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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2009

Puerto Rico
De la protesta a la insurreccin civil

Carlos Rivera Lugo
Claridad


Como deca uno de los tantos carteles que se vislumbraban entre la muchedumbre durante esa histrica jornada de insurgencia civil del pasado jueves 15 de octubre, era la Marcha de los desafortuados contra los capitalistas afortuados, en alusin a las polticas neoliberales del principal objeto de la rebelin popular, el gobernador colonial Luis Fortuo. La contundencia de la protesta reson no slo por todos los rincones de Puerto Rico, sino que tambin a travs de las Amricas. Y es que ese da, el pas se transfigur y nunca ser igual. La soberana empez a construirse por donde en fin se constituye todo poder: desde cada uno.

El neoliberalismo hizo nuevamente gala de su gran fracaso como proyecto econmico y poltico comprometido con la restauracin de un poder sin lmites para el capital y la consiguiente desposesin de los ms. La separacin entre capital y trabajo nunca fue tan tajante, sobre todo hoy en que, desde el Norte hasta el Sur, el capital pretende, luego de la crisis global del pasado ao, recuperar sus escandalosas tasas de ganancias an a costa de la reduccin de empleos o el empeoramiento de las condiciones laborales. Crecimiento sin empleo parece ser su fatdica receta.

Sin embargo, al igual que en tantos otras partes de Nuestra Amrica, el ciudadano comn de esta nacin antillana tom la palabra y las calles determinado a iniciar una nueva era de solidaridad social en torno a fines compartidos. Su voz apalabraba la ira, aunque su rostro irradiaba esperanza. En un pas que lleva ya dos aos en recesin y cuya tasa oficial de desempleo asciende prcticamente a un 16 por ciento, los miles de empleados pblicos despedidos que marchaban pedan trabajo y no ddivas pblicas. An los que todava no se atrevan a sumarse a la rebelin y acudieron a sus respectivas labores ese da, no dejaban de reconocer como justos los reclamos de stos.

Una agencia de noticias mexicana inform como sobre 200,000 ciudadanos respondieron a la convocatoria del paro nacional hecho por una coalicin integrada por decenas de organizaciones sindicales, agrupaciones profesionales y movimientos polticos y sociales. La agencia Reuters dio testimonio de cmo decenas de miles de puertorriqueos que protestaban por el despido de de miles de empleados pblicos por el gobierno colonial, haban paralizado el centro de San Juan, la ciudad capital de la Isla.

Asimismo, Prensa Asociada dio detalles de cmo la marcha y la huelga general paraliz a Puerto Rico, as como de la calificacin de comunistas que le asignaba a todos los manifestantes el secretario del gobernante Partido Nuevo Progresista (PNP), Hugo Prez. La BBC provey igualmente constancia de la masiva protesta, indicando como fue calificada por algunos como una jornada histrica, a la vez de que inform de la determinacin de Fortuo de no dar marcha atrs a los despidos y dems polticas neoliberales adoptadas e implantadas por su gobierno.

Por su parte, desde Telesur hasta el New York Times se le daba despliegue a la respuesta de la multitud congregada ante la intransigencia gubernamental, segn informada por uno de sus representantes, el obispo metodista Juan Vera: la declaracin de un estado de insurreccin civil pacfica del pueblo de Puerto Rico. Pasamos hoy de la protesta a la resistencia y de la resistencia a la desobediencia civil, sentenci Vera, portavoz de la Coalicin de Todo Puerto Rico por Puerto Rico.

Finalmente, el periodista Jorge Ramos de Univisin se encarg de entrevistar agresivamente al gobernador Fortuo ante el masivo rechazo cosechado por sus polticas y le plante la gran interrogante que crecientemente ocupa las mentes de unos y otros a travs del espectro poltico puertorriqueo: si dicha amplia repulsa y la significativa prdida de la confianza pblica le puede llevar a renunciar a su cargo. Visiblemente sorprendido con la pregunta, Fortuo pretendi asegurar que no pasaba por su mente. Sin embargo, el sbado siguiente cuando acudi, en la ciudad de Toa Baja, a una reunin de la direccin de su Partido, se top con el cntico de un centenar de manifestantes que coreaban: Y si no le gusta a Luis, que se vaya del pas!

Puerto Rico ha pasado as de la crisis, en la que hace ya un tiempo se halla, a la omnicrisis. El conflicto trabado es entre dos subjetividades y voluntades diametralmente opuestas acerca del futuro del pas. Una es expresin de los deseos y aspiraciones de los grupos llamados subalternos, es decir, los que viven o desean vivir de su trabajo. La otra est representada por la autoridad que pretende ejercer el rgimen colonial para contener las fuerzas sociales subalternas que crecientemente resisten al mando insensible e irracional del capital.

El rgimen colonial-capitalista slo pretende controlar el conflicto; en nada interesa solucionar las contradicciones que le constituyen. De ah que las contradicciones se presentan como insalvables y como tales se manifiestan ya por doquier, incluso en nuestros tribunales y, particularmente, en el Tribunal Supremo de Puerto Rico. Con ello, el sistema pierde un instrumento imprescindible para intentar, desde su perspectiva, manejar el conflicto actual, sobre todo ante la clara identificacin de la actual mayora de sus integrantes con los objetivos clasistas del presente gobierno neoliberal. Lo que le queda a la multitud soberana es, pues, afirmar su poder constituyente ms all de los lmites polticos y jurdicos que pretende imponerle el corrupto y parcializado poder constituido.

La multitud insurrecta, aunque desarmada, de los tiempos actuales, resulta en fin un efectivo agente del cambio radical en las presentes circunstancias. Como sealan Antonio Negri y Michael Hardt en su ms reciente obra dedicada a la construccin revolucionaria de la nueva sociedad y democracia de lo comn, la fuga actual de dicha multitud de las estructuras de dominacin del decrpito orden actual crean rupturas en la continuidad del control, llenando los vacos resultantes con nuevas expresiones culturales y formas de vida. Segn estos influyentes tericos polticos, los movimientos que hoy representan visiones alternativas de la Modernidad capitalista han dejado como saldo concreto un arsenal de estrategias de desobediencia, nuevos lenguajes de democracia y prcticas ticas que sirven como instrumentos potenciadores de nuevas iniciativas de rebelin. Lo importante es, en ltima instancia, ver como se articulan organizadamente y se institucionalizan en un proyecto comn. (Michel Hardt & Antonio Negri, Commonwealth, Harvard University Press, Cambridge, 2009, pp. 343 y 368).

En ese sentido, la determinacin de escalar la protesta hacia la insurgencia civil constituye, en la presente coyuntura, un imperativo insoslayable. Sin embargo, no se debe perder de perspectiva que la insurgencia ser pertinente como solucin a la omnicrisis trabada slo en la medida en que reconozca la necesidad de instituir un proyecto alterno de pas que consuma una ruptura definitiva con el actual orden. La insurgencia civil es hoy no slo un acto de contestacin sino que, sobre todo, un acto de construccin en torno a aquellos valores, experiencias, capacidades e instituciones comunes que representan ese otro Puerto Rico que va naciendo de las entraas del actual. Es all, a partir de sus diversas articulaciones, donde ya se asoma potencialmente ese pueblo que soberana y democrticamente decida tomar control de su destino tanto individual como colectivo.

Carlos Rivera Lugo es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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