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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2009

Acaparamiento de tierras, un nuevo expolio africano

Ama Biney
Pambazuka News

Traduccin de Ana Atienza y Manuel Talens


Ama Biney escribe para Pambazuka News sobre la nueva avalancha de acaparamientos de tierras en frica por parte de gobiernos extranjeros e inversores privados, movidos por el temor a una escasez mundial de alimentos provocada por el cambio climtico y a una volatilidad en los precios de stos en el mercado internacional. La autora advierte que los riesgos polticos y econmicos de estos acaparamientos son colosales y exceden con mucho cualquier beneficio y alega que la prioridad de los gobiernos africanos es la seguridad y la suficiencia alimentaria de sus poblaciones.

Cmo es posible que en el siglo XXI el mundo haya alcanzado la capacidad de alimentar a todos los seres humanos del planeta y, sin embargo, la mayora de los africanos y el resto de los pases del sur que son pobres, mientras que la obesidad hace estragos en Occidente cada vez pasen ms hambre? Adems, por qu en fechas recientes los pases ricos adquieren terrenos en frica? La respuesta a la primera pregunta se basa en la desigual distribucin y control de la riqueza mundial y de su propiedad, que est en pocas manos. La respuesta a la segunda est ligada a la primera y este artculo trata de explicarla.

La reciente avalancha que se ha observado durante los ltimos 12 meses por adquirir tierras en frica se debe a una serie de factores relacionados con las inquietudes surgidas ante una posible escasez de alimentos en el mundo, en particular tras el aumento de los precios de los cereales entre 2007 y 1008, que dio lugar a graves altercados en ms de 20 pases, entre ellos Hait, Senegal, Yemen, Egipto y Camern.

A esto se aade la volatilidad de los precios de los alimentos en el mercado internacional y la especulacin en los precios futuros. Las naciones productoras de alimentos bsicos impusieron tarifas a sus cosechas para disminuir la exportacin, pero ello ha empeorado la situacin. Los pases del Golfo, Arabia Saud, Bahrein, Omn, Qatar (que controlan el 45% de la produccin petrolera mundial) se han dado cuenta de que ya no pueden confiar en los mercados regionales y mundiales para alimentar a sus poblaciones y, por ello, han vuelto sus ojos hacia frica con el fin de adquirir tierras, convirtindose de este modo en los pioneros de este nuevo agrocolonialismo. Este fenmeno probablemente convertir a los alimentos en la segunda materia prima ms codiciada, tras el petrleo. Entre los dems factores causales se encuentra el hecho de no haber tenido en cuenta tendencias medioambientales como el cambio climtico, que genera penurias de agua y sequa en numerosas regiones.

La sequa que han sufrido los masais del valle del Rift, en Kenia, y los campesinos del Punjab, en Pakistn, ha sido desastrosa. Estos elementos han conducido a pases como China, Corea del Sur, Arabia Saudita y Kuwait, cuyas tierras arables son escasas, a invertir en la agricultura de frica. A ellos se les han unido Malasia, Qatar, Bahrein, India, Suecia, Libia, Brasil, Rusia y Ucrania. Las proyecciones demogrficas, segn las cuales la poblacin mundial aumentar desde 6000 millones a 9000 millones de habitantes entre ahora mismo y el ao 2050 hacen pensar que la produccin alimentaria alcanzar sus lmites fsicos. A menos que se cambie la manera de producir alimentos, se disminuya el consumo de los pases ricos y se ralenticen los efectos perversos de la superproduccin sobre el medio ambiente, nos dirigimos hacia una crisis alimentaria generada por un aumento de la demanda imposible de satisfacer. Esto ya ha sucedido en pases como Arabia Saud, que es hoy incapaz de alimentar a su propia poblacin y se esfuerza por todos los medios por adquirir tierras en otros pases para remediar el problema.


Food Rebellions, de Eric Holt-Gimnez y Raj Patel, Pambazuka Press, 12,95 libras esterlinas "Un libro que se ocupa de problemas reales. De lectura obligada para todos aquellos preocupados por el derecho a los alimentos" (Olivier De Schutter)

Simple alarmismo?

Durante los ltimos cuatro meses, una serie de artculos publicados en los medios occidentales, con ttulos como La precipitacin sobre los productos alimenticios: el aumento de las necesidades de China y de Occidente aceleran el acaparamiento de las tierras africanas [1], El acaparamiento mundial de las tierras [2], Las inversiones en frica provocan el miedo al acaparamiento de las tierras [3], han arrojado luz sobre una tendencia que va en aumento. Dejando de lado el sensacionalismo de los ttulos, dicha tendencia es perturbadora, porque implica tanto a la poltica como a la economa. La preocupacin entre los africanos est justificada por eso que el director de la FAO, Jacques Diouf, ha calificado de sistema neocolonial. David Hallam, vicedirector de la FAO, estima que puede tratarse de una situacin en la que todo el mundo gane o, por el contrario, de una forma de neocolonialismo de consecuencias desastrosas para algunos de los pases implicados. El riesgo, para algunos de tales pases, en particular aquellos que son polticamente sensibles y estn desprovistos de seguridad alimentaria, es que pierdan el control de su propio abastecimiento alimentario cuando ms lo necesitan.

Otros han hablado de nuevo colonialismo o de colonialismo agrario. La realidad es que durante el ao pasado, pases como Ghana, Etiopa, Mal, Tanzania, Kenia y Sudn arrendaron millones de hectreas de su territorio para produccin agrcola o de biocarburantes. Por ejemplo, en abril de 2008 Arabia Saud se puso en contacto con el gobierno de Tanzania para arrendar 500.000 hectreas de tierras agrcolas y producir arroz y trigo en ellas [4].

En fechas recientes, los pros y los contras de estos acaparamientos de tierras a gran escala han sido debatidas en un documento titulado Acaparamiento de tierras u oportunidad de desarrollo? La inversin en la agricultura y las transacciones agrarias internacionales en frica, publicado en junio por la FAO, el Instituto para el desarrollo y el medio ambiente (IIED) y el Fondo internacional para el desarrollo de la agricultura (FIDA). La posicin liberal de los autores los lleva a decir que su objetivo no consiste en proporcionar respuestas definitivas, sino en facilitar un debate vigoroso entre gobiernos y sector privado y los grupos de inters de la sociedad civil) [5]. Subrayan que entre el anuncio de un plan (de venta o de arrendamiento de tierras) y el adquisicin de dicha tierra hay un abismo, por no hablar de su cultivo. Mantienen que algunas de estas adquisiciones no tienen precedentes y concuerdan con la revista The Economist, la cual afirma que la inversin en granjas extranjeras no es algo nuevo [6].

Lo que no tiene precedentes es, en primer lugar, la escala de dichas transacciones agrarias. El gabinete estratgico International Food Policy Research Institute (IFRI) (Instituto internacional de investigacin sobre polticas alimentarias), con sede en Washington, DC, estima que las transacciones se elevan a entre 20 y 30 mil millones de dlares e implican entre 15 y 20 millones de hectreas de tierras arables en los pases pobres de frica, Camboya, Pakistn y Filipinas. Segn la FAO, estas enormes transacciones podran ser solamente la punta del iceberg. Ya durante los ltimos cinco aos 2,5 millones de hectreas de tierras arables en cinco pases subsaharianos han sido compradas o arrendadas, a cambio de un montante total de 920.000 millones de dlares [7].

La segunda caracterstica de estos nuevos acaparamientos de tierras es que se centran en cultivos especficos (por ejemplo, trigo, maz, arroz, jatrofa) o en la produccin de biocarburantes. Por ejemplo, en 2002, Sudn firm con Siria un acuerdo especial de inversin en agricultura, el cual implica un arrendamiento de 50 aos entre los gobiernos sudans y sirio. Segn la FAO, la compaa sudanesa Hadco ha comprado a Sudn 25.000 hectreas de tierras arables, el 60% de cuyo costo corri a cargo del fondo gubernamental saud de desarrollo industrial [8]. En Etiopa, el gobierno de Meles Zenawi ha aceptado recientemente una transaccin de 100 millones de dlares, segn la cual se permite a la Arabia Saud que cultive cebada y trigo.

En el pasado, las inversiones en agricultura provenan de inversores privados. Ahora, las nuevas transacciones se hacen a menudo entre gobiernos. A veces, los compradores son empresas extranjeras y los vendedores son los gobiernos de los pases donde se encuentran las tierras, como Camboya, que en agosto de 2008 arrend tierras a inversores de Kuwait. El mismo ao, los gobiernos de Qatar y Sudn crearon una empresa conjunta en Sudn.

En general, la tierra se cede mediante contratos de arrendamiento o concesiones, pero a veces se compra. La FAO seala que para complicar un poco ms las cosas, no existe un modelo dominante nico para las transacciones financieras o de propiedad, sino ms bien una gran variedad de transacciones especficas locales entre el gobierno y el sector privado [9].

Una situacin en la que todo el mundo gana?

El documento de la FAO trata de guardar la equidistancia entre los elogios y la crtica de tales transacciones agrarias. Los autores escriben: Esta situacin de rpida evolucin crea oportunidades, retos y riesgos. Un aumento de las inversiones puede llevar los beneficios hasta un grado macroeconmico (crecimiento del PIB y beneficios para el gobierno) y generar oportunidades para la mejora del nivel de vida local. Para los pases ms pobres, con una relativa abundancia de tierras, estos nuevos inversores pueden aportar capital, tecnologa, conocimientos, acceso a los mercados y tambin jugar el importante papel de catalizadores del desarrollo econmico rural. Por otra parte, las acaparamientos a gran escala pueden suponer para la poblacin local la prdida del acceso a los recursos de los que depende para su seguridad alimentaria y su supervivencia. [10]

Lo que estas transacciones no mencionan es el costo para el medio ambiente de la agricultura intensiva, es decir, la devastacin del suelo, el agotamiento de las capas freticas y un entorno destruido por la contaminacin qumica. Ese costo debern pagarlo los pases huspedes y no ser diferente de las devastaciones provocadas por la compaa Shell en el delta del Nger, en Nigeria.

La doctora Vandana Shiva, directora de la Research Foundation for Science, Technology and Ecology, en India, pone en entredicho el entusiasmo occidental por los biocarburantes, cuyo cultivo no slo exige millones de hectreas, sino que tambin son, como lo subraya, muy centralizados e industriales [11]. Los biocarburantes han sido un elemento oculto del aumento de los precios de los productos alimentarios en 2007-2008. La produccin de biocarburantes como alternativa a las energas fsiles ha obligado a numerosos campesinos a cambiar su produccin en tierras que de otro modo habran producido alimentos. En la regin de Chattisgarh, en el centro de India, los campesinos han arrancado campos enteros de jatrofa (un arbusto que sirve para producir biocarburantes). Una mujer que fue encarcelada por haber arrancado jatrofa lo dijo claramente: El problema que tenemos con la jatrofa es que no nos la podemos comer. No podemos quemarla. No nos sirve para nada. Los pobres deben vivir de su tierra. La jatrofa slo sirve para hacer carburante, pero como nosotros no tenemos vehculos, carece de valor. Otro gran problema es que si nuestros animales se lo comen, se mueren. [12]

En fechas recientes se ha sabido que en el norte de Ghana se ofrecieron tierras a una empresa noruega productora de biocarburantes, la cual desea instalar all una inmensa plantacin de jatrofa. La poblacin local debera tomar como ejemplo la experiencia de los campesinos desposedos de Chattisgarh, que aspiran a la autosuficiencia alimentaria, pero cuyas tierras han sido cedidas para el cultivo de jatrofa con fines lucrativos.

Walden Bello sostiene con razn que en el momento de su independencia muchos pases africanos eran autosuficientes desde el punto de vista alimentario y exportaban los excedentes. Esta situacin ha cambiado dramticamente. Las polticas de ajuste estructural impuestas por el FMI y el Banco Mundial durante las dcadas de los ochenta y noventa contribuyeron a destruir la agricultura al imponer unas condiciones de devolucin de la deuda que eran el precio a pagar a cambio de su ayuda.

Los gobiernos africanos fueron obligados a abandonar el control y los mecanismos de sostn y de crecimiento, renunciando a controlar el precio de los abonos al mismo tiempo que se vean obligados a reducir los sistemas de crdito agrcola. Esto condujo a una disminucin de las inversiones y a la reduccin de las cosechas. [13] El FMI y el Banco Mundial insistieron en que sus polticas favoreceran las inversiones extranjeras directas. Pero las predicciones neoliberales terminaron por ser falsas en todos los pases. Ha sucedido exactamente lo contrario. La retirada del Estado dio lugar a la desaparicin de los inversores privados. En resumidas cuentas, al igual que en numerosas otras regiones, los ajustes estructurales no slo han dado lugar a una menor inversin estatal, sino a la desaparicin de las inversiones del Estado.

En la actualidad, algunos gobiernos africanos, como los de Etiopa y Sudn, alegan que su invitacin a pases ricos para que vengan a adquirir tierras es una manera de atraer inversiones directas. Incluso antes de estos acaparmientos sin precedentes, los campesinos en frica estaban obligados a producir los alimentos que demandaba el mercado si queran sobrevivir. Pocos de ellos podan elegir. A menudo se endeudaron para comprar o alquilar maquinaria, obtener un crdito para adquirir semillas y abonos o incluso debieron abandonar sus granjas para emigrar a centros urbanos a la bsqueda de una alternativa econmica.

De manera general, los riesgos polticos y econmicos de estos acaparamientos son colosales y exceden con mucho cualquier beneficio. Esto se explica por diversas razones. En primer lugar, la asimetra de las relaciones de poder en tales transacciones pone en peligro la subsistencia de los pobres. Por definicin, los inversores extranjeros poseen los medios de comprar a las elites gubernamentales y locales con el poder de su dinero. De esta manera, los pequeos campesinos se vern legalmente desplazados, si no expoliados de sus tierras. Ruth Meizen-Dick, una investigadora del IFPR, seala que el poder de las negociaciones de estos acuerdos est en el lado de los inversores extranjeros, en particular cuando sus aspiraciones las comparten los pases huspedes y las elites locales.

Con frecuencia estos pequeos propietarios poseen escasa formacin cultural y no comprenden todas las implicaciones de la letra pequea que aparece en los documentos legales. Por otra parte, la ONU y otros organismos advierten de que, en muchos casos, los campesinos africanos no poseen derechos formales sobre las tierras que cultivan y, por lo tanto, se los desplaza para dar prioridad al inversor.

En segundo lugar, muchos pases africanos carecen de mecanismos o procedimientos legales que velen por los derechos de estos pequeos propietarios. A todo ello se suma que a menudo existe falta de transparencia, con cheques y balances de por medio en estas negociaciones contractuales. Todo ello se convierte en terreno abonado para la corrupcin, ms an debido a las grandes diferencias que suele haber entre lo que figura en los libros reglamentarios y la realidad sobre el terreno, que se puede manipular para favorecer intereses particulares.

Es slo cuestin de falta de transparencia o de la necesidad de un cdigo de conducta? La reunin del G8 celebrada en julio, a la que asistieron los pases ricos en el norte de Italia, prometi desarrollar una propuesta basada en principios y buenas prcticas para la adquisicin de tierras en los pases en desarrollo. Dicho cdigo de conducta contar con el respaldo del IFPRI y de la Unin Africana (UA).

El lenguaje de las empresas agrarias occidentales oculta el hecho de que, como seala Raj Patel, con la cada de estas tierras en manos de los bancos y los subsiguientes cambios de propietario y acaparamientos se han disparado los ndices de suicidio de los agricultores en todo el mundo [14]. Aunque se desconocen las cifras de suicidios entre los agricultores africanos, segn P. Sainath, el nmero oficial de agricultores que se suicidaron en India fue de 182.936 entre 1997 y 2007. Aade: Los que se han quitado la vida tenan grandes deudas: la cifra de campesinos endeudados se duplic en la primera dcada de las reformas econmicas neoliberales [15]. Entretanto, resulta irnico que mientras los campesinos indios se suicidan, su gobierno trate de comprar tierras para cultivos alimentarios en Etiopa y Sudn.

El barmetro del malestar social lo encontramos en el incremento de los ndices de suicidio en pases como Sri Lanka, China y Corea del Sur. Como indica Patel: No se trata slo de tragedias individuales, sino sociales [16]. Ponen de manifiesto la indefensin poltica y econmica de una comunidad. Constituyen un claro sntoma de la incapacidad de esa sociedad para garantizar no slo la soberana alimentaria, sino tambin la seguridad econmica del pueblo. Tambin revelan hasta qu punto resulta absurda la lgica del libre comercio capitalista que propugna la Organizacin Mundial del Comercio (OMC), segn la cual la competencia es algo positivo que erradicar a los productores ineficientes. Mientras tanto, los agricultores occidentales siguen recibiendo subsidios para mantenerse en cabeza en el juego capitalista y consiguen desbancar por precio a los agricultores africanos.

Por qu el asunto del acaparamiento de tierras es tan crucial para los africanos?

Para la mayora de los africanos la tierra sigue siendo a la vez una cuestin emotiva y poltica. No hay ms que mirar la historia de asentamientos y colonialismo de pases africanos como Zimbabue, Kenia y Sudfrica para ver que la tierra no es slo una cuestin de recursos econmicos y, por lo tanto, un medio de vida, sino que tambin est vinculada a la identidad. El continuo acaparamiento de tierra africana es un asunto vital para frica, puesto que constituye un elemento que forma parte de la asociacin neocolonial que existe entre la elite de los pases africanos por un lado y los gobiernos occidentales y las corporaciones transnacionales por el otro.

Esta clase social sigue desempeando el papel de guardin del estado rentista, es decir, el que alquila recursos (ya sea petrleo, diamantes, coltn o tierras) que deberan utilizarse en beneficio de la mayora de los africanos, con el fin de consolidar su propia base poltica y econmica y de apuntalar sus regmenes ilegtimos en cuanto a defensa y seguridad. Frantz Fanon describi acertadamente a esta elite como personas que consideraban que no tenan nada que ver con transformar la nacin; consiste, desde un punto de vista prosaico, en ejercer de correa de transmisin entre la nacin y un capitalismo, desenfrenado pero camuflado, que en la actualidad se cubre con la mscara del neocolonialismo [17].

Conociendo esta mscara, cabra preguntarse en qu difieren los lderes de Sudn y Etiopa de los jefes y reyes africanos que durante la poca del colonialismo cedieron sus tierras sin saber exactamente lo que estaban firmando. En la actualidad, a diferencia de los jefes de la era colonial, lderes africanos como Meles Zenawi y Omar Bashir firman esta clase de contratos de forma deliberada y calculada. Ms an, hasta qu punto se habran desarrollado Europa, Gran Bretaa o USA si hubieran vendido o arrendado grandes hectreas de sus tierras a otros pases? Esta contratacin externa de tierras africanas es una faceta profundamente negativa de la globalizacin y debemos impedir a nuestros gobernantes que sigan convirtindonos voluntariamente en colonias. Estas alianzas neocoloniales suponen una recolonizacin indirecta de los recursos de frica, la cual es poco probable que vaya a beneficiar a todos por igual.

Por ejemplo, la Unin Europea (UE) pag a los pases en desarrollo 125 millones de libras esterlinas en 2008 para que las modernas flotas europeas faenaran en aguas de pases en desarrollo. Sin embargo, estos acuerdos fueron y siguen siendo controvertidos. Durante aos, arrastreros de todo el mundo, en particular de Europa, han pescado en las costas de Senegal, algunos legalmente y otros no. Cada ao se exportan a la UE cerca de 25.000 toneladas de pescado. Muchos grandes arrastreros llevan bandera senegalesa y supuestamente pertenecen a ese pas. Sin embargo, como apunta inocentemente Moussa Faye, de Actionaid, que realiza campaas contra la sobrexplotacin pesquera, Estn engaando al gobierno y al pueblo senegaleses, porque en realidad se trata de empresas europeas que vienen por nuestros recursos y despus exportan el pescado y los beneficios que obtienen. Creo que esto debera destinarse al pueblo senegals y proporcionar un medio de vida a esta gente. Existen asimismo grandes limitaciones en cuanto al nmero de arrastreros autorizados a faenar. En Senegal dependemos principalmente del pescado como fuente de protenas animales, lo cual significa que as dispondremos de menos protenas animales para las personas que no pueden permitirse comprar carne. Esto desembocar en malnutricin. [18]

Al igual que sucede con los arrastreros europeos que se dedican a pescar en aguas africanas para abastecer a su poblacin, no cabe duda de que los pases implicados en el acaparamiento de tierras en frica, como los Estados del Golfo, India, Corea del Sur y China, lo que tratan es de garantizar alimento barato a sus propios ciudadanos. De modo similar, durante la poca del comercio de esclavos y colonial en frica, las naciones europeas se las arreglaron para mantener un contrato social implcito con sus clases trabajadoras: la clase gobernante mantendra el hambre y las privaciones a un bajo nivel en la medida de lo posible garantizando la disponibilidad de cantidades suficientes de comida. Este contrato se ha mantenido a expensas de millones de esclavos africanos en el Nuevo Mundo y de los sbditos de las colonias africanas, que producan azcar, t, algodn, caucho, estao o aceite de palma a bajo precio para despus enviarlos a la metrpolis colonial. Despus, igual que ahora, ese azcar y otros productos agrcolas baratos se destinaban a satisfacer las necesidades fsicas de los obreros europeos. A la luz de los disturbios que se produjeron en ms de 20 pases entre 2007 y 2008, la avalancha de nuevos contratos sobre tierras desempea un papel similar en el apaciguamiento de estos ciudadanos a expensas de los pobres africanos y de sus comunidades agrcolas en particular. Dada la situacin, quin va a calmar el hambre de frica?

Qu se puede hacer

Recientemente, los agricultores malgaches han mostrado a los del resto del mundo lo que hay que hacer. De hecho, su ejemplo requiere una mayor cobertura de los medios para difundir la resistencia y las victorias obtenidas frente a estos contratos. Los agricultores de Madagascar se resistieron al acuerdo neocolonialista entre la compaa surcoreana Daewoo Logistics y el gobierno de Marc Ravalomana. El anuncio del acuerdo dio lugar a la cada del gobierno de Ravalomana cuando se comunic al pueblo que el Estado haba llegado a un acuerdo para arrendar 1,3 millones de hectreas a Daewoo Logistics durante un periodo de 99 aos en el este y en el oeste de Madagascar. Este contrato permita a la empresa cultivar y exportar maz y aceite de palma a Corea del Sur por la friolera de 6.000 millones de dlares.

El nuevo presidente malgache, de 34 aos de edad, declar que en su pas la tierra no estaba en venta. La Confederacin de Agricultores Malgaches (Fekritana) moviliz a sus trabajadores para oponerse al contrato. El lder del programa, Rihatiana Rasonarivo, dijo que Madagascar no estaba interesado en vender tierra por comida: No estamos de acuerdo con la idea de que los extranjeros vengan a comprar tierras a Madagascar. Lo que queremos es que, en primer lugar, el gobierno facilite a los agricultores locales el acceso a las tierras antes de negociar con extranjeros. Uno de los principales problemas de los agricultores malgaches est en la propiedad de la tierra, por lo que creemos que es injusto que el gobierno venda o arriende tierras a extranjeros cuando los campesinos locales no disponen de tierra suficiente.

Algo similar sucede en Filipinas, pas pobre del sureste asitico que cuenta con 90 millones de habitantes, donde el poltico Rafael Mariano, en representacin de los agricultores filipinos, exigi una investigacin inmediata sobre lo que denomin gran acaparamiento de tierras por parte de extranjeros. Segn dijo, Para nuestro pas es el colmo de la estupidez que ofrezcamos nuestras tierras con el fin de garantizar la seguridad alimentaria de otra nacin cuando dependemos de las importaciones para atender nuestras propias necesidades. As pues, habra que preguntarse cmo es posible que Etiopa, un pas durante mucho tiempo asociado a la hambruna y al Live Aid, haya podido firmar contratos de tierras con Arabia Saud; no es capaz de alimentar a su propia poblacin y, sin embargo, promete alimentar al pueblo saud. Asimismo, por qu el gobierno keniano se est planteando arrendar parcelas en las ricas tierras costeras del delta del ro Tana, en las que viven comunidades agrcolas y ganaderas, cuando Kenia se enfrenta actualmente no slo a una enorme escasez de alimentos y a precios elevados, sino tambin a un tercer ao consecutivo de sequa.

Otras protestas que han recibido escasa atencin por parte de los medios occidentales y africanos es la campaa liderada por la Caravana por la Tierra y la Subsistencia, que organizaron entre julio y noviembre de 2009 la Coalicin de Campesinos Asiticos y la Liga Internacional Panasitica de Campesinos en diez pases de ese continente. El lema de la Caravana de Campesinos es Paremos el acaparamiento de la tierra! Luchemos por una verdadera reforma agraria y por la soberana alimentaria de los pueblos. Este movimiento de base pretende sacar a la luz las demandas de los campesinos pobres, cuyos medios de subsistencia se han visto empeorados por las polticas neoliberales de las corporaciones transnacionales, la OMC y la corporativizacin de la agricultura. Su objetivo consiste en popularizar las victorias y los triunfos de los campesinos en la lucha por una verdadera reforma agraria que inspire y d paso a un cambio favorable a los agricultores asiticos.

A la hora de decidir qu puede hacerse, existen diversas acciones y puntos por donde empezar a luchar. En primer lugar, la prioridad de los gobiernos africanos es la seguridad y la suficiencia alimentaria de sus poblaciones. Las inversiones agrcolas constituyen una necesidad y la prioridad nmero uno, del mismo modo que ayudar a los pequeos campesinos a obtener mayores cosechas para acabar con el hambre en los entornos rural y urbano. Es preciso pagar salarios decentes a los agricultores africanos para que produzcan para la nacin y no para los inversores extranjeros. En segundo lugar, la sociedad civil, incluidos los sindicatos y las cooperativas de agricultores africanos, tienen que educar a las poblaciones locales y a los pequeos agricultores para mostrarles que estos acuerdos sobre tierras no les interesan, incluso si parecen bienintencionados o se acompaan de un vocabulario de ventajas para todos. En tercer lugar, es necesario difundir la resistencia del sindicato de agricultores malgaches y de la coalicin de campesinos asiticos entre los sindicatos agrarios de todo el sur no slo por solidaridad, sino tambin como prueba concreta de un cambio colectivo que se ha hecho posible y real frente a estos contratos sobre tierras. Por ltimo, tenemos que luchar por el derecho del pueblo africano a controlar la tierra y otros recursos crticos y atraer su inters hacia estos aspectos.

Notas

[1] The Guardian, viernes, 3 de julio de 2009.

[2] http://farmlandgrab.org/6623

[3] http://news.bbc.co.uk/go/pr/fr/-/1/hi/business/8150241.stm

[4] Christian Science Monitor, 8 de julio de 2009.

[5] Pg. 16.

[6] 21 de mayo de 2009.

[7] The Guardian, viernes, 3 de julio de 2009.

[8] Documento de la FAO, pg. 39.

[9] Ibid, pg. 35.

[10] Ibid, pg. 15.

[11] Future of Food, British Broadcasting Corporation, documental del canal BBC2 presentado por George Alagiah, 24 de agosto de 2009.

[12] Ibid.

[13] Walden Bello, Destroying African Agriculture, en Global Research, 5 de junio de 2008.

[14] Raj Patel, Stuffed & Starved: Markets, Power and the Hidden Battle for the Worlds Food System, Portobello, 2007, pg. 15.

[15] P. Sainath, The Largest Wave of Suicides in History, en CounterPunch, 12 de febrero de 2009.

[16] Raj Patel, Stuffed & Starved, pg. 27.

[17] Frantz Fanon, The Wretched of the Earth, pg. 122.

[18] Future of Food, British Broadcasting Corporation, documental del canal BBC2 presentado por George Alagiah, 24 de agosto de 2009.

Pinche aqu para ver el mapa del acaparamiento de tierras en los pases en desarrollo por parte de inversores extranjeros

Fuente: Pambazuka News Nr. 448

Artculo original publicado el 17 de septiembe de 2009

Sobre la autora

Ana Atienza y Manuel Talens son miembros de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica. Talens pertenece asimismo al colectivo de Rebelin. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora, a los traductores y la fuente.



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