de Le Monde diplomatique

Serge Halimi
Le Monde Diplomatique


Desde hace 20 aos, Le Monde Diplomatique viene anunciando y analizando el cicln econmico que hoy devasta las salas de redaccin y despuebla los kioscos. Como el anlisis de las causas no previene contra los efectos, Le Monde Diplomatique siente tambin las consecuencias de la actual intemperie. Menos que otros diarios y de manera diferente: no estn en juego ni su supervivencia ni su independencia, pero escasean los medios para su desarrollo. Es por eso que recurrimos a ustedes, nuestros lectores, para tomar parte en la batalla de ideas y transmitir a nuevos lectores nuestra manera de ver y contar el mundo.

Tras el sector textil, el de la siderurgia, del automvil es el turno de la prensa. Los obreros de los pases del Norte pagaron muy cara la deslocalizacin de la produccin hacia el Sur; con la emigracin de sus lectores a Internet, lleg ahora el turno a los periodistas de sufrir la desaparicin de sus empleos. Podra deducirse que un modelo econmico expulsa a otro, susurrar que las cosas cambian, pensar que as es la vida. Pero enseguida se nos habla de democracia, de libertad de mercado. Nos dicen que el automvil slo es una mercanca, que se puede fabricar en otra parte, de otra manera, reemplazada por un modo de transporte diferente. En el fondo, nada grave, si se dejan de lado la prdida de empleos y la pobreza que eso conlleva.

Pero la prensa dispone de una importante ventaja en el debate pblico. Cuando juzga que su existencia est amenazada, hace sonar la alarma con ms facilidad que un obrero cuya fbrica estuviese a punto de cerrar. Para sumar a todos a su bando le basta con pronunciar la frmula ritual: un diario que desaparece es una parte de democracia que muere.

Sin embargo, en las condiciones actuales, el enunciado es absurdo, incluso grotesco. Basta con acercarse a un kiosco para constatar que decenas de ttulos podran dejar de existir sin que la democracia se resintiera. Ocurrira incluso que las fuerzas del orden ideolgico, del statu quo, perderan en el caso algunos de sus bastiones. Por supuesto, esto no implica que las inquietudes de los periodistas afectados sean ilegtimas. Pero hay millones de personas en todo el mundo que para defender su empleo no necesitan inventarle otra virtud que la de procurarles un salario.

Hace aos que la industria de la prensa est en decadencia. El periodismo padece desde hace mucho. Acaso hace 20 aos, cuando la mayora de los diarios eran pura publicidad, una mquina de fabricar dinero, los contenidos redaccionales no eran ya fantasiosos al reflejar la realidad? Cuando en Estados Unidos los mastodontes New York Times, Washington Post, Gannett, Knight Ridder, Dow Jones, Times Mirror amasaban ganancias veinte veces superiores a las de la era Watergate, apogeo del contrapoder? (1); en la poca en que gozaban de mrgenes de ganancia anuales que alcanzaban el 35%, acaso su periodismo se desplegaba entonces con audacia, creatividad, independencia?

Y en Francia, acaso la informacin crtica se destacaba verdaderamente cuando, con miles de millones en la mano, los grupos Lagardre y Bouygues se disputaban el control de TF1? O cuando, rivalizando en vulgaridad, los canales privados se multiplicaban como los panes del Nuevo Testamento, ofreciendo salarios de maraj a un puado de periodistas dciles?

Ahora muchos directores de prensa hacen frente comn ante la tormenta e imploran el socorro financiero de lo que en otras circunstancias llaman desdeosamente la mamma estatal. Le Monde Diplomatique, que les desea buena suerte, no olvida la parte que les corresponde en su presente infortunio. Es por eso que para seguir defendiendo una concepcin diferente del periodismo, recurrimos en primer lugar a nuestros lectores.

Qu libertad de expresin?

Si los tormentos de los medios de comunicacin dejan indiferente a una vasta porcin de la opinin pblica, es en parte porque sta entendi algo: poner por delante la libertad de expresin sirve a menudo como tapadera a los intereses de los propietarios de los medios de comunicacin. Hace ya varias dcadas que los diarios importantes obstruyeron o sabotearon los esfuerzos destinados a mejorar nuestra situacin social y poltica, afirma Alexander Cockburn, cofundador del sitio alternativo CounterPunch.com (2). Las encuestas y reportajes diligenciados por la prensa, cada vez ms escasos, permiten sobre todo preservar la ficcin de un periodismo de investigacin al tiempo que en otras pginas proliferan sucesos policiales, retratos, secciones de consumo, meteorologa, deportes, favoritismos literarios, farndula. Sin olvidar el simple copia-pega de despachos de agencia que realizan asalariados en vas de rpida descalificacin.

Imaginen propone el universitario estadounidense Robert McChesney- que el gobierno dicta un decreto que exige una brutal reduccin del espacio acordado a los asuntos internaciones en la prensa, impone el cierre de las oficinas de corresponsales locales o la fuerte reduccin de sus efectivos y sus presupuestos. Imaginen que el Presidente ordena a los medios de comunicacin concentrar su atencin en las celebridades o tonteras ms que en investigar los escndalos asociados al Poder Ejecutivo. En tal hiptesis, los profesores de periodismo habran iniciado huelgas de hambre, universidades enteras habran cerrado a causa de las protestas. Sin embargo, cuando son intereses privados casi monoplicos los que deciden ms o menos lo mismo, no se producen reacciones notables (3).

McChesney prolonga su ejercicio de ecologa mental haciendo la siguiente pregunta: ya que siempre se trata de democracia, cundo fue con exactitud que decidimos colectivamente, -en qu ocasin, en qu importante eleccin- que un puado de importantsimas empresas financiadas por la venta de publicidad y prioritariamente preocupadas por obtener el mximo beneficio, seran los principales artesanos de nuestra informacin?

En 1934 el dirigente radical francs Edouard Daladier fustigaba a las 200 familias que colocan en el poder a sus delegados e intervienen sobre la opinin pblica, dado que controlan la prensa. Tres cuartosde siglo siglo despus, menos de unas veinte dinastas ejercen una influencia comparable, pero a escala planetaria. El poder de esos nuevos feudos hereditarios Murdoch, Bollor, Bertelsmann, Lagardre, Slim, Bouygues, Berlusconi, Cisneros, Arnault (4)- a menudo sobrepasa el de los gobiernos. Si Le Monde Diplomatique hubiera dependido de uno de ellos, hubiese cuestionado que Lagardre controlase la edicin, o el destino que Arnault inflige a sus obreros, o las plantaciones de Bollor en frica?

Despus de que Edouard de Rothschild hiciese irrupcin en el capital del peridico Libration, su fundador y director, Serge July, declar: Edouard de Rothschild () aceptaba comprometerse financieramente, siempre que yo me comprometiera a abandonar no slo mis funciones, sino tambin el diario. No tena opcin, acept de inmediato (5). Es bastante curioso que su sucesor, impuesto por el accionista, pretenda hoy da exhibirse como tribuno de la libertad de prensa

El rol de Internet

Se oye con frecuencia que todo el mal actual vendra ms bien del maldito, sarnoso Internet (6). Pero no fue la web la que diezm el periodismo, ya que ste haca mucho que vacilaba bajo el peso de las reestructuraciones, del marketing redaccional, del desprecio por las categoras populares, de la presin de multimillonarios y publicistas. No fue Internet que sirvi de caja de resonancia a las patraas de los ejrcitos aliados en la guerra del Golfo de 1991, o a las de la Organizacin del Tratado del Atlntico Norte (OTAN) durante el conflicto de Kosovo en 1999. Tampoco se puede imputar a Internet la incapacidad de los grandes medios de anticipar el derrumbe de las cajas de ahorro en Estados Unidos en 1989; de imaginar la debacle de los pases emergentes ocho aos ms tarde y por ltimo prevenir la explosin de la actual burbuja inmobiliaria, cuyo precio paga todo el mundo.

Por lo tanto, si verdaderamente hay que salvar a la prensa, sera mejor que el dinero pblico se reservara para los que cumplen una misin informativa confiable e independiente, no a los propaladores de chismes. El servicio del accionista y el comercio de cerebros disponibles encontrarn sus recursos en otra parte (7).

Dicho esto, tampoco nosotros escapamos al contexto de toda una informacin puesta patas arriba por una brutal recomposicin. Tras un ininterrumpido crecimiento entre 1996 y 2003, la difusin de Le Monde Diplomatique en los kioscos de Francia experiment un fuerte retroceso hasta el ao pasado, aunque la cantidad de suscriptores sigui aumentando. En trminos de ejemplares vendidos, un estancamiento real nos retrotrae a cifras de 1994, poca en que el peridico cre filiales. No obstante, el panorama mejora sensiblemente si a ese total se agregan las 73 ediciones internacionales (la primera, en Italia, data de 1994, la edicin chilena de 2000), los dos millones de ejemplares que se distribuyen y los cientos de miles de lectores en lnea de nuestro sitio Internet.

Pero audiencia e ingresos son cosas muy distintas. Las ventas en kioscos y las suscripciones representan de lejos nuestros dos principales pilares financieros (8). Los internautas contribuyen a aumentar la influencia del peridico, no a su existencia. Y aquellos internautas que nunca participan en nuestros ingresos operan a la manera de pasajeros clandestinos cuyo viaje pagan ntegramente los viajeros que compraron un boleto.

Para sobrevivir, tambin en la web muchos peridicos optaron por alinear su contenido con los supuestos gustos de sus lectores. Prefieren los artculos cortos y las noticias que les conciernen directamente. En Internet buscan ms bien lo que les facilitar la vida. Los textos extensos relativos a la poltica exterior son menos valorados, ya que los internautas se contentan con sobrevolar los ttulos. En Zero Hora, un diario brasileo que pertenece al grupo RBS, el departamento de difusin interrog a 120 lectores acerca de lo que pensaban del peridico del da. En 13 horas el director Marcelino Reich recibi un informe: En general, reclaman ms suplementos culinarios e inmobiliarios y menos artculos sobre el Hezbollah y los terremotos (9).

Confesemos que Le Monde Diplomatique no es el peridico que buscan esos navegantes

Pero este desinters, que tambin afecta las posibilidades de nuestro peridico, no es ajeno al desaliento de los que observan que por ausencia de suficiente eco y de relevos polticos, el anlisis y difusin de los principales dispositivos del orden social e institucional que condujo a la crisis tuvo escaso efecto. La lasitud del para qu sirve? reemplaz poco a poco al antiguo qu es lo que propone?. En nuestras pginas, las pistas y propuestas se sucedieron a lo largo de los aos: abolicin de la deuda del Tercer Mundo, reforma de las instituciones internacionales, tasa Tobin, nacionalizacin de los bancos, denuncia de los parasos fiscales, proteccionismo europeo, guillotina fiscal para algunas rentas del capital, desarrollo de la economa solidaria y de la esfera no comercial, etc.

Evidentemente, la decadencia del altermundialismo nos afect ms duramente que a otros. Aunque la hegemona intelectual del liberalismo fue cuestionada, su arcilla se endureci con rapidez. Ya que si la crtica no es suficiente, la propuesta tampoco: el orden social no es un texto que bastara con deconstruir para que se recomponga por s mismo; muchas ideas mellan el mundo real sin que los muros se derrumben. No obstante, a veces se espera de nosotros que los acontecimientos se plieguen a nuestras esperanzas comunes. Y en caso contrario, nos juzgan un tanto deprimentes

De cualquier manera, cuando se trata del futuro de este peridico basamos nuestro optimismo en una certeza: la de contar con el apoyo de nuestros lectores. Por el momento no aumentaremos nuestras tarifas. Las mantendremos lo ms bajas posible en los pases pobres. Proseguiremos acompaando a las nuevas ediciones internacionales, ofrecindoles que en sus comienzos paguen derechos limitados. Seguiremos estando a la cabeza de las tecnologas multimedia, sobre todo para interesar a las jvenes generaciones y as asegurar la transmisin de los valores intelectuales y polticos de nuestro peridico. Persistiremos en encargar grandes reportajes y encuestas a periodistas especializados e investigadores, tambin a militantes, a propsito de los conflictos en curso, las crisis, las alternativas, las nuevas experiencias de todo tipo. Nuestro desarrollo depende en gran parte de que nos acompae el apoyo financiero de nuestros lectores. La compra ms regular del peridico en kioscos, nuevas suscripciones y oferta de suscripciones a potenciales lectores; adhesin a la Asociacin de Amigos de Le Monde Diplomatique (en Francia, NdlR) nuestros amigos pueden intervenir de muchas maneras.

Hace poco apareci un nuevo dispositivo (en Francia, NdlR), que permite deducir el 66% de impuestos por donaciones a nuestro peridico. De esta manera, tras haber ayudado a los bancos, el dinero pblico podr finalmente servir, al menos en parte, para investigar sus trapaceras

Comparadas a las de otras publicaciones, nuestras prdidas pueden parecer modestas: 330.000 euros en 2007; 215.000 el ao pasado. Pero ningn banquero ocioso y ardiendo en deseos de jugar al mecenas se ofrecer para cubrirlas. Un peridico como el nuestro, cuyo director es elegido con participacin decisiva de la redaccin, cuyo personal es accionista, cuyos lectores poseen tambin una parte del capital, que ofrece suscripciones de solidaridad a las bibliotecas y crceles sin recursos (10), muy probablemente le parecera poco recomendable.

La cuestin es simple: quin otro que los lectores seguir financiando un periodismo de inters general abierto al mundo, que consagre dos pginas a los mineros de Zambia, a la marina china, a la sociedad letona?

Nuestro peridico no est exento de defectos, pero alienta a los autores que viajan, investigan, salen de su casa, escuchan, observan. Los periodistas que lo conciben nunca son invitados a los fastos polticos, no se casan con los lobbies farmacuticos o el sector financiero, no son habituales de los grandes medios de comunicacin. Por otra parte, los que destacan cada nueva frmula de otro peridico y transforman sus revistas de prensa en refugio reservado a cinco o seis ttulos, siempre los mismos, ocultan con cuidado Le Monde Diplomatique a pesar de su impacto mundial sin equivalente. En el fondo, es el precio de nuestra singularidad.

Pero contamos con muchos cmplices en otros lugares: la asociacin de Amigos de Le Monde Diplomatique, cuya existencia conforta la independencia de la redaccin y todos los meses organiza decenas de debates en torno a temas que nosotros desarrollamos; los kiosqueros que tratan que nuestro diario est bien a la vista y a veces lo recomiendan; los profesores que se lo hacen conocer a sus alumnos; la prensa alternativa, que aprovecha nuestras informaciones y algunos de cuyos animadores pierden el tiempo en nuestras columnas; muchos curiosos, algunos periodistas francotiradores, los de mal carcter

Y todos ustedes, sin quienes nada es posible.

(1) Aparecida a partir de 1972 en el Washington Post, la revelacin de las condiciones del robo del inmueble del Partido Demcrata (el Watergate) en la capital del pas, provoc la dimisin del presidente republicano Richard Nixon en agosto de 1974. Entre 1975 y 1989, The New York Times Co. vio pasar sus ganancias anuales de 13 millones a 266 millones de dlares. The Washington Post Co. pas de 12 a 197 millones en el mismo perodo. Confrntese con Howard Kurtz, Stop the Presses, The Washington Post National Weekly Edition, 3-5-1993.

(2) Alexander Cockburn, The Nation, Nueva York, 1-06-09.

(3) Citado por Columbia Journalism Review, Nueva York, enero-febrero 2008.

(4) En mayo de 2008 Bernard Arnault, segunda fortuna en Francia, PDG de LVMH y propietario del peridico econmico Les Echos, nombr a su hijo Antoine miembro del comit de independencia editorial del grupo Les Echos. Antes, Antoine Arnault ocupaba el cargo de director de comunicaciones de Louis-Vuitton

(5) Serge July, Jean-Franois Kahn y Edwy Plenel, Faut-il croire les journalistes?, Ediciones Mordicus, Pars, 2009.

(6) Es una frase de La Fontaine.

(7) Desde octubre de 1984, Claude Julien propona en Le Monde Diplomatique que las ayudas del Estado a la prensa, que en Francia representan el 10% del volumen de ventas del sector, se reservaran para sociedades sin fines lucrativos. Las que no podran tener como objetivo ganar dinero y distribuir dividendos. Sus ganancias seran transferidas a obras de utilidad pblica. Los diarios que optasen por dicho estatus no tendran pues oportunidad de excitar la codicia de los especuladores.

(8) En 2008 las ediciones internacionales pagaron a Le Monde diplomatique 350.000 euros de derechos de autor, es decir alrededor del 3% de su volumen de ventas.

(9) More media, less news, The Economist, Londres, 26-08-06.

(10) Vase www.monde-diplomatique.fr/abo/solidaires

Serge Halimi es Director de Le Monde diplomatique.

A la venta en quioscos, libreras y en la librera de Le Monde Diplomatique
San Antonio 434, local 14, Santiago
Telfono: 664 20 50
E-mail: [email protected]

Adquiralo por internet en:
www.editorialauncreemos.cl

Fuente: http://www.lemondediplomatique.cl/El-combate-de-Le-Monde.html



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