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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2009

El otro 1989

Carlos Rivera Lugo
Claridad/Rebelin


Segn ese pensamiento nico que el neoliberalismo nos impuso a diestra y a siniestra como interpretacin polticamente razonable de la historia contempornea, se conmemora en estos das el vigsimo aniversario de la demolicin del funesto Muro de Berln, smbolo de unos regmenes polticamente opresivos y econmicamente agotados que tambin llegaron a su fin para esos das. Segn uno de los intrpretes ms notorios de este hecho histrico, el japons-estadounidense Francis Fukuyama, con el llamado colapso del comunismo la historia de la humanidad llegaba a una estacin terminal. Fiel a la sentencia filosfica hegeliana, se arrib al agotamiento histrico de la razn ideolgica, cuya mxima expresin fue el socialismo real europeo, y se impuso la razn universal representada por el liberalismo poltico y econmico.

En ese sentido, es bueno recordar el juicio emitido por el historiador britnico Eric Hobsbawm: El principal efecto de 1989 es que el capitalismo y la riqueza han dejado, por el momento, de tener miedo. Precisamente, ese ao 1989 representa la consolidacin coyuntural de la contrarrevolucin neoliberal iniciada en la dcada de los setentas, precisamente en el Chile de la dictadura sangrienta de Augusto Pinochet, para ser profundizada pocos aos despus por el presidente estadounidense Ronald Reagan y la primer ministro britnica Margaret Thatcher.

El objetivo de la contrarrevolucin neoliberal fue restaurar el poder de las elites econmicas y polticas capitalistas a partir del desmantelamiento del Estado social, fuese en su forma de socialismo real o en su versin de Estado benefactor. Bajo ambas, como saldo de una lucha de clases en que los trabajadores adquirieron un poder cada vez mayor, la burguesa quiso liberar al capital de toda limitacin que le fue impuesta, sobre todo a partir del compromiso de clase entre el capital y el trabajo que caracteriz este periodo histrico. A partir de 1989, la clase capitalista siente que ya ha abierto de par en par las puertas para restablecer unas condiciones de acumulacin por desposesin similares a las existentes durante el periodo histrico precedente: el capitalismo salvaje. A partir de ello, escala su ofensiva de clase para subsumir la vida toda bajo los dictados del capital y cancelar los avances logrados por las clases trabajadores.

Ahora bien, es necesario aclarar que el 1989 encierra un proceso histrico mucho ms profundo y amplio que no debemos ignorar a costa de que caigamos como tontos en las redes ideolgicas del capital. Y es que en el fondo la crisis representada por el 1989 no es sino continuacin de la iniciada en el 1968. La contrarrevolucin neoliberal es, esencialmente, una respuesta a la revolucin de 1968 y su subversin soadora de unas nuevas relaciones de poder liberadoras, as como sus prcticas constitutivas de nuevos sujetos polticos portadores de subjetividades crecientemente descolonizadas y proyectos alternativos al orden civilizatorio capitalista. Incluso, en sus afanes antisistmicos la revolucin del 1968 contribuy en las siguientes dos dcadas al desarrollo de movimientos, desde la sociedad civil, a favor de cambios democrticos en varios pases de Europa Oriental como, por ejemplo, Checoslovaquia y Polonia.

Ya el Che Guevara lo haba advertido: Los pases del socialismo real reprodujeron en su seno toda la racionalidad capitalista, lo que terminara por deslegitimarlos. El socialismo real en Europa, con su Estado fuerte y centralizado como administrador de un proceso de acumulacin acelerado, nunca pudo superar esas lgicas explotadoras del capital. Sus formas ideolgicas y jurdicas socialistas nunca estuvieron acompaadas, en la realidad, de la necesaria socializacin y democratizacin de las relaciones sociales que es imperativo para el desarrollo de la sociedad comunista. Dichos regmenes pudieron alcanzar indudables logros sociales y econmicos e, incluso, lograron influir, a partir del keynesianismo, en el desarrollo del Estado benefactor en el resto de Europa y en Estados Unidos. Pero tras sus xitos materiales, se durmieron, se corrompieron y burocratizaron, perdiendo de vista el verdadero reto comunista: la construccin de una sociedad dedicada a la promocin efectiva del bien comn como capacidad comn de producir y reproducir lo social en plena libertad e igualdad.

Ello ha llevado a algunos pensadores marxistas contemporneos como, por ejemplo, Antonio Negri, a sugerir el agotamiento de la idea del socialismo. Ello a partir de la pesada carga de una experiencia histrica que tiende a evidenciarla como representativa de un modelo de acumulacin que, a pesar de un ideario comprometido ideolgicamente con la justicia social, tiende a desenvolverse en la prctica dentro de las lgicas capitalistas de mando de la produccin y del Estado. De ah que Negri sugiera al comunismo como el verdadero carcter del nuevo y gran ciclo de civilizacin que anida ms all del capitalismo.

Por su parte, el filsofo francs Alain Badiou insiste en que no ve ms ni mejor alternativa en este momento histrico que la hiptesis comunista. Asimismo, el conocido pensador crtico esloveno Slavoj Zizek, dice que la idea comunista es la nica que merece ser pensada en estos tiempos. Enseguida advierte, sin embargo, contra toda nostalgia acerca de lo que pudo haber sido y no fue. De lo que se trata es de reinventar, radicalizar y realizar la idea del comunismo a partir de las circunstancias histricas actuales. Con stos coincide ese genial pensador marxista boliviano, lvaro Garca Linera: El horizonte general de la poca es comunista. Y ese comunismo se tendr que construir a partir de capacidades autoorganizativas de la sociedad, de procesos de generacin y distribucin de riqueza comunitaria, de autogestin.

Precisamente, el escenario donde ms elocuentemente se da testimonio de ese carcter general de la poca es en Nuestra Amrica, sobre todo a partir de la crisis sistmica que demuestra hoy el capitalismo real, bajo su rostro neoliberal, a slo veinte aos de aquellos aires triunfalistas que prevalecieron entre los capitalistas a partir del 1989. Porque debemos entender que, en el fondo, el llamado colapso del socialismo real encubre otro colapso ms profundo: el de la Modernidad capitalista, de la que el socialismo real fue tan slo una versin ideolgicamente diferenciada. Tal vez sus primeros y ms evidentes indicios se dieron en la Amrica nuestra.

Si en Europa la poca queda simbolizada en la demolicin en 1989 del Muro de Berln, en Nuestra Amrica queda marcada por otro acontecimiento histrico, el Caracazo, que inaugura la resistencia popular frente a ese capital que se alza triunfante en otras latitudes pero con una agenda de dominacin global. Nuestro 1989 dio inicio a una era caracterizada por mltiples rebeliones civiles contra la tirana del capital, ante los estragos sociales causados por ste y la incapacitacin creciente de sus representantes polticos para someter, a las buenas o a las malas, a los pueblos nuestros a la obediencia de sus dictados.

Ya en diciembre de 1994, la insurreccin zapatista en Chiapas constituy un segundo aldabonazo para sacar a la izquierda de cierta tendencia nociva al liquidacionismo y retarla a reinventarse a partir de las nuevas circunstancias y los nuevos sujetos que, como los pueblos indgenas, afloraban por doquier desde las entraas de la sociedad. Incluso, la Revolucin cubana pudo sobrevivir heroicamente el ms criminal asedio y refutar de paso a quienes les auguraban un colapso similar al vivido por sus aliados europeos. Contrario a los pregones apocalpticos, la lucha de clases no lleg a su fin, sino que slo se repotenci ante la intensificacin de las condiciones generales de explotacin y exclusin propias del neoliberalismo que se nos impona a la trgala desde los centros de poder estadounidense y europeos.

De ah la reconfiguracin poltica hacia la izquierda habida en la regin durante los ltimos veinte aos. De ah el relanzamiento de las ideas comunistas como inspiradoras de un futuro esperanzador, firmemente anclado en el desarrollo de una democracia absoluta, ms que en la evocacin de un pasado turbio de estreidas democracias liberales o controvertibles dictaduras del proletariado.

Precisamente, en estos das la BBC realiz una encuesta entre miles de personas a travs de 27 pases en la que el 89 por ciento expres un fuerte rechazo al capitalismo. Segn la BBC, la consulta de opinin demuele en ese sentido la tesis tan publicitada de Fukuyama sobre el triunfo definitivo del capitalismo. Contrario a los febriles augurios de aquellos aciagos das, se ha confirmado al cabo de estas ltimas dos dcadas que la posibilidad de la felicidad social no anida definitivamente en el capitalismo.

El autor es Catedrtico de Filosofa y Teora del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos, en Mayagez, Puerto Rico. Es, adems, colaborador permanente y miembro de la Junta de Directores del semanario puertorriqueo Claridad .

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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