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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2009

Debates, realidades y conciertos

Jos Miguel Arrugaeta / Joseba Macas
Rebelin


La llegada del otoo trae consigo, una vez ms, el cuestionamiento del intransferible y habitual ritmo cubano a la hora de la toma de decisiones que, en opinin de muchos, no pueden ser postergadas por ms tiempo. La otra cuestin esencial es si el debate social de nuevo planteado ser capaz de concitar las voluntades y los apoyos necesarios entre una poblacin mayoritariamente escptica y cansada. La situacin cubana, interna y externa, adquiere por momentos matices difciles de prever.

Las transformaciones en la estructura econmica y en la cadena de distribucin social aparecen en estos momentos como procesos de bajo perfil informativo, difciles de entender fuera de Cuba. Pero pese a los silencios interesados de una parte importante de los medios internacionales los cambios sin ruido van marcando determinadas pautas internas a tener en cuenta. Es el caso de la eliminacin progresiva del almuerzo para los trabajadores ofertado en los comedores de ministerios y determinados centros estatales, convertido de hecho en un gasto social realmente considerable que vena acompaado en muchas ocasiones del desvo de productos alimenticios que han abastecido un floreciente y rentable mercado negro. La nueva medida se completa con el pago diario de 15 pesos cubanos a cada trabajador-a, lo que supone un aumento monetario real de entre el 50 y el 100% en las nminas de los trabajadores.

Hacia cambios estructurales

Esta decisin, de aplicacin a partir del pasado primero de octubre, es an experimental y limitada pero, segn medios oficiales, de ser ampliada a todo el pas supondra un ahorro en importaciones de alimentos subvencionados cercano a los 350 millones de dlares. Complementando esta lnea de actuacin, desde hace ya varias semanas en la seccin Cartas al Director que publica todos los viernes el diario oficial Granma se viene planteando la discusin sobre las consecuencias de la eliminacin de la libreta de abastecimientos, apuntando de manera evidente a la superacin de una distribucin igualitaria (en una sociedad marcadamente desigual como la que representa la Cuba del 2009) de la canasta bsica. A pesar de que una medida como la apuntada posibilitara una poltica social focalizada y reforzada hacia sectores determinados e identificados (jubilados, estratos con menos recursos, consumo social en educacin y salud pblica, etc.) y podra elevar la cifra de ahorro en concepto de importaciones-subvenciones hasta los 1.000 millones de dlares anuales, las dudas respecto a cmo atenuar las consecuencias negativas de esta decisin siguen estando muy presentes en buena parte de la poblacin partidaria y sostn de la propia Revolucin: Cmo se consigue no dejar desprotegidos a los sectores ms vulnerables? Cul debe ser el mecanismo sustitutivo de una canasta bsica en una realidad de salarios claramente insuficientes?... Son preguntas aun sin respuestas mientras parece evidente que entre la racionalidad econmica y la conciencia social paternalista, promovida desde hace dcadas, existe un manifiesto vaco de difcil resolucin.

Siguiendo en el mbito econmico y estructural, las recientes transformaciones en el campo cubano y las entregas masivas en usufructo de tierras ociosas han comenzado a dar sus frutos mediante un visible aumento de la produccin de diversos alimentos. Sin embargo, la televisin y la prensa nacional dedican desde hace algunas semanas amplios reportajes e imgenes a denunciar cmo toneladas de productos agrcolas de alta demanda se acumulan y se pudren en los centros de acopio. Una penosa realidad ante la que el aparato burocrtico es incapaz de implementar un sistema eficiente de distribucin, mientras los precios minoristas de estos mismos productos siguen siendo excesivamente altos para la ciudadana.

Las barreras invisibles y el enemigo interno

El caso de las producciones agrcolas revela la existencia de barreras invisibles que obstaculizan la voluntad de mejora y eficiencia. Transformar una parte sin afectar el todo aparece a estas alturas como una tarea sumamente difcil que atenta directamente contra intereses creados que parecen coincidir en el objetivo final de mantener precios altos mediante un abastecimiento permanentemente escaso e intermitente.

Pero a los obstculos pasivos contra cualquier cambio econmico que tienda a la racionalidad, la eficiencia y el sentido comn hay que aadir el peso innegable de un enemigo interno realmente peculiar: hablamos de una mentalidad administrativa dirigista y vertical, que funciona como inercia social. Adems de la citada congestin de productos agrcolas, otro buen ejemplo de este mecanismo se puede encontrar en el nuevo curso escolar. Si bien es inequvoca, y siempre hay que constatarlo, la firme voluntad institucional de mantener la educacin al alcance de todos, sin ningn tipo de excepcin, la realidad es que los cambios educativos (decididos desde hace meses en mbitos administrativos y profesionales) parecen haber olvidado a dos factores educativos esenciales como son los padres y los propios alumnos. De esta forma, el sistema educativo muestra en la prctica manifiestos niveles de improvisacin, fuertes desajustes y mltiples descontentos, que se aaden a un marcado deterioro tanto en la base material de los estudios como en el mbito del mantenimiento fsico de buena parte de los edificios dedicados a la docencia.

La obligada lectura de estos fenmenos lleva a una conclusin cada da ms inaplazable: gobernar y dirigir slo mediante decretos, regulaciones y voluntad poltica no responde a la realidad de la Cuba de hoy. La Revolucin se encuentra ante el reto de implementar de manera permanente la participacin social y el debate colectivo para consensuar cambios, proyectos y planes de actuacin, con el fin de que el respaldo, la comprensin y el apoyo expreso de una mayora de la poblacin, hagan posible cualquier trasformacin.

El Debate con maysculas

Pero si de debates hablamos, sin duda el ms estratgico y fundamental resulta en estos momentos el iniciado a partir de la intervencin del Presidente Ral Castro en la ltima Asamblea Nacional (1-8-09), que debe culminar con la realizacin del prximo congreso del Partido Comunista de Cuba, en fecha aun por determinar. A dos aos de la anterior convocatoria abierta para discutir el futuro y los necesarios cambios del socialismo cubano, que concluy con la recopilacin de problemas y soluciones sin la puesta en prctica de medidas significativas, una parte importante de los sectores revolucionarios parece desmotivada y escptica respecto a la posibilidad real de que la Revolucin sea capaz de transformarse a s misma (caracterstica histrica de la dinmica fraguada a lo largo de cincuenta aos e impulsada por el propio Fidel). A este escepticismo inicial hay que aadirle, adems, la constatacin de que este proceso ha comenzado orientado por los instructores profesionales del Partido en torno a diez puntos generales a aplicar preferentemente al mbito laboral y local.

Las convocatorias realizadas hasta el momento muestran una relativa participacin activa tanto en las reuniones de las clulas del PCC -ncleos del Partido-, como en las realizadas a nivel sindical, pero muy poca motivacin en las convocadas a nivel de barrios. Sin duda, no son buenas seales para iniciar una discusin y un debate que se presentan como esenciales para el futuro inmediato de Cuba. Este proceso sin embargo apenas ha comenzado y es de suponer que, dada su trascendencia, la bsqueda de una activa participacin e implicacin social se convierta en un objetivo prioritario en s mismo en las prximas semanas.

Este debate mayor no se circunscribe solo al mbito del Partido. Tambin otras organizaciones de masas como la Unin de Juventudes Comunistas (UJC), preparan en estos das mediante discusiones y debates su Congreso Nacional, sntoma de la necesidad de articular a todos los niveles sociales un discurso y lneas de actuacin adecuadas a la nueva realidad que vive la Cuba de esta primera dcada del siglo XXI.

Continuidad de la poltica estadounidense contra Cuba. Msica sin y con Fronteras

Mientras tanto, la poltica de la nueva administracin estadounidense hacia Cuba mantiene una lnea de continuidad. Los hechos son simples: el presidente Barack Obama acaba de prorrogar por un ao los principales instrumentos del bloqueo. Las medidas anunciadas por el propio presidente de Estados Unidos tendentes a eliminar las restricciones de viajes y el envo de remesas familiares, aun esperan su puesta en prctica al tiempo que se siguen aplicando fuertes sanciones econmicas y presiones a las empresas que comercian con la Isla, sea cual sea su nacionalidad. En la contrabalanza, los contactos directos se limitan por el momento a reuniones bilaterales satisfactorias para normalizar el correo y los envos postales o la concesin limitada de visas a conocidas personalidades de la cultura cubana.

Buena muestra de los obstculos reales a cualquier cambio en las relaciones Estados Unidos-Cuba ha sido la convocatoria por el cantante colombiano Juanes de un Festival de msica internacional en La Habana con el lema Paz sin fronteras. Celebrado el domingo 20 de septiembre en la emblemtica Plaza de la Revolucin, centenares de miles de cubanos-as de todas las edades pudieron disfrutar de un concierto gratuito de varias horas de duracin, totalmente ajenos a campaas, amenazas, fobias, insultos y descalificaciones auspiciadas principalmente (aunque no slo) entre los sectores ms beligerantes de la comunidad cubano-estadounidense. Un nuevo intento por parte del poderoso y ultra-reaccionario lobby de Miami de monopolizar en la prctica la opinin de una comunidad que sobrepasa el milln de personas. Los argumentos esgrimidos por esta minora de extrema derecha en contra de la celebracin de un concierto enmarcado en un concepto de paz blanca vaco de contenidos y referencias reales, han vuelto a mostrar a los ojos de la comunidad internacional el histerismo de una mentalidad fraguada en el odio y el rencor no superado que sigue manteniendo posturas de extrema agresividad retroalimentada.

Pero si este primer concierto pudo celebrarse exitosamente, las reacciones parecen haber surtido efecto. El pasado primero de octubre se conoca la negativa del Departamento del Tesoro de Estados Unidos a autorizar el viaje que 150 patrocinadores y promotores de la Orquesta Filarmnica de Nueva York deban a realizar a Cuba con el fin de preparar varias actuaciones de la afamada orquesta de cmara en La Habana. Los conciertos, finalmente, han sido suspendidos.

Para completar el cuadro de esta curiosa diplomacia musical, hay que dejar constancia de las dos recientes actuaciones multitudinarias del siempre comprometido Manu Chao, (con asistencia de unas 100.000 personas) que, fiel a sus postulados y trayectoria, ha dado una tonalidad nada blanca a sus presentaciones, con referencias expresas y claras a la entraable figura del Che Guevara y al significado poltico de la Revolucin cubana, que sigue siendo, a pesar de sus disyuntivas internas actuales, referencia en Amrica Latina y en buena parte del mundo.

Finalmente, en medio del debate revolucionario, las complejas realidades internas y la continuidad de la poltica de EE.UU. contra Cuba, la reciente muerte a los 78 aos y por causas naturales del Comandante Juan Almeida, hroe y figura insigne de la lucha guerrillera y del proceso revolucionario, vuelve a recordarnos a todos que el natural relevo generacional y la actualizacin del proyecto social, econmico y poltico de la Revolucin tiene plazos cercanos en el tiempo y retos urgentes que afrontar. Mientras tanto el reloj, como en aquellos boleros que tanto le gustaban a Almeida, sigue marcando las horas sin detener su camino.

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa de los autores, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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