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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2009

La responsabilidad poltica de un presidente

Alpher Rojas Carvajal
Rebelin


Hay ocasiones -deca Carlos Marx- en que los sectores dominantes llegan a tales niveles de degradacin tica que hasta la propia legalidad les parece subversiva. Sin duda, no se trataba slo de un retrato de la turbulenta poca en que le correspondi reflexionar a este lcido progenitor de las ciencias sociales. Tambin era un pronstico de largo plazo que entraaba una aguda observacin premonitoria relacionada con las dinmicas del sistema de acumulacin por l criticado.

En efecto, el debilitamiento del Estado, las aceleradas globalizaciones de los flujos financieros y de las comunicaciones, la gigantesca ola consumista, la racionalidad instrumental medio-fin (Weber) y el perverso individualismo metodolgico, que atrap a una parte de la sociedad en las vacuidades novedosas del pensamiento posmoderno, ha conducido a un transitorio congelamiento de las expectativas democrticas por una sociedad ms tica, ms igualitaria y respetuosa de las diferencias. Y en su lugar ha puesto en la escena fulgurante de los medios el paradigma de la competencia, una praxis lujuriosa del libre mercado en el que la regla de oro es, sencillamente, que no hay reglas y que en su ms prstino significado traduce: slvese quien pueda.

La paradoja es que casi siempre esa competencia no es entre iguales, sino que se reduce al pulso librado entre un opulento magnate (lase pas, banco o multinacional) bien dormido y bien comido y un famlico individuo sin reflejos (lase pas, empresa o ciudadano), publicitada por las tecnocracias transfronterizas como panacea para asegurar la confianza inversionista.

La sociologa jurdica moderna, en especial aquella que tiene que ver con la formacin de las leyes, visibiliza las costuras del modelo competitivo e indica cmo a partir de la vigencia del Consenso de Washington pivote de la globalizacin neoliberal-, los ordenamientos legales son diseados por los abogados de las corporaciones transnacionales en las reuniones de los pases poderosos cuyo objetivo es la maximizacin de utilidades. Flexibilizacin, exenciones, subsidios, garantismo corporativo, son figuras inscritas en la matriz del nuevo sistema mundial, pues el progreso anunciado al final no consiste en un esfuerzo comn por desplazar la pobreza o las fronteras de la escasez, sino en juegos que no sumen nada porque una parte debe pagar lo que otros ganan.

Hay que recordar que los pases desarrollados, que abrigan el 21% de la poblacin mundial, controlan el 78% de la produccin de bienes y servicios y consumen el 75% de toda la energa generada (1). En ese escenario en el que la economa subordina a la poltica, los mandatarios tercermundistas, cual autmatas secuenciales, cumplen acrticamente el papel de legitimar ante sus parlamentos los intereses del mercado mundial para el usufructo de los recursos nacionales, en enmascarados procesos que desembocan a mediano plazo en macrocrmenes (biolgicos, ambientales, econmicos, culturales, militares o polticos) disfrazados como contingencias de la crisis para facilitar la cohesin social.

En estas circunstancias, los resquicios por los que se refina el crimen de cuello blanco y, an, la pequea y mediana industria de la delincuencia -que as entrecruza sus planos con el poder legtimo-, son mltiples. Pero los principales estn en los respiraderos mviles y en las falsas barreras de las nuevas leyes, facilitadoras y propiciadoras de impunidad y privilegios. Nunca antes los criminales haban sido tan globales, tan ricos ni tan polticamente influyentes (2) advierte Moiss Naim, editor de la acreditada revista Foreing Policy. Para quien estas elites corruptas representan un poder econmico que mueve el diez por ciento del comercio mundial.

En esa misma lnea ilustrativa, muchos aos despus de su deceso el notable dramaturgo alemn Berthold Brecht ( Pero, cmo puedo comer y beber cuando le arranco al hambriento lo que como, y mi vaso de agua le falta a un sediento?), vera -en el contexto de la crisis financiera mundial del siglo XXI- hecho realidad su apotegma moral sobre la similitud delictual entre crear un banco y atracarlo.

Esa realidad transnacional que, a todas luces resulta aplastante para los pases pobres y decepcionante para los espritus frgiles, es transvasada en apropiadas dosis a nuestra cultura institucional. Colombia, en lo que va corrido de este siglo ha metabolizado modelos depredadores, normatividades complacientes y jurisprudencias exculpatorias que, de alguna manera, son extraas a nuestra personalidad histrica y que generan las condiciones de exclusin y fractura social en que se asienta el modelo de desarrollo violento actualmente en boga.

La apropiacin de estas concepciones ha entraado para el pas la profundizacin de irritantes desequilibrios sociales, que se expresan tanto en los factores de concentracin de la riqueza y las oportunidades, como en una rampante corrupcin de las elites en el poder. El gobierno neoconservador del presidente Uribe Vlez, pese a las estrategias mediticas para ocultar su descomposicin tica, no ha logrado taponar la filtracin semanal de frecuentes hechos de venalidad desde el primer da de gobierno en que design al hoy sujeto procesal Fernando Londoo Hoyos como ministro del Interior hasta el escndalo de este mes Agro Ingreso seguro, programa que ha repartido 1,4 billones de pesos, especialmente a familias terratenientes multimillonarias, con fuertes lazos polticos y partidistas con el gobierno.

El Instituto del Pensamiento Liberal, bajo el ttulo de El Frenes del Poder (3) public entre los aos 2003 y 2007 una investigacin en dos folletos con la antologa de los actos de corrupcin de la administracin Uribe Vlez, en la que se registran ms de 167 conductas delictuales, que en su momento causaron asombro. Y en la serie El embrujo autoritario (4), la Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, consigna una amplia resea de los favorecimientos, apropiaciones violentas de tierras, desplazamiento de campesinos y violacin de derechos. Pero an no haban aparecido en escena las Chuzadas y el espionaje del DAS ni los falsos positivos, eufemismo para disfrazar las ejecuciones extrajudiciales de jvenes campesinos a manos de la Fuerza Pblica, ni el cohecho notarial de la presidencia ni las macabras revelaciones de los jefes paramilitares, ni las zonas francas de la familia presidencial, ni el estudio del investigador Lus Jorge Garay sobre la contrarreforma agraria que despoj a los campesinos colombianos de 5.5 millones de hectreas de tierras productivas.

No obstante, Uribe Vlez a travs de diversas modalidades de control social y con el ejercicio simblico de ritos de sacralizacin, jerarquizacin, compasin y miedo, ha sustrado su figura a las constantes sindicaciones. Salvar responsabilidades y adjudicarlas a construcciones ilusorias de sus adversarios, o restarles importancia mediante la activacin de sorpresivas bombas de humo con las que hbilmente encubre el hecho precedente, es una caracterstica de su estilo de gobernar.

Segn la tradicin constitucional, el gobierno lo conforman el Presidente y sus ministros. Ello implica que la responsabilidad poltica est en cabeza del jefe del gobierno. De no ser que los propios colombianos ejerzamos una suerte de voto castigo a la conducta presidencial, slo la Corte Penal Internacional, como mecanismo de la Justicia global podra asumir el juzgamiento de la responsabilidad poltica del mandatario. Una sabia sentencia rabe dice: Los heraldos que tocan a t puerta t los has llamado y no te has dado cuenta.

- Alpher Rojas Carvajal es analista poltico, investigador social y director de la Corporacin de Estudios Sociopolticos y Culturales Colombia Plural.

1 Santos, Boaventura de Souza (2006) La cada del Angelus Novus. Ilsa, Universidad Nacional de Colombia

2 Naim, Moiss (2006) Ilcito, Debate editorial.

3 Instituto del Pensamiento Liberal (2005/2007) El Frenes del Poder. Sherditores IPL

3 Plataforma colombiana de DD.HH., (2003/04/05/06/07) www.plataforma-colombiana.org



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