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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2009

Muertes llevan a cuestionar toda la estrategia afgana
Fuego amigo

Patrick Cockburn
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Yo me encontraba en una oficina en Kabul durante este verano mientras un funcionario de rango medio me sermoneaba sobre el exitoso trabajo del gobierno. Entre nosotros, qu piensa realmente de este gobierno? le pregunt, sin esperar una respuesta muy interesante.

Si me promete que no revelar mi identidad, puedo decirle que este gobierno est compuesto por asesinos y sinvergenzas, respondi el funcionario casi de inmediato. Dio algunos ejemplos de casos de corrupcin y asesinatos inspirados por el gobierno.

En esta tradicin de traicin cuidadosamente calculada, la muerte a tiros de cinco soldados britnicos a manos de un polica afgano que operaba con ellos es apenas sorprendente. Los dirigentes afganos han sido desde hace tiempo tristemente clebres por ocultar sus verdaderas lealtades y cambiarse de bando. Pero las consecuencias polticas potenciales son muy serias. La estrategia estadounidense y britnica de reforzar las fuerzas de seguridad afganas hasta 400.000 miembros puede resultar imposible porque el Estado es demasiado dbil y demasiado pobre y cuenta con la lealtad de demasiados pocos afganos.

La reputacin de que los afganos siempre derrotan a sus enemigos se basa en parte en la velocidad con la que se suman al vencedor. Los avances de los talibanes en los aos noventa fueron menos notables por las victorias militares que porque los seores de la guerra locales desertaban para unirse a ellos despus de recibir una gran gratificacin. En la guerra de EE.UU. para derrocar a los talibanes en 2001, el mismo proceso tuvo lugar al revs cuando la CIA volvi a comprar a los mismos seores de la guerra, quienes luego enviaron a sus hombres a casa sin combatir.

Tampoco es la primera vez que fuerzas occidentales han sido atacadas por sus colegas afganos. Durante el verano, en la provincia Kunduz al norte de Kabul, un polica dispar a ocho de sus colegas y entreg su puesto de polica a los talibanes. Un entrenador militar estadounidense fue herido a tiros por uno de los hombres que estaba entrenando cuando bebi agua frente a ellos mientras estaban en ayunas durante Ramadn.

La frgil lealtad de la polica afgana, y en menor grado del ejrcito, hacia su propio gobierno debilita los planes de EE.UU. y Gran Bretaa de mantener una lnea contra los talibanes mientras se forma una fuerte fuerza local de seguridad. Los dirigentes polticos de EE.UU. hablan de una fuerza de 240.000 soldados y de 160.000 policas que sern entrenados durante los prximos aos. En realidad, sin embargo, nadie conoce el tamao actual de las fuerzas de seguridad afganas.

El ejrcito tiene supuestamente 90.000 soldados, pero es posible que esta cifra sea fuertemente exagerada. Mi mejor clculo es que ese ejrcito simplemente no existe, escribe Ann Jones, una especialista estadounidense en Afganistn. Conoc a hombres que pasaron repetidamente por el entrenamiento del ANA [Ejrcito Nacional Afgano] para conseguir el Kalashnikov prometido y la paga. Luego volvieron un tiempo a casa y a menudo retornaron algunas semanas despus para alistarse bajo otro nombre.

A pesar de ello, la reputacin del ejrcito entre los afganos de a pie es mucho mejor que la de la polica. Algunos policas cobran una miseria por un trabajo muy peligroso. A menudo estn estacionados en puestos avanzados y puntos de control vulnerables. Su entrenamiento es a menudo casi inexistente. Antes de la eleccin presidencial en agosto, el entrenamiento de policas que estaban siendo entrenados por una firma de seguridad de EE.UU., que iba a durar ocho semanas, fue acortado a tres semanas, para que pudieran ser enviados a proteger recintos electorales en el sur de Afganistn.

La mayora de los policas de alto rango pueden ganar dinero mediante la ayuda a narcotraficantes. El general Aminullah Amarkhail, ex jefe de seguridad en el aeropuerto de Kabul, quien fue despedido de su puesto por su xito en el arresto de contrabandistas de herona, dice que los beneficios son tan altos que los puestos son comprados y vendidos por grandes sumas. Hay que pagar 10.000 dlares en sobornos para conseguir un puesto de jefe de polica de distrito, dice, y hasta 150.000 dlares para conseguir un puesto de jefe de polica en algn sitio en la frontera porque se puede ganar mucho dinero.

Patrick Cockburn es autor de "Muqtada: Muqtada Al-Sadr, the Shia Revival, and the Struggle for Iraq."

Fuente: http://www.counterpunch.org/patrick11062009.html



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