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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2009

A veinte aos del asesinato de los jesuitas en El Salvador
Los mrtires de la UCA. Exigencia y gracia

Jon Sobrino
Adital


Hace veinte aos asesinaron a mis hermanos jesuitas de la UCA, a Julia Elba y Celina. Yo estaba en Tailandia, y de regreso a El Salvador tena que pasar por San Francisco. En el aeropuerto me esperaban, con rostros impvidos, Steve Prevett y Peggy OGrady. En las calles de San Francisco, con un parlante en la mano, Paul Locatelli condenaba los asesinatos, y Tessa Rouverol le acompaaba. Me trajeron a la universidad de Santa Clara. La comunidad me acogi como a un hermano y en ella pas varias semanas. Al llegar me encontr con ocho cruces plantadas delante de la Iglesia. Y cuando un desalmado las arranc, Paul Locatelli inmediatamente las volvi a plantar. Nunca lo olvidar. Por eso, ahora tengo un sentimiento de "volver a casa". Sobre estos mrtires quiero hablarles, con agradecimiento por lo que fueron e hicieron, pero tambin con la conviccin de que es vital mantenerlos vivos y de que sera fatal dejarlos morir. Los mrtires, ellos y ellas, nos confrontan con nosotros mismos sin escapatoria, iluminan las realidades ms profundas de nuestro mundo y lo que hay que hacer con l. Tenemos que enfrentarnos a los dolos que exigen vctimas en el tercer mundo, aunque sus races ms hondas estn en el primero, y tenemos que trabajar por revertir la historia, y salvar as a una civilizacin que est gravemente enferma, como deca Ignacio Ellacura, a un mundo en trance de muerte, como dice Jean Ziegler. A los cristianos los mrtires nos sealan, mejor que nada y sin temor a equivocarnos, el camino a seguir. Son los que ms nos empujan al seguimiento de Jess y mejor nos introducen en el misterio de su Dios.

En el mundo que llamamos de abundancia la palabra "mrtir" produce extraeza, incluso repulsin, pero entre nosotros -y aqu asoma la paradoja cristiana- tambin produce luz, nimo y agradecimiento. Por eso no debiramos permitir que la palabra "mrtir" pierda su vigor. Debe mantenerse como referente cristiano y social insustituible para humanizar a este mundo. Exactamente como la cruz de Jess. Por esa razn hablar ahora sobre los ocho mrtires de la UCA.

Para ponerlo en un contexto, no slo acadmico, sino humano, comienzo recordando cul fue la reaccin ante sus muertes de dos personas bien conocidas. Uno, el Padre Arrupe. Cuando los mataron, estaba ya en cama prcticamente sin poder pronunciar palabra ni comunicarse. Cuenta el enfermero que, al darle la noticia, "el Padre Arrupe se ech a llorar". Era todo lo que poda hacer, pero en el llanto el Padre Arrupe se dio a s mismo por entero. El otro, Noam Chomsky. Al cumplir 80 aos en marzo de este ao, un periodista le pregunt qu le daba fuerza para continuar en la lucha. "Imgenes como sa", respondi. Y seal con la mano un cuadro en el que aparece el arzobispo Romero y los seis jesuitas de la UCA.

Estos seres humanos tocan las fibras ms hondas de cualquier persona honrada. Son un referente vivificante. Ciertamente los seis jesuitas. Y tambin Julia Elba y Celina, aunque stas siempre nos dejan sin palabra. En ellas se hace presente el mysterium iniquitatis.

1. Quines fueron

La injusticia da muerte a gente inocente de formas distintas. Mata a personas como Monseor Romero y Martin Luther King. Y lenta o violentamente, da muerte a grandes mayoras, a los campesinos de El Mozote en El Salvador; antao a los esclavos de las plantaciones de algodn.

Los jesuitas de la UCA, mrtires jesunicos

Comenzamos con los seis jesuitas. Despus de Medelln, 1968, y tocados por el sufrimiento del pueblo "se convirtieron". Aceptaron que ser jesuita es "luchar", no slo trabajar. "Luchar por la fe", y ms sorprendente an, "luchar por la justicia". As lo exiga la realidad y as lo dijo la CG XXXII (D 2. 2). Su muerte confirm lo que la misma congregacin haba previsto lcidamente: "No trabajaremos en la promocin de la justicia sin que paguemos un precio" (D 4. 46).

Los mrtires de la UCA lo hicieron cada uno segn sus talentos, y es bueno recordarlo para que todos nos podamos sentir cuestionados y animados. Permtanme detallarlo mnimamente. Ellacura, 59 aos, filsofo y telogo, rector. Repens la universidad desde y para los pueblos crucificados. Puso todo su peso para combatir la opresin y represin, y para conseguir una paz negociada. Segundo Montes, 56 aos, socilogo, fundador del Instituto de Derechos Humanos. Se concentr en el drama de los refugiados dentro del pas y sobre todo de los que tenan que abandonarlo, los emigrantes, que entonces huan de la represin violenta y ahora del hambre y la falta de trabajo. Los visitaba en los campos de refugiados en Honduras. Ignacio Martn-Bar, 44 aos, psiclogo social, pionero de la psicologa de la liberacin, fundador del Instituto de Opinin Pblica de la UCA para facilitar que se conociese la verdad y dificultar que sta quedara oprimida por la injusticia. Cada fin de semana visitaba comunidades suburbanas y campesinas con las que celebraba la eucarista. Juan Ramn Moreno, 56 aos, profesor de teologa, maestro de novicios y maestro del espritu, acompaante de comunidades religiosas. En Nicaragua particip en la campaa de alfabetizacin. Amando Lpez, 53 aos, profesor de teologa, antiguo rector del seminario de San Salvador y de la UCA de Managua. En ambos pases defendi a perseguidos por regmenes criminales, a veces escondindolos en su propia habitacin. Por ltimo Joaqun Lpez y Lpez, 71 aos, el nico salvadoreo de nacimiento, hombre sencillo y de talante popular. Trabaj en el colegio y fue el primer secretario de la UCA en 1965. Despus fund Fe y Alegra, institucin de escuelas populares para los ms pobres.

Fueron muy distintos, pero todos ellos fueron seguidores de Jess y jesuitas. Es lo que nos dejan. En ellos podemos mirarnos para saber lo que debemos ser y hacer. Digamos una palabra sobre lo que fue ms suyo.

Seguidores de Jess. Reprodujeron en forma real, no intencional o devocionalmente, la vida de Jess Su mirada se dirigi a los pobres reales, aquellos que viven y mueren sometidos a la opresin del hambre, la injusticia, el desprecio, y a la represin de torturas, desaparecimientos, asesinatos, muchas veces con gran crueldad. Y se movieron a compasin. "Hicieron milagros", poniendo ciencia, talentos, tiempo y descanso, al servicio de la verdad y de la justicia. Y "expulsaron demonios". Ciertamente lucharon contra los demonios de fuera, los opresores, oligarcas, gobiernos, fuerza armada, y de ellos defendieron a los pobres. No les faltaron modelos, Rutilio Grande y Monseor Romero. Y fueron fieles hasta el final, en medio de bombas y amenazas, con misericordia consecuente. Murieron como Jess, y han engrosado una nube de testigos, cristianos, religiosos, tambin agnsticos, que han dado su vida por la justicia. Estos son los "mrtires jesunicos", referente esencial para los cristianos y para cualquiera que quiera vivir humana y decentemente en nuestro mundo. Su bautismo fue de Espritu de sangre y siguieron a Jess.

Con el espritu de san Ignacio. En este punto me voy a detener un poco ms pues hoy se habla mucho de espiritualidad ignaciana. Creo que nos pueden ayudar a historizar a san Ignacio ciertamente en el tercer mundo y a hacerlo til para comprender mejor a Jess.

El otro Ignacio, Ellacura, hizo una relectura de los Ejercicios desde la realidad del tercer mundo. Tres puntos me parecen fundamentales, y pueden fungir como presupuestos ignacianos de la opcin por los pobres y la lucha por la justicia. 1) Mirar la realidad de nuestro mundo y captarla como "pueblos que estn crucificados". Ante ellos la reaccin fundamental -sin necesidad de discernimiento- es "hacer redencin". 2) Ser honrados con nosotros mismos, jesuitas, y preguntarnos "qu hemos hecho para que esos pueblos estn crucificados y qu vamos a hacer para bajarlos de la cruz". 3) Tomar en serio -quizs lo ms difcil y menos frecuente- que hay dos modos de caminar en la vida, de ser jesuitas, construir la sociedad y la universidad. Son caminos opuestos y estn en pugna. Uno es el camino de la pobreza, que lleva a oprobios y menosprecios; hoy diramos humillaciones, difamaciones, amenazas; y de ah a la humildad, a la hondura de lo humano, a la verdadera vida. El otro es el camino de la riqueza, que lleva a los honores mundanos y vanos; hoy diramos al prestigio entre los grandes de este mundo; y de ah a la arrogancia, a una vida falseada, personal e institucional. En resumen, uno conduce a la salvacin -humanizacin- y el otro a la perdicin -deshumanizacin. Se trata de ganar o perder la vida, como dice Jess. Y de estar dispuestos a pagar el precio.

En trminos de estructuras, Ellacura insista en que hay que elegir entre una civilizacin de la pobreza -afn a una civilizacin del trabajo- y una civilizacin de la riqueza -afn a una civilizacin del capital. sta, que predomina en el mundo, ha generado una civilizacin gravemente enferma. Aqulla, la que hay que construir, puede revertir la historia y sanar la civilizacin.

Estos tres puntos: pueblo crucificado, necesidad de liberacin, camino de la pobreza -ms la honradez con nosotros mismos- son, en mi opinin, lo que ms resplandece en la ignacianidad de los mrtires de la UCA y lo que mejor explica por qu que acabaron como acabaron. En la tradicin de san Ignacio ciertamente hay otras muchas cosas importantes a tener en cuenta: el "magis", "a mayor gloria de Dios", "en todo amar y servir", "el bien cuanto ms universal ms divino" -todo lo que se menciona con frecuencia en la explosin ambiental de ignacianidad que hoy existe. Los tres puntos que hemos mencionado en mi son ms fcilmente comprensibles, tambin por los no iniciados en ignacianidad, y ciertamente por los pobres. Y en mi opinin tienen menos peligro de perderse en el mbito de lo conceptual e intencional. Expresan realidades claramente histricas y verificables.

En este contexto me parece oportuno recordar un hecho singular: los mrtires de la UCA nunca discernieron si era voluntad de Dios permanecer en el pas, con riesgos, amenazas y persecuciones, o salir. Ni se les ocurri. Para ver cunto de explcitamente ignaciano haba en ese proceder pienso que hay que ir al primer tiempo de hacer eleccin: "sin dubitar ni poder dubitar" (Ejercicios n. 175). Hay que preguntarse "que mova y atraa la voluntad". Si era "Dios nuestro Seor" comunicndose al alma, como en la formulacin de san Ignacio, o si eran realidades histricas: "el sufrimiento del pueblo", que no dejaba vivir en paz; "la vergenza que daba abandonar al pueblo"; "la fuerza cohesionante de la comunidad"; "el recuerdo enriquecedor de Monseor Romero, de nueve sacerdotes y cuatro religiosas asesinadas"; incluso el "haberse acostumbrado a la persecucin". Pienso que todo ello mova la voluntad e iluminaba las decisiones y el camino a seguir. En el lenguaje de los ejercicios, en ello y a travs de ello Dios estaba realmente causando el sin dubitar ni poder dubitar. Pero Dios no actuaba a travs de cualquier cosa, sino de las que hemos mencionado.

El Espritu de Dios mueve a caminar, pero su fuerza pasaba a travs del pueblo sufriente. As ha parafraseado Pedro Casaldliga el conocido poema de Antonio Machado:

Camino que uno es, Para que los atascados Haz del canto de tu pueblo
Que uno hace al andar. Se puedan reanimar. El ritmo de tu marchar.

As, pienso yo, discernieron los jesuitas de la UCA. Se dejaron atraer y llevar por la realidad. Es la sinergia de Dios y del pueblo sufriente. Y no se me ocurre otra manera de explicar por qu se quedaron.

Quisiera terminar esta reflexin sobre su ser jesuitas recordando que "murieron en comunidad". Pudo no haber sido as, y pudiera haber sido asesinado slo Ellacura, el enemigo principal. Pero hay una verdad importante -providencial si se quiere-, en que su muerte fuese "en comunidad". As haba sido su vida y trabajo, con alegras y tensiones, con virtudes y pecados, pero siguiendo una sola lnea bien trazada. Y as expresaron que la Compaa est hecha de "todos". Es "cuerpo", no suma de individuos, algunos de ellos geniales, otros normales.

Esta comunidad de "seis jesuitas" se integr en una comunidad mayor, el cuerpo de la Compaa universal. 49 son los jesuitas que han muerto en el tercer mundo, asesinados de una u otra forma, despus de la CG XXXII. Entre ellos se cuentan tres estadounidenses. Francis Louis Martiseck, 66 aos, nacido en Export, Pennsylvania, muerto por arma de fuego en Mokame, India, 1979; Raymond Adams, 54 aos, nacido en New York, muerto por arma de fuego en Cape Coast, Ghana, 1989; Thomas Gafney, 65 aos, nacido en Cleveland Ohio, asesinado en Katmand, Nepal, 1997.

No es infrecuente recordar "las glorias de la Compaa", las reducciones del Paraguay, Mateo Ricci en China... Hoy, estos mrtires, unos ms famosos, otros menos, son la gloria de la Compaa. Y sobre todo son ellos los que mantienen a la Compaa con vida. Una semana despus del asesinato del Padre Rutilio Grande el Padre Arrupe escribi:

"stos son los jesuitas que necesita hoy el mundo y la Iglesia. Hombres impulsados por el amor de Cristo, que sirvan a sus hermanos sin distincin de raza o de clase. Hombres que sepan identificarse con los que sufren, vivir con ellos hasta dar la vida en su ayuda. Hombres valientes que sepan defender los derechos humanos, hasta el sacrificio de la vida, si fuera necesario" (19 de marzo, 1977).

Julia Elba y Celina: el pueblo crucificado

Con los jesuitas murieron asesinadas dos mujeres: Julia Elba Ramos, 42 aos, cocinera de una comunidad de jvenes jesuitas, pobre, alegre e intuitiva, y trabajadora toda su vida. Y su hija Celina, 15 aos, activa, estudiante y catequista; con su novio haban pensado comprometerse en diciembre de 1989. Se quedaron a dormir en la residencia de los jesuitas, pues all se sentan ms seguras. Pero la orden fue "no dejar testigos". En las fotos se nota el intento de Julia Elba de defender a su hija con su propio cuerpo. Sobre Julia Elba hace unos das escuch este testimonio de una mujer que la conoci bien:

"Le digo que era muy humana porque senta el dolor de los dems. Yo viv un tiempo en la casa de ella. Era una persona bien amistosa, saba llevarse con los dems. Ella tena 33 aos y yo 19. Ella y yo tenamos muchas cosas en comn; comenzamos a trabajar desde muy chiquitas. Ella haba trabajado desde los 10 aos en los cafetales [] Era una mujer muy fuerte. Siempre me ense a que no me dejara, que no me acobardara ante los problemas. Fue una mujer sufrida pero fuerte. Me ense a ser una mujer de vala, que no dependiera de los otros si no de mi misma".

Como Julia Elba hay centenares de millones de hombres y mujeres en nuestro mundo. Son inmensas mayoras que perpetan una historia de siglos: en la Amrica conquistada y depredada por los espaoles en el siglo XVI; en el frica esclavizada ya en el siglo XVI y expoliada sistemticamente por los europeos en el siglo XIX; en el planeta que sufre hoy la globalizacin opresora bajo la gida de Estados Unidos. Mueren la muerte rpida de la violencia y de la represin, y sobre todo la muerte lenta de la pobreza y de la opresin. Sin comparacin posible sufren ms que nadie las consecuencias de nuestros desmanes. En guerras e invasiones: Afganistn, Irak, Palestina; en el manejo de la medicina y farmacia: malaria, sida; en psima ecologa: inundaciones, desertificacin, prdidas en la agricultura; en las catstrofes naturales: la inmensa mayora de quienes mueren en los terremotos no pueden construir casas con acero suficiente, viven en la laderas de los montes y en las riberas de los ros, o junto a las vas del tren

"Hay ms riqueza en la Tierra, pero hay ms injusticia. frica ha sido llamada "el calabozo del mundo", una "Sho" continental. 2.500 millones de personas sobreviven en la Tierra con menos de 2 dlares al da y 25.000 personas mueren diariamente de hambre, segn la FAO. La desertificacin amenaza la vida de 1.200 millones de personas en un centenar de pases. A los emigrantes les es negada la fraternidad, el suelo bajo los pies".

Estas palabras de Pedro Casaldliga son del ao 2006. Ni el G-7, ni el G-8, ni ahora el G-20, han hecho nada significativo para revertir esta historia. Recordar hoy los ideales del milenio es burla y ofensa a los pobres. En un ao el nmero de hambrientos ha aumentado en cien millones, y cada cinco segundos un nio muere de hambre, asesinado, puntualiza Jean Ziegler, pues es muy posible eliminar el hambre.

Son "el siervo doliente de Yahv" en nuestros das; "el pueblo crucificado", lenguaje que no es usado, y que polticamente es "totalmente incorrecto". Sus hombres y mujeres mueren inocentemente, pues no han cometido el "pecado" de Monseor Romero o Ignacio Ellacura, simplemente estaban all. Mueren cruelmente, con gran frecuencia despus de una vida de grandes sufrimientos. Viven y mueren annimamente. Son desconocidos los cinco millones de hombres y mujeres que han muerto en el Congo, en una guerra fabricada para que el coltan termine en el mundo de abundancia en las megaempresas de misiles, telefona y computacin. Y mueren indefensamente. En serio, quin defiende a esos pueblos? Quin arriesga algo importante para bajarlos de la cruz?

Los mrtires jesunicos -algunos- son conocidos y venerados, pero no el pueblo crucificado. Peor an, si, aun sin pretenderlo, aqullos ocultan a stos. Ellacura no vivi ni muri para que el brillo de su figura opaque el rostro de Julia Elba.

Puede parecer absurdo, pero me he preguntado quin es ms mrtir, Ellacura o Julia Elba, quin reproduce ms la cruz de Jess. Los mrtires jesunicos expresan mejor la decisin y la libertad para arriesgar la vida, pero expresan menos la negrura de la injusticia cotidiana, la dificultad simplemente de vivir. La muerte de las mayoras asesinadas, por su parte, expresa menos el carcter activo de lucha, pero expresa ms la inocencia histrica, pues nada han hecho para merecer la muerte, y la indefensin, pues ni posibilidad fsica han tenido de evitarla. Esas mayoras son las que ms cargan con un pecado que las ha ido aniquilando poco a poco en vida y definidamente en muerte. Son las que mejor expresan el ingente sufrimiento del mundo. Sin pretenderlo y sin saberlo, "completan en su carne lo que falta a la pasin de Cristo". No "aaden", como puntualizan los exegetas, pero s "reproducen".

Los jesuitas de la UCA no fueron asesinados por fidelidad kantiana a ideales universales de verdad y justicia, sino por defender a estos pueblos crucificados. Sin recordar a los millones de crucificados no se les entiende. Sera como pretender entender la cruz de Jess sin recordar a los pobres desgraciados a los que ayud Jess en su postracin y a quienes defendi de fariseos, escribas, herodianos y sumos sacerdotes.

Una ltima reflexin creyente. De los mrtires de la UCA, unos fueron ms parecidos a Monseor Romero, los jesuitas. Otros fueron ms parecidos al pueblo crucificado, las dos mujeres. Mirndolos a todos ellos y ellas en su conjunto, podemos decir que con ellos y ellas Jess y su Dios pasaron por este mundo cargando con la cruz. Pero tambin hay que decir que, contra toda apariencia, en ellos y ellas pas el Dios de la salvacin. As lo escribi el P. Ellacura con rigor cientfico. Por mi parte escrito: "fuera de los pobres -y de las vctimas- no hay salvacin".

Para terminar este punto, permtanme dos breves reflexiones. La primera es que entre los victimarios, asesinos directos o constructores y gestores de estructuras opresoras, hay cristianos bautizados, a veces educados por instituciones cristianas. La segunda es que al parecer en los procesos de canonizacin, no saben qu hacer con los mrtires jesunicos, los mrtires por la justicia. Y ciertamente en esos procesos no hay lugar para las mayoras de hombres y mujeres de los pueblos crucificados. Ojal se repiensen estos procesos. Y, canonizados o no, ojal la Iglesia se desviva por dar dignidad a las mayoras que han cargado con la cruz en vida y en muerte. Son los preferidos de Dios.

2. Qu piden y qu dan los mrtires de la UCA

Para ellos no piden nada. Nuestra conciencia es la que nos apremia: "algo hay que hacer". Es importante no olvidarnos de ellos, guardarles cario y agradecimiento. Tambin es importante trabajar y exigir que se esclarezca la verdad de los asesinatos y se juzgue a sus responsables, pues no hay modo de arreglar este mundo si la mentira, el encubrimiento y la impunidad siguen intactos. Pero no basta. Debemos dejarnos interpelar y preguntarnos qu nos piden los mrtires.

En mi opinin nos piden, en virtud de ser lo que han sido, "proseguir su ser y hacer". Y comenzar como ellos, sin temor a plantear la vida, la vocacin y el trabajo en trminos de con-versin, correlativa a la tarea de re-vertir la historia. Ejemplo insigne de "conversin", de "vuelco" en el modo de ser y hacer -ya que no le gustaba que se hablara de l en trmino de conversin, fue Monseor Romero. De la conversin de los mrtires de la UCA -en unos lejanos ejercicios de 1969- surgieron modos fundamentales de ser y de actuar: la honradez con lo real, la misericordia consecuente sin medir costos, el trabajo por una civilizacin de la pobreza. Y sorprendentemente, tambin dejarnos salvar por los pobres.

Vamos a ejemplificarlo concentrndonos en lo que para ellos fue y exigi la universidad, aunque anlogamente creo que pudiera decirse del trabajo pastoral, asistencial, de derechos humanos... Y fue una exigencia seria, pues no suele ocurrir que se asesine a jesuitas que trabajan en una universidad.
El 12 de junio de 1982 esta universidad otorg al P. Ignacio Ellacura un doctorado honoris causa, y al recibirlo pronunci un importante discurso. Reledo hoy, aun teniendo en cuenta las diferencias de tiempo y lugar, sigue ofreciendo luz, direccin e impulso para construir una universidad jesuita de inspiracin cristiana. Habr que adaptar sus palabras creativamente, pero sera temeridad ignorarlas. Veamos brevemente algunos de sus elementos ms novedosos, cuestionantes y fructferos, citando algunas de sus palabras.

A quin se debe la universidad. Toda universidad tiene que ver "con el saber y con un determinado ejercicio de la realidad intelectual", y en ello las universidades jesuitas no se distinguen de otras. Tambin lo pensaba Ellacura y exiga que el saber fuese lo ms riguroso posible y que la investigacin y la docencia fuesen de calidad. Esto lo damos por sentado y no vamos a insistir en ello. Pero insista tambin en algo que no es tan evidente ni comnmente aceptado. "La universidad es una realidad social y una fuerza social, marcada histricamente por lo que es la sociedad en la que vive y destinada a iluminar y transformar, como fuerza social que es, esa realidad en la que vive, de la que vive y para la que debe vivir".

Esto lleva, entre otras, a una pregunta crucial: a quin se debe y ante quin es responsable la universidad. Condicin de su existencia son una variedad de realidades y agentes sociales: los jesuitas y su tradicin universitaria, la institucin eclesial que, segn los casos, dar su aprobacin, la comunidad acadmica e intelectual en el pasado y en el presente, los que la hacen factible econmica y financieramente -a veces polticamente-, el estudiantado A todo esto hay que atender, pero la universidad no se debe ltimamente a nada de ello. Y para responder no bastan respuestas universales o que se piensan ser conocidas de antemano.

En el caso de todo el tercer mundo, mayora en la humanidad, distinto y antagnico a las minoras del planeta, a pesar del ideal de equidistancia que sugiere el trmino "globalizacin", la realidad a la que se debe la universidad y a la que tiene que servir es un mundo de pobreza e ignominia, en muy buena parte un mundo de opresin y represin -y a esa conclusin se llega sin dubitar ni poder dubitar. Los medios e instrumentos de servir deben ser estrictamente universitarios, pero lo central del servicio sale de la universidad: liberar de todo tipo de opresin. En definitiva "bajar de la cruz a esos pueblos crucificados". Sin dar prioridad a ese servicio, una universidad puede ser un centro de saber, junto a otros, ms o menos competente y competitivo, pero no es una universidad de inspiracin cristiana. Y no hay que darlo por supuesto pues la tentacin de lo contrario siempre est al acecho.

En trminos cristianos es la opcin de la universidad por los pobres y las vctimas. La tarea de la universidad es lograr que "los pobres", los que no dan la vida por supuesto, tengan vida; y que "las vctimas", los que tienen a los poderes de este mundo en contra, estn defendidos de cualquier poder opresor. Eso lo debe hacer la universidad como un todo, haciendo el mejor uso de la razn en su docencia, investigacin, proyeccin y comportamiento social -y sin confundirlo con la asistencia a estudiantes desfavorecidos, por benemrito que esto sea, por otros captulos.

"Ciencia de los que no tienen voz". Deca Ellacura: "la universidad debe encarnarse entre los pobres intelectualmente", lo cual en la realidad, e incluso en el concepto, es de difcil comprensin. Pero se hace ms comprensible al mencionar la finalidad de tal encarnacin: "ser ciencia de los que no tienen voz, el respaldo intelectual de los que en su realidad misma tienen la verdad y la razn, aunque sea a veces a modo de despojo, pero que no cuentan con las razones acadmicas que justifiquen y legitimen su verdad y su razn".

Entre nosotros en El Salvador esas palabras recuerdan a las de Monseor Romero: "Estas homilas quieren ser la voz de los sin voz" (Homila del 29 de julio, 1979). Y la razn era para defenderlos de los que tienen demasiado voz. Es notable que al buscar un punto de contacto entre razn universitaria y palabra eclesial, Ellacura no incursionarse en la temtica de teora y praxis, de falibilidad o infalibilidad, duda o certeza, sino en el mbito de la defensa de oprimidos y vctimas. Aqu la analoga entre palabra pstoral y palabra universitaria se convierte en univocidad.

Monseor Romero prosigui: "Por eso, sin duda, [estas palabras] caen mal a aqullos que tienen demasiado voz", y la Iglesia de Monseor Romero fue duramente perseguida. Lo mismo ocurre con la razn universitaria propuesta por Ellacura. En su discurso record las amenazas, ataques y persecucin a la UCA en aquellos aos. Lo importante, sin embargo, es su reflexin programtica, vlida hasta el da de hoy: "en un mundo donde reina la falsedad, la injusticia, la represin, una universidad que luche por la verdad, por la justicia y por la libertad no puede menos de verse perseguida". Por esa razn es importante preguntarse cunto de persecucin sufre o no sufre una universidad cristiana; de parte de quien la sufre y de parte de quin recibe halagos. Y cmo se comporta ante una cosa u otra.

Cuando la razn y la palabra, universitaria o pastoral, no es light y amorfa, sino que tiene peso y aristas, es ms cortante que espada de dos filos. Y entonces el mundo que se presenta como tolerante, defensor de la libertad de pensamiento y de expresin, busca defenderse de una razn compasiva y de la palabra de un Dios de los pobres. Hace cuarenta aos, hasta la CIA busc defenderse de Medelln y de la teologa de la liberacin, pues les daba miedo -"ponen en peligro nuestros intereses", se deca en el informe Rockefeller. En Amrica Latina gobiernos y fuerzas armadas asesinaron a docenas de sacerdotes, entre ellos cuatro obispos. Ese mismo miedo pueden generar las universidades a los poderosos.

Universidad "en pobreza y "sin poder". Es lo que lo que Jess pide a los discpulos cuando los enva a realizara la misin, es decir, a realizar una tarea. "No tomen nada para el camino". "No sean como los seores de este mundo que oprimen con su poder". Esto hay que historizarlo adecuada y realistamente, pero no se de ignorar eficazmente como si no tocase en nada la labor de una universidad.

En la meditacin de las dos banderas san Ignacio es muy claro en que pobreza y sin poder son caminos de perfeccin, pero tambin caminos de vida, humanizacin. E insiste en que ambas cosas estn en oposicin dialctica a la riqueza y el poder. ste es el san Ignacio de Manresa. Despus, como general de la Compaa, tuvo que historizarlo -y no fue fcil. El apostolado exiga recursos y los jesuitas entraron, como por necesidad, en relacin con bienhechores. Esto les acerc al mundo de la riqueza, de los honores y del poder: reyes, damas de la nobleza, cardenales A san Ignacio le ocup seriamente el problema, y busc soluciones. Un ejemplo conocido es la recomendacin a Lanez y Salmern cuando fueron como telogos al Concilio de Trento, mundo de poder, ciertamente eclesistico e indirectamente tambin civil. Y les orden vivir y pasar las noches en hospitales de pobres. Era una forma de vivir las dos banderas en una situacin objetiva de riqueza y de poder.

Hoy, por lo que toca a servir en pobreza, se debiera alcanzar el nivel de austeridad, rechazar lujos en edificios y templos, y huir de solemnidades mundanas y vanas, aunque sea lo aceptado e incluso esperado socialmente. Y ciertamente, evitar -en comparacin con pobres y clases medias bajas- desigualdades lacerantes en el modo de comportarse.

Por lo que toca al sin poder, no se debe ceder el poder que proviene del "saber", pues de esa forma el saber queda en manos de quienes normalmente lo usan para ocultar la verdad y oprimir. Pero hay que evitar la arrogancia y el sometimiento de otros que genera el poder. Y el gusto, que ms o menos conscientemente produce el acercamiento a los poderes reales, civiles o eclesisticos.

Por lo que toca a la arrogancia, no hay mejor remedio que dejar que los pobres sean nuestra buena noticia, sobre todo cuando, sin decirlo, nos perdonan. Y asumido con humildad, mucho ayuda la persecucin y el martirio.

Y una ltima reflexin, en forma de aclaracin, sobre la "excelencia acadmica". Forma parte de la tradicin de la educacin de la Compaa, pero cualquier maestro de la sospecha se preguntar si hoy no se est encubriendo algo al insistir en ella, y en qu consiste. Para m el problema est en adecuar, sin discusin, excelencia acadmica y excelencia universitaria -y de querer acercarse a otras afamadas instituciones universitarias. Aqulla es necesaria para que exista sta, pero no es lo mismo. Y peor an si la insistencia en la excelencia acadmica llevara a que disminuya la excelencia universitaria. Ya hemos dado nuestra opinin sobre cmo se mide la excelencia de una universidad: configure a una sociedad en la lnea de la verdad, la justicia, la liberacin y la humanizacin. Para ello la academia es necesaria y sumamente importante, pero no es la finalidad ltima. En una universidad es instrumento esencial pero no el fin esencial.

De hecho, as ha sido en las universidades de los jesuitas. Los saberes han sido instrumentos importantes para defender la fe, para que la Iglesia tenga reconocimiento y prestigio, para elevar el nivel de conocimiento de determinados grupos sociales Y para ello se ha necesitado excelencia acadmica. Pero lo que hemos propuesto va ms all. Bajar de la cruz al pueblo crucificado significa que sea posible la vida, la dignidad, la fraternidad en el mundo de pobres y oprimidos. Y adems desde esta perspectiva se puede volver a retomar la excelencia acadmica, ahora como un elemento de la excelencia universitaria, de manera que se transforme en excelencia acadmica "integral".

La razn est en que en nuestro mundo reina la falsedad, no slo la ignorancia. Buscar la verdad no es entonces slo hacer avanzar el saber, sino desenmascarar la mentira establecida. Predomina adems la ideologa, que tiene una dimensin estructural-institucional, y que quiere defender con el saber intereses muy frecuentemente injustos. La excelencia del conocimiento, en cuanto conocimiento, exige entonces conversin de la inteligencia para superar falsedad e ideologa. Y eso se logra, pienso yo, cuando nos dejamos afectar, tambin intelectualmente, por la realidad crucificada. Y no slo para sanar la realidad, sino para sanar nuestro conocimiento, y expandir sus horizontes. Esto cuestiona la manera ordinaria -ingenua en el mejor de los casos- de entender la excelencia acadmica y le ofrece una nueva direccin. El servicio universitario a la liberacin de un mundo oprimido lejos de minarla la robustece.

Y no hay que olvidar que a la excelencia acadmica convencional ya empuja el establishment, que busca generar ideologas a su favor y graduados altamente competentes para mantener el status quo. Mucho ms difcil es encontrar fuerzas y dinamismos sociales que muevan a transformar la realidad y sean asumidos por una universidad. Estos dinamismos vienen de los pobres, las vctimas, los mrtires.

3. La gracia de los mrtires

Hemos recordado a mrtires. Su vida y su muerte son de gran dureza, y por eso mis palabras pueden sonar fuertes. Pero tambin es verdad que a ellos se dirigen las bienaventuranzas de Jess. Y que para nosotros son -pueden ser- una bendicin: nos animan a entregarnos a los dems y a tener esperanza, nimo que no se encuentra, con esa fuerza, en ninguna otra parte, ni en la liturgia ni en la actividad de la academia.

En navidad decimos que en Jess de Nazaret "ha aparecido la benignidad de Dios". En semana santa escuchamos en boca de Pilato que ese Jess es "el hombre verdadero", "el que carg con la realidad por amor a los pequeos". De ah el "ecce homo". Ambas cosas, la aparicin de Dios y de lo humano en un mundo en oscuridad es una buena noticia.

Eso es lo que celebramos en este acto universitario. Los seis jesuitas de la UCA nos llevan en su fe, de la que podemos tener alguna noticia, aunque sea caminando en silencio y de puntillas. Julia Elba y Celina nos llevan en la suya, pero de manera distinta. Yo al menos, no puedo entrar hasta el fondo en su misterio. Pero Dios s les conoce y ellos -Dios sabe cmo- nos llevan a Dios.

Y contra toda ciencia y prudencia, los mrtires generan esperanza. Miles de campesinos pobres, con familiares muertos, se juntan la vspera del 16 de noviembre en la UCA para celebrar unos con otros, rezar y cantar. Jrgen Moltmann lo ha teorizado muy bien: "no toda vida es ocasin de esperanza, pero s lo es la vida de Jess, quien, por amor, tom sobre s la cruz".


Termino. Quiero agradecer muy sinceramente a la Universidad de Santa Clara por la oportunidad que me ha dado de dirigirles estas palabras. Me han permitido hacer presente de algn modo el sufrimiento y la esperanza de un pueblo admirable y la memoria de mis hermanos y hermanas de la UCA. Tambin quiero agradecerles el honor personal que me hacen. Me remite al cario que me mostraron hace veinte aos. Y lo interpreto como smbolo de solidaridad de esta Universidad con la UCA y con todo el pueblo salvadoreo.

Mis palabras finales son las que escrib aqu hace veinte aos.

"Descansen en paz Ignacio Ellacura, Segundo Montes, Ignacio Matn-Bar, Amando Lpez, Juan Ramn Moreno, Joaqun Lpez y Lpez, compaeros de Jess. Descansen en paz Julia Elba y Celina. hijas muy queridas de Dios. Que su paz nos transmita a los vivos la esperanza, y que su recuerdo no nos deje descansar en paz".

[Discurso pronunciado en la Universidad de Santa Clara, California el 5 de noviembre].

Fuente: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=42881



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