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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2009

De la niebla conspirativa a Abu Ghraib y los sitios ocultos
Syriana y la realidad de la CIA

Christopher Ketcham
Counterpunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Cuando encontr por primera vez al ex agente de la CIA en Washington DC, pens: el tipo no se parece en nada a George Clooney. Pero Clooney, quien gan un Premio de la Academia representando a Baer en la pelcula Syriana, haba realmente captado algo de la postura, del patetismo, del abatimiento de un hombre de la CIA que pasa demasiados aos ensucindose en el terreno en el fango peculiar de Oriente Prximo, nada menos arriesgando su vida y siendo ignorado al hacerlo. Clooney en la cinta anda en bicicleta entre los trajes en Langley, la burocracia en sus cubculos, y parece como si fuera el nico hombre sano en un pabelln para enfermos mentales.

As fue con Bob Baer en Washington terreno poco familiar, una ciudad de lunticos, dijo. Haba vuelto a casa, en el oeste, a la pequea aldea montaosa de Silverton, y cuando lo encontr all unos meses ms tarde, me llev a un gran tour. Silverton es un reducto minero convertido en atraccin turstica, pero sigue resonando con las maneras inconformistas de hombres que extraen plata del suelo a la busca de un filn y no gustan de que se entrometan las autoridades. A la localidad se llega por pasos elevados en los que los camiones con remolque caen regularmente a los barrancos en invierno, y tiene slo una calle pavimentada, Main Street, y una iglesia con cruces cabeza abajo. Varios residentes me asegur Baer tienen licencias para poseer ametralladoras totalmente automticas. Es para disparar a los helicpteros negros, dijo riendo, pero no pareca estar bromeando. La gente del lugar me dice que el lugar tiene una tendencia a recibir gente que meti la pata en alguna otra vida y que viene aqu para no ser nadie. Pienso que Bob Baer vino aqu en parte porque la CIA afirm que haba metido la pata. Tal vez lo hizo. Depende con quin se hable en este negocio. As debe ser cuando se trata de mentirosos profesionales.

Porque tal vez sea la Agencia la que meti la pata parece ser una costumbre de la CIA, la especie de costumbre que no ve a al Qaeda en el horizonte, que empantana al pas en Iraq, que hace que uno se pregunte, como ciudadano que paga sus impuestos, si la agencia en su actual encarnacin tiene otra razn de ser que malgastar tu dinero. Es algo que puede generar las quejas de los ciudadanos en Silverton.

Robert Baer dedic 21 aos de su vida a la celebrada Agencia Central de Inteligencia, desde 1976, a los 22 aos. Era un creyente. Lo entrenaron para hacer volar las cosas la tradicin de accin clandestina para la cual naci la CIA y, ms importante, para asegurar que no hagan volar a los estadounidenses. Fue entrenado para escuchar, observar, tomar notas. Se lanz a las ciudades de Oriente Prximo, aprendi el juego del espionaje, aprendi a engaar y a embaucar y a ser otra persona, perfeccion su rabe, dej crecer su barba negra, bronce su piel. Oriente Prximo fue su crisol y finalmente su obsesin. Lleg a ser tan bueno que pasaba por ser nativo, errando por Beirut en los aos ochenta durante la guerra civil que caus estragos en el Lbano, con una cinta para el pelo que deca, en la caligrafa del Quran, Deseamos el Martirio. Esos malditos estadounidenses estn por doquier, deca a sus taxistas, a la busca de mrtires. Deberamos hacer volar su embajada! Ya en 1983, describa la amenaza de redes terroristas islamistas en memorandos que segn l pocos de la gente importante en Langley o en el Despacho Oval se molestaban en leer. Su trabajo le hizo ganar la Medalla de la Carrera de Inteligencia de la CIA; Seymour Hersh, el decano de los reporteros de inteligencia en Washington DC y su amigo personal, una vez lo llam el mejor agente en el terreno que la CIA tuvo en Oriente Prximo. La distincin de sus superiores pareci una cruel irona cuando aos ms tarde los islamistas sobre los que haba advertido atacaron tierra estadounidense.

Cuando abandon la Agencia en 1998, se acurruc y escribi sobre su tiempo como espa. Sus primeros dos libros una memoria See No Evil, y una revelacin: Sleeping with the Devil, sobre la demencial relacin de EE.UU. con los saudes le hicieron conseguir un contrato con Hollywood. Pero lo que no logr captar Syriana como pelcula porque, despus de todo, es una operacin de Hollywood y dedicada, como la CIA, a un buen tema de portada, uno que venda, que nos mantenga mirando sin comprender realmente es que la CIA no es muy buena haciendo lo que supuestamente debe hacer, que no es asesinar o hacer volar cosas o montar golpes mal concebidos, sino saber. A la agencia para la que Baer trabaj y a la que am se le ha atribuido en sus peores horas tanta estupidez, atrocidad, desperdicio y engao, tanto que es subterrneo e inaudito, y mientras tanto supuestamente sabe lo que el resto de nosotros no podemos saber: un control de los secretos del mundo, una responsabilizacin en el sentido final de suministrar lo que se llama inteligencia no estupidez.

De modo que Baer haba ido a Silverton para alejarse de la estupidez. Sugiri que furamos a caminar a las montaas. El da era clido, el sol estaba en lo alto y los riachuelos llenos de agua de deshielo. Cuando camin para encontrarme con l en su vieja casucha de minero renovada cerca de Main Street, frente a la iglesia con las cruces cabeza abajo, su esposa Dayna, ex agente de contraterrorismo de la CIA estaba sobre la alfombra con su recin adoptada hurfana paquistan de 13 meses, Khyber, que era toda sonrisas. El juez talibn en el tribunal de adopcin no confiaba en dos estadounidenses que vagaban por el pas a la busca de un hurfano, dijo Baer. Pero la embajada de EE.UU. fue peor. Sujet la manita de Khyber y bes su pi y me lanz una sonrisa traviesa. No estoy seguro de si es hija de un atacante suicida o de un guerrero talibn que matamos, dijo. Result que no era ninguna de las dos cosas. Luego fuimos a pasear.

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La Agencia Central de Inteligencia, establecida en 1947 bajo la Ley de Seguridad Nacional, fue concebida por hombres que haban aprendido el arte de la guerra secreta en la Oficina de Servicios Estratgicos (OSS) durante la Segunda Guerra Mundial. La OSS era un equipo de comandos, creado para la accin clandestina asesinato de nazis, atentados contra puentes pero se supona que la CIA fuera algo mejor, ms sutil, ms complejo. Se involucrara en accin clandestina cuando surgiera la necesidad, pero preferentemente cubrira como la niebla los pases en cuestin, silenciosa y amorfa, flotando por doquier. Despus de la Segunda Guerra Mundial, la recoleccin de inteligencia era el objetivo declarado, no la intervencin brutal, ciertamente no asesinatos. Esto fue subrayado en la carta y en la legislacin que estableci la CIA, pero la letra de la ley no tena mucha importancia.

La agencia estaba, y sigue estando, dividida en dos ramas principales. La principal es el Directorado de Operaciones, el DO, que enva a agentes al terreno, entrenados para desaparecer bajo tapadera, a fin de reunir informacin y, en casos extremos, estaban dispuestos y eran capaces de participar en acciones encubiertas para amaar elecciones, derrocar gobiernos, organizar muertes desafortunadas. El DO es mejor conocido como servicios clandestinos es la CIA imaginada en pelculas, alternativamente engalanada y oculta por una cortina de humo, pero siempre romantizada. Al contrario, el Directorado de Inteligencia, el DI, est repleto de intelectuales los doctores, los cientficos, los psiquiatras, los socilogos, los artistas que analizan la informacin que supuestamente deben aportar los agentes del DO. Desde el comienzo ha habido conflicto entre los dos directorados: uno el centro de inconformistas, operadores, los que se ensucian las manos, los otros la torre de marfil de los pensadores que filtran los datos en bruto para hacer que sean digeribles para el consumo por los polticos. De muchas maneras, es una falsa dicotoma: los dos directorados han trabajado de comn acuerdo en la toma de decisiones errneas, pero habitualmente uno culpa al otro.

Bob Baer, segn l mismo, fue un tipo de accin por naturaleza. Creci en las tierras altas de Colorado soando con una vida de esquiador competitivo. Le gustaba deslizarse por lomas escarpadas donde una decisin errnea significaba que se mora envuelto en pinos, cado a un precipicio o perdido en una grieta. Su ambicin se atasc con su horrendo rendimiento en la escuela puros insuficientes, y unos pocos peores todava, recuerda, porque pasaba demasiado tiempo en las laderas. Su madre, heredera de una considerable fortuna del abuelo de Bob, tuvo una reaccin razonable. Lo llev a Europa para una especie de pseudo-educacin a la edad de 15 aos, la formacin de un naciente agente sobre el terreno de la CIA. Bob y su madre atravesaron Europa durante varios aos su padre, un bueno para nada, haba abandonado a la familia y en 1968, estuvieron en Paris cuando la ciudad estaba en llamas y los estudiantes se manifestaban. Pronto aprendi francs, luego alemn cuando su madre compr un Land Rover y se dirigi hacia el este, con el improbable objetivo de llegar a Mosc. El Land Rover era un pedazo de chatarra, fue como ir en un tractor John Deere. Cuando iban a rastras para salir de Praga, los tanques soviticos se cruzaron con ellos en la carretera, enviados a aplastar la Primavera de Praga. Llegaron a Mosc, despus a Helsinki, y de vuelta a EE.UU., donde Baer fue enviado por su madre a una escuela militar. De alguna manera la disciplina tuvo su efecto, y fue aceptado por la Universidad Georgetown, se gradu con un ttulo en relaciones internacionales y, por broma, pas el examen para el Foreign Service. Un ao despus, durmiendo en el sof de un amigo en Berkeley, sin perspectivas de trabajo, y sin mucha ambicin por otra cosa que la vida de un loco por el esqu, solicit un puesto, de nuevo por broma, en la CIA. Se imagin una prebenda en los Alpes, donde podra espiar a los gobiernos europeos entre descensos por las pistas.

En su lugar, Baer fue lanzado a las entraas de Nueva Delhi para extirpar la influencia sovitica en India. Ahora era un guerrero de la Guerra Fra. Cuando lleg a la casa suministrada como tapadera, lo saludaron siete sirvientes formados bajo una inmensa higuera de Bengala y una prgola de jazmn que cubra todo lo largo de la entrada. No haba nieve, pero no estaba mal para un muchacho de veinticinco aos que comenzaba su primer trabajo verdadero.

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En 1976, el mismo ao en el que Baer, dispuesto, vido y enamorado, se sum a la Agencia, un veterano de los servicios clandestinos llamado John Stockwell, jefe en la desastrosa operacin de la CIA en Angola en los aos setenta, prepar una serie de memorias deinvestigacin muy similares a los libros que Baer escribira un cuarto de siglo despus. Lo que Stockwell haba visto como agente en frica y en todo el Tercer Mundo era una CIA que era puramente intervencionista que no recolectaba inteligencia, sino que era brutalmente maquinadora, maligna, un arma secreta para que presidentes de EE.UU. y polticos en la Casa Blanca combatieran a los soviticos para lograr el control del mundo. Las operaciones paramilitares de la CIA mediante fuerzas testaferras el financiamiento de mercenarios, terroristas, saboteadores - eran, inform Stockwell, todas ilegales, su objetivo de afectar el funcionamiento normal, a menudo el funcionamiento democrtico, de otras sociedades (un chispazo centelleante de lo obvio para los lectores de nuestros das). Para Stockwell, quien abandon la CIA en 1976 para denunciarla ante el Congreso, esto provoc serias dudas sobre la responsabilidad moral de EE.UU. en la sociedad internacional de naciones. El secreto en la bsqueda de esa cosa mercurial llamada seguridad nacional, escribi, haba dado paso a la amoralidad que surga de los escalones ms altos del gobierno: La mayor funcin del secreto en Washington es impedir que el pueblo de EE.UU. y el Congreso de EE.UU. sepan lo que los dirigentes de la nacin estn haciendo, escribi. Secreto es poder. El secreto cubre los errores. El secreto cubre la corrupcin. Y en la CIA, concluy, se ha establecido una profunda, arrogante, corrupcin moral. El ex analista de la CIA Chalmers Johnson lleg a una conclusin similar: Cada presidente desde Truman, una vez que descubri que tena a su disposicin personal un ejrcito privado totalmente secreto, no responsabilizable en lo financiero, no pudo resistir su utilizacin.

A mediados de los aos setenta, sin embargo, el velo fue desgarrado. El Congreso, public bajo la direccin del senador Frank Church en 1975-76 una devastadora serie de informes sobre la criminalidad de la agencia. La CIA haba patrocinado golpes y elecciones amaadas en Grecia, Italia, Birmania, Indonesia, y docenas de nciones ms. Haba sacado clandestinamente criminales de guerra nazis de Alemania para combatir el comunismo en Europa Oriental; trabajaba conjuntamente con narcotraficantes en Asia, Europa, Oriente Prximo (y siempre pareca dejar tras de s un prspero nexo con la droga dondequiera intervena; suministraba a fuerzas de seguridad en todo el mundo equipos de tortura, manuales de tortura, entrenamiento en tortura. En Vietnam su inmensa Estacin de Saign supervis los secuestros y asesinatos de decenas de miles de presuntos Vietcong, muchos de ellos inocentes, e hizo un buen trabajo incitando a la poblacin campesina contra EE.UU. La inmundicia sala a la luz casi a diario al ser descubierta por el Comit Church. A finales de los aos setenta, la CIA haba planificado o realizado los asesinatos de dirigentes en ms de una docena de pases; bromistas en la CIA los llamaban suicidios administrados involuntariamente, por cortesa del Comit de Alteracin de la Salud de la Agencia. El trabajo de desestabilizacin de gobiernos tena lugar a menudo al servicio de corporaciones con estrechos vnculos con el Congreso y la Casa Blanca, cuyos intereses empresariales estaban amenazados por algo que oliera a socialismo. La agencia tambin haba estado ocupada en el frente interno, en violacin de la ley interior, supervisando programas de control de la mente en los cuales se intoxic con drogas a estadounidenses involuntarios, se hizo experimentos con ellos, y fueron efectivamente torturados; abriendo el correo de ciudadanos de EE.UU.; vigilando la actividad poltica de estadounidenses; infiltrando los medios con desinformacin; mintiendo habitualmente a funcionarios elegidos. La CIA apareci a esta luz como una amenaza para la repblica en s.

Todo esto afect poco al joven Bob Baer, que estaba terminando su ltimo ao en Georgetown cuando las revelaciones de Church salieron en las primeras planas del Washington Post y del New York Times. Me qued con la impresin, escribi en sus memorias, de que detrs de la suciedad deba haber algn misterio profundo, oscuro, impenetrable un conocimiento prohibido. La estada con su madre en toda Europa le haba proporcionado una visin romntica del mundo, y la CIA, dijo, pareci por un momento como el romance en s.

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Los historiadores discutirn al respecto, pero despus de las audiencias Church una especie de reforma se impuso en la agencia, ciertamente una reduccin de la accin clandestina que anunciaba el fin de lo que los nostlgicos podran llamar la era heroica del intervencionismo alocado aunque la reforma no dur. Baer madur como agente en el terreno bajo la nueva administracin, encargado de hacer lo que la CIA ahora afirmaba que esperaba de los servicios clandestinos: no perturbar o desestabilizar o asesinar la directiva presidencial 12333, expedida en 1981, prohiba explcitamente los asesinatos de la CIA sino escuchar, hablar el idioma, reunir fuentes, quedarse tranquilo, mantener los ojos abiertos, conocer su pas anfitrin, los temas crticos, a la gente y a los protagonistas, conocer las calles de la ciudad donde est ubicado, desaparecer en el tejido de la sociedad. Aprender a moverse como la niebla. Cualquier agente te dir que es mucho ms difcil de lo que suena. Agentes de la CIA que trabajaron con Baer me dicen que era excepcional en su tarea dondequiera iba, en Beirut en los aos ochenta, en el desastre de Iraq despus de la Primera Guerra del Golfo, en Jartum persiguiendo a terroristas, en Tayikistn como jefe de estacin, en Sarajevo durante la guerras yugoslavas, en Paris en ccteles.

Profesionalismo era la clave. Se aprenda a evitar la vigilancia y a realizar vigilancia. Se aprenda a intervenir telfonos y a asegurarse de no ser intervenido. Se aprenda a conocer las armas del enemigo, sus planes de batalla, las ltimas tecnologas. Se devoraba libros, un hombre de la CIA dedicado a erudito regional. Se aprenda a utilizar los trucos del oficio, extraos venenos como Quin, yo?, que hace que la vctima huela literalmente a mierda durante das, un olor que sale de sus poros. Se utilizaban artefactos estndar de James Bond como micropuntos, negativos fotogrficos reducido al tamao de un punto en una pgina, y se aprenda esteganografa, el arte de ocultar datos dentro de fotografas. Se enseaba a usar disfraces. Baer gustaba especialmente del Disfraz del Diente de Diamante un incisivo de diamante falso en tu sonrisa y lo nico que recuerda la gente es ese diamante. Se aprendan tapaderas para la accin y tapaderas para el estatus, este ltimo, la gran explicacin del motivo por el cual uno est en el pas. Con ms frecuencia la tapadera para el estatus es que uno trabaje en algn puesto para la embajada de EE.UU., un trabajo de todos los das en el papeleo (Baer, como todos los agentes de la CIA, est limitado por un contrato vitalicio con la CIA a no revelar sus tapaderas de estatus durante los aos).

El verdadero trabajo comienza cuando oscurece, cuando la embajada cierra. Entonces se sale a las calles, los bares, las callejuelas, las srdidas habitaciones de hotel en las que se obtiene informaciones de sus agentes, los sujetos locales que has dado vuelta para que trabajen traicionando a su propio gobierno, robando secretos. Las coberturas para la accin representaban la vida o la muerte de una misin, el factor determinante de si uno vuelve a casa para la noche o es atrapado en un crimen capital por espionaje. La Cobertura de la Lavandera era prctica. Si uno anda corriendo por una ciudad tarde por la noche, es importante que sepa dnde se encuentra la prxima lavandera automtica y que lleve su ropa sucia tiene que estar verdaderamente sucia y hay que asegurarse de que uno mismo tambin est sucio. Los bebs en su coche son una buena cobertura. Los perros tarde por la noche son una buena cobertura para buzones muertos, porque se puede utilizar al perro como una excusa por andar vagabundeando. Tambin se puede ocultar mensajes, dice Baer, en la caca del perro.

La cobertura de la Madre fue una de las invenciones de Baer. He llevado a mi madre como cobertura a los sitios ms complicados, me dice. La llev al Valle Garm en 1992, en Tayikistn, que acababa de ser invadido por extremistas de bin Laden. El propsito de Baer como jefe de estacin en Tayikistn era descubrir cmo y dnde operaban esas facciones. Tenamos un viejo sedn Niva con placas robadas de diplomtico afgano y nos detuvieron doce combatientes, que libraban la guerra civil, sucios y con tajos y que no se haban lavado durante semanas. Mi madre dijo: Hola, cmo os va? Soy su madre. Y de dnde sois? Algunos de ellos hablaban ingls. Finalmente nos dieron t.

De modo que ah estaba Baer entre prncipes jordanos, comerciantes ilegales de petrleo en Iraq. Ah estaba en 1993, robando un kilo de cocana del avin del rey de Marruecos, Hassan, simplemente para demostrar que uno de nuestros aliados en Oriente Prximo era narcotraficante (quera restregrselo en la cara a los de Washington.). En Sarajevo se present como traficante de armas, en Iraq fue un asesino, en Pars, alcahuete. Una vez fue acechado por lobos en la Ruta de la Seda. En Tayikistn, pas su tiempo libre cultivando la amistad de sus homlogos en el KGB, lanzndose con ellos en paracadas, borrachos con vodka, o acelerando en sus tanques por una payasada (la central lo amonest por su iniciativa). En la capital tayika de Dushanbe, estuvo en medio de un levantamiento islmico, refugiado en la habitacin de un hotel con un alijo de misiles Stinger, mientras le disparaban a la gente en la plaza de la ciudad y un hombre con un megfono gritaba: HAY ESPAS ENTRE NOSOTROS.

Y luego Beirut en los aos ochenta, donde Baer comprendi a plenitud las apuestas que involucraba el trabajo de inteligencia, las respuestas que poda utilizar. Beirut fue una experiencia trgica para EE.UU. en Oriente Prximo, eclipsada slo por el desastre de la ocupacin de Iraq 20 aos despus. Comenz con el atentado con coche bomba contra la embajada de EE.UU. en abril de 1983, en el que murieron 63 estadounidenses, incluidos seis agentes de la CIA. Seis meses despus, 241 soldados estadounidenses murieron en un atentado con coche bomba contra el cuartel de los marines. Luego, en la primavera de 1984, el dilecto jefe de estacin de la CIA en Beirut, William Francis Buckley, fue secuestrado por elementos de Hezbol, y en 1985, Buckley muri de neumona en cautiverio. Nunca antes haba sufrido la CIA tantas bajas en un perodo tan breve.

Nadie saba quin estaba tras los atentados, menos que nadie la CIA. La solucin del misterio se convirti en una obsesin para Baer, y comenz una odisea de cuatro aos en la Estacin de Beirut para obtener una respuesta. El trabajo en Beirut era peligroso. El lugar era bombardeado y atacado con cohetes a diario, estaba infestado de francotiradores, dividido en feudos controlados por milicianos drusos, Hezbol, terroristas de Fatah. Baer operaba entre todos ellos. Bob conoci Beirut mejor que nadie que yo haya encontrado all, dijo un ex agente de la CIA, John Maguire, en retiro actualmente, quien espi con l en la estacin de Beirut durante varios aos en los aos noventa. Trabajaba a los dos lados de la Lnea Verde, Beirut este y Beirut oeste, los suburbios al sur, y el valle Biqa. Era reclutador, y trabajaba solo, lo haca da y noche, sin fanfarria, sin respaldo. Baer concluy finalmente, en 1987, que el rgimen islamista de Irn, empleando testaferros locales de Fatah, era el protagonista clave detrs del atentado contra la embajada y el secuestro de Buckley. Las revelaciones, dijo Baer, no fueron registradas en la central. Para entonces era cosa antigua. Simplemente no les importaba. Fue mi primera comprensin de la amnesia histrica de la agencia, dice ahora.

Baer afirma que sigui produciendo una buena cantidad de inteligencia en Oriente Prximo y Asia Central. Reclut un contacto dentro de Hezbol, lo que nunca antes haba sido hecho. Dice que impidi un ataque terrorista contra el USS New Jersey, que iba a ser atacado con cohetes frente a la costa del Lbano. En los aos ochenta, comenz a penetrar la red de islamistas conocida como Hermandad Musulmana, cuyos miembros ms adelante se vincularon a al Qaeda. Dije a la central: oigan, tenemos que hacer algo respecto a la Hermandad, tienen malas intenciones, me dijo Baer. Fui a Alemania, encontr una fuente en la Hermandad, pero nadie en Washington estaba interesado, y dejaron que el sujeto desapareciera. La fuente, afirma Baer, era miembro de la misma clula a la que se uni aos ms tarde Mohammed Atta en Hamburgo en preparacin para los ataques del 11-S.

El punto, me dijo una y otra vez, es que los de ms arriba en la CIA, que informaban a la Casa Blanca, no parecan interesarse por verdadera inteligencia, el lento proceso orgnico de recolectar de a poco informacin y comprenderla. Los presidentes sirven cuatro aos; quieren resultados hoy mismo, quieren inteligencia til para la agenda poltica que asegura la reeleccin. El director de la CIA, George Tenet, suministr precisamente ese tipo de inteligencia en los preparativos para la guerra de Iraq. Las armas de destruccin masiva (ADM) iraques fueron una clavada, dijo Tenet, y su pronunciamiento corresponda a la justificacin principal para una guerra predeterminada por el gobierno de Bush. Pero las ADM eran una ilusin, y mientras tanto haba en la CIA disidentes en el terreno que lo decan y fueron ignorados.

Un da, cuando ped a Baer que enumerara sus logros como espa, present una lista interminable de trabajo serio. Tambin arregl la mquina de caf en el 6 piso y foll a la mujer de George Tenet, dijo bromeando.

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La amnesia histrica podr parecer un hbito de cada gobierno estadounidense desde la fundacin del Estado de seguridad nacional en 1947, pero se destaca como un problema histrico mundial en el entorno posterior al 11-S. Los ataques de testaferros de Irn en Beirut los atentados contra instalaciones militares y de inteligencia estadounidenses, el secuestro de Buckley presentado como posiblemente un caso clsico de la historia que vuelve para hacer pagar caro a la CIA en la forma de un contragolpe. El ex analista de la CIA, Chalmers Johnson, ha hecho una carrera escribiendo sobre los contragolpes, la expresin profesional de la CIA para cuando el intervencionismo resulta en consecuencias negativas a largo plazo para la seguridad nacional. Johnson en sus tres libros sobre el tpico el primero llevaba el subttulo Los costes y consecuencias del imperio estadounidense presenta un apremiante argumento universal sobre el contragolpe como sistmico en la poltica exterior de EE.UU. despus de la Segunda Guerra Mundial.

En retrospectiva, el contragolpe iran contra EE.UU. debera haber sido esperado. Es tan fcil de comprender como la ley de la gravedad. En 1953, la CIA ayud a derrocar al presidente democrticamente elegido de Irn, un socialista llamado Mohammed Mossadegh quien amenaz con nacionalizar los intereses petroleros britnicos. La agencia instal al tirnico Shah, amigo de las corporaciones petroleras, mientras institua un reino de terror que provoc la Revolucin Islmica de 1979 los mismos islamistas que invadieron la embajada de EE.UU. para tomar 53 rehenes estadounidenses y gatillaron la crisis de los rehenes que afect la presidencia de Jimmy Carter, los mismos islamistas que atacaron a EE.UU. en Beirut, donde EE.UU. tambin estaba interviniendo. Durante ese perodo, la CIA estaba suministrando armas a otro grupo de revolucionarios islamistas en Afganistn que estaban combatiendo contra una invasin sovitica. El pasado en Afganistn fue un prlogo: Nuestros aliados islamistas se unieron en al Qaeda para suministrar un ejemplo particularmente horrible de contragolpe: el 11 de septiembre de 2001.

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Cmo Bob Baer lleg a su triste fin en la CIA despus de 21 aos de servicio, reducido de un da al otro a la condicin de paria y obligado a irse, es una cuestin de disputa. En 1995 era jefe de operaciones de la CIA en el norte de Iraq, basado en Salah-Al-Din, en manos kurdas, encargado de organizar la oposicin al rgimen de Sadam Hussein. Era su primera incursin en la accin clandestina, y sera la ltima. A comienzos de 1995, sus fuentes dentro del ejrcito iraqu hablaban de un intento de golpe, del derrocamiento de Sadam y de la instalacin de una junta militar amiga de EE.UU. Parecan estar de acuerdo con la misin de Baer. Durante meses haba estado dirigiendo fuerzas kurdas, con apoyo de la CIA, para atacar puestos avanzados del ejrcito de Sadam en el note. Los ataques llevaron a la muerte de miles de soldados iraques. (Cuando pregunt a Baer si alguna vez haba cometido asesinatos para la agencia, dijo: No, siento desilusionarlo, pero orden las muertes de ms de 2.000 iraques en operaciones paramilitares. Me convierte en asesino o en homicida en masa?)

Washington dijo que haba sobrepasado su autoridad al apoyar a los planificadores del golpe. Baer afirm que de hecho el gobierno de Clinton haba dado su aprobacin, y luego vacilado en el ltimo minuto. El sentimiento de Baer fue que el gobierno no saba lo que quera, que era demasiado polticamente correcto, y que l era el chivo expiatorio para su indecisin. El golpe, cuando finalmente tuvo lugar, fue aplastado sin mayores ceremonias, y los generales rebeldes muertos.

Lo que pas entonces fue ms all de su imaginacin. Lo convocaron a la central, fue investigado por el FBI, confiscaron sus pasaportes, y fue acusado de modo absurdo, le pareci en vista de la historia de errores de la CIA que no fueron castigados de intento de asesinato por conspirar para asesinar a un dirigente extranjero. Baer afirm que slo segua rdenes. Despus de seis meses de investigacin fue exonerado de la acusacin. Las ironas abundan. Baer haba sobresalido en el trabajo de inteligencia, no en intervencin, y su nico intento en la accin clandestina fracas y arruin su carrera. Fue encargado permanentemente de trabajos de escritorio, odiando la burocracia de aire acondicionado en Washington, sabiendo que nunca ms sera enviado al terreno en el que medraba. En el momento mismo en el que su carrera en la agencia debiera haber prosperado, la abandon.

Ahora contemplaba el paisaje de su vida, y no era hermoso. Estaba sin un centavo, incapaz de permitirse los precios de los bienes races de la burbuja econmica en Washington y, acostumbrado a vivir en lugares infernales y bajo tensin, se senta como extranjero en su propio pas. Su familia estaba arruinada despus de aos de descuido. Su matrimonio, dijo, careca de amor, de sexo se haba alejado intencionalmente en sus tareas en el extranjero. Era un paria para sus tres hijos, un padre ausente. Toda esa mierda de que terminarn por volver, dice hoy. Pero eso es lo que es, mierda. Mis hijos me mienten bsicamente sobre todo. Sus estudios. Sus vidas. Pronto se divorci y se volvi a casar con una colega, una agente de la CIA llamada Dayna Williamson, a quien haba conocido mientras trabajaba en la guerra en Sarajevo. Dayna fue trabajadora social en Orange County antes de entrar a la agencia, se convirti en tiradora en la Oficina de Seguridad de la CIA, entrenada para matar con una pistola, entrenada en la adquisicin de objetivos en multitudes utilizando un bolso de rpido alcance con un doble fondo en el que llevaba una Glock. Una vez trabaj protegiendo a la reina de Jordania durante apariciones en pblico. Separados de la agencia, Bob y Dayna probaron la consultora en inteligencia en Beirut, un territorio antiguo y familiar. Una de las primeras ofertas que obtuvo Baer fue un asesinato. No era una opcin.

En su lugar, estudi latn y griego, se convertira en erudito. Ley a Aristteles, Herodoto, Polibio, Tcito en la lengua original. Pens en escribir libros, algo sobre su historia con la CIA. La idea tena sentido. Incluso podra ganar dinero. Baer trabaj durante dos aos para terminar See No Evil y, cuando el libro lleg a las libreras a comienzos de 2002, despus de los ataques del 11-S, fue un xito de ventas. Su argumento era de sentido comn y no contena nada nuevo: La CIA haba olvidado que la inteligencia depende de seres humanos en el terreno, lo que llaman humint [inteligencia humana]. Los computadores digiriendo datos, los satlites sacando fotos desde kilmetros de altura no nos salvaran. El que no se haya confiado en los peligros de la humint, argument Baer, ayud a permitir que sucediera el 11-S. Dedic su libro a sus hijos: Espero que ayude en algo, escribi, a explicar dnde estuve durante todos esos aos.

A Baer le gustaba la disciplina de la escritura; corresponda a su lado fuerte como espa. Poda realizarla solo, sin supervisin, cultivar fuentes, escuchar a su manera, sin estar limitado por la burocracia. Una serie de ex agentes de la CIA con los que habl dijeron que la memoria de Baer sonaba a verdad: la CIA no valorizaba a su gente que haca el trabajo sucio. El ex agente infiltrado de la CIA Ishmael Jones, que el ao pasado public una memoria bajo pseudnimo: The Human Factor, sobre sus aos de desilusin en la CIA, me dijo: El logro de Baer en los libros muestra que es muy talentoso e inteligente. Imagine lo que podra haber hecho por nuestra seguridad nacional en un servicio clandestino que funcione. Es tal vez la mayor irona: Baer tuvo que abandonar la agencia para desarrollarse plenamente. Trabajar para la CIA fue la aventura de un muchachito, me dijo Baer. Pero uno no madura. Uno no crece.

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Cuando Hollywood lleg corriendo despus del xito de See No Evil y se inici la produccin de Syriana en 2004, Baer tom un papel como cameo, en el rol de un agente del FBI. Era una sola lnea, exigiendo a George Clooney que renuncie a sus pasaportes en plural y meta la pata continuamente. Numerosos ex agentes de la CIA me cuentan que se han redo de la versin de Syriana de la CIA, entre ellos Bob Baer.

Lo que ofrece Syriana, aparte de su retrato obvio de la simbiosis del gran petrleo y de la poltica exterior agresiva, es una clara coreografa conspiracionista de hombres de la agencia. La CIA baila sin fallar al ritmo de los ejecutivos de la corporacin petrolera y de lobistas y abogados de Washington quienes, en canales no revelados tan etreos como ESP, ordenan a la agencia que asesine a un emir de Oriente Prximo que no es del gusto de las corporaciones petroleras. Este absurdo mundo de relojera de la CIA funciona en pelcula, como la mayora de las conspiraciones de la CIA, sin problemas, sin accidentes, sin rencillas burocrticas, sin papeleo, sin estupidez o incompetencia o flojera, y ciertamente sin nada de los cansadores y trgicamente aburridos interregnos del mundo real en los cuales agentes como Baer sudan en esas piezas de hotel en Beirut interrogando a sus fuentes, haciendo lentamente conexiones, solucionando acertijos o no solucionando nada. El verdadero trabajo de inteligencia no sirve para buenas pelculas.

A este respecto, Syriana es una visin notablemente obsoleta que corresponde bastante bien a la agencia de los aos cincuenta y sesenta que circulaba por el planeta derrocando gobiernos durante la era dorada de la accin clandestina, en los tiempos en los que la CIA era mortalmente efectiva y no lo que es actualmente. Se podra argumentar que Syriana es en realidad una especie de propaganda engaosa, tan ensordecedoramente simplista como una cinta de James Bond. La objecin que tengo ante la obra de Baer es que el ngulo de la entretencin muestra sin quererlo a la CIA como una organizacin eficiente, dice Ishmael Jones, quien pas 15 aos como infiltrado para la agencia. Syriana podr parecer un retrato negativo de la CIA como una organizacin de asesinos que trata de favorecer los intereses de las compaas petroleras estadounidenses pero tambin presenta a la CIA como omnisciente, determinada, dura y trabajadora. La CIA, como criatura viva, preferira ese retrato al de estar dedicada slo a su propia manutencin y crecimiento, evitando el trabajo rigoroso y el deber en el extranjero. Cuando pregunt a Baer por la evaluacin de su colega, me envi rpidamente un correo diciendo: Tiene razn.

La verdadera historia que Syriana no menciona es que la CIA de hoy tiene ms empleados, ms arribistas en la burocracia, ms contratistas privados, y un presupuesto ms voluminoso que nunca, y que todava no parece desplegar efectivamente agentes en el terreno para el propsito fundamental de la inteligencia humana. En el largo perodo despus del 11-S, la agencia, atiborrada de dinero, se dedic a una masiva contratacin de personal, y ahora tiene ms de 20.000 empleados, el equivalente del tamao de una divisin del ejrcito. La mayora sirve en el Directorado de Inteligencia, el escuadrn de los frikis; menos de 2.000 trabajan en los servicios clandestinos en el Directorado de Operaciones. Pero incluso los de operaciones se quedan en su mayora en casa. Segn Ishmael Jones, cerca de un noventa por ciento de los empleados de la CIA viven y trabajan en el confort de EE.UU., no acostumbrados a beber agua en las acequias ni a dormir en catres; durante la Guerra Fra, aproximadamente un 45% viva en EE.UU. La evidencia fsica se ve por todo Washington DC en la forma de inmensos nuevos edificios para oficinas de la CIA.

Antes del 11-S la CIA era burocrtica y negligente, pero despus empeor considerablemente, me escribi recientemente Jones en un correo en el que describe cmo funciona la hinchazn. En lugar de simplemente llamar a alguien y organizar una reunin, como se hace tan a menudo en el trabajo como periodista, me dijo, la CIA forma comits para discutir como contactar a alguien y pasar meses hacindolo. Luego, en lugar de llamar al individuo por telfono, har algo terriblemente costoso crear una convencin en Roma en un hotel elegante, preparar eventos y oradores, y luego invitar al individuo a la convencin. O comprarn el banco que usa para sus negocios. Los bienes races son importantes, de modo que tal vez compren la casa al lado de la del individuo. Esos programas nunca parecen funcionar porque las condiciones nunca parecen ser exactamente lo que debieran ser para reunirse con la persona. Pero la reunin no es el objetivo, me dijo Jones. El objetivo es que todos parezcan ocupados y que desaparezca el dinero.

La agencia es presa del frenes privatizador que ahora es comn en los servicios de inteligencia de EE.UU., donde los agentes estn ms interesados en las puertas giratorias de Washington que, a pesar de las ilusiones hollywoodenses de Syriana, en asesinar emires al otro lado del globo. El complejo inteligencia-industrial vale hasta 50 mil millones de dlares al ao, con la subcontratacin en el sector privado de ex agentes de la CIA que ofrecen sus servicios a la agencia a tres veces lo que gana el empleado promedio de la CIA (y con mucho menos efectividad, segn fuentes como Jones, incluso que los empleados derrochadores). Es un cambio sin precedentes en la historia de la agencia. Nunca se vio a un contratista privado dentro de la CIA en mis das y nadie hablaba de conseguir un contrato cuando se iba, me dice Baer. La gente se retiraba y desapareca. Era como Cincinato. Volvan a sus granjas. Mire George Tener. Se retira, gana millones de dlares con su libro, y ahora tiene mltiples contratos de consultora con la CIA. Cuando escribi su libro, la CIA le dio investigadores y una oficina una oficina confidencial en Langley para posibilitar que la CIA le comprobara los hechos. Ishmael Jones me dice que desde el 11-S unos 3.000 millones de dlares han sido desperdiciados, perdidos o robados por ex agentes de la CIA que trabajaban como contratistas haciendo trabajo de apoyo, dirigiendo programas de entrenamiento, realizando investigacin, escribiendo anlisis. El que compaas privadas desplumen al gobierno de EE.UU. es una tradicin estadounidense, con ms fuerza en la ltima dcada que nunca antes, pero la diferencia, seala Jones, es que los contratistas de la CIA no estn sujetos a supervisin, ni a rendir cuentas.

La nueva contratacin, los mayores presupuestos, el crecimiento en la subcontratacin se basa claramente en preocupaciones aparentes por la seguridad nacional. Todo ese esfuerzo se hace para derrotar al sustantivo llamado terror y para encontrar a bin Laden, que ocupa el til punto en el horizonte en el cual otrora el comunismo surga como amenaza. Bob Baer aprovech la industria de la amenaza de bin Laden con su primer libro. Hay dinero, carreras, reputaciones enteras que dependen de la amenaza de bin Laden. Pero la amenaza fue efmera, dice Baer. Ese caso lo estropeamos.

Mientras tanto, existe Baghdad Station, donde supuestamente la inversin tiene importancia. John Maguire, quien trabaj con Baer en Beirut, volvi recientemente de Bagdad, que es ahora la mayor operacin clandestina de la CIA desde Saign durante la Guerra de Vietnam. Hay pocos, si alguno, agentes que sepan moverse por la ciudad, pocas veces se atreven a salir, ciertamente no solos, y la mayora pueden perderse. Demasiado peligroso, dicen. Cuando salen, me dice Maguire, es con guardaespaldas personales, conductores, coches blindados, armas automticos, y un perfil de una pelcula de Mad Max. Para que luego hablen de moverse como la niebla. En su lugar, es el puo de hierro, los Abu Ghraib y los sitios ocultos de la CIA, los gulag sper-secretos, donde la agencia ha resucitado su hbito criminal de torturar sus fuentes. La tortura, como os dir Bob Baer, nunca ha producido material til de inteligencia y nunca lo har. La tortura, sin embargo, produce una cantidad de gentes encolerizadas que terminan por odiar a EE.UU. cuando podran haber sido aliados. En otras palabras, un buen sistema para ms contragolpes.

***

Un da en otoo pasado, cuando fui a visitar a Baer en Silverton antes de la llegada de mucha nieve y del cierre de los caminos durante das enteros, caminamos por las montaas y hablamos de lo que podra haber logrado una CIA eficiente. Podra haber encontrado a bin Laden (Baer piensa que est muerto, que sus vdeos resultan del trabajo de un especialista en Photoshop de al Qaeda). Podra haberse introducido en la Hermandad Musulmana que ayud a producir la tropa de bin Laden. Podra haber sido honrada en cuanto al espejismo de las ADM de Sadam. La CIA suministr armas a los muyahidn en Afganistn durante diez aos para derrotar al ejrcito sovitico, dijo. Sin embargo la agencia no haba encontrado una sola fuente dentro de Afganistn que pudiera informarnos sobre al Qaeda.

Hablamos sobre su ltimo libro, The Devil We Know, un anlisis de la inteligencia respecto a Irn que sugiere que todo en el discurso popular en EE.UU. es errneo. Es el tipo de inteligencia que probablemente habra sido ignorada si hubiera sido publicada dentro de la agencia. EE.UU., plantea Baer, debera abrirse hacia Irn, una gran potencia en Oriente Prximo, heredera de la Persia antigua que posee una memoria histrica que el aparato de espionaje estadounidense no se molesta por comprender. EE.UU. debiera llegar a una distensin con los gobernantes de Irn, reconocindolos no como dementes que buscan la destruccin sino como protagonistas en el mundo de la realpolitik no tan diferente en su propsito de EE.UU. Irn, dice Baer, ha abandonado su tendencia a financiar el terrorismo contra EE.UU. En general es un argumento generoso, casi heroico, considerando la carnicera realizada contra la CIA por los mullahs durante los aos de Baer en Beirut, los amigos muertos por Irn, el caos provocado por Irn. En ese sentido el libro es una oferta de paz a pesar del terrible pasado un reconocimiento de la memoria histrica y un intento de encontrarle una respuesta.

Casi nada de lo que sugiere en el libro sobre Irn est de acuerdo con la sabidura convencional en Washington. Irn debe someterse, dice la sabidura, o sufrir nuestras bombas. Irn, despus de todo, es supuestamente la prxima gran amenaza. La voz disidente de Baer es pequea en la avalancha de intereses en Washington. Por eso est en Silverton. Sugiere que la CIA transfiera su central a las montaas, que viva en el duro invierno glido y que tome contacto con la realidad, pierda un poco de grasa. Me da la impresin de que ya no cree en el poder de EE.UU. tal como est configurado actualmente. Tal vez ha vuelto al punto de partida de sus viajes por el mundo con su madre. Me cuenta que podra presentarse de candidato a sheriff del distrito y que su primer acto oficial ser que ya no implementar las leyes federales. Me dice: Somos un pas de aislacionistas. No construimos imperios. As que volvemos a casa. Construimos el coche elctrico perfecto, regalamos paneles solares, transformamos a los tarados de Wall Street para que construyan el transporte pblico. Tiene que cuidar a su nueva hija Khyber y a su esposa Dayna. Tiene un nuevo par de esques. Mientras caminamos por las montaas, la nieve comenz a caer. Pronto los picos estarn cubiertos, y el valle. Baer podra ir a esquiar.

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Christopher Ketcham, escritor independiente en Brooklyn, NY, est escribiendo un libro sobre grupos secesionistas en EE.UU. Para contactos escriba a: [email protected] o vea ms de su trabajo en christopherketcham.com.

Fuente: http://www.counterpunch.org/ketcham10232009.html



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