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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-10-2009

Dos versiones de la libertad de soar
Yoani Snchez y los censores de la utopa

Enrique Ubieta Gmez
Cubarte



No s cmo empezar estas reflexiones. Acabo de ver el estreno de Y sin embargo, se mueve (desde Silvio Rodrguez), una puesta escnica de La Colmenita para adolescentes y jvenes, en su sede, la Sala Teatro Orden Tercera del Convento de San Francisco en La Habana Vieja. S que no es tiempo an de escribir, que las emociones deben asentarse. Pero compartir algunas impresiones con ustedes, porque quiero despus hablar de otro espectculo, para nada artstico, que presenci unas horas antes de la obra teatral. La puesta de La Colmenita alude directamente a Galileo, lo hace de forma explcita en el ttulo y en algunos dilogos, y de cierta forma a la obra de Bertold Brecht que aborda el trgico final que tuvo el extraordinario hombre de ciencias. Recuerdo aquella obra con afecto, la le con fruicin en mis aos escolares, algo raro, pues entonces uno sola despreciar las lecturas obligatorias, y la disfrut en las tablas, creo que por Teatro Estudio, hace tambin muchos aos.

Pero esta es una interpretacin diferente del viejo dilema: salvarse o no, de un castigo, de la incomprensin o de la tortura y la muerte como en el caso de Galileo, en defensa no de la verdad, sino de la fe, de los sueos, de la fantasa. Salvarse o no de la utopa de poder hallar, construir, otros mundos posibles. Siempre existirn tribunales inquisitoriales para decretar, en nombre de Dios, o, paradjicamente, de la Ciencia o de la Libertad, cules deben ser los lmites de la fantasa, de la justicia, del conocimiento. Siempre existirn hombres y mujeres de alma mutilada, que se asusten ante los sueos locos de sus contemporneos, no porque desconfen de la veracidad o de la justeza de esos arrebatos csmicos, sino por una razn ms simple, y tambin ms convencional: porque necesitan preservar la normalidad de sus vidas. La obra de Cremata se apoya en la msica (y en las letras) de Silvio Rodrguez y no puede hallar mejor asidero. De regreso a casa, pensaba en que la fantasa, los sueos, la fe en el ser humano, en la posibilidad de lo imposible, es el rasgo distintivo de los revolucionarios. Que las Revoluciones se producen cuando se rompen los diques que contienen los sueos, cuando se desbordan las esperanzas. De ah la incomodidad de los espritus conservadores, el cansancio que provoca en ellos la eterna navegacin por mares ignotos en busca de utopas.

Y recordaba el espectculo que presenci por la tarde en los ya habituales debates de la revista Temas. Se tratara esta vez el tema de Internet. Llegu un poco tarde, y ya el panel de expertos haba iniciado su exposicin. Me hall de repente tras las rejas exteriores del local, junto a un grupo de jvenes y no tan jvenes, entre unos y otros, encontr a los mismos ciber-politiqueros de siempre, cmaras de pelculas y de fotos en mano, que como yo, no haban podido entrar. Entre los que pujaban por hacerlo estaban algunos estudiantes colombianos, que nos obsequiaron ejemplares de una revista rstica, combativa. Como todos los estudiantes universitarios, parecan un poco locos, y es evidente que suean con transformar el mundo: por eso la revista recorre temas internacionales (el derecho del pueblo palestino a la tierra y a la paz, por ejemplo, o el hambre de los pobres), e internos (la represin del estado capitalista colombiano). Asum entonces que era un buen momento para repartir tambin algunos ejemplares de La Calle del Medio que traa en mi mochila. Estuve a punto de marcharme, pero finalmente dejaron entrar a la mayora de los retrasados.

Muchos ciber-politiqueros entraron conmigo. Visten como los universitarios colombianos, con esa estudiada dejadez que entremezcla aires hippies y poses intelectuales, todo en ropa de marca. Parecen estudiantes franceses de los sesenta. Pero hay algo raro: Yoss habl en nombre de ellos, y los calific como cubanos de a pie. Frase linda, de moda. Y sin embargo, traen sofisticadas cmaras de video y de fotos, celulares satelitales, sostienen blogs personales en Internet. Son jvenes graduados en universidades cubanas, que estn cansados de tanto sacrificio: quieren que dejemos de soar. Aunque parecen de los sesenta, se asemejan ms a los franceses de los noventa. No gritan en las paredes: seamos realistas, hagamos lo imposible; ellos no son realistas, son pragmticos. Su rebelda consiste en repudiar, en maldecir la rebelda. Son rebeldes extraamente promocionados por el sistema que ms le teme a la rebelda. Tienen la apariencia de ser hijitos de pap, no importa cual sea el origen real de cada uno de ellos; son hijos adoptivos de un Pap ajeno y solvente, que los exhibe y premia como ejemplos a seguir. Ellos quieren ser personas normales. Normales, por supuesto, de los barrios altos de cualquier otra sociedad. No normales de las favelas de Ro, de los cerros de Caracas o del Bronx neoyorquino. Visten como los revolucionarios de los sesenta y piensan como los neoconservadores de los noventa. Aman la Coca Cola y la comida chatarra.

Alguien me susurr al odo: mira a Yoani disfrazada. En una esquina estaba Yoani Snchez, con una fea peluca de rubia teida, y un vestido negro ajustado. Las cmaras de sus colaboradores, y probablemente la pluma de algn corresponsal extranjero, recogern la escena: mientras todos se divertan en el local a costa de la peluca, los reporteros dirn que pasaba inadvertida. Pero el detalle es ms significativo: despojada de su indumentaria habitual de muchacha sencilla, aquel disfraz se acoplaba mejor a sus aspiraciones de paz holgada. Alguien dijo que se haba vestido de alemana, y quizs el smil es ms exacto en sus afanes ideolgicos que fsicos. El verdadero disfraz de Yoani es su apariencia cotidiana. Cuando fue llamada por su nombre y apellidos para intervenir, el espectculo meditico alcanz su paroxismo: frente al micrfono, se arrancara la peluca en gesto farsesco, para supuestamente descubrir su identidad. Qu importaba entonces lo que dijera? El habitual escenario acadmico se transformaba en la plataforma de un show meditico contrarrevolucionario, en el espacio de un estril ciber-chancleteo. Era una psima puesta en escena, pero una puesta, al fin y al cabo.

Hay burcratas que son inquisitoriales, por falta de alas para volar. Se reconocen enseguida. Hacen dao, pero uno sabe que existen, porque en una sociedad humana, existe todo tipo de ser humano, y los sortea. Estos jvenes rebeldes, sin embargo, viven disfrazados. Son inquisidores posmodernos. Hablan contra todos los dogmatismos, contra los que cercenan sueos, para acabar de una vez con la Imaginacin, con la Esperanza, con la Fe. Exponen sin recatos los sueos permitidos: una casa, un carro, una buena vida. Cuando dicen que la Revolucin los ata, no se refieren a inexistentes pretensiones de vuelo: quieren decir que la Revolucin no los deja ocuparse de s mismos, hacer mucho dinero, divertirse en fiestas privadas. Que los acosa instndolos a volar.

Ayer en la tarde no lo comprend bien, aunque lo intua. Pero los nios de Cremata me lo aclararon, entre risas, lgrimas y canciones de Silvio. Esos jvenes y algunos mayores, elegantes, sofisticados seores, conforman un oscuro e inadvertido tribunal que, en nombre de los sueos, condena el acto de soar; que en nombre de la Libertad, quiere que regresemos a una poca en la que los sueos no rebasaban el espacio de un hogar. Ayer fue el da inaugural del Festival de Teatro de La Habana, y casi de casualidad se enfrentaron, como arte y como farsa, dos visiones del futuro: la que apela a la libertad del espritu y la que no trasciende los lmites del cuerpo.

Fuente:
Cubarte


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