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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2009

Un Consejo Europeo de transicin

Josu Juaristi
Gara

A la Unin Europea, en cierto sentido, le viene bien el pulso que mantiene con Vaclav Klaus, porque le da un par de semanas de margen para seguir negociando sobre los nuevos cargos y sobre sus competencias reales


La UE llega al Consejo Europeo de mitad de semestre en estado de euforia tras la ratificacin del Tratado de Lisboa en Irlanda, pero el dscolo Vaclav Klaus evitar que la fiesta sea completa y obligar a la presidencia sueca a convocar otra cumbre extraordinaria antes de la de diciembre, probablemente dentro de 15 das.

Se tratar de un Consejo Europeo de transicin, pero los Veintisiete no dejarn pasar la oportunidad de presentar a sus ciudadanos los primeros efectos del Tratado de Lisboa aunque, en rigor, no deberan poder hacerlo, puesto que el presidente checo an no lo ha firmado.

Pero la Unin Europea necesita escenificar que est saliendo de la fase de oscuridad y para ello, adems de presionar a Vaclav Klaus, centrar la cumbre en algunas de las novedades que Lisboa le permite, aunque ninguna de ellas est, en absoluto, concretada. As, la presidencia sueca ya ha manifestado su deseo de que se comience a poner rostro a las nuevas incorporaciones en la Comisin Europea, de modo que el Parlamento pueda comenzar a preparar ya el examen del nuevo colegio de comisarios. Y, adems, presentarn como la primera gran novedad el visto bueno al cuerpo diplomtico de la Unin Europea, un visto bueno poltico, en todo caso, puesto que buena parte de los elementos y competencias que le darn mayor o menor entidad siguen en la mesa de negociacin de los Veintisiete.

La cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE tratar, adems, de limar las asperezas y desacuerdos sobre la posicin comn que, se supone, la Unin Europea llevar a la Cumbre de la ONU sobre el Cambio Climtico que se celebrar del 7 al 18 de diciembre en Copenhague. Lo que pudo comprobarse en el Ecofin y en el Consejo de Ministros de Medio Ambiente de la semana pasada fue que las cuestiones de financiacin de programas y objetivos siguen dividiendo a los estados miembros.

En cuanto a la crisis econmica, los Veintisiete hablarn, sobre todo, de nuevos programas marco de vigilancia de la situacin.

Pero estas dos cuestiones sern, probablemente, poco relevantes (aunque servirn para engordar el pliego de conclusiones de la cumbre). Y, tras el subidn en las cuestiones institucionales, los Veintisiete preferirn centrarse en un tema diferente, y ciertamente interesante: la adopcin y lanzamiento de la Estrategia para la Regin del Mar Bltico, estrategia que implica el desarrollo de algunas potencialidades que la Unin Europea mantena atascadas desde hace tiempo y que analizaremos con detenimiento en los prximos das.

Cuestiones institucionales

En el titular de este anlisis apuntamos que este Consejo Europeo ser de transicin. Y lo ser por varias razones. En primer lugar, porque, como hemos apuntado, la UE no puede decir an de forma oficial que el Tratado de Lisboa ya est aprobado y que podra, por lo tanto, entrar en vigor el 1 de enero. Falta la firma del presidente checo y aunque es inimaginable que Vaclav Klaus o el Constitucional checo puedan parar el tren de Lisboa a estas alturas, s que estn retrasando su llegada a la estacin.

De ah que este Consejo Europeo de Bruselas no pueda proclamar oficial y pomposamente el advenimiento del Tratado de Lisboa. Adems, los Veintisiete necesitan ms tiempo para negociar los temas ms visibles que traer el Tratado: la designacin de un presidente del Consejo Europeo (que ser elegido para dos aos y medio) y el nombramiento del Alto Representante de la Unin para Asuntos Exteriores y Poltica de Seguridad, puesto que ha desempeado Javier Solana (aunque sin competencias explcitas) pero que ahora se presenta como nuevo porque, se supone, le darn contenido y competencias ms claras.

Pero es ste, precisamente, el problema, que los Veintisiete no se han puesto an de acuerdo en si estos dos cargos sern puestos de aparato o algo ms.

En esto sentido, incluso les viene bien el pulso que mantienen con Vaclav Klaus, porque les da unas dos semanas de margen para poder seguir negociando.

Consecuencia lgica

En estas ltimas semanas se ha escrito mucho en torno, sobre todo, al puesto de presidente del Consejo Europeo, una de las innovaciones ms llamativas del Tratado de Lisboa. Una novedad que, de hecho, no es sino la consecuencia lgica de una constatacin: el actual sistema de presidencias rotatorias semestrales no funciona en absoluto. Esto se ha podido comprobar con meridiana claridad, por ejemplo, con la reciete presidencia checa, pero tambin con la francesa (demasiado centrada en el ego de Nicolas Sarkozy) e incluso con la actual presidencia sueca, que a pesar de su dinamismo no ha logrado concitar los consensos necesarios en los principales temas a debate y negociacin hoy en el seno de la Unin. Uno de estos temas de los que no se habla mucho -porque las cuestiones institucionales estn desviando interesadamente la atencin- es la negociacin presupuestaria, la prxima gran batalla entre los veintisiete estados miembros.

Los nombres

Como apuntbamos, la clave estriba en saber para qu y con qu facultades se designarn al presidente del Consejo Europeo y al jefe de la poltica exterior. Y en este tema hay varias cuestiones preliminares que orientarn las decisiones finales.

Recordemos, en primer lugar, que las elecciones al Parlamento Europeo las gan la derecha, y que una plastante mayora de estados miembros estn gobernados por la derecha. Eso tiene consecuencias en la eleccin de los nuevos cargos. Por un lado, porque el Partido Popular Europeo y los gobiernos conservadores exigirn que el primer presidente del Consejo Europeo salga de sus filas, con lo que los posibles candidatos se reducen en buena medida, por mucho que la candidatura de Tony Blair figure en muchas quinielas. Mucho ms sentido tendra, por ejemplo, que el elegido fuera el primer ministro luxemburgus Jean-Claude Juncker (en la imagen), que ayer casi se postul para el cargo.

Y si aceptsemos como vlida esta argumentacin sobre el signo poltico de este primer presidente, sera lgico pensar que el puesto de jefe de la diplomacia comunitaria fuera, en contrapartida, para un socialdemcrata, y ah s que podran entrar en juego, por ejemplo, las opciones del secretario de Estado britnico de Exteriores, David Miliband. El poltico laborista est haciendo campaa a favor de Blair para el puesto de presidente, pero da la impresin de que, en realidad, se est postulando a s mismo para el cargo de Alto Representante para la Poltica Exterior y de Seguridad de la Unin Europea.

Cumbre en dos semanas

Todo esto se dilucidar, probablemente, en otro Consejo Europeo que la presidencia sueca tendr que convocar para mediados de noviembre. Aunque parezca precipitado, las cumbres de jefes de Estado y de Gobierno de la Unin pueden convocarse con una semana de antelacin, y en los pasillos de Bruselas la mayora de los funcionarios daban por seguro que el nuevo Consejo Europeo extraordinario para dar nombre y rostro a estos dos puestos tendra lugar el 12 y 13 de noviembre. Para esa fecha, Vaclav Klaus debera de haber firmado ya el Tratado de Lisboa y los Veintisiete ya habrn adelantar las negociaciones sobre el reparto de altos cargos. Al respecto, ayer se supo que la Corte Constitucional de la Repblica Checa aplazaba su decisin sobre el recurso presentado por diecisiete senadores conservadores contra el Tratado de Lisboa (alegando que viola la Carta Magna). El veredicto definitivo se conocer el 3 de noviembre.

Como siempre en estas negociaciones sobre altos cargos, se tratar de un intercambio de cromos, un intercambio que afectar tambin a los puestos claves de la Comisin Europea, cuya composicin definitiva an no se ha desatascado.

Y, en el camino, los grandes contribuyentes plantarn las semillas para poder negociar con ventaja y sin sorpresas cuestiones ms fundamentales como las del presupuesto comunitario, la reforma agrcola y el futuro de la cohesin y de la ampliacin. Cuestiones fundamentales y muy delicadas que levantan ampollas, especialmente entre los contribuyentes netos a la caja comn

Cuerpo diplomtico de la UE

Mientras revientan estas grandes negociaciones, los estados miembros vendern como un avance clave en la integracin europea la decisin (recogida en el Tratado de Lisboa) de crear lo que se ha dado en llamar el nuevo Servicio Europeo de Accin Exterior, un cuerpo diplomtico que asistir al Alto Representante en el desempeo de sus funciones y que, se supone, prestar tambin asistencia diplomtica y consular mucho ms prctica que hasta ahora a los ciudadanos que viajen fuera de la Unin.

Esta es otra de las decisiones obvias que la Unin no poda postergar durante ms tiempo. Lo que ahora se presenta como un logro fundamental es, en realidad, el reflejo de un fracaso monumental durante dcadas. Que los estados miembros no hayan sido capaces de unificar sus servicios consulares y diplomticos en el mundo no es slo consecuencia de la inexistencia de una verdadera accin o poltica exterior comunitaria, sino de la falta de voluntad por consensuar polticas, ceder espacios de soberana y funcionar ms al servicio de sus ciudadanos que de sus propios intereses, como ha ocurrido siempre hasta ahora.

Est por ver, en cualquier caso, que sto vaya a solucionarse de la noche a la maana con el anuncio a bombo y platillo de este Servicio Europeo de Accin Exterior. Entre otras cosas porque an no han decidido cules sern sus competencias y mbitos reales de actuacin y decisin.

El tiempo dir, adems, si esto supone, efectivamente, un paso definitivo hacia la creacin de una verdadera poltica exterior comunitaria.

Lo que est claro es que, de momento, han comenzado a construir la casa por el tejado. Es cierto que los aos de Javier Solana con este mismo cargo que ahora se presenta como gran novedad servirn para arrancar, pero no es menos cierto que esta experiencia tambin ha servido para demostrar hasta dnde estn dispuestos a ceder los estados en el mbito exterior. Y estos aos nos dicen que, de momento, los estados miembros no van a ceder mucho. Servir para lo obvio; es decir, para solucionar los evidentes problemas de coordinacin y coherencia entre el puesto de jefe de la diplomacia europea (bajo orden y mandato directo del Consejo, es decir, de los estados) y la Comisin Europea, que tambin tiene su direccin de poltica exterior (de hecho, el Alto Representante asumir una de las vicepresidencias de la Comisin).

Pero la cuestin no es tener o no una especie de ministro de Exteriores, la cuestin estriba en saber si los estados van a aceptar una verdadera poltica exterior y de seguridad comn, y de momento esto no existe.

Lo que s tendr este cargo es un enorme volumen de funcionarios a su servicio, pero pasar mucho tiempo antes de que los estados vayan reduciendo sus servicios diplomticos y consulares en el exterior en beneficio del nico que, en buena lgica, deberan potenciar y debera representar a sus ciudadanos en el exterior, el servicio diplomtico europeo. Y pasar mucho ms tiempo an hasta que a este servicio exterior se le pueda homologar, por ejemplo, con un verdadero Departamento de Estado al estilo norteamericano.

GARA analizar en profundidad todas estas cuestiones a partir de la semana prxima, en una serie de artculos que pondr el foco tanto sobre las novedades del Tratado de Lisboa como sobre las hiptesis de futuro que se abren ante la Unin Europea.

Estrategia para el Bltico

Una de estas hiptesis tiene que ver, y probablemente mucho, con una de las noticias que saldrn del Consejo Europeo de esta semana: el lanzamiento oficial, tras muchos meses de debate e intercambio de documentos, de la Estrategia para la Regin del Mar Bltico. Se trata de una estrategia enfocada sobre todo a resolver problemas concretos de la regin (desarrollo y medio ambiente especialmente) por medio de proyectos coordinados.

Pero, en realidad, es mucho ms, podramos definirlo incluso como un proyecto piloto con el cual la Unin Europea quiere calibrar el posible alcance de una estrategia mucho ms amplia de las denominadas macro-regiones, entendidas en este caso como regiones que comprenden a varios estados miembros con unas caractersticas geogrficas comunes. Los ribereos del mar Bltico son el primer proyecto, pero ya se habla de estrategias similares para la regin del Danubio, para los Alpes o los Crpatos.

En el caso del Bltico, la estrategia fue adoptada en junio por la Comisin Europea y, aunque no prev fondos nuevos o adicionales a los ya existentes para los proyectos ya contemplados, s exigir una coordinacin sin precedentes entre los ocho estados afectados: Dinamarca, Suecia, Finlandia, Polonia, Alemania, Estonia, Lituania y Letonia.

Lo que ahora est en discusin es si estas llamadas macro-regiones podran contar en un futuro con una lnea de financiacin propia y separada del presupuesto comn. Y, por extensin, quin y cmo -Comisin Europea, otra estructura ya existente o un nuevo rgano- gestionara esos fondos propios. Se trata, quizs, de una nueva perspectiva a la hora de abordar el tradicional concepto de la cohesin y de los instrumentos utilizados para el desarrollo -veremos hasta qu niveles- dentro de la fronteras de los estados miembros.

Cumbre de la ONU

Las discusiones en torno a la posicin comn que, en teora, la Unin Europea debera llevar a la cumbre de la ONU sobre el cambio climtico sern otro de los puntos de friccin de este Consejo Europeo. Segn se supo ayer, los embajadores permanentes no han logrado acercar las diferentes posturas y todo apunta a que los jefes de Estado y de Gobierno de la Unin no llegarn ningn tipo de acuerdo en este punto. En la jerga comunitaria, lo que ayer se transmita era que hay una posibilidad real de que de este Consejo Europeo no salga una conclusin sobre la posicin euroepa en torno a la financiacin del nuevo tratado sobre el clima que debera salir de la cumbre de Copenhague. Es decir, que no hay acuerdo y que cada Estado miembro sigue mirando slo por sus intereses.

http://www.gara.net/paperezkoa/20091028/163714/es/Un-Consejo-Europeo-transicion



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