Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-10-2009

La Autoridad Palestina contra la liberacin de Palestina y la solidaridad internacional

Azmi Bishara
http://mrzine.monthlyreview.org/bishara211009.html

Traducido para Rebelin por S. Segu


La decisin de comportarse en Ginebra como la Autoridad Palestina made-in-Oslo ha sido una prolongacin de la ocupacin israel y el ltimo clavo en el atad de la solidaridad internacional con la causa palestina en su sentido habitual. Las personas que tomaron esta decisin lo saban. La solidaridad internacional se sinti confundida por los interrogantes que suscitaban los Acuerdos de Oslo, un tratado concertado con el poder ocupante antes de tener una solucin a la vista. Continuaba la lucha de liberacin mientras la ocupacin segua en su sitio? O es que el proceso de Oslo significaba que los asuntos descansaban en la capacidad de las dos partes para llegar a un acuerdo? Aunque el movimiento de solidaridad resurgi un poco con la segunda Intifada, la querella palestina y el comportamiento de la AP hacia la guerra en Gaza la sumi de nuevo en la confusin. Aun as, fragmentados y desordenados como estaban, todas las organizaciones y movimientos populares y semipopulares de base hicieron lo posible por respaldar a los palestinos, por divididos que estn, tras el ataque israel contra Gaza. El Informe Goldstone ha sido el resultado de esta iniciativa. Pero ahora, despus del 2 de octubre en Ginebra, quin va a demostrar su solidaridad con los palestinos?, cmo lo hara? y por qu debera hacerlo?

Los representantes palestinos que declararon en Ginebra que iban a retirar su apoyo al Informe Goldstone no se comportaron como si los palestinos necesitaran el mayor apoyo posible, sino como si fueran parte del orden internacional. La solidaridad de base avergenza a dichos funcionarios, no se ajusta a la imagen que tienen de s mismos. Estn all con los de la Casa Blanca, y quin precisa de la solidaridad popular cuando eres husped del presidente de Estados Unidos? Adems, el movimiento de solidaridad puede ser a veces ms un enemigo que un amigo. Este movimiento apoya al pueblo de Gaza, por ejemplo, mientras que los funcionarios palestinos en cuestin estn del otro lado del bloqueo, haciendo lo posible por impedir cualquier iniciativa que pudiera dar una ventaja a sus adversarios polticos palestinos. Estos funcionarios se despidieron del movimiento de liberacin hace ya algn tiempo. Hasta la vista, movimiento de liberacin! dijeron mucho antes de que la liberacin fuera siquiera un atisbo en el horizonte, en un giro dolorosamente evidente para todos aquellos que tengan ojos y odos. Sin embargo, su conducta en Ginebra, vino como el adieu definitivo e imposible de ignorar al espritu y la lgica de la liberacin y a los movimientos de solidaridad.

El conjunto y la esencia de la causa palestina se han perdido entre los detalles de las maniobras polticas y la letra menuda del proceso de solucin que predominan en las noticias. Este es precisamente el problema que los medios de comunicacin responsables y comprometidos con la objetividad deben superar.

La escena internacional en la era de Obama est llena de acciones polticas ms orientadas a poner en marcha el proceso de paz que a alcanzar una paz justa. Por supuesto que podramos ver una conferencia de paz en el plazo de tres meses, segn algunos funcionarios rabes, que traiga de vuelta las glorias de Camp David II, aunque sin Arafat, que se neg a renunciar a Jerusaln, pero con Netanyahu. Pero podemos confiar en que este ltimo rechace las propuestas que Arafat rechaz y algunas ms, dado que es un israel muy patriota. Tampoco debemos esperar que el actual gobierno de Washington se aparte de las normas establecidas por sus predecesores para el llamado proceso de paz. El gobierno de Obama puede ser el producto del fracaso de las polticas de los neoconservadores, incluido el abandono de la exportacin de la democracia y el reconocimiento del fracaso de la expedicin iraqu. Sin embargo, la situacin de los estados rabes es tal que seran incapaces de explotar la debilidad de este gobierno en poltica exterior. E incluso si pudieran, los gobiernos del eje moderado no estn interesados en entrar en una batalla sobre Palestina, con la felicidad que los embarga tras la llegada de un gobierno que ha abandonado la retrica de la exportacin de la democracia y los derechos humanos.

Al parecer, algunos funcionarios rabes vieron aqu una oportunidad de presionar a Washington para que diera marcha atrs en su insistencia en la congelacin de la expansin de los asentamientos israeles y se centrase en reactivar las negociaciones para una solucin duradera, aparentemente sobre la base de que, en cualquier caso, la cuestin de los asentamientos se resolvera en este marco. Pero ni siquiera en Iraq, el eslabn ms dbil de la poltica exterior norteamericana, el orden rabe oficial no es capaz de traducir esta debilidad, producto de los logros alcanzados por la resistencia rabe, en una poltica rabe que garantice que los intereses y las causas rabes tengan un lugar preferente en la agenda de las negociaciones entre EE.UU., Irn y Turqua. As pues, con respecto a lo que, en un despliegue de imaginacin oriental, se refieren los rabes cuando hablan de presiones de EE.UU. sobre Israel, Washington sigue fiel a la vieja rutina. La sustancia del vaivn diplomtico de Mitchell puede resumirse en tres puntos: persuadir a los rabes para que tomen iniciativas de buena voluntad hacia la normalizacin de las relaciones con Israel; obtener asistencia rabe para la financiacin de la Autoridad Palestina, financiada principalmente por Europa; y garantizar que los rabes estn oficial y firmemente en contra de quienes detentan el poder en Gaza.

A travs de estas acciones, la administracin de Obama espera terminar lo que Bush y Clinton dejaron inconcluso, es decir, convencer a Israel y el mundo rabe de que conviertan la propuesta de Estado palestino en un paquete de negociacin completo. El paquete aqu es el establecimiento de un Estado palestino a cambio de que los rabes renuncien al derecho de retorno para los refugiados palestinos y la exigencia de que Israel se retire de todos los territorios que ocup en junio de 1967, incluida Jerusaln Oriental. Para los rabes, la conclusin de este acuerdo no slo significara abandonar la causa palestina, tal como se ha entendido histricamente, sino tambin la lnea de base de la iniciativa de paz rabe. Israel, por su parte, ha abrazado esta frmula desde la poca de Sharon. Desde entonces, ha centrado sus esfuerzos en comprimir el Estado propuesto en un pedazo de tierra tan pequeo como sea posible y con tan pocos derechos de soberana como sea posible. Con este fin, se est aprovechando de la renuncia por parte de la Autoridad Palestina y el orden oficial rabe de todos los instrumentos de gestin de conflictos, aparte de su formato de negociacin, con el fin de imponer una paz de facto sobre el terreno, (en la que los patrones y condiciones de vida de las personas, entre ellas los cortes de carreteras y dems, se conviertan en las principales consideraciones), y se est explotando el concepto de solucin de dos Estados con el fin de presionar para el reconocimiento rabe del carcter judo de Israel, lo que implcitamente significar el abandono del derecho de retorno, el reconocimiento retroactivo del sionismo, y un reconocimiento retroactivo de que Israel ha estado histrica y moralmente en lo correcto, y que los rabes han estado histrica y moralmente equivocados.

Mientras tanto, el nuevo gobierno de EE.UU. interpreta la meloda de exigir un alto a los asentamientos israeles; por su parte, los rabes, incluidos los palestinos, se han hecho eco del estribillo. Sera til recordar aqu que en la historia de la construccin de asentamientos, los periodos en los que la construccin ha sido ms prolfica han sido los periodos en los que se proclam una congelacin de los asentamientos. Cualquiera que est familiarizado con Israel y la forma en que opera, sabe que la planificacin y la construccin es una actividad central de un Estado fundado en la planificacin y la construccin. La planificacin se realiza con ms de 20 aos de antelacin. Cualquier congelacin que implique la exencin de los proyectos de construccin con permisos obtenidos antes de la congelacin, autoriza de hecho la continuacin de la construccin durante otros 20 aos.

En todo caso, el gobierno israel actual no podra ni siquiera aceptar una congelacin formal, por cuanto, a diferencia de su predecesor, su estabilidad se basa en fuerzas polticas que sostienen que la mera declaracin de una congelacin, por fraudulenta que sea, es un compromiso moral. Israel, en opinin de la ultraderecha, debe proclamar su legtimo derecho a ampliar sus asentamientos, en vez de hacerlo furtivamente. El debate en Israel no ha sido sobre la congelacin (ya que nunca hubo o podra haberla realmente), sino sobre si procede o no declarar una congelacin. Que los medios de comunicacin rabes hagan el juego y por su parte mantengan la opinin pblica rabe atenta a los detalles del tema de la congelacin de los asentamientos es realmente lamentable y desastroso, ya que oscurece el hecho de que la construccin de asentamientos est avanzando a todo vapor, especialmente en estos momentos en Jerusaln Oriental, y que el bloqueo de Gaza sigue siendo tan firme como siempre y es poco ms que una continuacin de la guerra de diciembre-enero por otros medios.

Volviendo al meollo del asunto cuya implementacin choca con las ambiciones de Israel, qu pasa con el derecho de retorno? Por encima de todo, debemos destacar que el derecho de retorno no emana de una resolucin internacional, y que el pueblo palestino y rabe cree en este derecho incluso sin una resolucin que lo sancione oficialmente, aunque de hecho esta resolucin existe. Es imposible obtener el derecho de retorno a travs de un acuerdo con Israel, y slo se podr conseguir tras una derrota israel lograda en el contexto del combate rabe-sionista. Por lo tanto, si los rabes abandonan la lucha, incluso la estrategia de lucha, entonces estn efectivamente renunciando al derecho de retorno. Aunque la Organizacin para la Liberacin de Palestina siga existiendo como organizacin militante, e incluso si la Autoridad Palestina sigue siendo una autoridad que opera de acuerdo con la lgica de la liberacin, no habrn podido obtener el derecho de retorno en la mesa de negociacin con Israel por la sencilla razn de que Israel considera este derecho como una negacin de s mismo. Tal vez por esta razn, muchos rabes se han alejado de la retrica de ganar el derecho de retorno a travs de una victoria sobre Israel y han pasado a la retrica de la negativa a naturalizar a los refugiados palestinos en el contexto del proceso de negociacin. Adems, como ha sucedido en la prctica, el rechazo de la naturalizacin frecuentemente equivale a decir: No a la naturalizacin en este pas, pero si otros pases quieren darles la ciudadana es asunto de ellos.

De hecho, es una posicin racista que, como el sectarismo y el faccionalismo, es contraria a la afiliacin a una identidad rabe nica. El rechazo del concepto de naturalizacin en los pases que han hecho la paz con Israel, sin incluir el principio del derecho de retorno en el acuerdo de paz, y en los pases que confan en un eventual acuerdo de paz para recuperar las tierras que Israel ocup en 1967 y aos posteriores, no dar lugar al derecho de retorno. Consideran estos pases que el asunto deba dejarse en manos del gobierno Abbas-Fayyad? Seguramente no, ya que en trminos prcticos la AP renunci al derecho de retorno hace mucho tiempo, y aunque no lo hubiera hecho no podra imponerlo en el contexto de su relacin con Israel. As pues, deben ser que estos pases consideran que el derecho de retorno es un asunto que debe negociarse no entre ellos e Israel, sino entre los palestinos que residen en estos pases e Israel. El nico resultado lgico sera la incitacin racista contra los refugiados palestinos en estos pases, que se ajustara as a la difusin de la mentalidad sectaria, provinciana y tribal en la cultura poltica de las sociedades rabes y sus regmenes en el poder.

Cmo puede ser una paquete de negociacin la creacin de un estado palestino? Es evidente que aqu debemos entrar en el reino rabe-americano de la imaginacin, con independencia de la posicin israel. En el imaginario de Washington, los dictados del realismo llevarn a los rabes a aceptar un intercambio de tierras en vez de un regreso de Israel a las fronteras de 1967. Adems, considera que unas soluciones creativas para los lugares santos resolvern el problema de Jerusaln sin que Israel se tenga que retirar de la parte rabe de la ciudad. En cuanto a la cuestin de los refugiados, sta se resuelve automticamente mediante la existencia de un Estado que convierta a los refugiados palestinos en ciudadanos residentes en el extranjero y con pasaporte palestino. Aunque, de acuerdo con esta imaginacin pragmtica, muchos problemas quedan pendientes, la situacin jurdica de los refugiados se habr resuelto sin necesidad de recurrir al derecho de retorno o la naturalizacin.

Este es el reto ahora. La sordidez que se est desplegando en Ginebra y Nueva York tiene ms vidos servidores, para los que el fin justifica los medios, que en ningn otro momento anterior. Estos servidores prefieren verse a s mismos como parte integrante del orden internacional. Ya no estn fuera de l, como militantes revolucionarios, ni tampoco estn al margen, como Arafat durante la Intifada y el perodo post-Oslo. Y mediante su mera pertenencia al orden internacional, se imaginan, tendrn xito en su bsqueda de un Estado. Aqu encontramos la fuente del desprecio por lo que los movimientos de liberacin en general consideran el corazn de su misin: la movilizacin del mundo contra los crmenes de la ocupacin extranjera con la esperanza de contener la mano de las fuerzas de ocupacin, como mnimo. Tambin aqu encontramos motivos para abandonar la idea de conflicto con el Estado colonialista. Se ven a s mismos como iguales de ese Estado, lo que les da derecho a utilizar los mismos trminos e idntico lenguaje pragmtico, y restar importancia a la invocacin de la justicia y el respeto de los derechos humanos, como hicieron de manera tan flagrante en la votacin sobre el Informe Goldstone, en Ginebra .

Son financieramente corruptos; se coordinan con la potencia de ocupacin en asuntos de seguridad; crean una entidad represiva de gobernacin, con una milicia encargada de sacar a palos de la cabeza de la gente la idea misma de solidaridad, y participan en un cruel bloqueo econmico contra un gran parte de sus compatriotas palestinos. De hecho, actan con arreglo a la naturaleza y el espritu de un orden internacional que miente sobre los crmenes de guerra. No sirve de nada ni siquiera intentar llegar hasta gente as porque te dirn que ellos estaban en la misma posicin y consideran que han madurado, no como t a quien te ven como un ingenuo. Pertenecen a una generacin que tena un movimiento de liberacin, pero al que han infectado con su propia decadencia antes de que pudiera conducir a un Estado. En esto han demostrado no tener rival.

Azmi Bishara es palestino, con ciudadana israel. Ex miembro del Knesset, parlamento israel, por el partido Balad, se vio forzado a abandonar Israel por ser objeto de persecucin poltica.

S. Segu es miembro de Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica.

Fuente:http://mrzine.monthlyreview.org/bishara211009.html



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