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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-10-2009

Uruguay
La cultura plebeya camino del gobierno

Ral Zibechi
Alai-amlatina


El ms que probable triunfo de Jos Mujica, quien ser ungido presidente en la primera o segunda vuelta, o sea entre el domingo 25 de octubre y el domingo 29 de noviembre, es de algn modo la victoria de una manera plebeya de hacer poltica, en un pas donde la cultura de las clases medias ostenta una potente hegemona.

A diferencia de pases como Bolivia y Argentina, donde la cultura popular del abajo siempre tuvo una fuerte impronta que marc a fuego la historia reciente, en Uruguay desde comienzos del siglo XX se impuso un modo poco estridente, pacato y medido de expresar las opiniones y movilizaciones de los sectores populares. Algunos han llamado institucionalizacin a esa cultura, en tanto otros han hecho hincapi en el predominio de una cultura poltica amortiguadora como forma de explicar las particulares configuraciones de un pas donde las capas medias no slo han sido cuantitativamente importantes, sino que pronto se convirtieron en referencia obligada para el conjunto de la sociedad. En este pas, tener mucho est mal visto; mostrarlo supone un castigo social inevitable. De modo que los de arriba han sido desde hace mucho tiempo timoratos a la hora de alardear su riqueza. Y los de abajo, en contrapartida, siempre mostraron una tendencia a no considerarse como pobres sino como clases medias.

Dicho de otro modo, en Uruguay nunca existi una oligarqua, o sea una clase que siendo econmicamente dominante sea a la vez polticamente gobernante. Ese dato crucial, hizo posible no slo que surgiera una elite encargada de administrar la cosa pblica sin relacin material directa con la burguesa, sino que los de abajo tuvieran la capacidad de influir en ese sector. El batllismo fue la expresin poltica ms acabada de esa estructura socio-poltica que diferenci al Uruguay al punto de convertirse, mas en el imaginario que en la realidad, en la Suiza de Amrica.

Jos Mujica aspira a hacer batllismo desde el gobierno. O sea, a implementar modos de conciliacin de clases, en la tradicin de la poltica que impregna a todos los partidos uruguayos. Sin embargo, lo que lo diferencia del resto de los candidatos tanto de derecha como de izquierda- es que, al decir de un poltico, es el poltico ms parecido al uruguayo medio. En Mujica se siente reflejados los pobres de la ciudad y del campo, pero tambin una parte considerable de las clases medias que han trabajado duro para forjar o sostener su condicin, en un perodo en que el ascenso social est vedado para las mayoras.

El indudable fervor que recoge Mujica no deviene de un programa de gobierno. Est influido, eso s, por la gestin de Tabar Vzquez que, guste o no, ha realizado una gestin considerablemente mejor que los gobiernos anteriores, cuestin no demasiado difcil por cierto. El apoyo a Mujica tiene una buena dosis de identificacin afectiva con el candidato, lo que supone fidelidades mucho ms slidas y duraderas que los apoyos de carcter racional. Este es un primer cambio, de larga duracin en la poltica uruguaya.

El triunfo de Mujica frente a Astori en las internas de junio, pese a que el ex ministro de Economa contaba con el apoyo de Vzquez y de los medios, fue la victoria de un estilo de hacer poltica, pero mirado desde la gente supuso una evidente identificacin con un pasado, y un presente, de hacer poltica pegado a la gente. O, por lo menos, esa es la percepcin de buena parte de quienes lo apoyan.

Algunos dirn populismo, pero se equivocan. El vocablo nubla la comprensin, impide ver la realidad, la enjuicio en base a consideraciones desde arriba que suponen que el caudillo puede modelar la realidad social y cultural a su antojo. No. La irrupcin de Mujica en la poltica uruguaya, a mediados de la dcada de 1990, supuso un aire fresco en un sistema que peda a gritos algn tipo de renovacin. De hecho, los principales polticos en el Uruguay pos dictadura fueron los mismos que diez o quince aos antes. Cero renovacin.

Por ltimo, hay que mirar no hacia el estrado sino hacia la calle, hacia la gente, para comprender lo que est sucediendo en Uruguay. La novedad mayor de esta campaa es que las extensas estructuras polticas del Frente Amplio, cientos de comits de base que llegan a todos los barrios y todos los rincones del pas, han sido neutralizadas por iniciativas espontneas, por convocatorios a travs de Internet y celulares sin pasar por las lentas y pesadas orgnicas. Los grandes actos siguieron siendo importantes, pero la novedad vino de ese tipo de convocatorias inesperadas que algunos dirigentes atentos como Mjica supieron cazar al vuelo.

Por otro lado, mirando la calle pueden verse como siempre- una abrumadora mayora de clases medias apoyando al candidato del Frente Amplio. Pero esas clases medias no son las mismas que fundaron la coalicin de izquierda casi cuatro dcadas atrs. Se empobrecieron, sus hijos y amigos emigraron, dejaron de soar con la Suiza de Amrica y en ganar campeonatos de ftbol. De alguna manera, se hicieron algo ms plebeyas, lo suficiente como para apoyar a un candidato que encarna un modo no tan tradicional de hacer poltica.

Ral Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de Amrica Latina, y asesor de varios colectivos sociales.


Fuente: http://alainet.org/active/33877


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