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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2009

El presidente checo Klaus firmar el Tratado de Lisboa
Votos y vetos

Francisco Balaguer Callejn
Pblico


El Tratado de Lisboa lleg ayer al Consejo Europeo de octubre pendiente de un veto, el del presidente de la Repblica Checa, Vaclav Klaus, basado en el propsito de introducir una nueva modulacin especfica para su pas relativa a posibles reclamaciones de los alemanes expulsados despus de la Segunda Guerra Mundial y a la aplicacin de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unin Europea. Ambas cuestiones se plantean ahora, pese a que no se trata de problemas que hayan surgido con posterioridad a la firma del Tratado de Lisboa por la Repblica Checa en diciembre de 2007, lo que evidencia la absoluta incorreccin con la que ha actuado su presidente.

Nadie puede discutir la legitimidad de los euroescpticos como Klaus para defender sus posiciones en una dura negociacin orientada a bajar las pretensiones integradoras. Estn en su derecho a defender la idea de Europa en la que creen, siempre que respeten los consensos a los que han llegado tras esa negociacin. No ha sido as, sin embargo, pues lo que han hecho es mantener una actitud pasiva frente a los acuerdos adoptados, esperando hasta el ltimo momento para vincularse, con la esperanza de que fracasara el proceso de ratificacin en otros estados. El ltimo paso ha sido plantear de manera improcedente y extempornea nuevas condiciones que no se haban planteado previamente.

El problema no es, sin embargo, la actitud del presidente de uno de los estados miembros, sino el hecho de que las reglas actuales de funcionamiento de la Unin Europea le otorgan una capacidad de veto a todos y cada uno de los estados que resulta absolutamente destructiva para el proceso de integracin. La Unin Europea no ha conseguido encontrar todava el equilibrio que debe darse en cualquier organizacin humana entre los votos y los vetos. El resultado es que una sola persona podra llegar a impedir una reforma que afecta a casi 500 millones.

Desgraciadamente, la entrada en vigor del Tratado de Lisboa no va a evitar que estos problemas se repitan. No lo va a hacer, porque los estados no han tenido el valor suficiente para incorporar al Tratado un nuevo sistema de aprobacin de las reformas que supere, con carcter general, la exigencia de ratificacin unnime. El reformado artculo 48 del Tratado de la Unin Europea no ha ido ms all de las tmidas novedades que incorporaba el Tratado Constitucional.

En estas condiciones, la nica vlvula de escape para futuros avances en integracin poltica y democratizacin de la Unin Europea radica en el derecho de retirada voluntaria, que se recoge ahora en el artculo 50 del Tratado de la Unin Europea reformado, que entrar en vigor con el Tratado de Lisboa. Sin embargo, no parece que ese artculo vaya a ser utilizado por los estados que hoy lideran las posiciones euroescpticas para retirarse de la Unin. Porque lo que quieren al menos lo que han querido hasta ahora es obligar a la mayora a no avanzar ms en el proceso de integracin y reducir a Europa a una zona de libre cambio, a un simple mercado.

Francisco Balaguer Callejn es catedrticos de Derecho Constitucional

http://blogs.publico.es/delconsejoeditorial/357/votos-y-vetos/



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