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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2009

Una crtica a la llamada guerra contra el narcotrfico

Csar Morales Oyarvide
Rebelin


Tanto a nivel nacional como internacional la creciente ola de violencia relacionada con el narcotrfico que existe en varias zonas de Mxico se ha convertido en una de las principales caractersticas que configuran la imagen del pas. Se ha llegado al punto de advertir la posible colombianizacin de Mxico o su entrada en la categora de Estado fallido. Sea esta percepcin real o una mitificacin, lo cierto es que ha justificado por parte del gobierno de Felipe Caldern una serie de respuestas centradas en la mano dura llegndose a considerar al narcotrfico no ya un problema de seguridad pblica sino uno de seguridad nacional. Se le ha declarado la guerra al narco, optando por jugar la carta del recurso de excepcin como la regla: el uso las Fuerzas Armadas para combatir la delincuencia. Sobre esto vayan unas consideraciones crticas:

Seguridad nacional, seguridad pblica, y narcotrfico: cambiando el nombre del problema

Dejando de lado el debate sobre si la razn de Felipe Caldern para echar mano del Ejrcito haya sido la necesidad de dotarse de una legitimidad por medio de golpes de mano mediticos o no, el tema que quiero tratar aqu es que para justificar el uso del Ejrcito en materia de lucha contra el narcotrfico es necesario convertir un tema de seguridad pblica (delincuencia) en un asunto de seguridad nacional: cul es la raz de este malabar dialctico? Tal parece que dicha raz es oscura e incmoda, porque es ajena y en buena medida impuesta a los gobiernos latinoamericanos por los Estados Unidos.

La relacin entre narcotrfico y seguridad nacional no es sencilla ni espontnea, ni ha sido siempre algo que va de suyo, de sentido comn. Ms bien es algo bastante reciente. De hecho, hasta hace veinte aos a nadie se la habra ocurrido que el narco era un tema de seguridad nacional, es decir, que atenta contra la soberana y/o la integridad territorial de un Estado y que contra ste fuese necesario (o conveniente) utilizar a las Fuerzas Armadas.
Tradicionalmente la principal amenaza para la soberana y la seguridad nacional en un pas ha sido la posibilidad de un ataque de un enemigo exterior. Esto es natural en un escenario que se concibe como protagonizado casi exclusivamente por el Estado- nacin. En consecuencia el Ejrcito latinoamericano estaba reservado para la Defensa contra una agresin de ese hipottico enemigo exterior.

Pero esto empieza a cambiar una vez que los gobiernos latinoamericanos se acomiden a acatar dos directrices norteamericanas: la primera es la aplicacin de la nocin del enemigo interior en sus respectivos pases. Un concepto que fue acuado para justificar la entrada del Ejrcito en una guerra contrainsurgente diseada para eliminar a los opositores revolucionarios de los regmenes autoritarios latinoamericanos que cazaba bien con la lgica de Guerra Fra y que caus tantas muertes y desapariciones forzosas entre la poblacin de nuestro continente. Esta prctica y no otra es la que abre la puerta a la posterior entrada del crimen organizado y el narco como nuevos enemigos internos contra los que las FFAA deben luchar.

La segunda directriz americana raz de que ahora parezca cosa de sentido comn ligar narcotrfico con seguridad nacional es la sustitucin del objeto predilecto de temor por parte de Occidente una vez derribado el Muro de Berln: los miedos de la Guerra Fra (al comunista nacional y extranjero) se sustituyen convenientemente por un miedo ms o menos difuso a otros sujetos, entre los que destacan el crimen organizado y el narcotrfico, partes esenciales del clima de inseguridad que se vive en todo el mundo, y gran sustento de polticas e industrias militaristas. Dicho esto, me parece que queda en entredicho el sentido comn o la objetividad de la unin entre narcotrfico, ejrcito, y seguridad nacional.

Sin embargo, es posible que efectivamente haya un peligro real contra la seguridad nacional y contra la soberana inscrito en el tema del narcotrfico. No es que los traficantes quieran apoderarse de partes del territorio o disputar el poder al Estado mexicano (los mayores expertos en narcotrfico en Mxico como Luis Astorga o Jorge Chabat han hecho nfasis en lo improbable de este argumento). Tampoco es el de la posible alianza entre guerrillas y movimientos insurgentes con organizaciones traficantes. El riesgo que vemos es que la estrategia de lucha contra el narcotrfico, de confrontacin frontal militar abra la puerta a una intervencin militar extranjera. La partida de nacimiento de esta posibilidad est ya latente desde la National Security Decision Directive de 1986 en que el narco ya se concibe como un problema de seguridad para los Estados Unidos, con un componente muy cargado hacia el problema de la oferta, de los pases productores latinoamericanos, lo que abre la puerta a posibles injerencias del Ejrcito norteamericano al estilo de Colombia. Y eso si es un problema para la soberana.

Implicaciones de la llamada guerra contra el narcotrfico

Ahora bien, la particular guerra mexicana contra el narco, qu implicaciones notables ha tenido o puede tener?
1. La prdida del poder civil frente al castrense. La primera implicacin de hacer de la intervencin de las FF. AA. la regla en la lucha contra el narcotrfico es el lgico desequilibrio que crea entre el poder civil y el militar. El empleo del Ejrcito como consecuencia de la debilidad, ineficiencia o corrupcin de las autoridades civiles o policiales es un mal remedio pues obstaculiza la evolucin normal de las estructuras civiles del Estado y dota de un poder a los militares que puede debilitar el proceso democrtico mexicano en un futuro. Esto es peligroso y nunca ser balad advertirlo. Resulta adems muy paradjico que precisamente en los aos de la democratizacin del pas, mientras ms democracia formal existe, ms poder ganan los militares, que cada vez copan en mayor medida las instituciones de seguridad y procuracin de justicia civiles. De hecho desde hace ya tiempo la autoridad civil ha venido actuando como supeditada a la militar (estirando interpretaciones de la Constitucin de por medio). Y esto sin fecha de retirada: no hay plazo de retiro de los militares de estos puestos, ni planes concretos de formacin de instituciones policiacas civiles y de procuracin de justicia eficientes y que inspiren confianza para que ya no sea necesaria la participacin militar.

2. Los problemas de ejecucin y coordinacin. El siguiente problema que implica el uso de las FF.AA. es que los militares no actan con una lgica adecuada para el combate a la delincuencia y el trabajo policial en sus operativos: entrenados para allanar y matar, no siempre entregan a los individuos que violan las leyes (o a los sospechosos) a la autoridad competente, convirtiendo esta mano dura contra los traficantes en un asunto de castigo y venganza expedita, sin participacin del aparato judicial, prcticamente en algo extralegal. Se han creado adems problemas de coordinacin en esta lucha contra el narcotrfico, ya que se han desarrollado rivalidades entre policas y militares: hay falta de coordinacin, y en algunos casos hasta enfrentamientos abiertos, que ponen en tela de juicio la efectividad de esta guerra.

3. La (des)confianza y la violacin de DDHH. Una de las justificaciones ms utilizada en el tema del uso del Ejrcito es la tesis de la confianza, que se basa en anlisis de opinin que muestran que la poblacin considera a las Fuerzas Armadas (junto a la Iglesia) como una de las instituciones ms confiables, a enorme distancia de la polica o los polticos. Pero una vez ms, tomar accin con base en anlisis precipitados ha conducido errores y problemas: aunque la percepcin de confianza en las FFAA sea alta, esta institucin (segn la CNDH) se encuentra entre las tres que ms violan los Derechos Humanos en Mxico. Extraa confianza de la ciudadana en un Ejrcito denunciado no slo por nacionales sino por ONGs como Amnista Internacional.

El gobierno en cambio, confa en ellos a pies juntillas: tanto que sigue dejando a los tribunales de la propia institucin militar la vigilancia interna de los problemas de corrupcin y violaciones de los derechos humanos en lo relacionado a la lucha contra la droga.

4. El mito de la miasma, la incorruptibilidad, y los Zetas. La otra gran justificacin para relegar de la lucha contra la droga a las fuerzas de seguridad civiles es la tesis de la penetracin como argumenta Luis Astorga: en Mxico el asunto del narcotrfico se observa como una miasma que hay que remover protagonizada por infiltrados a sueldo del narco en las instituciones del Estado, como si los traficantes hubiesen urdido un plan para colocar a espas en puestos claves de las Fuerzas de Seguridad, para as conocer sus movimientos y anticiprseles. Aunque no sea as y se trate ms bien de funcionarios estatales que, proclives a la corrupcin, son seducidos por la oferta de los criminales, el asunto de la corrupcin es bien real, por lo que esta tesis hizo fortuna, y ha justificado la entrada del Ejrcito a la lucha antidrogas, pues es una institucin que se ha estimado menos proclive a esta corrupcin y penetracin, gracias principalmente a sus controles internos.

Esta idea ha demostrado su falsedad y ha trado consigo otra consecuencia negativa de la guerra contra el narcotrfico encarnada la figura de los Zetas: esos pistoleros a quienes se ha mitificado al grado de hacerlos parecer una organizacin ubicua e invencible, y que son la materializacin ms reciente del miedo y la violencia en el pas. Este grupo de pistoleros est conformado en principio por desertores de una fuerza militar de lite llamada GAFES (Grupo Aeromvil de Fuerzas Especiales), es decir, por elementos de la incorruptible fuerza armada del pas que pasaron en su da a trabajar para la organizacin de Osiel Crdenas Guilln.

La guerra contra el narcotrfico ha tenido as otro resultado adverso: sin quererlo ha dotado de ms capacidad de fuego a los traficantes y ha plantado el germen del paramilitarismo en el pas al incluir a ex militares de elite entre sus sicarios. El problema no es slo que se ha llegado a la situacin en que el Estado financia el entrenamiento de futuros delincuentes, sino que se llega al absurdo de que, a sabiendas de que entre las fuerza de lite militares ha habido y sigue habiendo miles de deserciones, no existe un programa de seguimiento a estos elementos una vez que abandonan la fuerza, por lo que el porcentaje de estos que se han pasado a trabajar como sicarios o traficantes se deja a la imaginacin.

5. Su juego: el golpe que el narco aprovecha. Otra implicacin, negativa, de la guerra de Caldern es simplemente el uso de una estrategia agresiva. Como apunt hace poco Gutirrez en la revista Nexos (Septiembre): con un gobierno dbil, una poltica de intervencin antidroga agresiva tienda a exacerbar y multiplicar la violencia. Es as por la capacidad de retaliacin que tienen las organizaciones y porque esta poltica propicia conflictos entre e intracrteles. Si bien el grueso de la violencia la protagonizan las organizaciones traficantes luchando entre s, tambin la accin del gobierno desempea un papel importante en este brote: las reglas del juego las establece su accin o inaccin, y la que ha hecho Caldern es una accin provocadora que ha puesto en marcha medidas que directa o indirectamente han incitado a la violencia.

Lo problemtico es que el Gobierno est entrando en el juego de los traficantes: la detencin de capos y los decomisos se han hecho en buena medida por informacin provista por crteles rivales cuyo fin es iniciar una ofensiva justo en el momento en que comienza el conflicto intracrtel propiciado por el arresto, muerte o decomiso. El Gobierno en su afn de erradicacin por medio de la confrontacin de hecho ha actuado como detonador o coadyuvante de los espirales de violencia de la lucha entre crteles, y esto por la falta de labor de inteligencia e investigacin de calidad.

Error y fracaso de la guerra?

Aunque segn los ndices oficiales tras las declaracin de guerra ha habido avances en la lucha contra el narcotrfico, es decir, ha habido gran cantidad de detenidos y decomisos, la realidad es que la situacin ha empeorado ya que hay mas decomisos y capturas por la simple razn de que hay mas produccin, ms diversificacin del mercado y ms cantidad de gente en el negocio. Adems, la actividad y el poder de fuego de las organizaciones traficantes han aumentado tras la entrada del Ejrcito en el combate a la delincuencia.

Y era previsible: por qu los militares mexicanos iban a triunfar en una batalla que llevan perdiendo los de Estados Unidos por casi un siglo? El problema, y de ah la pertinencia de la crtica a la estrategia calderonista del uso de la fuerza y el Ejrcito, es que el plan de los gobiernos se ha centrado en lo militar y en lo policial, buscando la erradicacin. Como escribe Luis Astorga, es ms sensato buscar la contencin y el mantenimiento ajeno a las estructuras del Estado. Pero para esto se necesita un plan que adems contemple la prevencin de consumo, educacin, cultura de la legalidad, empleo, y cultivos alternativos. La estrategia de Caldern no pasa por ahi.

Slo se salvarn aquellos que tengan alas para surcar el espacio, los de duro corazn, los que llevan en el alma el herosmo; (y no) el gran Rebao Humano, pacfico y estulto, la turba de siempre, plebe imbcil, annimo montn, multitud, nada.



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