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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-10-2009

Por deferencia de la CIA
Otra avalancha de droga

Dave Lindorff
CounterPunch

Traducido para Rebelin por S. Segu


La prxima vez que vea a un drogadicto tirado en una acera del centro de su ciudad ms cercana o que lea que alguien muri de una sobredosis de herona, imagnese junto a l o ella un gran anuncio publicitario que diga: Los dlares de sus impuestos federales funcionan.

Demos la enhorabuena al New York Times y a los periodistas Dexter Filkins, Mark Mazzetti y James Risen por su artculo de primera pgina de hoy en el que informan de que Ahmed Wali Karzai, hermano del increblemente corrupto presidente de Afganistn, Hamid Karzai, y cabecilla importante de los traficantes de droga del pas productor de la mayor parte del opio que circula en el mundo, ha estado durante ocho aos en la nmina de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense.

En realidad el artculo carece de suficiente perspectiva histrica (volver sobre esto) y permite entrever las tijeras de los altos responsables del diario, en particular por el tono extremadamente cauto (me encant el tercer prrafo, que dice: Los vnculos financieros y la estrecha relacin de trabajo de la CIA con Karzai plantean importantes interrogantes sobre la estrategia de guerra de Estados Unidos, actualmente en revisin en la Casa Blanca. Qu tontera; lo que debera plantear interrogantes es la razn de nuestra presencia en Afganistn, o qu miembro de la CIA debera ir a la crcel, o cmo puede explicar todo esto el gobierno tras los ms de 1.000 soldados y marines muertos supuestamente por ayudar a construir un nuevo Afganistn). Sin embargo, el peridico que contribuy a llevarnos alegremente a la estpida y criminal invasin de Iraq en 2003 y que impidi que un periodista como Risen publicase su artculo de denuncia de la masiva operacin de espionaje electrnico llevada a cabo ilegalmente por la National Security Agency del gobierno Bush-Cheney hasta despus de la eleccin presidencial de 2004, esta vez ha abierto sus pginas a una exposicin crtica importante, e incluso, apropiadamente, ha incluido una entradilla en el artculo de primera pgina en la que indicaba que octubre ha sido el mes ms mortal para las tropas de EE.UU. en Afganistn.

Lo que el artculo no menciona en absoluto es que estamos aqu ante un patrn histrico claro. Durante la Guerra de Vietnam, la CIA y su aerolnea camuflada Air America estuvieron metidas hasta el cuello en el comercio de herona del sudeste asitico. En ese momento, era el sudeste asitico, no Afganistn, el principal productor y exportador de opio, sobre todo a EE.UU., donde hubo una epidemia de herona.

Una dcada ms tarde, en los aos 80, durante la administracin Reagan, el desaparecido periodista de investigacin Gary Webb document brillantemente, primero de una serie de artculos titulada Dark Alliance, publicada en el diario San Jos Mercury, y ms tarde en un libro con este mismo nombre, la estrecha participacin de la CIA en el desarrollo y el contrabando de cocana hacia EE.UU., que sufri una epidemia de crack que sigue destruyendo an hoy las comunidades afroamericanas y otras comunidades pobres en todo el pas. (El papel del New York Times en esta historia fue srdido al igual que el del Washington Post y Los Angeles Times al publicar noticias despreciables sobre Webb que destrozaron su trabajo y su carrera, y en ltima instancia, lo llevaron al suicidio, aunque los hechos que revel han resultado ser ciertos. Para conocer esta historia en su totalidad, lase Whiteout: the CIA, Drugs and the Press, de Alex Cockburn y Jeffrey St. Clair.) En aquella ocasin, Webb revel que la CIA estaba utilizando la droga para financiar el flujo de armas que luego transportaba en sus propios aviones y entregaba a la contra nicaragense con el fin de derribar el gobierno sandinista de Nicaragua, en un momento en el Congreso haba prohibido a EE.UU. apoyar a la contra.

Y ahora tenemos Afganistn, que antes fue un remanso tranquilo con poca conexin con las drogas (los talibanes, antes de su derrocamiento por fuerzas de EE.UU. en 2001, haban prcticamente eliminado la produccin de opio, segn informaciones de la ONU), pero que ahora es responsable de hasta el 80 por ciento de la produccin de opio del mundo. Y esto sucede en unos momentos en que EE.UU. financia y dirige el pas con un ejrcito de ocupacin que, junto con las fuerzas del gobierno afgano que controla, supera los talibanes en una proporcin de 12 a 1, segn un reciente artculo de Associated Press (1).

La verdadera historia aqu es que cuando EE.UU. llega, el trfico de drogas viene a continuacin, y el papel principal en el desarrollo y fomento del comercio de estupefacientes aparentemente lo desempea la CIA.

Los dlares de sus impuestos funcionan

La cuestin aqu no debera ser cuntos soldados estadounidenses ms deben enviarse a Afganistn. Ni siquiera debera ser si EE.UU. deben subir la puesta o reducir su presencia en funcin de un objetivo ms limitado de la caza de terroristas. La cuestin debera ser lo rpido que EE.UU. puede sacar sus tropas de Afganistn, lo pronto que el Congreso puede iniciar sus audiencias sobre corrupcin y trfico de drogas a cargo de la CIA, y lo pronto que la oficina del Fiscal General puede establecer un jurado de acusacin que investigue el trfico de drogas que lleva a cabo la Agencia.

Los estadounidenses que durante aos han apoyado una estpida, chapucera e ineficaz guerra contra las drogas en este pas, y que apoyan sin reflexin alguna la poltica de tolerancia cero hacia las drogas en las escuelas y en el trabajo, deberan exigir una poltica de tolerancia cero para con los traficantes de drogas en el gobierno y la poltica exterior, entre otros la CIA.

Durante aos se nos ha contado el cuento de que los talibanes se financian con sus impuestos a los cultivadores de opio. Esto puede ser cierto en parte, pero recientemente hemos descubierto que no es la verdadera historia. Los talibanes, se ha sabido, han sido fuertemente subvencionados con dinero de proteccin que les pagan las organizaciones de ayuda civil, entre ellas los programas financiados por el gobierno estadounidense, e incluso, al parecer, por las fuerzas militares de algunos de sus aliados de la OTAN (hay actualmente un escndalo en Italia en relacin con tales pagos por las fuerzas italianas). Pero, al margen de este asunto, la industria del opio est lejos de ser controlada por los talibanes. En cambio, en gran medida est controlada por los mismos seores de la guerra con que EE.UU. se ha aliado, y, segn informa ahora el New York Times, por el propio hermano del presidente, Ahmed Wali Karzai.

Filkins, Mazzetti y Risen nos cuentan tambin que Karzai fue un factor clave en la fabricacin de cientos de miles de votos fraudulentos en el robo electoral perpetrado por su hermano, Hamid Karzai, este mismo ao. Nada se dice sobre si la CIA pudiera haber desempeado tambin un papel en este fraude. En un pas donde encontrar imprentas es sin duda difcil, y donde el transporte de fajos de votos falsificados implica bastante riesgo, cabra preguntarse si una agencia como la CIA, que dispone de acceso a las mquinas impresoras y los helicpteros puede haber tenido algo que ver en el mantenimiento en el poder de sus hombres de Kabul.

Seguro que se trata de una pura especulacin de mi parte, pero cuando uno se entera de que la agencia oficial de espionaje de Estados Unidos ha mantenido en nmina no slo a Karzai sino tambin a otros muchos impresentables seores de la guerra afganos, dicha especulacin resulta natural.

La actitud real de la CIA se ilustra mejor con una cita annima, recogida en el artculo de Filkins, Mazzetti y Risen, de un ex funcionario de la CIA con experiencia en Afganistn, que explica el respaldo de la Agencia a Karzai: Prcticamente todas las figuras importantes de Afganistn han tenido que ver con el narcotrfico. Si ustedes buscan a la Madre Teresa, no vive en Afganistn.

El fin justifica los medios es sin duda el lema de la poltica exterior y la poltica militar de Estados Unidos.

El artculo del Times que descubre el vnculo de la CIA con el gran traficante de drogas que es el hermano del presidente de Afganistn debera ser la gota que colme el vaso para los estadounidenses. La guerra necesaria del presidente Obama en Afganistn no es sino una broma de mal gusto.

El opio, y la herona derivada, que est inundando Europa y Amrica gracias al apoyo activo de la CIA a esta industria y sus propietarios en Afganistn est haciendo un dao mucho ms grave a nuestras sociedades que el que ningn terrorista de turbante armado de un chaleco cargado de explosivos podra esperar infligir.

Hay que poner fin a la guerra de Afganistn inmediatamente

Y que comience el juicio contra los traficantes de drogas del gobierno de Estados Unidos.

Una nota sobre el senador John Kerry, demcrata por Massachusetts. Este senador y ex candidato a la presidencia, que ha ido a Afganistn para presionar, en nombre del gobierno de Obama, a su buen amigo, el presidente Hamid Karzai, para que aceptase realizar una segunda vuelta electoral tras el robo de la primera, ha tenido en todo esto un papel vergonzoso. Una vez, llevado por los principios que demostr tener cuando denunci, como veterano, la Guerra de Vietnam, Kerry presidi las audiencias sobre la operacin de la CIA de trueque de cocana por armas en Amrica Central. Ahora, en este viaje, se ha dejado ver dando abrazos a los traficantes de drogas vinculados a la CIA.

  1. http://www.google.com/hostednews/ap/article/ALeqM5jWM24PqWpJg-935bFXbYANhGJ_lQD9BJLDVO0

Dave Lindorff es reportero y columnista residente en Philadelphia. Su ltimo libro es The Case for Impeachment (St. Martins Press, 2006). Su correo electrnico es: [email protected]

S. Segu es miembro de Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica.

http://www.counterpunch.com/lindorff10282009.html



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