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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2009

Los verdaderos piratas

Joaquim Sempere
Pblico


En 1991 se hundi el orden poltico de Somalia, pas que sucumbi a una guerra civil empeorada por la intervencin estadounidense. El colapso poltico dej la sociedad somal sin defensas, situacin que fue aprovechada por navos procedentes de Europa, Estados Unidos, China y otros pases para verter en sus aguas grandes cantidades de residuos txicos y radioactivos. El abuso se hizo visible cuando, en 2005, un tsunami deposit en las playas y costas somales bidones corrodos y otras muestras de estos residuos. Segn el enviado de las Naciones Unidas en Somalia Ahmadou Ould-Abdallah, la porquera txica acumulada en pocos das por la catstrofe marina provoc lceras, cnceres, nuseas y malformaciones genticas en recin nacidos y, al menos, 300 muertes.

Pero las desgracias no terminan ah. Aprovechando el desgobierno, una multitud de barcos de pesca empez a faenar en las aguas frente al pas, incluidas sus aguas territoriales. En 2005 se calcul que pescaron all unos 800 barcos de distintos pases, muchos de ellos europeos y, ms especficamente, espaoles. Se estima que los ingresos generados durante un ao por esta pesca extranjera ilegal ascenda a 450 millones de dlares. El resultado fue la rpida disminucin de unas reservas pesqueras que eran el principal recurso para las comunidades de pescadores del pas, catalogado como uno de los ms pobres del mundo.

Un reportaje de Al Yazira informa de que grupos de somales trataron de constituir un cuerpo autodenominado Guardacostas Voluntarios de Somalia, reuniendo dinero con el que pagar a la empresa estadounidense Hart Security, que se dedica a entrenar y formar luchadores y mercenarios por todo el mundo y que, aos ms tarde, ha actuado como mediadora para el cobro de rescates en aquellas mismas aguas: negocio redondo!. Al parecer, hubo intentos de esos guardacostas voluntarios de negociar con los buques de pesca extranjeros para que dejaran de faenar o pagaran un impuesto para seguir hacindolo, intentos que resultaron fallidos. El desenlace final fue lo que hoy se califica como piratera somal. En un pas plagado de armas, desgarrado por bandas rivales y sometido a una situacin econmica desesperada, un desenlace as no debera sorprender. A la vista de lo anterior es legtimo preguntarse: quines son, en esta historia, los verdaderos piratas?

Hay en Espaa quien propone que los atuneros espaoles (que son sobre todo vascos) lleven militares a bordo para disuadir a los piratas. En el Parlamento vasco, los votos del PP y el PNV han hecho posible el pasado 8 de octubre aprobar una mocin en esta lnea. El Congreso ya lo haba descartado meses antes arguyendo que la legislacin espaola no lo permite. Francia s lo permite, y hace tiempo que en el ndico los barcos de pesca franceses llevan militares a bordo. Pero esta diferencia es de detalle: ambos pases lograron que el 10 de diciembre de 2008 los ministros de Defensa de la Unin Europea aprobaran la llamada Operacin Atalanta contra la piratera somal, y que se diera luz verde al envo de entre 6 y 10 buques de guerra para garantizar la seguridad en el golfo de Adn con el mandato de vigilar las costas de Somalia, incluidas sus aguas territoriales.

Estos hechos muestran que el colonialismo no slo no ha muerto, sino que est tomando nuevos bros. Y un nuevo aspecto marcado por la crisis de recursos naturales, en este caso la pesca. Las flotas pesqueras de los pases ricos, compuestas por buques con capacidad para moverse por todos los mares del mundo, esquilman un caladero tras otro: son las principales culpables de la sobrepesca que desde hace aos viene destruyendo la capacidad de regeneracin de las especies marinas y preparando un colapso de las capturas a escala mundial. Las primeras perjudicadas son las poblaciones de los pases pobres que dependen de la pesca local: ellas carecen de flotas potentes para pescar lejos de sus costas. El caso somal es uno de los ms sangrantes por las circunstancias polticas internas, pero no es el nico.

Espaa est recuperando sus blasones imperiales contribuyendo a empobrecer a uno de los pases ms pobres del mundo. Al hacerlo no slo comete una injusticia, sino que practica una poltica sin futuro tambin para sus habitantes. Porque cuando ya no haya caladeros por explotar en ningn rincn del mundo, qu harn nuestros marineros y pescadores? Es una indignidad aprovecharse de un pas desangrado por una guerra civil y luego mandar a los soldados a defender una causa indefendible que no hace ms que profundizar la tragedia de ese pueblo. Y si se quiere mirar desde otra ptica, cunto nos cuesta mantener la dotacin de dos buques de guerra, un avin y 395 efectivos de la Marina espaola que tenemos destacados en la zona?

El caso tiene su moraleja. Un pas desarrollado como Espaa no debe, tras agotar sus propios recursos pesqueros, expandirse por los mares del mundo privando a otras poblaciones ms pobres de sus medios de subsistencia, porque agrava la situacin de esas poblaciones y las empuja a una resistencia que desemboca en aventuras violentas y salidas militares. La solucin hay que buscarla en casa, adaptndose a unos ecosistemas daados y gestionndolos mejor (por ejemplo, con la piscicultura como alternativa a la pesca), y adoptando medidas previsoras para que nadie se quede sin trabajo y sin fuente de ingresos. Es inquietante que se est haciendo exactamente lo contrario: optar por la huida hacia delante y por un neoimperialismo ecolgico reforzado militarmente que slo puede redundar en un empeoramiento de la situacin.  

Joaquim Sempere es Profesor de Teora Sociolgica y Sociologa Medioambiental de la Universidad de Barcelona



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