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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-10-2009

Irlanda
Los lmites de la oposicin a la UE

Jos Antonio Gutirrez
Diagonal

Con la reciente aprobacin irlandesa en referndum del Tratado de Lisboa, el proyecto de la UE sale reforzado. Un proyecto no construido desde abajo, democrticamente, sino para y desde los poderosos. Cerca del inicio del semestre espaol para presidir la UE, conviene analizar la oposicin a este proceso.


La nueva y eficiente Europa que, segn las promesas del Gobierno irlands, presidido por Brian Cowen, llegar supuestamente despus de la aprobacin del Tratado de Lisboa, tuvo una demostracin prctica en el referndum celebrado el 2 de octubre en Irlanda. Cosa preocupante, ya que lo que presenciamos fue un acto profundamente antidemocrtico. Esta experiencia prctica de democracia europea demuestra que, para la UE, sta solamente vale cuando el pueblo vota de acuerdo a los intereses de su clase dirigente. No es la primera vez que tal cosa ocurre: cuando el Tratado de Niza fue rechazado en 2002, la historia fue la misma. En el caso de Niza, al menos, hubo un argumento tcnico la escasa votacin durante el primer referndum. En el caso de Lisboa, no hay tal argumento: el primer referndum fue rechazado por un amplio margen y con una votacin elevada.

Y justo cuando vean la manera de poder presentar nuevamente lo impresentable, lleg la crisis econmica. sta, en casi cualquier otro pas, hubiera sido una razn ms para rechazar las propuestas de la Europa del Capital, que, efectivamente, es la responsable del desastre social que nos agobia. Pero en Irlanda la realidad es otra: con un analfabetismo poltico asombroso y con un bajsimo nivel de organizacin o movilizacin social, el pueblo mordi el anzuelo. El Gobierno culp a la no aprobacin del Tratado de Lisboa de la crisis: cuatro millones de irlandeses caprichosos y renegones haban sido, segn ellos, responsables del desastre financiero. Y luego vino la debacle econmica y social: el tigre celta fue devorado por las vacas flacas, el desempleo volvi a subir, a los empleados pblicos se les recort el salario en un 10%, al resto de los trabajadores nos impusieron un nuevo impuesto para poder ayudar a aquellos honrados y esforzados banqueros, cuyo salario de un ao equivale al salario de cien aos de quien escribe. No estoy exagerando: un ejecutivo del Banco de Irlanda gana dos millones de euros anuales.

Es en este contexto en el que debemos entender el resultado del segundo referndum de Lisboa. El pueblo irlands fue sometido a un autntico aluvin de propaganda terrorista: de rechazar el Tratado de Lisboa nuevamente hasta se nos impedira volver a participar en Eurovisin! El Tratado fue dotado de una serie de cualidades mesinicas, de poderes para revertir mgicamente la situacin calamitosa de nuestra economa. De qu manera exactamente Lisboa dara la dichosa recuperacin econmica o creara nuevos empleos es algo que no se aclar. Pero la propaganda no dej de tener un hondo impacto. La gente quiere recuperacin, quiere trabajos: y en el actual contexto crey en las promesas vacas. Fue una reaccin desesperada y que era muy esperable en un pas con una izquierda minscula y con una tradicin de activismo ciudadano prcticamente inexistente.

La campaa de la oposicin no tuvo ninguna oportunidad: con la crisis jugando en su contra, sin los millones de euros en propaganda con que contaba la campaa del s, sin siquiera la ms mnima unidad en el discurso, era muy difcil que pudiera revertir esta situacin. Hay que ser claros: la misma situacin fue cierta durante el primer referndum, pero el contexto era otro. El no tuvo una propaganda mucho ms pobre que en la primera ocasin, aun cuando, de haberse hecho una campaa ms didctica, ms clara y ms coordinada, podra haber usado a su favor el nuevo contexto de crisis, crisis que, por lo dems, es producto de las polticas del bando pro-Lisboa. Es impensable que pudiera haber habido una nica coalicin por el no: detrs de este voto estaban la izquierda y sectores de derecha, empresarios atlantistas como Declan Ganley y ultraconservadores religiosos cuya motivacin para oponerse era su temor a que la UE fuerce la aprobacin de leyes que regulen el aborto.

Pero no hay ningn argumento vlido para que los sectores de izquierda contrarios al Tratado no hayan sido capaces, pese a las diferencias, de poner tres ideas fuerza en comn y trabajar en funcin de ellas para mandar un mensaje slido a la poblacin aun cuando hubieran mantenido la posibilidad de hacer propaganda por separado ante otros aspectos en los que no estn de acuerdo. Lamentablemente, este nivel de madurez poltica no existe en Irlanda: cada partido, cada grupo, cada movimiento, cada colectivo se content en sacar su propio volante fotocopiado y en liderar su propia campaa. Todos estos grupos prefirieron ser cabeza de ratn a ser cola de len, y con ello demostraron por qu no existe una tradicin de izquierda significativa en Irlanda. La lgica sigui siendo la que prima en absolutamente todas las actividades que la izquierda irlandesa realiza: captar votos, captar militantes, captar la atencin por un segundo, en vez de realizar cambios polticos y sociales contundentes y significativos. La falta de ambicin de la izquierda irlandesa es abismal y eso es exactamente lo que se reflej en esta ocasin.

El voto a favor del no, segn las reas donde se concentraron los votos, demuestra que la oposicin a Lisboa es una oposicin fundamentalmente de clase trabajadora, aun cuando los sindicatos, siempre serviles a la patronal, hicieran campaa en el mismo bando de multimillonarios antisindicalistas como Michael OLeary, el jefe de Ryanair. Sin embargo, la izquierda republicana Sinn Fein es la nica que tiene un asiento de alguna importancia en estas reas y fue incapaz por s sola de movilizar a gran cantidad de gente a votar segn sus intereses de clase. La izquierda no republicana es, fundamentalmente, de clase media, y durante esta campaa predic en el desierto, ya que la clase social a la que su discurso lleg estaba completamente detrs del s. Un trabajo ms coordinado y decidido podra haber logrado que la clase trabajadora en su conjunto se inclinara a favor del no, lo cual podra haber torcido la mano a este segundo referndum.

Si el primer referndum fue un obstculo momentneo para el proyecto de la Europa del Gran Capital, al desnudar la falta de consenso y de apoyo social real que hay detrs de l, este nuevo referndum demostr las limitaciones de quienes se le oponen. Es ms necesario que nunca generar espacios de unidad desde la base, en los cuales pueda darse cuerpo a esos niveles de cooperacin mayores que son necesarios para golpear a un modelo que se est imponiendo con una maquinaria legal, poltica y econmica enorme, y que no ser derrotado sencillamente en un referndum. Aun cuando hubiramos derrotado por segunda vez a Lisboa, a fin de cuentas, hubieran encontrado la manera de implementar esas reformas y no hubiramos logrado ms que demostrar una vez ms la crisis de legitimidad de esta UE.

Pero, y despus qu? La izquierda europea pierde terreno ante la derecha por su incapacidad, por una parte, en concretarse en alternativas y, por otra, por su incapacidad de confrontar, en trminos reales, a la Europa del Capital. La izquierda europea intenta patalear de manera respetable y ni siquiera parece capaz de indignarse. Mucho menos, de romper con los mecanismos de encuadramiento de clase a los cuales ha sido sometida en 30 aos de derrotas sistemticas: los partidos de izquierda en descomposicin, cada vez ms pro business, y sus sindicatos, que hace mucho rato que de trabajadores no tienen ni el tufo. Para derrotar a la antidemocrtica Europa del Capital, tendremos que aprender a romper con estos lastres y perder el miedo a confrontar, en la calle, de manera enrgica, al orden impuesto. No queda otra.

Jos Antonio Gutirrez D. Analista poltico residente en Irlanda, investigador del Latin American Solidarity Centre

https://www.diagonalperiodico.net/Irlanda-los-limites-de-la.html



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