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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-11-2009

El general Prats y la democracia

Hernn Soto
Punto Final


Aunque estn bosquejadas en sus Memorias, las ideas polticas del general Carlos Prats Gonzlez (1915-1974) han sido menos destacadas de lo que merecen. Novedosas para su tiempo, reflejan un pensamiento original que descarta dos visiones errneas: que se limit a ser un comandante en jefe del ejrcito fiel a la Constitucin y leal al presidente Salvador Allende, por ser ste el mandatario legtimo, o bien que comparta las ideas polticas y la ideologa del presidente, por quien senta afecto y respeto. Prats tuvo una visin crtica de la institucionalidad vigente hasta 1973. Consideraba que el sistema poltico estaba al servicio de los intereses de la burguesa. Aspiraba a la materializacin de un proyecto que asegurara progreso, libertad y justicia una vez terminada la dictadura, sobre la base de una muy amplia mayora nacional orientada por ideas de avanzada, en un marco democrtico y pluralista. Fueron para l ideas bien definidas.

El prlogo de sus Memorias est fechado el 20 de septiembre de 1974, diez das antes de su asesinato, hace 35 aos en Buenos Aires. En su exilio, Prats dedic el tiempo que le dejaba libre su trabajo en una fbrica, a escribir sus Memorias. Quiso dejar establecido cul haba sido su papel como comandante en jefe del ejrcito entre 1970 y 1973 y su actuacin como ministro del Interior desde noviembre de 1972 hasta marzo de 1973. Su propsito primitivo era escribir un historial mtico del ejrcito, examinando a travs de l sus interacciones con la sociedad chilena a lo largo de la historia. Debi abandonar sus planes porque no tena la documentacin suficiente y, adems, tema que la muerte dejara su trabajo inconcluso.

Prats, que era un autodidacta en materias polticas y econmicas no se consideraba calificado para dar lecciones en estas materias. Sin embargo, su experiencia como oficial de alto rango, con slida cultura y capacidad de estudio sumada a su trayectoria como hombre de Estado, lo capacitaban suficientemente. Es sabido, por lo dems, que la poltica no la hacen los politlogos ni la economa los profesores de economa. Las Memorias indican, por otra parte, que la poltica le interes desde muy joven. En su madurez, siendo jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, encabez un estudio que anticip con notable exactitud el resultado de las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970, en las que triunf el candidato de la Izquierda, Salvador Allende.

Visin crtica

Ms all de las visiones convencionales, Prats no se haba dejado seducir por la idealizacin de la democracia existente en Chile hasta 1970. Pensaba que el Estado representa los intereses dominantes en la sociedad, que se disfrazan tras las apariencias de separacin e interdependencia de los poderes pblicos, respeto a los derechos ciudadanos, equidad y Estado de derecho (pg. 549)(1). Unas frases suyas reflejan bien sus convicciones: Los dirigentes polticos burgueses chilenos haban sostenido sistemticamente en los 37 aos precedentes a septiembre de 1970 que eran absolutamente respetuosos de la legalidad democrtica. Les faltaba, s, -prosigue- aadir la frase mientras no tengan acceso al poder los marxistas (pg. 521).

A su juicio, entre 1932, comienzos del segundo gobierno de Arturo Alessandri, hasta 1970, Chile vivi en una democracia condicionada: un condominio de la burguesa industrial y la burguesa democrtica, beneficindose la primera con las modalidades de administracin de la economa que desarrolla la segunda (pg. 526). En ese reparto del poder estaban ausentes los campesinos y otros sectores populares; el proletariado no est incluido (id) pero es gratificado con imposiciones populistas a la burguesa industrial (id.) Carabineros es el instrumento de fuerza de la democracia condicionada y excepcionalmente se recurre a las fuerzas armadas. Las instituciones de la Defensa Nacional son polticamente neutrales dentro del sistema imperante. Pero ellas tcitamente integran el condominio burgus (id).

Resume con estas palabras: Se trataba de un sistema democrtico peculiar en el que sobre la base de las reglas de juego de la Constitucin de 1925, la vida nacional se desenvolva en un rgimen de elasticidad poltica caracterizado por el armnico equilibrio de los poderes del Estado, cuyas sendas jurisdicciones, compensadas eclcticamente, posibilitan el predominio de la burguesa, seccionada en estamentos complementarios (pg. 520). Esa democracia condicionada haba sustituido a los regmenes propiamente oligrquicos anteriores, en que se combinaron la oligarqua latifundista con la burguesa minera, industrial, comercial y burocrtica, ligadas primero al imperialismo britnico y despus al imperialismo occidental frmula que Prats usa para referirse al imperialismo norteamericano y sus aliados) (pg. 520).

Es evidente que la mirada escptica de Prats no se extiende al gobierno de Salvador Allende, en que se hicieron esfuerzos reales por instaurar el socialismo en libertad, pluralismo y democracia, frustrados por la oposicin derechista, las maniobras del imperialismo y tambin los errores de la Unidad Popular. Buscar una salida que despus de la dictadura asegurara estabilidad y no repitiera la democracia condicionada, fue una de sus preocupaciones centrales.

Tambin es clara la pertinencia de las crticas de Prats a la actual democracia tutelada de que habla Felipe Portales, que ha continuado la institucionalidad de la dictadura. Coincide adems con muchas otras opiniones crticas, como las del filsofo Gianni Vattimo, que ha escrito: Todo el sistema de democracia modelo, como la norteamericana, es un testimonio estrepitoso de la traicin de los ideales democrticos a favor de la pura y simple plutocracia (citado por Atilio Born, en Aristteles en Macondo: notas sobre el fetichismo democrtico en Amrica Latina, en Amrica Latina 8. Revista del Doctorado en Procesos Sociales y Polticos en Amrica Latina, 2 semestre 2008-ler semestre 2009, Universidad Arcis).

La democracia avanzada

Prats consideraba como necesidad imperiosa una nueva Constitucin generada democrticamente, que no fuera producto de la elaboracin de un grupo reducido de eminentes juristas de concepciones filosficas tradicionales y comprometidas con los intereses de la alta burguesa. Aspiraba a una Constitucin que diera cuenta de nuestra peculiar problemtica y abriera perspectivas al destino nacional en la competencia de un mundo cada vez ms interdependiente. La democracia avanzada deba ser pluralista y libertaria, comprometida con los derechos humanos y la paz y estabilidad internas. Formulaba de este manera sus contenidos esenciales: La nueva democracia avanzada chilena debe construirla una sociedad humanista cuya potencialidad resida en una colaboracin solidaria entre la mayora de los miembros de la comunidad a travs de mecanismos legales que posibiliten una movilizacin nacional, afianzadora de las libertades democrticas y neutralizadoras de la violencia.
Estimaba Prats indispensable la construccin de una amplia y slida mayora comprometida de a lo menos el 66 por ciento de la poblacin, dejando un margen de ms o menos un 15 por ciento para la derecha y la Izquierda, en sus expresiones extremas. Esa era para l la mayora nacional.

Se terminara as con los tres tercios como factor de inestabilidad y barrera para las mayoras amplias. Textualmente sostiene: En las condiciones polticas de derecha, centro e Izquierda, las posiciones centristas han sido normalmente la interpretacin ms realista de las aspiraciones mayoritarias de nuestra comunidad nacional. Pero, como frmula de expresin poltica han fracasado porque sus disparos reformistas no han alcanzado a corroer la estructura de la fortaleza capitalista y tarde o temprano han terminado por identificarse con las tendencias derechistas. Por ello, al hablar de mayora nacional no nos referimos a una banda central del espectro poltico que deja a un tercio de ste a la derecha y otro tercio a la Izquierda. Nos referimos a una banda que cubre dos tercios del centro del espectro, dejando un sexto a la derecha y un sexo a la Izquierda.

Y agrega: Esta concepcin quiebra los esquemas tradicionales ya insostenibles de la mayora relativa o de una mayora absoluta de la mitad ms uno. Tambin exige articular un gran movimiento nacional que agrupe a todas las corrientes de avanzada social, capaces de emerger despus del letargo poltico actual (pgs. 558-559).
Hace una salvedad, en el caso de la Izquierda, si los comunistas no se proponen ir ms all de los linderos del sistema democrtico avanzado de economa mixta. Tendrn cabida en el gran movimiento nacional (pg. 559). No hace lo mismo con la extrema derecha, ya que en ningn caso podra definirse como de avanzada social. Por ltimo, ejemplifica, para ilustrar, lo indispensable que resulta un entendimiento entre los sectores democrticos: Si los marxistas insisten en que la prxima etapa les exige luchar para imponer el socialismo y los democratacristianos creen que pueden volver a gobernar con el aval de la burguesa oligrquica, no hay perspectiva alguna de salud democrtica en un pas de predominante clase media. Tampoco ni la ms remota esperanza de restaurar la paz social eliminando el odio de clases (id).

La economa debe ser la base

Todo pas necesita de una economa potente para crecer y disponer de recursos que beneficien a su poblacin. Existe, por lo mismo, una indisoluble relacin entre el sistema poltico institucional y la economa, entre el Estado y el mercado. Para Prats esto era de una evidencia absoluta: Debe tenerse presente -dice- que la poltica est fusionada con la economa, por lo que no cabe esbozar una doctrina poltica que deje de sealar metas econmicas viables, en funcin de la realidad interna de Chile y de su ubicacin inexorable en el campo geopoltico (pgs. 549-550).

No dudaba, en 1974!, al decir: Una economa social de mercado en un pas de mrgenes rgidos para el juego de la oferta y la demanda, deriva en beneficio directo de la minora detentadora de los grandes capitales, acentuando la capacidad de enriquecimiento de los ricos y empobreciendo a la mayora trabajadora. En un sistema econmico en el que juega libremente la iniciativa privada, el crecimiento slo es factible mediante el incremento de la rentabilidad empresarial, que se logra comprimiendo el rgimen salarial. Y ms adelante anticipaba: El desarrollo a costa del consumo popular (con amplia benevolencia hacia el sector empresarial), de restriccin drstica de la emisin monetaria, de paralizacin de la inversin fiscal o de subordinacin a los grandes intereses forneos, exige sofocar drsticamente las presiones sociales. Por ello resulta contraproducente en un pas subdesarrollado como Chile, cuya comunidad nacional quedara dividida en un dcimo de explotadores y nueve dcimos de explotados (pgs. 55l-552).

En el plano propositivo, Prats postula una economa mixta, que combina Estado y mercado dando prioridad al primero. Sigue el esquema de las reas de la economa del programa de gobierno de la Unidad Popular, con un Estado fuerte con el fin de asegurar su funcionamiento, respaldado por la mayora nacional. Precisa en estos trminos: El Estado es fuerte cuando logra implantar deberes por sobre los derechos, cuando se impone sin tener que agitar artificialmente los sentimientos populares y cuando tiene sometido al poder armado oficial al poder de la autoridad representativa (pg.549). Una visin autoritaria que, seguramente, se explica por la condicin militar de Prats, por la experiencia dramtica de la Unidad Popular y por la situacin muy compleja que prevea una vez terminada la dictadura.

En ese contexto, el rea social debe comprender exclusivamente aquellas industrias o empresas estratgicas y monoplicas que son pivote del desarrollo. Representara no ms del medio al uno por ciento de las empresas existentes en Chile, pero con ellas se podra condicionar la orientacin del desarrollo econmico y social del pas (pgs. 553-554). En el rea mixta deberan estar las empresas en que se yuxtaponen el capital y la gestin, tanto del Estado como de los particulares nacionales o extranjeros. Los aportes tecnolgicos y/o financieros deberan estar bajo control del Estado. El resto de las empresas no bsicas grandes, medianas y pequeas constituiran el rea privada (id).

Ms adelante hace algunas consideraciones generales: La transformacin global de la economa pasa por la eliminacin de los mecanismos de explotacin oligrquica mediante la direccin centralizada de la programacin de las metas de inversin, produccin y distribucin y de la supervisin tecnocrtica del proceso de ejecucin descentralizado en las tres reas de la economa nacional complementadas. Esta transformacin debe conducir a liberar el potencial de productividad nacional para intensificar la produccin interna a fin de lograr una distribucin cada vez ms extensiva de ella, en beneficio popular (pgs. 554-555).

No olvida el contexto internacional: El xito econmico chileno est condicionado no slo al esfuerzo interno de transformacin del sistema funcional y estructural, sino tambin por la orientacin de sus relaciones internacionales. Ello, debido al alto grado de complejidad de nuestro comercio exterior, con largas lneas de comunicacin y diversificados mercados con los pases industrializados, no alineados y limtrofes, que determinan servidumbres inexorables en las balanzas comercial y de pagos (id).

Prats no abunda en el papel de las fuerzas armadas en la democracia avanzada, y opina con cautela. Frente a cuerpos armados desprestigiados por su involucramiento represivo, sugiere que la responsabilidad debe hacerse recaer en la minora de la jerarqua militar que destruy la irrestaurable democracia y no en los niveles jerrquicos que debieron cumplir rdenes superiores. Declara la sujecin de la fuerza pblica al poder civil, excluye perentoriamente los sofismas de la presunta autonoma del rgano de fuerza respecto de los poderes constitucionales del Estado, para constituirse en el supercontralor del inters nacional y los altos destinos de la patria sustituyendo la voluntad soberana del pueblo (pg. 607).

Plantea una nueva concepcin estructural de los cuerpos armados que se aproxime orgnicamente a las modalidades de empleo estratgico de fuerzas conjuntas en la eventualidad de una agresin exterior. Propone reservar constitucionalmente para el presidente de la Repblica la denominacin adicional de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, asignando los mandos tcnicos de cada rama de la Defensa Nacional el cargo de comandante general subordinado a un jefe de Estado Mayor de la Defensa Nacional, que podra ser incluso un miembro en retiro de las FF.AA. llamado al servicio activo con accin de mando para la coordinacin estratgica de los rganos de fuerza (pg. 608)

- Las citas corresponden a Memorias: testimonio de un soldado, de Carlos Prats Gonzlez, editorial Pehun, marzo de 1985.



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