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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-11-2009

Un ao despus de los atentados
Mumbai, a la sombra de Cachemira

Vijay Prashad
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Cachemira se cierne sobre Mumbai, cuya puerta de entrada a la India acept a los agresores que la golpearon hace hoy un ao. La persigue.

Cuando los movimientos de masas son aplastados, la amargura se queda habitando entre sus fugitivos, muchos de los cuales conspiran entre s para conseguir regresar. Esos fugitivos se lan a tiros, se acusan de traicin, se olvidan de las razones que hicieron fracasar sus movimientos De la misma manera, buscan refugio en algn lugar para reunir fuerzas y poder volver de nuevo al combate.

En la dcada de 1990, Afganistn era el refugio de los fugitivos desde la isla de Mindanao a Ingushetia, desde la Pennsula Arbiga al Archipilago Indonesio. Los que se iban a Afganistn llegaban all con sus propias penas, algunas del cuerpo, otras del alma.

El agotamiento de los movimientos de liberacin nacional en los estados autoritarios de la dcada de 1980, combinado con la exportacin del Islam saud para socavar cualquier esperanza de resurreccin del nacionalismo radical, sirvi de ayuda a esta Internacional Yihadista. Financiada por Washington y Riad, esta Internacional creci llegando a tener un sentido mayor de su propio destino, creyendo que todo lo haba conseguido por sus propios medios y no por la hbil maniobra de sus titiriteros. Ni Hekmayar, ni Shah Massoud, ni Bin Laden, podran haberle puesto la trampa al Oso Ruso, y ninguno de ellos hubiera podido desbaratar al Afghantsi sovitico, las tropas de primera lnea.

A esa brigada de desarrapados, a pesar del apoyo pakistan y estadounidense, le cost cuatro aos desalojar al dbil gobierno de Mohammed Najibullah tras la retirada del ejrcito sovitico. Pero la toma de posesin de Afganistn en 1992 y el colapso de la URSS en 1991 produjeron la excesiva fantasa de que la Internacional Yihadista era responsable de esos hechos. Fue una fantasa que contina teniendo efectos catastrficos.

Los sueos del Dr. No de Bin Laden son consecuencia de esta fantasa, como tambin la implacable e insuperable mutilacin de los sueos de libertad en zonas tan extensas como Chechenia y Cachemira. Zonas que presentaban demandas razonables de soberana y autonoma, de dignidad para las personas, pero las trayectorias que para alcanzar sus aspiraciones siguieron esas demandas fueron aplastadas por una serie de razones por Estados que tenan sus propios imperativos geopolticos. Los movimientos independentistas aparecieron al ignorarse completamente las pequeas voces que protestaban y, cuando esos movimientos independentistas se toparon con el fuerte brazo del Estado, se transformaron en el atavismo de la poltica fugitiva: la Internacional Yihadista, acampada en Afganistn en ambos casos, corri a ofrecer socorro a unos combatientes a quienes les haban chupado hasta la ltima gota de sangre.

Y como sus razonables demandas no haban logrado llegar a ningn sitio, se refugiaron en lo irrazonable.

Si Vds. leen el soberbio libro de Arif Jamal Shadow War: The Untold Store of Jihad in Kashmir (Melville House Publishing, 2009), tendrn una idea apropiada de la desolacin existente entre los defensores de la Yihad en Cachemira. Las empapadas paredes en sangre de los reductos de los Hizbul Mujahideen (HM) ilustran las profundidades en las que ha cado la Jihad: Jamal nos lleva hasta el mundo del lder del HM, Syed Salahuddin, quien, en esta demencia fratricida, fue el protegido del seor de la guerra afgano Gulbuddin Hekmatyar (a principios de 1991) y que volvi sus pistolas contra sus comandantes a partir de 2003. Cualquiera que se mostrara moderado (i.e. dispuestos a negociar con el Estado indio) acababa siendo enviado al Paraso.

El ataque de los HM contra la familia y tradiciones de Mirwair Umar Farooq resulta esclarecedor: en mayo de 2004, unos pistoleros (posiblemente junto con los HM) mataron a su to Maulvi Mushtaq Ahmed, y despus, en julio, la escuela Mirwaiz, un colegio islmico de enseanza secundaria, fue quemada hasta los cimientos. Este viejo tesoro de 115 aos de antigedad tena una de las bibliotecas ms antiguas del Islam, guardando en su preciosa coleccin una copia del Corn manuscrita de Utzhman ibn Affann (el tercer Califa), miembro de la sahaba original, o compaeros del Profeta, que jug un papel central en la recopilacin del Corn. El pueblo cachemir no se desespera precisamente por nada.

Y no por nada se lamentan, a saber: la intransigente negativa de los gobiernos indio y pakistan a mantener una conversacin real que pueda llevar a la desescalada. Los dilogos suenan a menudo a enlatado, no slo se esconden detrs de la contenida jerga de la diplomacia, sino que se repiten tambin con tanta frecuencia que no resultan crebles. Se logr el Acuerdo Simla de 1972, pero apenas ha habido movimiento alguno ms all del enunciado de unos principios generales. Incluso no contiene casi nada respecto a la cuestin de la frontera: no hay posibilidad de que la Lnea de Control (intacta desde 1971) se reconozca sencillamente como frontera, y muy pocas esperanzas de llegar a un acuerdo de paz que permita que ambos pases reduzcan sus tropas.

En el lado indio, cientos de miles de soldados se enfrentan contra partes importantes de una poblacin que ha perdido su fe en el acervo de la Constitucin india, y en el lado pakistan, las tropas se dedican sobre todo a reprimir al Frente Nacional de Balawaristan y el Movimiento Unido Gilgit-Baltistan. La angustia que fluye a ambos lados de la frontera, inflamada ahora por dos ejrcitos cuyas armas se apuntan entre ellos y contra sus propios ciudadanos, se ha visto ahora acrecentada por la entrada de una seccin de empedernidos militantes en la Internacional Yihadista.

Los HM pasaron durante un tiempo a la clandestinidad despus de 2001, apareciendo por aqu y por all para un encuentro o un ataque, desapareciendo despus por el horizonte. En 2007, segn Arif Jamal, el ISI pakistan orquest una vez ms una serie de reuniones de coordinacin entre los yihadistas que operan sobre sus dos tambaleantes fronteras, la Lnea Durand (1983), que separa Pakistn de Afganistn, y la Lnea de Control (1971), que separa Pakistn de la India. Los HM celebraron su primer mitin pblico desde el 11/S en marzo de 2008 en Muzaffarabad (la Cachemira Azad), y el Jaish-e-Mohammed empez a operar en un campo de entrenamiento en Bahawalpur (al sur del Punjab). Un comandante de los HM le dijo a Jamal que los yihadistas no haban estado nunca tan bien desde 1999.

Que el ejrcito indio continuara su historia de atrocidades (de forma muy espectacular en Sumbal, en febrero de 2007, y en Shopian en mayo de 2009) slo ha ayudado a inflamar an ms la situacin. A las elites indias y pakistanes les vendra bien leer Everyone Lives in Fear: Patterns of Impunity in Jammy and Kahsmir (Human Rights Watch, septiembre de 2006) para poder comprender un poco el coste social de la intransigencia que soporta la gente normal y corriente de la regin.

El nico superviviente de los atacantes de Mumbai, Mohammed Ajmal Amir Kasab, escribi una confesin que inclua la siguiente afirmacin: Ahora tenemos que emprender una guerra contra la India y conquistar Cachemira. Cuando conflictos militares muy importantes (1947-48, 1965, 1971, 1999) fracasaron, cmo iban diez hombres a hacer todo el trabajo? Era tan slo una fantasa. Kaseb se retract ms tarde de esa afirmacin, diciendo que estuvo motivada por las torturas. El gobierno indio formul sus acusaciones sin mencionar Cachemira. No era importante para los procedimientos judiciales.

Pero, como escrib al comienzo, Cachemira se cierne sobre Mumbai. Y la persigue. Lo mismo sucede con Afganistn.

Vijay Prashad es Director de Estudios Internacionales en el Trinity College, Hartford, CT. Su libro ms reciente es: The Darker Nations: A People's History of the Third World, New York: The New Press, 2007. Puede contactarse con l en: [email protected] 

Fuente:

http://www.counterpunch.org/prashad11262009.html



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