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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2005

Si yo fuera Guardia Civil

Carlo Frabetti
Rebelin


Como narrador, he de hacer a menudo el esfuerzo de ponerme en el lugar de personajes que poco o nada tienen que ver conmigo. Y ms de una vez me he preguntado, en los ltimos meses, cmo me sentira si fuera un guardia civil honrado y con un CI superior a 70 (que es el mnimo exigido para entrar en el Ejrcito). Pues bien, si yo fuera un guardia civil honrado y con dos dedos de frente (y estoy seguro de que los hay) me sentira francamente mal.

La primera plana de un diario que se vende en los kioscos de todo el Estado espaol, proclamaba hace poco en grandes titulares: Amaia Urizar denuncia que fue violada con un arma durante su arresto (Gara, 29-12-2004). Y segua diciendo el texto de protada: Violada con una pistola entre amenazas de disparos y sumergida en una baera. Estos son algunos de los tormentos que ha detallado Amaia Urizar tras su paso por dependencias de la Guardia Civil. Y en el interior del diario, a doble pgina, el estremecedor relato de las torturas enmarcaba una fotografa de la madre de la vctima leyendo pblicamente su denuncia.

Si yo fuera un guardia civil honrado y con dos dedos de frente, tendra que asumir que solo hay dos posibilidades: o el testimonio de Amaia Urizar es verdico, o es un montaje. Y, consiguientemente, no podra evitar preguntarme: Si es verdad, por qu no se castiga a los culpables de tan infame atropello? Y si es mentira, por qu la Guardia Civil tolera tan tremenda acusacin, de la que se desprendera que nuestro cuerpo alberga a los ms repugnantes canallas, a los seres ms envilecidos y cobardes que se pueda imaginar?.

Si yo fuera un guardia civil honrado y tuviera lo que hay que tener (es decir, dignidad y coraje), exigira una investigacin. Si descubriera que algunos de mis compaeros de cuerpo haban cometido realmente las atrocidades denunciadas por Amaia Urizar, no parara hasta verlos en la crcel. Porque, de ser ciertas las acusaciones, esos canallas, adems de cometer el ms repugnante de los crmenes, habran deshonrado mi uniforme, habran pisoteado mi bandera y habran escupido sobre la Constitucin y sobre el Estado de derecho que juraron defender. Y si, por el contrario, llegara a la conclusin de que las acusaciones eran falsas, exigira que cayera sobre los calumniadores todo el peso de la ley. Acaso podra publicar impunemente un diario de amplia difusin, en primera plana y a tres columnas, que, pongamos por caso, Zapatero haba violado a un jardinero de la Moncloa con unas tijeras de podar? Pues bien, las acusaciones recogidas por Gara son an ms graves. Y no son las primeras.

Por lo tanto, si yo fuera un guardia civil honrado y con dos dedos de frente, llevara bastante tiempo estupefacto e indignado. Me habra quedado de piedra al ver como Anika Gil denunciaba haber sufrido torturas y agresiones sexuales por parte de la Guardia Civil en un documental visto por millones de espectadores (La pelota vasca, de Julio Medem). Me habra estremecido ante artculos como El silencio de los lobos o La cobarda de los lobos (publicados en Gara y en varias webs, como www.nodo50.org/contraelimperio), donde se plantean preguntas que, al haber quedado sin respuesta, ponen en entredicho el honor de la Benemrita.

Y si yo fuera ministro de Interior y hubiera dicho recientemente que siento la mayor de las repugnancias hacia la tortura, no podra cruzarme de brazos ante una denuncia como la de Amaia Urizar. Abrira inmediatamente una investigacin rigurosa para depurar responsabilidades, en un sentido o en otro. Porque un ministro de Interior con un mnimo de dignidad y de respeto por su pas y por su cargo, no puede ignorar un testimonio as, tanto si es cierto como si es falso. En el primer caso, tiene el inexcusable deber de castigar a los culpables con la mayor severidad; en el segundo, el de perseguir a los calumniadores con igual rigor. Porque decir que la Guardia Civil viola con pistolas a las detenidas, equivale a decir que nuestra supuesta democracia es una farsa tan grotesca como la democracia orgnica de Franco, y que la sonrisa de Zapatero no es ms que la tapadera de una cloaca hedionda.

Y aunque no fuera ni guardia civil ni ministro, sino un simple ciudadano, me sentira como una autntica rata --una rata de esa cloaca en la que terroristas de uniforme torturan y violan impunemente-- si no hiciera todo lo posible por arrancar esa tapadera de talantes y sonrisas, por hacerles ver a los que no se enteran, o no quieren enterarse, en qu clase de democracia nos estamos revolcando. Como, adems de ciudadano, soy escritor, me sentira como una rata de cloaca si no escribiera lo que estoy escribiendo y si no denunciara pblicamente el silencio cmplice de la mayora de mis compaeros de oficio.




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