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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-10-2009

Vicisitudes de la campaa electoral

Martn Suso
ALAI AMLATINA


Falta poco ms de un mes para las elecciones en Bolivia. Es sabido que en tiempos de campaas electorales suelen extremarse situaciones. Son el resultado de maniobras de propaganda que en ocasiones bordean la desesperacin, y por eso mismo desdibujan lmites. Sobrepasando las intenciones de los que provocan dichos trances, quedan lastres polticos que tarde o temprano se constituirn en costos a pagar.

En el complejo devenir que vive el pas, antes denominado Proceso de cambio y ahora calificado con ms precisin como Revolucin democrtica y cultural, las elecciones de diciembre constituirn otro importante punto de inflexin. Ms all de los cargos de presidente y vice, que casi todos los sondeos otorgan a la dupla Evo Morales-Alvaro Garca Linera, se decidir la autonoma de una regin (el Chaco), cinco departamentos (La Paz, Chuquisaca, Cochabamba, Potos y Oruro) y doce municipios. Hay que recordar que cuatro departamentos (Beni, Pando, Tarija y Santa Cruz) ya llevaron adelante referendos autonmicos ilegales. En el caso de los doce municipios, decidirn si se convierten en Municipios Indgenas, lo que supondra otro paso en la descolonizacin interna y en la construccin de poder territorial, tanto a nivel de recursos como de instituciones culturales, polticas y sociales. La realidad de los pueblos originarios comienza a visibilizarse y ocupar un lugar formal y con identidades propias en la nueva estructura estatal: el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, segn lo define la nueva Constitucin.

Luego de una intensa labor para implementar el nuevo padrn biomtrico, los resultados indican que se ha superado en un milln de inscritos el registro utilizado en enero de 2009, para un total actual de 4.990.000 personas en condiciones de votar, incluyendo algunos residentes en el extranjero (Argentina, Brasil, Espaa y EEUU).

A riesgo de simplificar, se puede afirmar que dos son los candidatos con posibilidades de cosechar cantidades significativas de votos. El primero es Manfred Reyes Villa, del PPB-Concertacin Nacional. Recibe el respaldo de sectores conservadores y de fuertes grupos de poder; son los mismos que en el pasado reciente apostaron por el desmembramiento del pas. Fue revocado como prefecto (gobernador) de Cochabamba por medio de consulta popular, y sobre l pesan diversos cargos por corrupcin administrativa. Su candidato a la vicepresidencia es el ex prefecto de Pando, actualmente encarcelado por la masacre de campesinos en aquella regin. Ese departamento amaznico es ejemplo de territorio histricamente abandonado y aislado, sometido a seoros de horca y cuchillo que lo regan como un feudo.

El segundo es Samuel Doria Medina, de Unidad Nacional, conocido empresario del cemento y otros rubros comerciales como la franquicia de Burger King. Su propaganda electoral hace nfasis en la generacin de empleo y el respaldo a la pequea y mediana empresa. Sin embargo, fue uno de los principales paladines de las privatizaciones salvajes desde su cartera como ministro de planeamiento en 1992, poca en la que campeaba el neoliberalismo en Bolivia.

Los medios de comunicacin privados (un 85% del total) se suman en su mayora a la campaa contra Evo Morales. Recurren a toda clase de trucos, embustes y lugares comunes con muy escasa imaginacin y magra incidencia en la opinin pblica. Segn el periodista Ricardo Bajo, las audiencias consumen esa programacin antigubernamental, pero sortean sus propuestas de alineamiento poltico.

Alianzas estrafalarias

Los dos candidatos mencionados son prototipo de pactos estrambticos. Uno pretende aliarse y conquistar a desempleados y subempleados, producto de las privatizaciones que l mismo alent siendo funcionario pblico. El otro hace una apuesta excesiva, colocando como vctima en el escenario poltico a un promotor de asesinatos. Mientras tanto, Evo parece signado con el don de la ubicuidad, visitando cada da cuatro o cinco localidades de una punta a otra del territorio nacional. Como indica el analista Adalid Cabrera Lemuz, esa maratnica campaa proselitista, que incluso hace temer a sus aliados por la salud del presidente, la desarrolla casi solo, con la nica compaa de Garca Linera. Da la impresin de que el resto de los candidatos del MAS reiteran viejas prcticas de la poltica nacional, mediante las cuales se ocupaban curules agarrados a la levita del candidato principal y sin mayores esfuerzos propios.

Entre las viejas prcticas surgi otra inesperada. En la ciudad de Santa Cruz, varios integrantes de la Unin Juvenil Cruceista, lderes de barras bravas futboleras y ex miembros de la Prefectura hicieron alianza pblica con el MAS. Es necesario recordar que se trata de criminales que en el ao 2008 atizaron y organizaron saqueos y destruccin de oficinas pblicas, instituciones indgenas y organizaciones no gubernamentales. Funcionaron como violentos grupos de choque ocupados en demostraciones racistas, golpizas a campesinos y amenazas a ciudadanos que no se plegaban a las propuestas separatistas de las lites locales. Sirvieron, en fin, como base propicia para el desarrollo del proyecto terrorista que fue descubierto y frustrado por el gobierno.

Lo sorprendente de este monumental transfugio pblico es que dichos individuos slo argumentaron que haban sido engaados. Algunos sectores del MAS se congratulan, explicando que es necesario recibir con los brazos abiertos a toda persona que se quiera sumar al proceso de cambio. Exhiben a los facinerosos como especie de trofeos de guerra en cada acto poltico.

Por el contrario, otros militantes se preguntan si esta extraa asociacin entre vctimas y verdugos no es ofensiva, o una especie de versin criolla del Sndrome de Estocolmo, en la cual los depredadores no muestran arrepentimiento por los desmanes y prcticas segregacionistas, y slo se lamentan por haber sido estafados.

Como sea, ms all de una tctica de espectacular efecto meditico, la alianza se instala inesperadamente como actualizacin de viejas prcticas polticas caracterizadas por el camaleonismo, la impunidad y la desfachatez. Habr que ver cmo el MAS explica semejante fenmeno, a todas luces enfrentado a los nuevos valores que pretende consolidar la ya mencionada Revolucin democrtica y cultural. Por el momento, y por encima de razonamientos de ocasin, el traspaso de delincuentes de un extremo al otro del espectro partidista es simple y crudamente eso.

Fuente: http://alainet.org/active/34096



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