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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2009

Resea del libro de John Brown La dominacin liberal
Un ensayo sobre el liberalismo como dispositivo de poder

Angeles Diez
Rebelin

La dominacin liberal. Ensayo sobre el liberalismo como dispositivo de poder, de John Brown, est editado en Tierradenadie ediciones http://tierradenadieediciones.com/tierradenadie/?p=183


El orden liberal exige tolerancia y respeto a los derechos humanos construyendo la ficcin de una moral universal que ata por igual al soberano y al ciudadano, pero en realidad, lo que est detrs, dir Brown, es la generalizacin de un gran mercado universal donde todas las civilizaciones pueden confluir y dialogar a condicin expresa de que los individuos estn perfectamente inmunizados contra sus efectos. Se nos sobresalta constantemente con nuevas disposiciones, regulaciones, prohibicionespero a la vez se nos encandila con promesas de libertad y paz. La estrategia del sock de la que habla Naomi Klein encuentra en este libro una fundamentacin terica profunda capaz de mover los cimientos de cualquier edificio bienpensante. No deja resquicio, ni ttere con cabeza. La hiptesis de Brown es sin duda provocadora: La guerra, la tortura, el colonialismo no son hoy lo contrario de los derechos humanos y del Estado de derecho sino su reverso, el conjunto de medios que los posibilitan. Slo se puede partir de esta afirmacin si se est dispuesto a asumir los riesgos de pensar sin condiciones, con honestidad y coherencia. Y eso es lo que hace el autor, zambullirse y arrojarnos en las turbulentas aguas en las que se gestan los dispositivos de poder, aquellos que, de tan prximos, nos resultan ajenos.

La libertad, la igualdad, los derechos humanos, son desenmascarados. Son presentados como dispositivos ideolgicos que nos conducen, no sin cierta estupefaccin, a enarbolar las mismas consignas que aquellos que creamos en las antpodas. Este libro, es un trabajo de arqueologa, una aproximacin metodolgica similar a que propone Foucault en sus trabajos, no en vano es una de sus principales referencias aunque quiz excesiva.

Que el Estado moderno es inseparable de capitalismo no es un planteamiento novedoso, sin embargo, s lo es la crtica a sus principios morales; esos rutilantes derechos humanos que asumimos como principios universales y universalizables. Desgajados de historicidad y naturalizados se han convertido, nos dice Brown, en un dispositivo de poder que somete una y otra vez a todos aquellos que pretenden araar apenas la superficie viscosa del liberalismo. Boomerang que nos tapa la boca al menor sntoma de concrecin y cuando apenas intentamos un pero histrico somos arrojados, cual monstruos al cajn de los intolerantes. As, los derechos humanos, nos hacen cmplices necesarios de las guerras humanitaria y agentes activos de la explotacin laboral. Porque en todo este tinglado, nos dice el autor, siguiendo a Chesterton, en el capitalismo, como en los cuentos, siempre hay algo que no se puede hacer sin que el tinglado entero se venga abajo, y ese algo, es aquello que, como descubri Marx, constituye la fundamentacin del sistema: la explotacin; o dicho de otra forma, la extraccin de valor, la acumulacin. Lo que en ningn caso se puede consentir es impedir la venta de fuerza de trabajo. Por eso, en una lgica de expansin del capital (globalizacin) los derechos humanos son la coartada perfecta para la generalizacin del capitalismo a todo el orbe y tambin para la pacificacin interna.

Pero no parece tratarse slo de operadores discursivos, aqu la influencia foucaultiana envuelve innecesariamente el planteamiento de Brown. El poder se fundamenta en la dominacin pero tambin en la fuerza. Si el liberalismo puede ser estudiado en su continuidad histrica con el absolutismo, si en vez de liquidar al antiguo rgimen implica la posibilidad de su supervivencia liberndolo de las ataduras feudales que lastraban su evolucin capitalista, si hubo de liberar al monarca de las leyes de la naturaleza, el cuerpo jurdico poltico del Estado moderno desarrolla al mismo tiempo mecanismos coactivos que van ms all de la biopoltica. La fase contempornea del capitalismo en la que se produce una aparente liberaracin de las ataduras jurdicas y una contraccin del Estado en beneficio del mercado y del individuo, se da al tiempo y es posible porque el poder sigue conservando un centro real, fsico, claramente identificado. El monopolio de la violencia weberiano, requisito del Estado nacional junto con la burocratizacin y racionalizacin, han de ser visibles y reconocibles, explcitos cuando hace falta. Otra cosa es que la imbricacin economa-poltica multiplique los espacios y tiempos en que la violencia se despliega. Porque, a pesar de la eficacia de los mecanismos de dominacin, a pesar de que la cultura hegemnica es la de la clase hegemnica, que dira Gramsci un autor extraamente ausente de la reflexin de Brown-, la realidad es tan tozuda que perfora la capa de dominacin.

Llega un momento en que el concepto foucaultiano de biopoder, sugerente y rico, se queda varado y dando vueltas sobre s mismo y sobre los dispositivos de su propio discurso y, de forma casi natural, Brown recurre a Marx. Que la prioridad de Foucault fuera estudiar el cmo del poder fuera del modelo de Leviatn, desde fuera del campo delimitado por la soberana jurdica y por las instituciones estatales1, es decir, las manifestaciones del poder apoyado sobre los cuerpos para la extraccin de tiempo y trabajo, no supone que renunciara a la existencia de un centro de poder, por lo menos esa es la lectura que yo hago. De alguna forma, as lo confirma Brown cuando indaga sobre la economa como gobierno al sealar que El derecho y el mercado no han suprimido de ninguna manera la violencia fundamental que perpeta la expropiacin estructural de los trabajadores, o al decir que no coincide con Foucault cuando sostiene que el modelo policial choca con las rigideces de la economa. Solo una interpretacin sesgada e interesada de Marx da lugar a una concepcin ontolgica de las clases sociales o a entender la lucha de clases como una determinacin histrica, no es el caso de John Brown.

Es as que partiendo de Foucault caemos en Marx. Las races del gobierno liberal no son otras que las races del capitalismo, es decir, la construccin de las condiciones socio-polticas que hacen posible la explotacin. El recorrido que nos propone este librode la poltica a la economa es siempre un recorrido inverso, de la economa a la poltica, aunque no es lineal, ni mucho menos. Sin duda, es el trabajo abstracto la categora analtica que permite a Marx desarrollar la teora del valor, -algo que no pudo hacer Aristteles porque en una sociedad donde la fuerza de trabajo es esclava, no se generan mercancas-, no se fundamenta desde lo poltico o desde el poder, o no slo. Aqu Brown, como buen marxista, se muestra radicalmente aristotlico, al proponernos considerar el capitalismo como un modo de produccin contingente, que ha de ser estudiado en el cmo de su funcionamiento, en su potencia y en su desarrollo; lo que un buen historiador llamara poner en historia. Por eso, la hiptesis de partida, los derechos humanos en tanto que encubridores del gobierno liberal, lo conducen hacia el centro neurlgico del problema: la relacin poltica-economa.

El liberalismo niega la poltica. Slo existe la gestin y el gobierno. Es este planteamiento el que tambin nos lleva al polmico C. Schmitt, pero como decamos al principio, Bown no es un pensador con complejos. El diagnstico de Schmitt sobre la Modernidad es el de una poca en la que se normaliza la excepcin y por lo tanto se invisibiliza. Se nos hace cotidiano lo que deba ser excepcional, tolerable lo intolerable, y dejamos de percibirlo. En parte, estamos en el centro neurlgico de la dominacin capitalista. Brown establece la coincidencia entre el pensamiento de Karl Marx y el de Schmitt precisamente en el recorrido, en su planteamiento sobre la neutralizacin de la esfera poltica. Si Hana Arendt ya plante en la Condicin Humana que, a diferencia del mundo clsico, en el mundo moderno la economa invade el mbito de la poltica y la subordina, haca falta explicar dicho proceso desde la lgica de una nueva teologizacin que arranca al mundo de las posibilidades de su transformacin por parte del ciudadano.

Encontramos en Marx el anlisis del proceso de naturalizacin de la economa en el captulo sobre el carcter fetichista de la mercanca. Los productos de los trabajadores, al convertirse en mercancas, borran las huellas del proceso concreto de produccin, es decir, desaparecen las condiciones y determinaciones de sus productores, y adems, las relaciones entre los productores toman la forma de relaciones entre los productos de sus trabajos, relaciones entre cosas. El trabajo abstracto es, como insistir Brown, la clave que explica el valor y tambin la que hace posible la igualacin de lo desigual. La igualacin es en realidad un mstico velo neblinoso2, dir Marx, que oculta la realidad de desigualdad en que se halla la relacin capital-trabajo, en la que el trabajador slo posee su fuerza de trabajo mientras que el capitalista cuenta con los medios de produccin. Esta mistificacin que nos presenta como igual lo que es desigual se hace posible por la violencia originaria que expropia al trabajador de los medios de produccin y lo libera de las ataduras de las relaciones feudales. Hubo que liberar al siervo y lanzarlo al mercado de la fuerza de trabajo, y en ese proceso ocurre la mutacin ideolgica que lo transforma de siervo a individuo. Brown sita este proceso en la teologa medieval, muy acertadamente, en la igualacin de las almas agustiniana que, desde la religin, facilita el camino a la abstraccin e individualizacin, es decir, hacia la economa.

La economa encuentra un fundamento trascendente en la mano invisible y la poltica en la gestin tcnica que conduce al orden, a la paz. Pero en el mbito de lo poltico la naturalizacin de la excepcin, la delegacin de la soberana (la representacin) versus la democracia, no puede realizarse sin la violencia encubierta. Lo que el autor caracteriza como inmunizacin por individualizacin. Se trata de una violencia a veces encubierta (dominacin) otras no (represin) pero siempre implica la negacin de la poltica como mbito de actuacin del ciudadano. La poltica es lo ajeno al ciudadano porque en ella est determinado el marco de lo posible y porque no ser ya el lugar en el que se tomen las decisiones que puedan cambiar el rumbo de las cosas, elegir por ejemplo, entre monarqua o repblica, entre socialismo o capitalismo. Se ha producido un nuevo desposeimiento de la nica cualidad que, al decir del mundo clsico, era propiamente humana. La individualizacin capitalista en la medida en que crea un individuo privado cuya interaccin con los dems es fundamentalmente mercantil constituye estrictamente una inmunizacin, dir Brown. Quedar inhabilitado como ser poltico.

La bsqueda de la unidad, el consenso, actividad propiamente poltica, resultado de la confrontacin necesaria en el mbito del logos slo puede darse sobre la base de una igualdad sustantiva, real. Si no es as, la discusin no pasa de ser una farsa, equivalente al contrato entre trabajador y empresario, que aparentemente es un acuerdo entre seres iguales y libres. A Carl Schmitt, el diagnstico del mundo moderno y su forma poltica parlamentaria le llevaron a buscar la homogeneidad, la igualdad sustantiva, en los valores trascendentes del mito nacional, no poda ser de otra forma dada su filiacin ideolgica; sin embargo, si la deriva o, mejor, la excepcin nazi, encontr en el mito de la nacin la amalgama que permitiera el ejercicio del poder libre de todo cuestionamiento, tal vez, como plantea Brown, los derechos humanos, colocados fuera de la historia y de la poltica pueden estar cumpliendo ese mismo papel. La despolitizacin de la poltica y la naturalizacin del mercado permiten el desempeo de la explotacin y la reproduccin del entramado jurdico que la sustenta sobre la base de una igualdad ficticia y trascendente.

El sentido de lo poltico que rescata Brown de Schmitt no es la teora de la distincin entre enemigo-amigo, pero s la visibilizacin de la confrontacin encubierta bajo el manto de la racionalidad instrumental. Aquello que oculta la mercanca: la explotacin, es lo que oculta la poltica como tcnica. Si la crtica al liberalismo lleva a Brown hacia Schmitt es porque este autor fue quien ms inteligentemente centr las dos lgicas que fundamentan el liberalismo, no como filosofa de la historia sino como teologa encubridora de la economa, estas son: el individuo y la naturalizacin.

Me parece pues que este libro es una de las aperturas ms lcidas y brillantes hacia la construccin de un pensamiento radical. Cmo es posible que hayamos llegado a considerar que la economa es una esfera autnoma e independiente de la poltica? Por qu el trabajo acaba asumiendo que es el capital el que crea valor? El juego de espejos que construye el liberalismo nos atrapa en el laberinto donde nada es lo que parece y todo es, a su vez, lo que dice ser. Ninguna de estas cuestiones se puede resolver desde el pensamiento prejuiciado y al mismo tiempo, me parece que son las cuestiones clave hacia las que apunta el trabajo de Brown.

La tarea de este libro no es fijar respuestas, ni, a pesar de sus conclusiones, ofrecer salidas del laberinto. Eso slo podra hacerse desde la accin revolucionaria de un sujeto en ciernes. No es el caso. Pero la propuesta de John Brown abre un orificio en el muro que obstaculiza el pensamiento de izquierdas, un pensamiento que se niega a asumir el riesgo de ser tachado de intolerante y totalitario y que prefiere renunciar a su tarea. Se nos urge aqu a un rearme conceptual desde el marxismo, capaz de resignificar los conceptos de lucha de clases y dictadura del proletariado.

Finalmente, este libro es de una erudicin digna de agradecer en estos tiempos banales donde la retrica disfraza a menudo los planteamientos ms conservadores. La obra de Brown es, sin duda, una herramienta para pensar y cada uno puede encontrar en ella municin para armar el fusil que le corresponda.


Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa de la autora, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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