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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-11-2009

Los amos de la Sociedad Interamericana de Prensa

Yaifred Ron
Tribuna Popular


Normalmente, los grupos mediticos hablan de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) como si fuera un organismo consultivo vlido, una organizacin internacional como la ONU, la OEA o una ONG de derechos humanos que defiende la libertad de prensa. Nada de eso. La SIP es un cartel de los grandes dueos de medios de comunicacin del continente, un conglomerado de empresarios mediticos que naci en el marco de la 2 Guerra Mundial y se molde al calor de la Guerra Fra, para protagonizar una historia de defensa de intereses oligoplicos, alianza con los poderes imperiales y atentados contra la soberana de los pueblos latinoamericanos.

La accin de la SIP, en ese sentido, est debidamente documentada y se ha basado en el empleo de esquemas de desestabilizacin que, al resultar exitosos, han sido repetidos y son repetidos todava hoy, en toda la regin latinoamericana. En estas pginas reunimos algunos ejemplos, estudiados por periodistas latinoamericanos, de cmo este grupo de propietarios de los medios ha implementado una tradicin de presin contra gobiernos democrticos, con resultados nefastos.

Presentamos aqu los orgenes de la organizacin empresarial y su vinculacin temprana con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), as como casos puntuales de desarrollo de propaganda negra por parte de la SIP contra los gobiernos que han promovido la libertad y progreso de sus pueblos, en contraste con el silencio y la complicidad mostrados con regmenes dictatoriales de la regin, disimulando incluso el encarcelamiento y asesinato de periodistas.

En la ltima parte, intentamos exponer las manipulaciones que han permitido a la SIP no slo continuar usurpando la representacin del periodismo en la regin, sino tambin abrogarse derechos que corresponden a las organizaciones sociales y no slo a un puado de poderosos propietarios de los medios. Para ello, hemos contado con la gua de dignos periodistas latinoamericanos que han luchado por rasgar las mscaras del poder meditico y han denunciado las perversiones de la actuacin de la SIP, que han colocado a la gran prensa a espaldas de los pueblos.

Esperamos que este sea un aporte, entre muchos otros, al desarrollo de la necesaria conciencia crtica en contra de las manipulaciones y desinformaciones de los amos de la prensa.

La SIP y el panamericanismo imperial

El germen de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) hay que buscarlo en el concepto del panamericanismo. Pero no en el panamericanismo bolivariano del Congreso Anfictinico de Panam, sino en el panamericanismo imperial.

En la primera conferencia panamericana, celebrada en Estados Unidos (EEUU), en 1889, se molde un aparataje orientado a organizar reuniones de gobiernos, con la intencin, segn sus creadores, de incentivar la comunicacin y la colaboracin entre los pases, en condiciones de igualdad. Sin embargo, estas reuniones respondan en realidad a la preocupacin de Estados Unidos por delinear las manifestaciones de control imperial, en vinculacin con las oligarquas locales.

Este panamericanismo, de hecho, es entendido como una continuacin de la famosa Doctrina Monroe de 1823, impuesta bajo el lema Amrica para los americanos, a travs de la cual Estados Unidos declaraba que no permitira a ninguna potencia no americana intervenir en el continente.

Bajo tal signo ideolgico, fueron celebradas estas conferencias en distintos pases de la regin y en 1923, en la Quinta Conferencia Panamericana, en Santiago de Chile, se plante la necesidad de organizar una reunin sobre la prensa.

Esa primera conferencia sobre la prensa se realiz finalmente en Washington, tres aos despus, y aun cuando los historiadores oficiales de la SIP insisten en sealar que se trataba de un congreso de periodistas, era esencialmente una reunin de empresarios. As lo resalta el investigador Juan Gargurevich, en su libro A golpe de titular. CIA y periodismo en Amrica Latina, cuando afirma que aquella era la primera vez que se reunan tantos propietarios de peridicos de Amrica Latina. No est de ms recordar que los temas tratados por las diferentes mesas (de la conferencia) no incluyeron los problemas de los periodistas mismos. A los norteamericanos les interesaban los dueos, no los empleados, escribe Gargurevich.

Luego de esta conferencia inicial, se continan efectuando reuniones en varios pases, sin concretarse la creacin de la organizacin, hasta que en 1943, en La Habana, tiene lugar la conferencia que funda la SIP.

En ese momento gobierna en Cuba el famoso tirano Fulgencio Batista. El planeta estaba estremecido por la Segunda Guerra Mundial, y Estados Unidos y la Unin Sovitica hacan sociedad para derrotar el fascismo. Este clima histrico, permeado por la existencia de un frente antifascista, permite que al fundarse la SIP se incluyan entre sus miembros, aunque de manera minoritaria, algunas publicaciones progresistas y de izquierda, entre ellas el rgano de prensa del Partido Comunista cubano, el diario Noticias de Hoy, fundado en 1938.

Desde esa primera reunin de la SIP, las voces minoritarias progresistas intentan impulsar la unidad de los trabajadores de la prensa en la regin y asumen el papel de denunciantes, en contra del papel jugado en Amrica Latina por las grandes agencias de noticias, que actan como reproductoras del mensaje imperial.

Sin embargo, la historia cambia al finalizar la guerra. Ya en 1947 ha comenzado la Guerra Fra que enfrenta a los antiguos aliados -EEUU y Unin Sovitica- se perfila el maccartismo en Estados Unidos y se crea en ese ao la Agencia Central de Inteligencia (CIA), hecho que tendra un papel fundamental en lo que el periodista cubano Ernesto Vera llama el golpe CIA-SIP [1].

Este golpe, que se consum en el ao 1950, fue promovido un ao antes en Quito, en el V Congreso Interamericano de Prensa, por la delegacin estadounidense, integrada por tres personajes claves: un representante del Departamento de Estado, Tom Wallace, y dos altos oficiales de la CIA, Joshua Powers y Jules Dubois. El tro era encabezado aparentemente por Wallace, pero en realidad el personaje central, como se demostrara luego, fue siempre Dubois, quien coordin durante 15 aos despus la labor de la CIA-SIP en Amrica Latina.

Este tro plantea en Quito que la prxima reunin de la SIP tenga lugar en Estados Unidos, ya que los anteriores encuentros haban tenido como sede capitales latinoamericanas: Mxico, La Habana, Caracas, Bogot y Quito. Un grupo de latinoamericanos, entre ellos el periodista peruano Genaro Carnero Checa, se levant contra la idea de escoger a Estados Unidos como pas sede, asegurando que la discriminacin racial y poltica en ese pas no permita que existieran las garantas necesarias para celebrar all un Congreso.

La delegacin norteamericana, luego de aceptar que la discriminacin en su pas era bochornosa, se comprometi a brindar las seguridades para la participacin de todos los delegados, con independencia de sus ideas polticas. Finalmente, la propuesta se impuso y se aprob que la reunin del ao siguiente se realizara en Nueva York.

Al regresar a Estados Unidos, Wallace entreg un informe al Departamento de Estado, titulado Background of previous Interamerican Press Meeting, en el cual queda al descubierto la maniobra. En ese documento, Wallace resaltaba que en la reunin de Quito haban alcanzado el xito en los dos objetivos planteados por la delegacin norteamericana: trabajar por una nueva constitucin de la organizacin original y procurar que la prxima reunin se hiciera en suelo estadounidense bajo los auspicios privados de las publicaciones de Estados Unidos:

Tuvimos xito en ambos propsitos sin tener que provocar la creacin cismtica de otra organizacin y dejar de esa manera en descubierto que la prensa de Estados Unidos haba tenido que provocarla por no poder controlar la organizacin, explicaba Wallace a sus jefes, en el informe citado por Gargurevich. De esta manera, haba comenzado a gestarse el secuestro de la organizacin.

Las historias del tesorero

Segn la historia oficial de la SIP, 1950 fue el ao ms importante para la organizacin. Fue precisamente en ese ao cuando se refund la SIP y qued conformada tal y como la conocemos ahora, sin la participacin de las pocas publicaciones progresistas que inicialmente haban sido incluidas en la Sociedad. A partir de ese ao, se hacen claros los objetivos que la CIA conferir al funcionamiento de la SIP en Amrica Latina.

Pese a las garantas ofrecidas en Quito, los representantes de los rganos de prensa progresistas no fueron invitados a la reunin de ese VI Congreso Interamericano de Prensa. A algunos se les neg la visa de entrada a Estados Unidos bajo la acusacin de ser comunistas. Cuando se quejaron ante los organizadores, Wallace les ignor, indicndoles que la visa haba sido negada por el gobierno y por lo tanto deban quejarse al gobierno.

Hubo incluso quienes llegaron hasta el aeropuerto de Idlewild, slo para ser detenidos y devueltos por las autoridades de Estados Unidos, previo interrogatorio del FBI. Tal fue el caso del cubano Carlos Rafael Rodrguez, quien representaba al peridico Noticias de Hoy, pero era adems el tesorero de la SIP, reelecto por tercera vez consecutiva, y por esta misma condicin viajaba con pasaporte especial.

En una narracin sobre este suceso, titulada Crnica de una New York entrevista, Rodrguez cuenta cmo fue retenido en Ellis Island, tildado de peligroso por su ideologa, considerado inadmisible en Estados Unidos, ignorado por la comisin organizadora del congreso y depositado por el FBI en una aerolnea venezolana que lo devolvera a Cuba. En esa crnica, Rodrguez describa con detalles las razones por las cuales a los gestores de la nueva SIP no les interesaba su presencia:

Por qu se me excluy del Congreso?

Se saba muy bien que yo iba a New York a denunciar todos los casos de violacin de la libertad de prensa en Amrica. Los organizadores norteamericanos, obrando al dictado de Washington, queran condenar slo a un grupo, cargando la mano a aquellos gobiernos que no tienen el beneplcito del State Departament. Para m Videla es igual a Pern, y la Junta Militar Venezolana no es menos culpable que Pro.

En segundo trmino se tema -y hacan bien en temerlo- que yo utilizara la tribuna del Congreso para protestar contra la vergonzosa intromisin del embajador de Estados Unidos en Mxico, Mr. Thurton, en la libertad de prensa mexicana, a la que pretendi dictar una poltica de sometimiento a los intereses de Washington.

Estos hechos han sido denunciados por el ilustre periodista don Martn Luis Guzmn y por ms de sesenta escritores mexicanos.

Por ltimo no se quera que yo pusiera de nuevo en debate la tesis mantenida en Quito: la libertad de prensa en Estados Unidos no es ms que formal. En el fondo la prensa norteamericana es un instrumento monopolista de las grandes empresas. Estas son las conclusiones a que arrib desde 1947 una comisin de expertos nombrada por la Universidad de Chicago, y pagada por el ultraconservador Henry R. Luce, de la revista Time, y por la Enciclopedia Britnica. Cuando dije estas cosas en Quito, Mr. Tom Wallace -que presidi el Congreso de New York- me contest airado que quienes tal cosa decan eran un manojo de tontos. De esa manera calificaba nada menos que a Robert Hutchins, canciller de la Universidad de Chicago; a Archibald Mc. Leish, subsecretario de Estado; al profesor de Economa en Columbia, John M. Clark; al profesor Arthur M. Schlesinger, de Harvard, y a otros conocidos intelectuales yanquis. Pero, como le repliqu a Mr. Wallace: puede pensarse que los investigadores universitarios son tontos; sin embargo, aunque sabemos que en el Senado de Estados Unidos hay una buena dosis de tontos, no son tantos como para formar mayora. Y fue la mayora la que en el informe de la Small Plants Comit, corrobor las ideas de que son verdaderos monopolios los que rigen la prensa americana.

Para impedir que se plantearan estas cosas se me retuvo en Ellis Island. Pero adems, los organizadores yanquis tenan un propsito adicional. Pensaban dar -y dieron- un golpe de estado. Reformaron los Estatutos de la SIP de modo ilegal. Establecieron -arbitrariamente- el voto por publicaciones dando una artificial mayora norteamericana. Arrebataron a Cuba la sede permanente de la Sociedad para radicarla en New York. Han destruido, en resumen, la Sociedad Interamericana de Prensa como entidad independiente, transformndola en un simple aparato poltico al servicio de los objetivos internacionales de Estados Unidos. Para hacer esto les estorbaba la presencia de algunos delegados. Yo les resultaba especialmente indeseable. (Rodrguez, 1950).

En efecto, antes de la conferencia del ao 50, los estatutos de la SIP estipulaban que cada pas tena un voto dentro de la Sociedad, independientemente de la cantidad de rganos de prensa afiliados. El cambio de estatutos permiti tumbar el esquema un pas, un voto y sustituirlo por cada publicacin, un voto.

En un intento por maquillar este golpe, la historia oficial de la SIP seala que hasta ese ao, las conferencias de la organizacin se celebraban bajo los auspicios del gobierno del pas anfitrin, con lo cual las delegaciones se limitaban a sentarse y a votar por pases, y los miembros no siempre eran periodistas. De acuerdo con el lenguaje oficial, fue entonces, para evitar estos patrocinios y hacerse independientes, cuando se tom la decisin de modificar los estatutos. Sin embargo, lo cierto es que en trminos prcticos Estados Unidos pas de un voto a 424 y se alz con la mayora [2]. Es de suponer que estos 424 votos componen el pequeo grupo de editores y directores de peridicos estadounidenses que se haban sumado a la SIP en 1946, de acuerdo con los historiadores oficiales de la patronal.

Por eso Vera, en una entrevista ofrecida recientemente insiste en que, desde 1950 hasta nuestros das, hay una libertad de prensa secuestrada por el poder del dinero, de los recursos, y lgicamente sobre la base de una estrategia imperial: Por eso digo que hay una mentira organizada y hay una verdad dispersa. Hay una mentira organizada, porque hay una estrategia imperialista y no hay una verdad organizada porque no tenemos todava una estrategia antiimperialista. Eso funciona milimtricamente.

Voces dignas contra la SIP

El golpe CIA-SIP gener malestar en Latinoamrica. Mientras la SIP repeta que representaba a los periodistas, cada vez se haca ms evidente el perfil de la organizacin, integrada por los grandes medios impresos conservadores de la regin -marcadamente proestadounidenses- y guiada por intereses imperialistas y empresariales, pero no periodsticos.

Este malestar incubado en Amrica Latina se puso de manifiesto en la conferencia siguiente, celebrada en 1951 en Montevideo, Uruguay, donde representaciones del pas anfitrin, Brasil, Chile, Per y Argentina proclamaron su abandono de la SIP y suscribieron el Acta de Montevideo, en la que denunciaban que los propietarios de los medios se haban abrogado la funcin de determinar donde haba o no libertad de prensa, cuando los que tienen derecho a ello, adems de la sociedad, son los periodistas.

Tras manifestarse en contra de este secuestro, el Acta de Montevideo indicaba que era preciso el nacimiento de una organizacin que agrupara verdaderamente a las asociaciones de periodistas, a fin de evitar que sus funciones siguieran siendo usurpadas por los dueos de los grandes medios [3].

En su libro Breve historia de la SIP [4], el periodista Gregorio Selser registra entre las voces que se alzaron contra la SIP en 1951 al escritor y periodista venezolano Miguel Otero Silva, propietario de El Nacional de Caracas. En esa ocasin, Otero Silva reclam que el cambio de estatutos aprobado en Nueva York violaba las normas ms fundamentales de la organizacin, dndole el carcter que ahora tiene: una entidad exclusivamente patronal de intercambio comercial, estrictamente controlada por los vendedores de papel, las agencias noticiosas y los buscadores de avisos que residen en Estados Unidos. Nada ms inoportuno en ese ambiente que un periodista.

Otero Silva denunci adems como tendencioso un informe de la SIP en el cual, mientras se le dedicaba 80 o 90 por ciento de su contenido a relatar minuciosamente los atropellos cometidos por Pern contra la libertad de expresin, se tenda un piadoso y cmplice manto sobre las dictaduras latinoamericanas.

En ese mismo informe, continuaba Otero Silva, apareca el tirano nicaragense Anastasio Somoza como un ngel tutelar de la libertad de pensamiento y se colocaban como arquetipos de la democracia al chileno Gonzlez Videla y a los dictadores bolivianos. Mientras tanto, daba vergenza ver en aquella asamblea de Montevideo a los esbirros intelectuales de Rafael Lenidas Trujillo bramando en la tribuna para decir que Pern era un tirano y que en su pas, en cambio, se disfrutaba de una absoluta libertad de pensar, afirmaba indignado el escritor venezolano.

En este libro de Selser, citado por el periodista Jos Steinsleger, aparece otro testimonio de denuncia contra la SIP, proveniente de sus propias filas. De acuerdo con Selser, en 1958 uno de los ex presidentes de la SIP, el mexicano Miguel Lanz Duret (1909-1959), director de El Universal, renunci a la organizacin cuando supo que la SIP haba solicitado su inscripcin como corporacin, dando como sede la ciudad de Dover, en Estados Unidos. Con esta accin, para Lanz Duret, la SIP ira a depender, a todos los efectos jurdicos y legales, de las leyes norteamericanas, desmintiendo as su supuesta independencia y desvirtuando en los hechos la recomendable extraterritorialidad que le confera, por ejemplo, una sede anual mvil, distinto de la norteamericana.

Ms recientemente, en el ao 2000, una posicin similar tuvo que ser adoptada por el diario uruguayo La Repblica y la revista Posdata, los cuales hicieron pblica su renuncia a la organizacin empresarial al enterarse de que el antiguo director de prensa de la dictadura militar en ese pas (1973-1985), Danilo Arbilla, haba sido nombrado presidente de la SIP.

La carta de renuncia a la SIP, firmada por el director de La Repblica, Federico Fasano Mertens, y fechada el 24 de octubre de 2000, reprochaba que la designacin de Arbilla como presidente de una entidad que tena entre sus principales objetivos declarados defender la libertad de prensa, constitua un insulto a la conciencia democrtica de los pueblos americanos. Su designacin al frente del organismo que pretende velar por la libertad de prensa equivale a poner al zorro a cuidar el gallinero. Por todo lo antes dicho, el diario La Repblica tiene el alto honor de renunciar, formal y pblicamente, como miembro de esta Sociedad mientras el impostor contine a su frente, conclua la misiva.

Mis amigos, los dictadores

Como dice el periodista cubano Ernesto Vera, el terrorismo meditico tiene muchas manifestaciones. Aunque la mayora de las veces se manifiesta en la accin de la SIP y sus afiliados, en no pocas ocasiones se manifiesta en la omisin. Los silencios de la SIP son igual de elocuentes, sobre todo cuando cubren sus alianzas con regmenes dictatoriales.

En el ao 2005, este denunciado ex presidente de la SIP, Danilo Arbilla, carg contra el gobierno del entonces presidente Nstor Kirchner, a quien acus de manejar la publicidad de manera selectiva y tratar con desconsideracin a los medios de comunicacin. Kirchner refresc entonces el historial de Arbilla y record adems al subdirector del diario argentino La Nacin, Claudio Escribano, su complacencia con las atrocidades cometidas en Argentina durante la dictadura militar en ese pas.

Esta vinculacin de los dueos de la gran prensa con los regmenes dictatoriales latinoamericanos ha sido suficientemente documentada y citada en numerosas ocasiones, para demostrar que las preocupaciones de la SIP no se dirigen a la defensa de las libertades, sino a la preservacin de intereses empresariales y oligrquicos.

En el caso Arbilla, ste haba sido jefe de prensa de la ltima dictadura militar en Uruguay, que tortur y asesin a ciudadanos uruguayos. De acuerdo al diario uruguayo La Repblica, Arbilla fue designado en el cargo por el presidente Juan Mara Bordaberry y continu desempeando esas funciones luego de que el mandatario eliminara las instituciones republicanas contando con el respaldo militar, e incluso despus de instaurada plenamente la dictadura.

As, el diario recuerda que Arbilla fue cmplice del decreto presidencial del 27 de junio de 1973 que prohiba expresamente la divulgacin por la prensa de todo tipo de informacin que "directa o indirectamente mencione o se refiera a lo dispuesto por el presente decreto atribuyendo propsitos dictatoriales al Poder Ejecutivo, o pueda perturbar la tranquilidad y el orden pblicos"; durante su gestin entre 1973 y 1976, se clausuraron 173 medios de comunicacin -14 de estas clausuras fueron definitivas- y se intervino la Asociacin de la Prensa Uruguaya (APU), la organizacin sindical de los periodistas. Tambin fue desaparecido el subdirector del semanario Marcha, Julio Castro, y fueron encarcelados y torturados decenas de periodistas.

Un personaje parecido, el dominicano Germn Orns, era el presidente de la Comisin de Libertad de Prensa de la SIP que diriga cartas preocupadas al presidente chileno Salvador Allende por falsas violaciones a la libertad de prensa. Este mismo Orns fue sealado por investigadores de distintas nacionalidades de haber actuado como adulador del dictador de Repblica Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo.

Otro ejemplo de la actuacin de la SIP frente a las dictaduras lo encontramos en sus denuncias en el ao 1974, cuando de acuerdo con la organizacin empresarial el peor enemigo de la libertad de prensa en el continente era el gobierno nacionalista peruano de Juan Velasco Alvarado, debido a las medidas de expropiacin de la gran prensa. Mientras tanto, la brutal represin y el amordazamiento en las dictaduras de Chile, Argentina y Uruguay eran prcticamente ignorados por los amos de la prensa.

Los golpes de la SIP

En paralelo a su relacin con gobiernos dictatoriales, la historia del cartel de la gran prensa americana registra un buen nmero de agresiones en contra de gobiernos constitucionalmente constituidos, en consonancia con los intereses imperialistas en la regin. En este sentido, Gargurevich destaca la temprana conformacin de un eje CIA, SIP y agencias de noticias, como parte de la estructura de dominacin estadounidense, formando un poderoso aparato para los planes desestabilizadores en Amrica Latina [5].

Quizs el caso ms emblemtico de accin desestabilizadora de la SIP, haya sido el de su campaa de propaganda sucia contra el gobierno de Salvador Allende en Chile, derrocado en 1973 por la combinacin de fuerzas reaccionarias chilenas y la CIA, a partir de la implementacin de una fuerte guerra psicolgica.

El periodista chileno Hernn Uribe asegura que a lo largo de toda la historia de Chile, no hubo un perodo en el que reinara una libertad informativa de tal magnitud que incluso cay en el libertinaje y en claras violaciones a la tica profesional, como en el perodo presidencial de Allende. El propio presidente Allende, en 1970, declar a la agencia Prensa Latina que su gobierno estara a favor de una irrestricta libertad de prensa, pero tambin propiciara que todos los actores sociales y corrientes ideolgicas tuvieran acceso a la opinin.

Actualmente, esos derechos estn consagrados formalmente, pero su ejercicio en la prctica aparece restringido a sectores minoritarios que tienen una situacin prominente desde el punto de vista financiero, sealaba Allende, segn un recuento hecho por el tambin periodista Ernesto Carmona. Sus palabras, obviamente, no podan gustar a los magnates mediticos. Menos cuando Allende apuntaba hacia un tema central, al indicar que los medios en los regmenes capitalistas se convierten no en instrumentos de informacin, sino en instrumentos de desinformacin de los intereses populares.

Guiados por la CIA, los medios opositores chilenos, con el diario El Mercurio a la cabeza, no podan responder a la peticin de Allende de informar en forma objetiva y mantener con hidalgua sus puntos de vista. Por el contrario, se dedicaron a difundir falsedades y a intentar dar una imagen de persecucin a la prensa, echndole lea al fuego en el que cocinaran la dictadura pinochetista. De all que Allende reclamara, el 12 de febrero de 1973: Nos hemos visto obligados a sealar la falta de autoridad moral y el inters tergiversado de aquellos que se cobijan en la Sociedad Interamericana de Prensa. No nos inquieta la crtica. No slo la aceptamos, sino que la reclamamos.

Uribe resalta tambin que fue la CIA la encargada de manejar a la gran prensa chilena y a los afiliados de la SIP en una campaa de propaganda negra contra Allende, hecho corroborado por papeles desclasificados en Estados Unidos. En este marco, el diario El Mercurio, propiedad de Agustn Edwards, quien funga como vicepresidente de la SIP, recibi los dlares suficientes para su campaa contra Allende, y lleg incluso a dejar de circular durante un da, alegando amenazas, con el objetivo de armar un escndalo desinformativo que clamara `por el cierre' de El Mercurio.

De acuerdo con el periodista chileno, las falacias fueron tales que la campaa denunciaba que se agredira a la prensa cortndole el suministro de papel, cuando en realidad el gobierno no tena relacin en el negocio del papel, pues el productor monoplico de ese elemento era una empresa privada.

En la investigacin realizada por Gargurevich, se demuestra que esta campaa de desestabilizacin en el Chile de Allende inclua el deterioro de la imagen del gobierno de la Unidad Popular, tanto interna como externamente. Ese frente externo estaba conformado por los diarios miembros de la SIP. Las noticias eran redactadas por la CIA, difundidas por las grandes agencias de prensa y publicadas por los afiliados sipianos.

La SIP lleg incluso a reunirse en Santiago de Chile en octubre de 1972, reunin a la cual Allende no se neg, a pesar de la oposicin de diversos sectores chilenos, conocedores de las intenciones de la organizacin. Aquella reunin en la que de nuevo se defenda la libertad de prensa tuvo, por supuesto, una amplia repercusin meditica.

El trabajo de la SIP y sus asociados en el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, ocurrido en 1954, tambin ha sido develado por documentos de la CIA, desclasificados en 1999, y recogidos en el libro La CIA en Uruguay del historiador Roberto Garca [6].

La investigacin histrica hecha por Garca prueba que las prioridades propagandsticas establecidas por la CIA en contra de Arbenz eran de inmediato reflejadas por la prensa de derecha de Uruguay. Medios como El Pas y El Da publicaban editoriales sobre la infiltracin comunista elaborados por la CIA, incluso con errores de traduccin del ingls y descaradamente destacados por ambos peridicos con un solo da de diferencia.

Las pruebas se encuentran en documentos como CIA, Guatemala General Plan of Action (Doc. N 135875, 12 November 1953), que establece los contenidos esenciales del plan de desinformacin continental contra Arbenz; y CIA, Hemisphere Support of PBsuccess (Doc. N 913376, 16 February 1954), que detalla los apoyos hemisfricos para el plan de desinformacin.

Toda esta operacin estaba coronada por la infaltable denuncia de la SIP sobre violacin de la libertad de prensa en Guatemala. En su publicacin oficial Press of the Americas (Num. 25, Vol. 1, marzo 1 de 1954), la SIP apoyaba sus preocupaciones en una conferencia de prensa ofrecida por Jules Dubois, presidente del Comit de Libertad de Prensa de la SIP, luego que el presidente Arbenz alertara que la prensa estaba fomentando una intervencin extranjera en su pas.

De la misma manera, Gargurevich establece en su investigacin los paralelismos entre la operacin puesta en marcha para derrocar a Allende en Chile con la campaa que logr la derrota del primer ministro de Jamaica, Michael Manley, en las elecciones de octubre de 1980, acusadas de fraudulentas. Manley haba sido sealado por Estados Unidos de inclinarse hacia el comunismo -con todo lo que eso significaba en el marco de la Guerra Fra-, tras establecer relaciones diplomticas con Cuba, sumarse a los no alineados, elevar los impuestos a empresas transnacionales y declarar que su pas se encaminaba hacia un socialismo democrtico.

En este caso, el papel que jug El Mercurio en Chile fue adjudicado a The Daily Gleaner, que en 1979 fue acusado por la Asociacin de Prensa de Jamaica de asumir una conducta no profesional, y cuya feroz campaa contra el gobierno de Manley fue ampliamente reproducida por los diarios afiliados a la SIP.

Es conocida tambin la vinculacin CIA-gran prensa contra el gobierno sandinista en Nicaragua, denunciada en 1981 por los periodistas nicaragenses; y en general contra los gobiernos nacionalistas, socialistas, progresistas en la regin que tomen medidas que puedan afectar a los intereses de las oligarquas locales y de Estados Unidos.

La propaganda negra contina

Luego de probar con xito estos esquemas de propaganda negra contra gobiernos democrticos y populares, el eje CIA-SIP contina aplicndolos en Amrica Latina, siendo obvia su utilizacin en el caso de Cuba, Argentina, con la presidencia de Nstor Kirchner y Cristina Fernndez de Kirchner; Bolivia, con el gobierno de Evo Morales; Ecuador, con el presidente Rafael Correa; y Venezuela, con la Revolucin Bolivariana impulsada por el presidente Hugo Chvez.

En el ao 2005, el ex presidente de la SIP, Danilo Arbilla, denunciado por su vinculacin con la dictadura uruguaya, carg contra el gobierno del presidente Nstor Kirchner, al cual acus de manejar la publicidad de manera selectiva y tratar con desconsideracin a los medios de comunicacin. La queja de Arbilla iba dirigida a la disposicin del gobierno argentino de distribuir la publicidad oficial con criterio de equilibrio, entre los medios pequeos, medianos y grandes.

Contra Evo Morales, en el ao 2006, la SIP seal que en Bolivia estaba en peligro la libertad de prensa ante el propsito de apoyar la formacin de una red de medios comunitarias, a pesar de que estos medios constituyen una herramienta para la democratizacin de las comunicaciones, a travs de la gestin de las propias comunidades.

En cuanto al gobierno de Rafael Correa, el periodista ecuatoriano Alberto Maldonado ha denunciado que la SIP ubica al presidente Correa como hostil a la prensa, slo por sus expresiones para calificar a determinados medios y representantes de la prensa, frente a acusaciones y calificativos que estos han usado en su contra sin ninguna discrecin.

Sobre Venezuela, la SIP ha vertido numerosas acusaciones a lo largo del gobierno del presidente Hugo Chvez, reiterando el modelo de propaganda negra, segn el cual estara en peligro la libertad de expresin.

En el caso de la aprobacin de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisin -conocida como Ley Resorte- en el ao 2004, la SIP, fiel a su precepto de que la mejor ley de prensa es la que no existe, afirm que esta legislacin estimulaba la censura previa, cuando en realidad buscaba promover el derecho del pueblo a una informacin oportuna y veraz. Sin embargo, en abril de 2002, la SIP aval el golpe de Estado contra el gobierno legtimo de Venezuela y no se pronunci sobre el black out informativo de los canales privados el 13 de abril, ni sobre el cierre de Venezolana de Televisin durante el efmero gobierno de facto.

Por otra parte, el lazo de la patronal de la prensa con los intereses de Estados Unidos ha quedado de nuevo en evidencia, como lo destaca Steinsleger, cuando el 13 de octubre de 2003, la entonces consejera de seguridad nacional, Condoleezza Rice, ordenaba en teleconferencia a la Asamblea General de la SIP que apoyara al gobierno de Gonzalo Snchez de Losada, cuya dimisin pedan los bolivianos luego de una intensa represin policial.

La SIP defiende el viejo orden

La Sociedad Interamericana de Prensa no slo ha desatado campaas en contra de gobiernos legtimos, sino que ha tocado tambin a organizaciones internacionales del propio sistema de Naciones Unidas, que se han puesto al lado de los pueblos latinoamericanos en la lucha por la democratizacin de las comunicaciones. As ocurri en los aos setenta contra la Organizacin de las Naciones Unidas para la Educacin, la Ciencia y la Cultura (Unesco), cuando sta promova el derecho de los Estados a establecer polticas comunicacionales.

En esa dcada, los pases no alineados iniciaron un gil movimiento exigiendo la creacin de un Nuevo Orden Econmico Internacional (Noei) que superara las injusticias del orden que prevaleca hasta el momento. Aparejado a este Noei, el Movimiento de los No Alineados, en su Declaracin de Argel de 1974, proclam la necesidad de un Nuevo Orden Mundial de la Informacin y la Comunicacin (Nomic), que contribuyera a la democratizacin de las comunicaciones, utilizando entre otras frmulas, la definicin de polticas nacionales de comunicacin. Denunciaba el Noal al sistema informativo existente como un instrumento de dominacin.

La respuesta de Estados Unidos contra esta propuesta fue inmediata y constituy una cerrada defensa a la doctrina del libre flujo de la informacin [7], en lo cual de nuevo la SIP actu como su aliada. A esa doctrina, los pases del llamado Tercer Mundo oponan la exigencia de un flujo equilibrado, a travs de la reestructuracin de los sistemas de informacin y comunicacin, contra la unidireccionalidad de los mensajes y la concentracin meditica.

Las denuncias contra ese libre flujo encontraron una aliado en el informe Un solo mundo, voces mltiples, presentado en 1980, resultado del trabajo de una comisin nombrada por la Unesco y presidida por el Premio Lenin y Premio Nobel de la Paz, Sean MacBride. En ese documento, conocido como Informe McBride, se expona el desequilibrio del flujo informativo y se planteaba la necesidad de mayor justicia en el intercambio de informacin, as como de menor dependencia en relacin a las corrientes de comunicacin.

La SIP se convirti en una de las ms feroces voces opositoras al Nomic y a la implementacin de polticas nacionales de comunicacin (PNC), en una actitud reaccionaria de lucha contra cualquier posibilidad de democratizacin de la comunicacin, que lgicamente atentara contra los intereses de los poderosos grupos mediticos.

El argumento central que alzaron en su ofensiva contra el Nomic fue el ms trillado de toda la poca de la Guerra Fra: ese nuevo orden ola a conspiracin comunista y estaba impulsado por la Unin Sovitica.

Para frenar cualquier accin gubernamental que favoreciera la democratizacin comunicacional, la SIP se uni a otra patronal regional, la Asociacin Interamericana de Radiodifusin (AIR). Ambas atacaron adems en otro frente, al descalificar la accin de la Unesco, organismo que bajo la conduccin del senegals Amadou M'Bow haba decidido impulsar el Nomic, estableciendo el vnculo entre comunicacin y desarrollo. El acoso contra la Unesco no ces hasta que Estados Unidos e Inglaterra anunciaron su retiro del organismo, denunciando la politizacin de este foro; y se obtuvo el nombramiento del espaol Federico Mayor Zaragoza, una figura considerada mucho ms dcil ante los intereses dominantes. De all que el investigador venezolano Oswaldo Capriles concluyera:

El castigo sufrido por Unesco es una de las principales lecciones que pueden sacarse en cuanto a la terrible fuerza que las organizaciones de agencias y medios noticiosos occidentales, en especial estadounidenses, tienen, no solamente en cuanto a capacidad especfica para influenciar opinin a travs de la tergiversacin de la informacin, sino en cuanto a la capacidad para presionar directamente los gobiernos y obtener resultados polticos de tal gravedad en la escena de los organismos del sistema internacional de las Naciones Unidas. (1996, p. 42)

Los encargados de esta campaa fueron principalmente The New York Times, las agencias de noticias AP, UPI y AFP, y sobre todo la SIP y la AIR.

La accin de la SIP fue particularmente fuerte en 1976 en contra de la Conferencia de San Jos de Costa Rica, donde los gobiernos latinoamericanos se reunieron para debatir sobre polticas nacionales de comunicacin. La SIP, al no haber solicitado el estatus de observador en la Unesco, no fue invitada a la reunin; sin embargo, la patronal emprendi una campaa asegurando que al no invitarla se rehua el debate y, en un golpe de efecto, anunci una reunin paralela en San Jos, bajo la gritona direccin de un periodista dominicano, ex portavoz del fenecido dictador Trujillo, como sealaba Capriles.

En un anlisis detallado de la campaa de la SIP y la AIR contra la Unesco, Capriles indica que ambas patronales lograron inundar la prensa del mundo con una guerra de opinin en la cual se impuso la idea de la existencia de una tesis Unesco, inspirada por la extrema izquierda y atentatoria contra la libertad de expresin. Adicionalmente, los ataques se concentraban contra aquellos pases que apoyaban la conferencia, mientras que en los grandes diarios disminuan las noticias negativas sobre los pases que se mostraban dispuestos a colaborar.

Los comunicados emitidos por la Unesco no eran publicados por casi ningn peridico, mientras que cualquier documento emitido por el llamado Comit para la Defensa de la Libertad de Informacin, creado por la SIP y por el International Press Institute (IPI) como uno de sus frentes de batalla, era reproducido en todos los medios afiliados. La campaa de la SIP era repetida en Estados Unidos por los peridicos del grupo Hearts y el New York Times [8]. Entretanto, desde El Noticiero de la SIP, se mezclaban hechos sin conexin, acusaciones de antisemitismo, denuncias de maniobras de la aplanadora rusa-Tercer Mundo para arremeter contra la Unesco.

Aunque una de las estrategias aplicadas por la SIP fue insistir en un supuesto complot contra la libertad de expresin orquestado por gobiernos de extrema derecha y de extrema izquierda, lo cierto es que como revela Capriles:

En los pases de gobierno dictatorial existi de hecho un acuerdo tcito entre gobiernos y medios difusivos sobre la base de situaciones previas de entendimiento, lo que demuestra de paso que los medios comerciales no estaban exigiendo democracia o libertad, sino defendiendo privilegios oligoplicos para su actividad publicitaria, actividad que en cambio consideraban amenazada en aquellos pases de rgimen de democracia formal, por el hecho de ser en estos -o al menos en algunos de ellos- donde se haba planteado el tema de las polticas de comunicacin, como elemento necesario para un avance o perfeccionamiento de la democracia. (Capriles, 1996, p. 57)

Algunos de los acuerdos de esa reunin de Costa Rica consistan en crear una agencia latinoamericana y caribea de noticias, establecer formas de cooperacin para el desarrollo de las comunicaciones rurales, formar un consejo latinoamericano de comunicacin social, exigir una circulacin equilibrada de comunicacin e informacin en el plano internacional y reconocer el derecho a la comunicacin como derivado del derecho universal de expresin. Sin embargo, todos estos propsitos fueron abandonados por los gobiernos ante la fuerte presin meditica.

Particularmente en Venezuela, la SIP encontr el apoyo de la patronal Fedecmaras, que el 3 de agosto lanz una declaracin en la cual hablaba sobre la necesidad de salvaguardar la libertad de expresin y alertaba contra el peligro totalitario.

Desde entonces hasta ahora, la SIP se ha mantenido actuando contra los intentos de reivindicacin del derecho a la comunicacin y a la informacin veraz. Es por ello que a finales de los noventa, acus al gobierno de Rafael Caldera de tener tentaciones totalitarias, buscando impedir que presentara su propuesta del derecho a la informacin veraz en la VII Cumbre Iberoamericana, reunida en la isla de Margarita, en 1997.

En aquella cumbre, a pesar de la violenta oposicin de la SIP, se aprob por primera vez un prrafo que habla sobre garantizar el derecho a la informacin veraz, en el acuerdo 38 de esa conferencia, que an est vigente. Este principio encontr luego caminos ms firmes en la Constitucin de la Repblica Bolivariana de Venezuela, que consagra en el artculo 58 el derecho a la informacin oportuna, veraz e imparcial.

El lenguaje de la SIP. Libertad de prensa o libertad de empresa?

En su lenguaje oficial, la SIP se esmera en utilizar conceptos que legitiman su comportamiento y la autoerigen en un referente a la hora de definir qu es la libertad de prensa y de decidir quin respeta esta libertad y quin no. No obstante, cuando hace esto, est incurriendo en la usurpacin de un derecho colectivo de los pueblos y oculta en nombre de quines acta verdaderamente esta organizacin patronal. Veamos algunos ejemplos:

* La SIP se empea en hablar como representante de los periodistas, pero como hemos visto, se trata de una organizacin empresarial que slo representa a los dueos de los medios. Por lo tanto, no puede hablar en nombre del gremio periodstico, como lo han denunciado periodistas de todo el continente.

* La SIP se abroga el derecho de decidir quin viola y quin respeta la libertad de expresin. Como advierte el periodista Ernesto Vera, la libertad de expresin es un derecho individual, del cual se deriva la libertad de prensa, pero en el tiempo de los medios masivos se convierte en un derecho colectivo. Es entonces un derecho de la sociedad y no de los dueos de la gran prensa. Dejarlo efectivamente en sus manos, es como si confiramos que el derecho a la salud fuera defendido y definido slo por las grandes clnicas privadas.

Oswaldo Capriles, en su libro Poder poltico y comunicacin, seala tambin que la SIP utiliza la libertad de prensa para presionar en la opinin pblica. Al presentarse como los encargados de definir en cules pases hay libertad de prensa y en cules no, consiguen mantener presionados a los gobiernos y presentarse ante la opinin pblica con un valor que no tienen. Recuerda adems que se nos oferta la concepcin dominante de la libertad de expresin como un exclusivo privilegio de los dueos de los medios.

En definitiva, quin tiene derecho a la libertad de expresin, sino la sociedad? Es por eso que se denuncia con frecuencia la pretensin de la SIP de fusionar la libertad de prensa con la libertad de empresa, que no es ms que la defensa de su capacidad de realizar negocios, tal y como lo expresa la Felap:

Siendo esta sociedad una agrupacin nucleada con base en propietarios y editores de peridicos, la libertad de prensa que dice defender no puede ser otra que la libertad de empresa que necesitan sus miembros para participar en el comercio de la prensa y utilizar la noticia con una mercanca u objeto de consumo (2006, p. 28).

* La SIP pretende definir, sin la participacin de otras instancias de la sociedad, qu es la libertad de expresin, un derecho que no les ha sido otorgado y del cual se han apropiado a partir de su poder econmico. Esta pretensin de la SIP es muy clara en su Declaracin de Chapultepec, en la cual se expresa una apologa de un concepto de libertad de prensa que pretende una prerrogativa de los medios de difusin. La organizacin empresarial inici el proyecto de Chapultepec en 1994 y actualmente asegura que los diez puntos establecidos en la Declaracin se han establecido como el estndar reconocido mediante el cual el hemisferio mide la libertad de prensa y expresin. De hecho, aseguran que a partir de 1994, se ha tomado un concepto abstracto, como el de libertad de expresin y se le ha dado una configuracin que ha permitido que la gente ya no d respuestas confusas, espordicas e incoherentes cuando se le pregunta qu es libertad de expresin.

* La SIP invariablemente se presenta como la defensora de la prensa independiente. Vistos los cuantiosos ejemplos de manipulacin y desinformacin, habra que preguntarse, esa prensa es independiente de qu? Independiente de los intereses populares; dependiente de los dueos del dinero y del poder.

* La SIP se opone duramente al concepto de informacin veraz, alegando que si lo aceptan tendran que rendirles cuentas a los gobiernos, y que estos podran censurar a la prensa al ser los que definan qu es la informacin veraz. Es esta una falsa dicotoma, porque es la sociedad la encargada de denunciar a los medios cuando mienten. El dilema no es SIP vs. Gobierno, sino SIP vs. Sociedad.

* La SIP siempre se ha manifestado en contra de las leyes de prensa, defendiendo en su lugar el concepto de autorregulacin. Sin embargo, el hecho de que alguien tenga dinero para poseer un medio de prensa que alcanza a centenares de miles o millones de personas, no lo coloca sobre la sociedad o al margen de la sociedad; igual debe responder y asumir una responsabilidad tica y social; si no, estaramos ante la paradoja de un poder antidemocrtico que acta como contralor de otro poder, este s democrticamente constituido, sin tener que rendir cuentas y sin posibilidad de ser cambiado.

Habra que recordar, como lo hace Vera, que la prensa se apoya para su existencia en preceptos constitucionales que no se compraron con dinero, sino con el sacrificio y la sangre de todos los que lucharon por tener independencia.

Poderosos, pero no todopoderosos


A pesar de este historial de alianzas imperialistas, manipulaciones y desinformacin, en los ltimos tiempos gobiernos progresistas, de izquierda o revolucionarios, han logrado obtener victorias en procesos electorales en Amrica Latina, aun en contra de la voluntad y la posicin de los grandes medios de prensa, lo cual representa una derrota para los poderosos de la SIP. Esto evidencia, sin duda, un crecimiento de la conciencia crtica de los pueblos, aun cuando las campaas de propaganda negra continan haciendo dao e intentando doblar la voluntad popular de avanzar hacia la transformacin de nuestras realidades.

Una idea defendida por Ernesto Vera, luego de aos en el ejercicio del periodismo, es que los dueos de los medios son poderosos, pero no todopoderosos. Y su punto dbil radica precisamente en que su mensaje ofende la inteligencia humana y no se identifica con la realidad de la inmensa mayora de los destinatarios. Es por ello que aun con menos recursos, tecnolgicos y financieros, es preciso insistir en la tarea de desarrollar la conciencia crtica sobre lo que significan esos medios y sobre quines son sus dueos, y los dueos de esos dueos.

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[1] Las informaciones y reflexiones aportadas por el periodista cubano Ernesto Vera surgieron de una entrevista personal realizada para este trabajo. Vera es presidente honorario de la Federacin Latinoamericana de Periodistas (FELAP) y profesor del Instituto Internacional de Periodismo Jos Mart.

[2] En 1950, la SIP tena un total de 778 miembros, 424 eran estadounidenses, 314 eran latinoamericanos y 22 canadienses y europeos.

[3] Para dar respuesta a este llamado, pasaran 25 aos, pues fue slo en 1976 cuando se cre la Federacin Latinoamericana de Periodistas (Felap), bajo el principio de apoyar siempre el derecho de los pueblos a la informacin veraz. Para fundar la Felap fue fundamental la accin del combatiente periodista peruano Genaro Carnero Checa, quien logr que el presidente de Mxico para ese entonces, Luis Echeverra, le diera apoyo al nacimiento de la organizacin. Hoy en da, las acciones y declaraciones de la Felap continan siendo silenciadas por los grandes medios.

[4] Las citas sobre este libro de Selser estn recogidas por el periodista Jos Steinsleger, en el artculo SIP: Mordaza de libre presin, publicado por el diario mexicano La Jornada, el 15 de octubre de 2006. Sobre este tema de la SIP, Selser tambin es citado con frencuencia por Juan Gargurevich. Steinsleger anota que si la SIP fuese una entidad realmente comprometida con la libertad, la independencia y la democracia, el edificio que en Miami alberga su sede debera llamarse Gregorio Selser (1922-1991), en lugar de Jules Dubois.

[5] El investigador venezolano Oswaldo Capriles, en un libro titulado Poder poltico y comunicacin, puntualiza que sin duda las agencias de seguridad estadounidenses han estado involucradas en la conformacin de la SIP, aunque los dueos de los medios no necesiten mucha presin para mantener posiciones coincidentes con el complejo industrial-poltico-militar estadounidense, dado su lugar dentro de las lites dominantes. De all se explica la tendencia ultraconservadora que otorga a la SIP.

[6] Las notas sobre el libro de Garca fueron publicadas en el diario uruguayo La Repblica, el 20 de agosto de 2007, bajo el ttulo La CIA ordenaba; El Pas y la SIP ejecutaban. La resea del diario recuerda que Arbenz encabez el segundo gobierno de lo que se llam la primavera democrtica en Guatemala y fue derrocado el 27 de junio de 1954, por una invasin de un ejrcito libertador organizado, financiado y armado por EEUU. La operacin de la CIA para derrocar a Arbenz se denomin 'Sucess' y fue la primera que incluy la implementacin de un aparato de construccin de opinin a nivel continental segn la definicin propia de los EEUU. La operacin fue autorizada por el presidente de EEUU, Dwigth Einshower e instrumentada por el entonces canciller John Foster Dulles, y su hermano Allen, director de la CIA. Los hermanos Dulles, eran accionistas de la United Fruit Company, propietaria de enormes latifundios y plantaciones en Guatemala, afectados por la Reforma Agraria emprendida por Arbenz para darles tierra a los miles de campesinos e indgenas privados de ella.

[7] Ya en la Conferencia Interamericana de Chapultepec, realizada en 1945, Estados Unidos haba impulsado la aprobacin de una resolucin relativa a la libre circulacin de noticias. Como destaca el periodista venezolano Eleazar Daz Rangel, en su libro La informacin internacional en Amrica Latina, estas resoluciones podan ser inobjetables en la letra, pero en la prctica slo beneficiaran al nico pas en capacidad de hacer circular todo tipo de mensajes comunicacionales, consciente del poder de la informacin. Un ao despus, en 1946, el Departamento de Estado informaba que un subsecretario de Estado se ocupara de los asuntos de comunicacin, con la funcin expresa de romper las barreras que se oponan a la expansin de los medios estadounidenses en el planeta, asumiendo la libertad de prensa como parte de la poltica exterior estadounidense.

[8] La reportera del New York Times, Deidre Carmody, sostena los argumentos de la SIP y se quejaba de la imposibilidad de presentar los alegatos de la UNESCO afirmando que no haba sido posible contactar a ninguno de sus funcionarios en la conferencia de Costa Rica, cuando luego qued al descubierto que no slo no estaba acreditada como corresponsal para el evento, sino que tampoco se encontraba en San Jos.

Referencias

Capriles, O. (1996). Poder poltico y comunicacin. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

Carmona, E. (2003, septiembre 14). Allende y la libertad de prensa. Tomado de http://www.elperiodista.cl/newtenberg/1477/article-41287.html

Daz Rangel, E. (1991). La informacin internacional en Amrica Latina. Caracas: Monte Avila Editores.

FELAP (2006). FELAP. Treinta aos de principios. Mxico: Universidad de Colima.

Gargurevich, J. (1981). A golpe de titular. CIA y periodismo en Amrica Latina. Praga: Videopress.

La Repblica (2000). "La Repblica renunci a la SIP". Tomado de http://www.ambiente-ecologico.com/ediciones/2000/076_11.2000/076_InfoGral11.php3

La Repblica (2000, octubre 23). Durante la gestin de Arbilla en la dictadura masacraron a la prensa. Tomado de http://www.larepublica.com.uy/politica/25918-durante-la-gestion-de-arbilla-en-la-dictadura-masacraron-a-la-prensa

Maldonado, A. (2007). Correa ya est en la lista negra de la SIP. www.cubaperiodistas.cu/noticias/noviembre07/14/04.html

Mazzarovich, G. (2007, agosto 20). La CIA ordenaba; El Pas y la SIP ejecutaban. Tomado de http://www.larepublica.com.uy/politica/271431-la-cia-ordenaba-el-pais-y-la-sip-ejecutaban%20(20

MacBride, S. et al (1993). Un solo mundo, voces mltiples. Comunicacin e informacin en nuestro tiempo. Mxico: Fondo de Cultura Econmica.

MinCI (2004, diciembre 6). Comunicado oficial del Ministerio de Comunicacin e Informacin ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Tomado de http://www.minci.gob.ve/noticias/1/1889/mci_responde_a.html

Red Voltaire (2005, marzo 5). Nstor Kirchner y la SIP: 'No nos vengan a decir cmo funciona la libertad de prensa los que para imponer sus ideas mataron, asesinaron y secuestraron'. Tomado de http://www.voltairenet.org/article124103.html

Rodrguez, C. (1950). Crnica de un New York entrevisto. La Habana: La Vanguardia.

SIP (1994). Proyecto Chapultepec. Tomado de http://www.declaraciondechapultepec.org/

Steinsleger, J. (2006, octubre 11). SIP: Mordaza de libre presin. Tomado de http://www.jornada.unam.mx/2006/10/11/index.php?section=politica&article=022a1pol

Uribe, H. (2002, marzo 30). En busca de un Pinochet perdido. Tomado de http://www.pww.org/article/articleprint/926/

Fuente: http://www.pcv-venezuela.org/index.php?option=com_content&task=view&id=5905&Itemid=1


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