Portada :: Cuba :: 50 aos de Revolucin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2009

En el cincuentenario de la Revolucin
Cultura y Sociedad

Graziella Pogolotti
Foros Cubarte


Los talentos nacen silvestres. Muchos se van perdiendo por el camino, vencidos por circunstancias que tronchan la plenitud de su existir. As, una de las figuras ms originales de la primera vanguardia cubana, Arstides Fernndez, muri en plena juventud, vctima de la enfermedad de los tipgrafos. Ponce y Vctor Manuel sobrevivieron ms tiempo en una miseria infinita que lastr el necesario proceso transformador de su obra. Marginados en la Cuba neocolonial, los escritores y artistas fueron haciendo su obra en un empeo voluntarioso por seguir construyendo la nacin con el testimonio de su trabajo personal. No hubo, por aquel entonces un programa de gobierno para el fomento de la cultura y para el establecimiento de slidas instituciones destinadas a la enseanza artstica, a la difusin del arte y la literatura y al resguardo del patrimonio nacional. Revisar la prensa de la poca puede resultar aleccionador reflejo de la pattica indigencia en este campo.


Por su carcter emancipatorio, la Revolucin tena que convertir la cultura en uno de los ejes centrales de su accin. A partir de lineamientos generales, formulados en gran medida por la tradicin intelectual cubana, desde el bienio inicial se abordaron las distintas vertientes del complejo problema. La campaa de alfabetizacin estableca puntos de articulacin entre educacin y cultura. Representaba el primer peldao para el acceso a zonas extensas del conocimiento. Pero, a la vez, el contacto entre adolescentes crecidos en el entorno urbano y las zonas campesinas ms intrincadas implicaba el encuentro entre dos culturas, entre dos mundos hasta entonces incomunicados. En unos y otros se verificaba el descubrimiento fecundante de dos instancias del saber.

La dialctica entre el creador y el destinatario potencial de su obra se planteaba en trminos similares. Las instituciones que aparecieron en rpida sucesin respondan al mltiple propsito de hacer visible la presencia de los escritores y artistas, auspiciar el desarrollo de su trabajo y establecer el puente para el dilogo con los distintos sectores de la sociedad. Oscurecido por la presencia de otros referentes, por la manipulacin de los acontecimientos histricos y por lecturas simplistas al margen de la complejidad de los procesos sociales el alcance de esta doble vertiente ha sido captado por muy pocos, incluidos los encargados de ejecutarla y los observadores crticos instalados en otras orillas. La dialctica implcita en el vnculo entre los factores concurrentes artistas y sociedad ha sido desplazada por la focalizacin en el entorno de la creacin.

La fisura entre la matriz conceptual y su ejecucin prctica conduce al olvido de los contextos especficos, de los rasgos definitorios del punto de partida y del panorama poltico mundial a mediados del siglo XX. Con sus componentes herticos, la revolucin de los barbudos resultaba terreno propicio para seguir dilucidando las polmicas histricas de la izquierda internacional. Centradas en la esttica y la ideologa, las controversias soslayaban la dimensin social e histrica del caso cubano.

Ocurri as que muchos tericos dejaron de percibir la integralidad del problema cultural. Circunscrito al realismo socialista y a las posibles lecturas polticas de la obra de arte, el anlisis no tuvo en cuenta los desafos inherentes a la herencia de subdesarrollo y al contexto de un movimiento descolonizador caractersticos de la situacin de la isla. Descolonizacin, subdesarrollo y tercer mundo fueron conceptos acuados durante la guerra fra por cuyas fisuras adquiran identidad los movimientos de liberacin nacional. Establecan un comn denominador para todos los pases an dependientes y para aquellos que haban alcanzado una independencia formal. Las ciencias sociales ofrecan un marco terico til para una nueva reflexin en el campo de la cultura en una etapa caracterizada tambin por el auge de la antropologa.

El debate cultural sobrepasaba el mbito de la esttica para abordar el tema de los procesos sociales en los territorios sujetos a la dependencia colonial. Empezaba a configurarse el perfil de Calibn. Resultante del coloniaje, el subdesarrollo constituye un rasgo comn del entonces denominado tercer mundo. Define el nexo profundo entre base econmica y comportamiento cultural. A la extrema polarizacin de las circunstancias de la vida material corresponde la extrema polarizacin de la sociedad y de los valores culturales ms arraigados. En su viaje a Cuba, Sartre observ el significativo contraste entre una zona deslumbrante de La Habana y su trasfondo urbano y rural consecuencia de un mercado azucarero dependiente, generador de la precarizacin del mundo del trabajo. Con la marea revolucionaria, una minora intelectual de formacin cosmopolita, refinada, vuelta hacia los debates de la contemporaneidad y distanciada crticamente del universo que se estaba derrumbando, empezaba a tocar con las manos, en trminos concretos, la existencia de otra cultura, inscrita en un contexto premoderno.

En una etapa de cambios acelerados, el vnculo entre cultura y revolucin se planteaba de dos maneras diferentes. Para algunos, siguiendo una tradicin decantada por el pensamiento de izquierda, el anlisis se centraba en la creacin artstico literaria que, en trminos de contenido y mensaje, deba acompaar, con signo positivo, el proceso de transformacin. Las contradicciones en torno a este problema animaron las polmicas que ocuparon significativos espacios en revistas y peridicos de la poca. Para otros, el concepto de cultura desbordaba estos lmites estrechos, para cercarse a una visin ms cercana a la antropologa. Se abra de ese modo un camino fecundo que no se desarroll hasta sus ltimas consecuencias.

La historia no procede de manera lineal. Transita como las aguas de los grandes ros, por meandros y aparentes retrocesos, se precipita tumultuosa, atraviesa a saltos los obstculos interpuestos en el terreno, recorre plcida la planicie. La reflexin acerca de coloniaje y subdesarrollo madur en la densa urdimbre de ideas y acontecimientos que modelaron los sesenta del pasado siglo, entre la Revolucin cubana, la guerra de Vietnam, el asesinato de Lumumba y el auge de la guerrilla latinoamericana, entre la lucha de los afronorteamericanos a favor de los derechos civiles y las primeras manifestaciones organizadas para reivindicar el reconocimiento de la identidad de lesbianas y gays. El tema tomaba cuerpo en el campo de la cultura cubana con Memorias del subdesarrollo de Toms Gutirrez Alea y Edmundo Desnoes y con el rescate del rostro de Calibn, ensayo de Roberto Fernndez Retamar. El otro dejaba de ser vctima para convertirse en protagonista, en constructor consciente de su historia y de su cultura. Su voz empez a reconocerse dentro y fuera de la isla en una extensa literatura testimonial que legitimaba, mediante la letra impresa, a los silenciados de siempre. Encarnacin del establishment, la academia se apropi de esos textos para devolverlos a la comunidad cientfica internacional con su carga corrosiva atemperada. Biografa de un Cimarrn de Miguel Barnet abri el camino a la incorporacin de un imaginario alternativo soterrado.

En el mbito especfico de la creacin artstico literaria, se disearon proyectos institucionales destinados a contribuir a la visibilidad de zonas marginadas por los grandes mercados. Las editoriales publicaron obras de escritores procedentes del tercer mundo, lo que incluy textos de teatro y narrativa, as como la traduccin y preparacin de antologas de poesa elaboradas en las lenguas originales de frica. La Bienal de La Habana result un empeo an ms ambicioso. Cada una de sus convocatorias, respaldadas con los escasos recursos financieros disponibles, implic un extenso trabajo de bsqueda, evaluacin y seleccin de artistas de todos los continentes inscritos en los procesos culturales de sus pases de origen. Desechando la habitual mirada paternalista con nfasis en el color local, se trataba de indagar, a partir de ciertas convergencias temticas, acerca de la asuncin de la contemporaneidad en cada territorio concreto. El intercambio con especialistas venidos de todas partes conformaba un espacio para la informacin, el dilogo y el reconocimiento. Muchos saltaron de La Habana a los grandes circuitos del arte. Algunos adquirieron el pasaporte necesario para el peregrinaje a travs de otras bienales. Iniciaron la aventura de la desterritorializacin. Lo ms importante, sin embargo, fue dejar constancia de la existencia ignorada de una significativa produccin artstica y tender puentes para el intercambio de creadores representativos de la amplia diversidad cultural de los pases que, en grado distinto, emergen del coloniaje.

La historia pareca dar saltos. Pero la dcada prodigiosa estaba a punto de concluir cuando aparecieron signos que oscurecan el panorama. Mayo del 68 tuvo un desenlace pattico. La primavera de Praga proyectaba sombras inquietantes sobre Europa del Este. En carrera desenfrenada se imponan las dictaduras en Amrica Latina. La derecha norteamericana articulaba los programas de Santa Fe. El campo socialista, incluida la Unin Sovitica, se derrumbaba. Se proclamaba el fin de la historia. Todos parecan bailar al son de una cultura light. Los intelectuales se refugiaban en su poltrona. El efecto hipntico de los mass media pareca adormecer a todos. Y, a pesar de todo, de la entraa de los montes, a travs de las fisuras del suelo grantico brota el agua fresca, portadora de valores arraigados en lo ms profundo de la memoria. El gran ro inicia un nuevo meandro. En el rostro de Calibn se reconoce la huella de las culturas indgenas. No es un regreso al punto de partida. Se est verificando un cambio cualitativo. Soberana, justicia social, redistribucin de la riqueza se integran a un orden cultural, vale decir, a la refundacin de un humanismo. Medida de todas las cosas, sujeto de la historia, el ser humano se afinca en la tierra y se propone restablecer un vnculo armnico con la naturaleza. Al cabo de cincuenta aos, las ideas sembradas ayer, resguardadas en lo ms recndito de la resistencia cubana, vuelven a florecer nutridas por las aguas subterrneas y atemperadas a las exigencias de la contemporaneidad. El gran desafo intelectual de hoy consiste en descifrar las claves del proceso, definir sus coordenadas y tomar, en trminos concretos, el pulso de la realidad.


Fuente: http://www.foroscubarte.cult.cu/read.php?8,43261



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