Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Golpe militar y resistencia popular en Honduras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2009

El desacuerdo hondureo

Carlos Rivera Lugo
Claridad/Rebelin


No hay que ser muy listo para entender que lo suscrito en Tegucigalpa, el pasado 29 de octubre, constituye una ventana tan slo entreabierta para una posible solucin a la crisis poltica hondurea provocada por el golpe cvico-militar de hace cuatro meses. Las desavenencias de unos y otros en torno a la interpretacin de sus trminos concretos, especficamente sobre la restitucin inmediata del presidente constitucional Manuel Zelaya, da fe de que lo que en sus inicios fue celebrado como un acuerdo que destrancaba el conflicto, con el tiempo deviene en profundo desacuerdo que podra hacer volar en cantos lo alegadamente avanzado.

La pldora venenosa es el controvertido punto quinto del acuerdo en el que se deja al Congreso Nacional como expresin institucional de la soberana popular y en consulta con la Corte Suprema, para que resuelva si procede retrotraer la titularidad del Poder Ejecutivo a su estado previo al 28 de junio hasta la conclusin del actual periodo gubernamental, el 27 de enero de 2010. En otras palabras, se deja a la discrecin de dos de las instituciones responsables del golpe y de la transgresin del orden constitucional, si Zelaya es restituido como mandatario constitucional. De paso, stas se legitiman como expresiones institucionales de la soberana popular cuando, de hecho, con sus acciones golpistas en todo momento han demostrado un claro desprecio por la voluntad expresa en las urnas de esa misma soberana popular.

Por ejemplo, el segundo punto de lo pactado obliga a Zelaya a abstenerse de hacer llamamientos a la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, de modo directo o indirecto y a renunciar a promover o apoyar cualquier consulta popular con el fin de reformar la Constitucin. As es el modelo liberal en sus pretensiones democrticas: desconfa del poder constituyente del soberano popular y prefiere, por ello, maniatarlo por medio de una institucionalidad gubernamental, alegadamente representativa, que termina por negarle al pueblo sus prerrogativas soberanas.

En ese sentido, lo convenido representa una bofetada al derecho inalienable a la autodeterminacin que le es consustancial al pueblo como poder constituyente y legitimador de cualquier orden poltico que aspire a ser considerado democrtico. La respuesta del Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado no se dej esperar: Reiteramos que la Asamblea Nacional Constituyente es una aspiracin irrenunciable del pueblo hondureo y un derecho innegociable por el cual seguiremos luchando en las calles, hasta lograr la refundacin de la sociedad para convertirla en justa, igualitaria y verdaderamente democrtica,

De ah que ya se va generalizando la percepcin de que los golpistas se han salido con la suya y al suscribir el pacto se aseguraron que nada en l les obligara a restituir a Zelaya, quien desde el 21 de septiembre se encuentra asilado en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa. An as consigue la tan deseada e imprescindible legitimidad internacional para las elecciones generales programadas para el prximo 28 de noviembre. Por eso, desde la firma, slo se han dedicado a darle la vuelta al tema de la restitucin del mandatario depuesto, incluyendo la negativa a convocar de inmediato al Congreso. Ello ha llevado a Zelaya ha denunciar los juegos oscuros de los golpistas para evitar que se cumpla con la totalidad de lo acordado. Ha puntualizado que si no se le restituye, entonces no hay acuerdo.

Existe un acuerdo de 12 puntos y ninguno es un punto aislado del otro. No se puede aprobar uno y dejar pendiente el otro, puntualiz Zelaya. El propio Zelaya, sin embargo, admite que conforme a lo pactado lo que existe es una obligacin moral del Congreso para actuar, retrotrayendo la situacin al orden constitucional que exista antes del golpe. Es cuestin de voluntad poltica que los golpistas decidan cumplir con lo que, a todas luces, constituye el centro neurlgico del conflicto: la restitucin.

Cmo fue que lo que hasta ahora era el aspecto central del conflicto trabado, la restitucin de Zelaya, haya pasado de repente a un segundo plan para dar paso a la validacin internacional de los comicios prximos como imperativo medular de la solucin pactada? Segn diversas fuentes cercanas a las negociaciones, los representantes de Washington, el subsecretario de Estado Thomas Shannon y el asesor presidencial Dan Restrepo, se encargaron de redefinir el objetivo a conseguir. Para stos, ante las dificultades confrontadas para solucionar el conflicto segn definido hasta ese momento, haba que redefinirlo, desplazando el requisito sine qua non de la restitucin por el logro de un acuerdo poltico en funcin de las elecciones del 28 de noviembre prximo. Slo as se podra legitimar los resultados de los comicios, ya que los representantes estadounidenses advirtieron al gobierno de facto que, sin un acuerdo, Washington definitivamente no reconocera sus resultados, al igual que los dems gobiernos de las Amricas. No slo eso: pusieron sobre la mesa su proverbial garrote imperial, un conjunto de seis medidas que Estados Unidos tomara de no haber un acuerdo, entre las cuales inclua la exclusin de Honduras del Tratado de Libre Comercio Centroamrica-Estados Unidos; la retirada del embajador estadounidense Hugo Llorens; y la inclusin de Honduras en la lista de pases responsables de graves violaciones a los derechos humanos.

Ahora bien, la zanahoria imperial fue la confeccin de un acuerdo final que en nada obligaba legalmente al gobierno de facto a restituir a Zelaya, lo que haba sido su principal demanda de siempre. Y en todo caso, de ser restituido, se recortara de tal manera la autoridad presidencial que prcticamente quedara ste como figura casi decorativa. Por ejemplo, no slo no podr seguir adelantando la principal reivindicacin de sus seguidores, la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, sino que no tendr control sobre las Fuerzas Armadas y la mitad del gabinete ejecutivo estar integrado por designados del gobierno de facto.

Adems, para todos fines prcticos, Zelaya slo le quedara una veintena de das antes de las elecciones, a partir de las cuales el centro poltico de atencin pasar al presidente-electo que, segn los sondeos, ser Porfirio Lobo del derechista Partido Nacional, uno de los soportes polticos del golpe. Por su parte, los zelayistas se aprestan a volcarse ahora hacia la contienda electoral a favor de una frmula integrada por Cesar Ham, del izquierdista Partido Unificacin Democrtica, y el independiente Carlos Reyes, ambos crticos del golpe.

Segn lo pactado, el lunes 2 de noviembre se instal un Comit de Verificacin del acuerdo integrado, por el ex presidente chileno Ricardo Lagos y la secretaria de Trabajo de Estados Unidos, Hilda Sols, as como por un representante de Zelaya y otro del gobierno de facto. Asimismo, este jueves 5 de noviembre se deber conformar un gobierno de unidad y reconciliacin nacional, aunque el acuerdo no especifica quin lo presidir. Ante la dilacin en la convocatoria del Congreso para votar sobre la restitucin de Zelaya, est en el limbo no slo la cabeza de ese gobierno sino que, sobre todo, la capacidad misma para la constitucin de este Ejecutivo acfalo.

En ese sentido, si hay algo que s queda meridianamente claro es que, en lo esencial, lo nico pactado fue el desacuerdo. Queda, pues, mucha lucha por delante para revertir los oscuros designios de los golpistas y sus adlteres imperiales.

El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueo Claridad.

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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