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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-10-2009

La dificultad de desnaturalizar nuestra forma de vida (o sobre la aseidad de la escoba)

Joaquin Miras
Espai Marx


Somos seres culturales. Vivimos conforme a principios y expectativas, actuamos conforme a saberes de actuacin. Hemos producido el mundo objetivo a partir de la materia, pero segn normas, segn pensamientos en los que se determinan o coagulan los saberes; saber hacer, saber producir, saber emplear, saber planear, saber de los fines. El ser humano se objetiva. Si partimos de esta idea, a saber, la de que la cultura humana es objetivacin nuestra, esperamos que sea fcil deliberar colectivamente sobre el cmo cambiar de cultura. Tratamos de invitar a la gente a ello una objecin previa:lo hacemos?de verdad lo hacemos? Tenemos instancias dedicadas a sugerir, a promover el debate sobre los usos, sobre los hbitos de vida? tenemos instituciones que ayuden en el nivel cotidiano y micro a construir, a organizar, entre varios, nuevas instancias directas de pensar para hacer, y de ejecutar, all donde se pueda, aquello que es posible? de darse esta circunstancia, podramos ser ya, al menos, el 20%, el 15 , el 10% el 16% en 1977 en Catalua- de la sociedad?. Quiz, un simple, solo 5% de seres humanos organizados en nuestra sociedad? Puede que, si acaso esto no se hace, si estas instituciones no existen, antes de pasar a un segundo considerando debiramos detenernos aqu y reflexionar sobre ello. Es un primer nivel a superar. Segundo nivel: podemos percatarnos de que slo pocos de entrada se suman a la cosa. Podemos preguntarnos: por qu? Y concluir, entonces, -no antes-, reflexionando sobre la maldad de la naturaleza humana, naturaleza egosta, que slo vela por lo suyo. Pero, es egosta y vela por lo suyo quien destruye bienes finitos, recursos limitadosetc?. Cabe detenerse un momento antes de dictar la conclusin, y plantearse aunque solo sea especulativamente, y para nuestra tranquilidad de alma: hay acaso otra respuesta?. cmo, si no es por el egosmo, podemos explicar ese hacer?

Busquemos la respuesta en la humilde escoba. Interpelmosla como si fuese un dios. Lemosla. Si leemos la escoba, si nos concentramos en su ser escobil, en su trascendente aseidad [1] de escoba risum teneatis; voy en serio-: si le preguntamos a alguien cualquiera sobre lo que es la escoba, nos dir: es una cosa que sirve para barrer. Pero, Es eso as?

En una novela de Julio Verne , me parece que Un capitn de quince aos, cuando el barco arriba a frica como consecuencia de las siniestras artes del malvado portugus Negoro , y los buenos caen en manos de una orda salvaje de negros, el cacique de stos toma de entre el botn que han hecho con las pertenencias de aqullos, una camisa de algodn embute cada una de sus piernas en sendos brazos de la camisa, y se ata los faldones a la cintura!

O sea los negros no saben leer ni entender el mensaje cifrado supuestamente inherente a la naturaleza de la camisa: pnteme por los brazos, abrchame en tu pecho, soy tu camisa, digno atavo de tu torso, no de tus partes pudendas. Es esto un dislate de la mente del escritor; acaso una insidia racista? es quiz una peripecia imaginaria simplemente novelesca eso que nos escandaliza en la novela?

Es que hemos fetichizado los objetos. Creemos que son dioses exteriores que poseen inherentemente inscritas en s mismas, las propiedades, los usos, los saberes, las habilidades que slo nosotros poseemos, y sabemos darles, que slo nosotros sabemos hacerles dar y hacerles hacer. Una escoba no es, -en consecuencia, no lo es-, una cosa que sirve para barrer. Es un bastn en uno de cuyos extremos hay un haz de hojas de palma. Faran podra hacer que lo usaran para abanicarlo, y Goliat podra usarlo, l mismo, como brocha para afeitarse. Narciso podra usarlo para llamar la atencin metindoselo pblicamente por el culo, y ponindose a cacarear a voz en grito nec rideatis, voy en serio-.

Fetiche: se atribuye a un objeto propiedades humanas, se atribuye a las cosas las capacidades y facultades que operamos nosotros. Y se las naturaliza: forman parte del objeto. Lo que hacemos nosotros cotidianamente, lo que ponemos por obra para producir y reproducir nuestro vivir, y que surge de nuestros actos, que es controlado como hacer por nuestra mente productiva, sin embargo, es pensado por nosotros como algo ajeno a nosotros. Como algo que en realidad no gobernamos nosotros, como algo que es externo a nosotros y que impone causalmente el mundo de cosas existente, por la propia naturaleza de las cosas mismas. Que las cosas que hay porque las hemos creado y las operamos nosotros, son ontolgicamente lo primero, y que las propiedades naturales que ellas poseen, nos imponen el uso, nos imponen el vivir, un vivir, el que existe, sin posibilidad de otro. Perro esclavo, same para barrer, yo te lo ordeno. El mundo est concluido y cerrado perfectum-. Nos vemos obligados en consecuencia a seguir haciendo segn lo que hay. Nos resignamos: nada distinto de lo existente es posible.

Bueno ya podis ver por dnde voy. Voy por una de las caractersticas inherentes a la mente humana. Al pensamiento cotidiano. Nunca, nada, ha sido, jams, ms difcil, para nadie, que objetivar el interior del ser humano: su propio interior subjetivo. Nunca, nada, jams, para nadie, ms difcil. El interior humano, es decir, no el complejo de Edipo ni la mancha del pecado original en el alma-, sino el mundo constitutivo nuestro: los usos, las costumbres, los principios, los valores, los hbitos, los saberes prxicos, el saber cmo se debe sentir, qu acto ya se pasa de lo correcto y aceptable, qu acto es heterodoxo, el saber qu es el tacto, el saber cmo se utiliza una mquina y cmo un concepto, el saber cmo se disea y se objetiva una mquina y cmo un concepto o un algoritmo y el saberlos, no como cosas externas a nosotros, que existen gracias a su propia, divina, aseidad, sino el saberlos como lo que son: productos de nuestra mente activa, creaciones de nuestro espritu, recreaciones reproducidas, recreadas, en nuestros espritu de creaciones previas, a su vez, productos de la actividad creativa de otros espritus. Porque todo eso no nos parece ser, existir y depender de nosotros, sino ser algo natural o externo a nosotros mismos. Y sin embargo es lo que nos constituye como seres humanos, es lo que nos hace seres humanos, y adems, es el mundo producido por nosotros mismos, por cuya mediacin nos constituimos y creamos a nosotros mismos como seres humanoses nuestra sustancia que hemos de hacer operar, que hemos de aprender a operar y que existe porque la operamos, la hacemos ser, la creamos en nuestros actos, las reproducimos como dioses creadores, perennemente, una y otra vez, la enseamos a los que nos suceden pues esa nuestra sustancia la sentimos como algo externo, ajeno, inmodificable, naturaleza.

Consiguientemente, objetivar la cultura en su esencia, objetivar lo que es la cultura en su esencia es fundamental para poder tratar de pensar en su cambio. Pero objetivarla es un proceso para el que nos debemos dirigir, no como se hace espontneamente, segn el pensamiento cotidiano, hacia la cosa misma, considerndola algo en s externo a nosotros, sino que debemos volver nuestra atencin hacia el interior nuestro, donde est radicada, donde habita el espritu creador creator spiritu mentes tuorum visitans: risum teneatis, voy en serio- que somos nosotros mismos, y all, en el interior nuestro, tomar consciencia de su objetividad, de su ser en nosotros, de su ser parte objetiva, constituyente, de nuestro singular Espritu Subjetivo; parte de nuestra subjetividad, de nuestro interior. Cuando nos percatamos de que la escoba no posee manual alguno de instrucciones inherente a su aseidad de escoba, a su esencia escobil, que nada esencial trascendente determina su divina aseidad, sino que somos nosotros los que lo hacemos; cuando tomamos consciencia de que si no nos tratamos de afeitar a escobazos es porque vimos a mam barrer, y aprendimos los gestos, los pasos, -las operaciones, segn Leontiev- de las manos, las cadencias, los ritmos, y los esquemas integradores de todos estos elementos (actos segn Leontiev) y los fines a los que se dirigen (actividades, segn Leontiev) y los pre juicios orientadores que dan sentido a las mismas: que un comedor no debe tener migas, que no somos animales, y, adems, que esta tarde viene mi suegra... cuando alcanzamos a desdoblarnos en nuestro mundo interior, respecto de eso, y a objetivar, a tomar conciencia de que todo esto est en el en s interior nuestro, que eso no es algo externo a nosotros, ajeno a nosotros, enajenado, natural por ser de naturaleza distinta a la nuestra, sino que es nuestro actual en s cultural nuestro actual Espritu Objetivo-, cuando hemos tomado consciencia de eso que es la escoba, o sea un proyecto producto de nuestra mente, al que hemos dotado de un soporte externo objetivndolo en una material mediante nuestra praxis, entonces hemos elevado a consciencia, hemos objetivado, hemos aferrado un En s como lo que es: como parte de nuestra subjetividad interior: es decir y ahora, por favor, msica de Haendel: el Aleluya! del Messias, a ser posible- hemos hecho que el En s, que es nuestro mundo cultural interior autocreado, sea aferrado y pasado a consciencia como Para s -aleluya, aleluya, paraparapararar!!!- Bueno, pues esta es la operacin ms difcil, siempre, desde siempre, para la mente humana. Nada ms difcil que el aferrarse uno a s mismo como objeto de su propio saber, y comprender, en consecuencia, que el objeto, los objetos que uno percibe no son sino el propio saber del ser espiritual intelectualmente activo que somos, y el ser espiritual activo de otros semejantes a nosotros. Nada ms difcil que eso. Hegel as lo entendi. Y antes que l, Fichte. Tambin lo entendi as Vigotsky.

Concete a ti mismo como el producto de un proceso histrico desarrollado hasta hoy: el orculo de Delfos? No, no, no!!! El marxista subjetivo Antonio Gramsci... Esa tarea la ayuda, a esa tarea subviene, esa tarea la realiza esa es, su misin autorreflexiva, su esencia!- la filosofa. Esa es la aseidad de la filosofa: ser reflexin segunda sobre el mundo interno humano a partir de la experiencia que en tanto que sujetos, hemos desarrollado como consecuencia de nuestra praxis de vida. La filosofa surge y arraiga cuando un orden cultural moral se descoyunta y las expectativas que haba generado en los sujetos de salud, de felicidad, de , de buena vida en resumidas cuentas, es autocontradictorio con lo que produce(signo de los tiempos: hoy el liberalismo ya no se puede vender como matute intelectual pero reparamos en ello en todo su significado?.Si es as, si el pensamiento legitimador levantado con tanto trabajo y costos econmicos, y con tan feroces ataques al pensamiento libre, por el capitalismo para manipular las consciencias se esfuma en el aire; si el liberalismo se mantiene slo no es poco ciertamente- por controlar todos los resortes de poder y por haber cooptado materialmente a las elites, a las vanguardias de la izquierda, ignoraremos que el enemigo se encuentra en crisis moral e intelectual y que nos toca estar a la altura de las circunstancias?): Entonces, en esa situacin, este saber autorreflexivo se generaliza y extiende - l, o sus sucedneos espurios, las religiones, las psicologas individualistas, los misticismos, las fantasas apocalpticas, que sustituyen al logos [2] creador autoconsciente del sujeto - y entonces, a partir de esa experiencia entramos los plmbeos marxistas subjetivistas con nuestro erre que erre filosofante pero no filosofa como discurso en libro: el En s, oh Kalikatres sapientsimo, debe ser transformado en Para s픅etc; sino con la propuesta filosofante que se vuelve de inmediato hacia la praxis y propone un intento de hacer cosas en grupo, en pequeo grupo, cosas que sean otras, nuevas. Acciones que salgan, al igual que las anteriores que producan y reproducan la cultura material del capitalismo, de nuestras mentes, a travs de nuestros actos. Cambiar la cultura. Comenzar a cambiar la cultura desde las formas de vida. Tomarnos en serio la propuesta Gramsciana de reforma moral e intelectual que cambie el espritu objetivo, esto es, la cultura - civilizacin existente. Que asuma medirse con ella en combate. Para ello tenemos a nuestro favor el nuevo espritu del tiempo zeit geist!!!-: tanta gente explotada que crey en el discurso individualista orgnico del capitalismo, tanta gente explotada que crey poder medrar, se haya en el desengao, o en la desesperacin. Y la cosa no para. Datos dicen que el crdito sigue reducindose, sigue y sigue reducindose, en EEUU un 10% anual. Y siguen destruyndose empleos a mansalvaEl mundo intelectual propagado por el enemigo se desvanece. Cambia el espritu del tiempo en las mentes de las personas: poca, nosotros, en romance, le llamamos as. Un periodo hace poca. No podemos seguir, como el boxeador sonado, sin percatarnos de las deficiencias, de las dificultades del enemigo. Porque no es que nos las estemos inventando nosotros, imaginndonos por ensima vez la lucha final. Esta vez ocurre que la gente cambia de forma de experimentar y pensar su vida; es la gente, la que se inquieta, se angustia, se desengaa; esto no es una especulacin gratuita nuestra, unas curvas Kondriateff

Hasta aqu nosotros hemos cumplido con nuestra tarea; no hemos sido asimilables, no nos hemos dejado, nos hemos negado; hemos resistido. Hemos hecho gala y exhibicin de nuestro arrojo. Nos hemos seguido denominando - et caos et flegetonte et omnia loci terribile dictu!!!, Eneas a las puestas del Averno!!!-: comunistas!!!. Nos hemos reclamado herederos de la derrota. Nos hemos negado sin transigencia: non serviam no te servir. Ahora, hemos de dar un paso ms. Pequeito, a la altura de nuestros recursos, pero en la confianza de que el mundo es grande y que, seguro, como nosotros, hay ms personas. Y que entre las cosas a hacer, est el reconocernos y el juntarnos. Debemos recordar que el marxismo es el nombre de una prctica; de una actividad reflexionada filosficamente, pero praxis. Que tratamos de reflexionar esa actividad utilizando para ello toda la sabidura cultural de la cultura, en sentido antropolgico, en la que el marxismo, la filosofa de la prctica arraiga. La filosofa para la vida de la clasicidad, el saber de la Revolucin Francesa, con la nueva aparicin de la plebe en la escena poltica, que marca el nacimiento de la nueva era, la Edad contempornea. El monumento de reflexin sobre ese gran acontecimiento, y que es la obra de Hegel, las revoluciones del siglo XlX, y la revolucin rusa y sus consecuencias. Pero, ante todo, la filosofa de la prctica es un saber prctico, un saber para ser vivido, y para vivir reflexivamente. Una praxeologa. Hasta ahora, en tiempos muy difciles, fuimos como Jernimo, el indio apache que se neg a pactar, y asumi la derrota; se asumi a s mismo como derrotado, como prisionero, pero no esclavo, no como vencido. Recurrimos para ello, al igual que l, no a la racionalidad estratgica, sino a la moral. Y seguimos aqu. Hemos demostrado que la cruda respuesta negativa, tosca, primitiva es mil veces superior a la turbulenta, aparentemente sabia y culta, finezza del Doctor Fausto, quien una vez se aviene a transar con su alma para prolongar su vida, desaparece, implota y se esfuma, se pervierte. Nadie puede querer conocer qu es lo acertado hacer para adaptarse y preservarse en el futuro sin perderlo todo, sin perderse a s mismo, ya en el presente. Nadie puede pensar lo que ha de venir, que es por su propia naturaleza tan incognoscible que incluso depende de lo que estemos haciendo todos ahora. Por eso, es de sentido comn, nosotros hemos hecho lo que debamos hacer y podemos estar orgullosos de ello. Pero ahora conviene dar un nuevo paso. Conviene recuperar la iniciativa prctica, arraigarla en los miles de recovecos y escondrijos posibles que ofrece esta compleja sociedad. Conviene que nos busquemos los unos a los otros para comenzar a organizar eso.

Es decir, llegados aqu, se echa en falta, necesitamos de nuestro intelectual orgnico filosofante para partir de la crisis moral que hay, para asentar nuestra reflexin filosfica en la experiencia de insatisfaccin que hay ya, y luego, tras proponer pequeas prcticas cotidianas directas, sobre la nueva experiencia emergente que acompaa a las nuevas capacidades activas y a las nuevas pautas culturales y valores y principios inherentes al nuevo hacer. Un intelectual filosofante que sea orgnico, esto es, interno al movimiento de reforma cultural, que est en la vanguardia, esto es, en las trincheras y casamatas donde corre la vida, no en el estado mayor , o al arrimo de los presupuestos generales del estado. Que considere que sobre eso, habr de ser el movimiento el que delibere, y que sean las personas que lo constituyen quienes, a la luz de la informacin, a la luz de las ideas que hagan pblicas en el seno del movimiento quienes posean saber tcnico, decidan cmo actuar en relacin con esos presupuestos, y a quin mandatar como agente fiduciario bajo toda sospecha, siempre bajo toda sospecha, para delegarle provisionalmente la operacin de los mismos no habr ni un 5%, un 10%, o un 16 %, de personas interesadas en estas ideas, dispuestas a adoptar pequeas resoluciones activas ya desde ahora?

Debemos recordar una vez ms lo que nos explicaba Rosenberg sobre la democracia. Para no olvidar que hablamos de poltica. Que la democracia no es votar, sino el nombre de un movimiento organizado, activo, que se construye a s mismo como cultura de vida, se dota de un ethos, y, precisamente a consecuencia de esto, como su consecuencia, se construye a s mismo como poder soberano que hegemoniza y ordena un mundo, una sociedad. La democracia es una forma de vida, un vivir libre, libre de esclavitudes, un vivir colectivo que posibilita la libertad, esto es la situacin en que el desarrollo de cada uno es condicin del desarrollo de los dems Manifiesto Comunista-, y que este desarrollo colectivo, cultural, de nueva vida pueda desembocar en un cambio de sociedad. Que el movimiento denominado la democracia es el que genera con su praxis poltica y cultural, -poltica por tener la ambicin de crear un orden cultural nuevo, por ser cultural- el bloque social, la nueva hegemona.

Anoche tuve un sueo. Me visit en visin proftica la sagrada escoba. Y me advirti sobre el futuro ya presente. Sobre el presente del presente en tanto que futuro del pasado las escobas son muy suyas a la hora de expresarse cuando profetizan-. Y me advirti: El capitalismo est entrando, l tambin y a su vez, en su periodo de las consecuencias. Ya s que t como buen latino prefieres esta denominacin a la de neue zeit geist el nuevo espritu del tiempo. Hemos entrado en otra poca, en la poca nueva en que la moda que se imponga sea la de la ciudadana la de la democracia, y por ah, por ah, tambin, la de aquello de proletarios de todo el mundo, unos

As me dijo la sapiente escoba. Y esta es la profeca que yo os he revelado. Desde luego, y estaremos, seguro, de acuerdo todos en esto, no hay mejor modo de que se cumplan las profecas que el de romperse los cuernos para sacarlas adelante, crindolas a pechos de nuestra actividad: lo dice Kant! ; os lo juro, lo dice Kant!!!. Risum teneatis, todo, completamente todo esto, lo digo en serio-

[1] Diccionario de la Real Academia (DRAE): aseidad. (Del lat. a se, por s).1. f. Atributo de Dios, por el cual existe por s mismo o por necesidad de su propia naturaleza.

[2] DRAE: logos. (Del gr. λόγος). 1. m . Fil. Discurso que da razn de las cosas. 2. m . Razn, principio racional del universo. 3. m . En la teologa cristiana, Verbo o Hijo de Dios.

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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