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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2009

Prlogo a El rapto de Higea, de Jess Garca Blanca
Y el mdico sustituy al sacerdote

Pascual Serrano
Rebelin

El rapto de Higea, de Jess Garca Blanca, de Editorial Virus, Barcelona.


En las tribus, a quien se le adjudicaba el dominio de la hechicera, la curandera y el conocimiento de la vida y la muerte, terminaba ejerciendo el control sobre la comunidad. Quin puede ser ms poderoso que quien conoce o nos convence de que conoce- el origen de la vida, los componentes ms recnditos de nuestro cuerpo, el funcionamiento del organismo y los secretos para mantener la salud o restituirla en caso de enfermedad? Es lo que Jess Garca Blanca analiza como el paso de los clrigos a los mdicos como detentadores del poder, de la institucin mdica como relevo de la institucin religiosa en nuestras sociedades modernas. Basta con recordar las tremendas similitudes que pude apreciar hace una dcada en Centroamrica entre el predicador evangelista en un parque y el vendedor de medicamentos en los autobuses. El rapto de Higea, en referencia a la diosa griega de la salud, desmonta, con ese necesario espritu crtico tan poco frecuente en nuestras sociedades, el tab de infalibilidad que posee el modelo sanitario moderno y que sirve al poder como herramienta eficacsima de control y dominacin social.

El individuo se siente indefenso y dominado ante el soldado que le apunta con un arma, el juez que puede sentenciar su destino y el mdico a quien encomienda su cuerpo. Lo curioso es que solamente a ste ltimo se le busca voluntariamente.

En nuestras sociedades supuestamente democrticas- nos posicionamos y participamos en el debate referente a cuestiones como el gasto pblico, el cdigo penal o la poltica de vivienda. En cambio, no nos vemos capacitados a intervenir en la decisin de optar entre si lo acertado para nuestra salud es una intervencin quirrgica, una medicacin o un cambio en la dieta. El modelo sanitario est diseado para que el ciudadano no comprenda, no analice, no opine y no decida. Incluso cuando abren la puerta a la decisin ciudadana crean una angustia en la medida en que anteriormente no ofrecieron los elementos necesarios para poder elegir. Hace varios aos, ante un brote de meningitis infantil, las autoridades de la Comunidad de Madrid propusieron a los padres que ellos eligieran si vacunar a sus hijos o no. El resultado fue que las familias se encontraron ante un dilema frente al que no posean la informacin ni conocimientos necesarios, debido a que el sistema de salud est planteado para que el usuario no conozca, no sepa y nunca pueda decidir, aunque se le ofrezca la posibilidad.

Jess Garca tambin nos explica en este libro, cmo en el origen y diseo actual del sistema sanitario estadounidense se encuentra el control militar. Baste como ejemplo que el denominado Servicio de Inteligencia de Epidemias de Estados Unidos, que tiene mbito de intervencin mundial, posee un ejrcito de 2.700 agentes militares incrustados en instituciones, fundaciones, compaas farmacuticas y de seguros, medios de comunicacin y universidades. Al final el gran hermano se ha adueado de la sanidad mundial. Un ejemplo claro de esa coordinacin fue la presencia del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, como importante accionista en la empresa propietaria de la patente del medicamento para tratar la gripe aviar1, antes de que apareciese esa epidemia.

Tambin se ha podido saber que la institucin internacional de salud, la OMS, ha creado un departamento (Internacional Medical Products Anti Counterfeiting Taskforce) en el que participan la INTERPOL, el Banco Mundial, la Organizacin Mundial del Comercio y las Organizacin Mundial de la Propiedad Intelectual y la Federacin Internacional de Asociaciones de Compaas Farmacuticas2, que, bajo la excusa de la deteccin de medicamentos falsificados, tiene como objeto la persecucin de la fabricacin de genricos al margen de la industria farmacutica. No debemos olvidar, como nos recuerda el autor, que el mercado controla la investigacin, las publicaciones especializadas, la difusin masiva de noticias relacionadas con la salud y a una enorme cantidad de ONGs que trabajan en este campo, y que ello repercute sobre los discursos, los conceptos de salud y los modelos sanitarios ms all de cmo se administren. El sistema adems sacraliza las publicaciones cientficas. Como seala Garca, estas publicaciones estn sometidas a los mismos condicionamientos econmicos y empresariales que el resto de medios de comunicacin, no pueden arrogarse, como lo hacen, el valor de la infalibilidad cientfica. Las publicaciones mdicas disfrutan de una patente de imparcialidad por la que estn siendo reconocidas como la fuente ms neutral hasta para determinar el nmero de muertos en la invasin de Iraq, ofrecido sin cuestionamiento por la revista The Lancet.

El caso de estas publicaciones es slo un elemento colateral del modelo cientifista que nos domina, segn el cual, las aseveraciones que logran presentarse como cientficas se convierten en incuestionables e infalibles. Se trata de algo que explotan muy bien en el mbito de la economa, donde se permiten presentar sus recetas neoliberales como ciencia ajena al debate y la crtica poltica. Hasta el trmino receta es tomado del vocabulario mdico, tan cientfico l, para aplicarlo en la economa. Y es que con la sanidad consiguen algo similar, mediante la presentacin de cualquier iniciativa mdica bajo la patina de ciencia neutral logran erradicar cualquier atisbo de crtica o debate.

Por ello, es necesario recordar e insistir en el fracaso del modelo capitalista global que nos gobierna y que ha instalado en los ciudadanos de los pases ricos la enfermedad de la frustracin. Pasamos nuestra vida persiguiendo la comida ms sofisticada, el arte ms excntrico, el sexo ms impulsivo, el mobiliario ms chic. Quienes viven en zonas rurales, en cuanto pueden buscan las aglomeraciones de las grandes ciudades, los urbanos del interior se escapan a la costa y los habitantes de las regiones con temperaturas clidas suean con una chimenea. A nuestros jvenes les resulta insoportablemente aburrido un sol de primavera, el canto de un pjaro o una charla en un caf. Internet ha supuesto la huida absoluta del mundo hacia lo irreal que no es nada. Vivir instalados en la frustracin conlleva esa huida que no bsqueda- hacia no se sabe dnde.

Nuestro sistema sanitario es el vivo ejemplo del surrealismo y la paradoja. Un indigente podr recibir en los servicios de urgencia, de forma gratuita o subvencionada, un medicamento contra la sarna que debe disolver en el agua de una baera, pero no tiene baera, ni agua corriente, ni vivienda. A quien duerme en un fro invierno en la antesala de un cajero automtico porque no tiene otro lugar, el sistema lo ingresa en un hospital cuando se enferma de pulmona pero antes no le pudo ofrecer una manta para evitarla. Y adems le dar el alta para que se dirija de nuevo a pasar la noche donde de nuevo enfermar.

En la versin global se mantienen tambin esas insultantes paradojas. Si, por ejemplo, naciesen en una inmunda barriada de Filipinas en el seno de una familia sin recursos para alimentarlas, dos gemelas adheridas por la espalda, los mejores hospitales del mundo competiran por realizar la intervencin quirrgica que las separe. Ya ha sucedido en alguna ocasin. Si, por el contrario, las nias hubiesen nacido normales, ninguna institucin se hubiera preocupado de que pudiesen ser alimentadas o de que recibieran asistencia mdica ante una diarrea.

El mercado infesta todos los intersticios de nuestro sistema sanitario. Desde la ilegalidad se crean mercados de rganos o teros de alquiler, y con la legalidad los jvenes venden su semen y los equipos mdicos de trasplantes cobran incentivos por cada donante que consiguen. Un hospital privado de los que ahora se conciertan por el Estado tendr un gran negocio si hay una epidemia en su rea de asistencia porque se multiplicarn las atenciones sanitarias y la facturacin. Conforme a nuestro clculo del Producto Interior Bruto, ste aumentar y, por tanto, el crecimiento econmico, si surge un brote de Alzheimer que disparar la construccin de centros de asistencia, puestos de trabajo y la comercializacin de material relacionado con la atencin de esos pacientes. La pelcula futurista La Isla (Michael Bay, 2005) ilustra bien algo que no podra resultar tan incongruente con el sistema que estamos creando. En ella una empresa produce clones de ciudadanos acaudalados con el nico objetivo de disponer de rganos de repuesto para ellos. Por supuesto, ni los originales ni los clones conocen el planteamiento, los primeros slo saben que pagan a una empresa que les encuentra donante, los segundos viven artificialmente en una comunidad cerrada y secreta creyendo que son la nicos supervivientes de un desastre nuclear, peridicamente se celebra un sorteo y uno de ellos es elegido para viajar a la isla, un lugar paradisaco no contaminado. Nunca lo vuelven a ver sus compaeros. Se me ocurren dos preguntas: Acaso tendran prejuicios muchos de los ciudadanos de los pases ricos en recibir un rgano de otro humano si lo necesitan para seguir vivos, aunque fuera a costa de la vida del donante? Acaso no estaran en condiciones de pagar lo suficiente como para que sea rentable para una empresa dedicarse a ello? Al fin y al cabo ya estamos consumiendo su alimento en forma de combustible para nuestros vehculos.

Las empresas farmacuticas merecen captulo aparte, pero basta con sealar que el propio premio Nobel de Medicina Richard Roberts reconoca que no les interesa buscar la curacin"3. Ni las empresas de armamento desean acabar con las guerras ni las de medicamentos con la enfermedad. La razn es que nuestro sistema de mercado se fundamenta en crear empresas a las que paga por atender los problemas, de forma tal que stas sern las primeras interesadas en que no se solucionen definitivamente esos problemas.

Garca tambin afronta en su libro serias discrepancias cientficas en lo referente al origen infeccioso de las enfermedades, el SIDA y otros paradigmas mdicos. No estoy en condiciones de darle la razn o no, pero hemos de reconocer el valor de que su trabajo tenga el mrito de que, como afirmaba Einstein, lo importante es no dejar nunca de cuestionar. Llevar este cuestionamiento hasta el altar de la sacrosanta ciencia de la salud es de gran valor para ir creando un ciudadano crtico e independiente ante el poder, no slo el poltico y el econmico, sino tambin el cientfico que, como bien nos demuestra en su libro, no es ajeno a los dos primeros.

Por ltimo, como ya viene siendo obligado en toda obra que quiera dejar en evidencia la indignacin hacia el modelo dominante, Jess Garca Blanca aporta propuestas de insurgencia y rebelin. Y, como para que el levantamiento sea eficaz necesita cimentarse en el conocimiento y la informacin, ni una de estas propuestas debo adelantar en este prlogo para que slo se conozcan una vez ledo este libro.

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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