Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-11-2009

Hacete el loco

Juan Forn
Pgina 12


En 1937, la revista Life preparaba un largo artculo sobre Einstein y encarg a Lotte Jacobi que fotografiara al genio en su nuevo hogar norteamericano. Como Einstein y tantos otros integrantes de la intelligentzia alemana, la Jacobi haba llegado al Nuevo Mundo huyendo del nazismo y sus primeros trabajos en Nueva York consistieron precisamente en fotografiar a esos expatriados. Pero cuando llev las imgenes de aquella sesin informal a Life, la revista las rechaz, argumentando que las fotos no mostraban a Einstein suficientemente digno. Jacobi se encogi de hombros y se limit a decir: Mi estilo fotogrfico es el estilo de la persona que retrato. Einstein ador la ancdota y la repiti muchas veces a quienes lo visitaban en su casa y vean la foto en cuestin, enmarcada y colgada en la pared.

Las relaciones de Einstein con su pas de adopcin estuvieron marcadas por esta clase de equvocos desde su primer intento de visita, en 1919. Einstein enfrentaba por entonces un complicado divorcio de su primera esposa, la serbia Mileva Maric, a quien lleg a ofrecerle el dinero del Premio Nobel que an no haba ganado (lo recibira recin dos aos despus) para que lo dejara en paz. Enterado de las estrecheces financieras del gran cientfico, un admirador llamado Max Warburg le propuso organizarle una gira de conferencias por Norteamrica, pero ninguna universidad mostr inters por pagar los honorarios solicitados, cosa que alivi a Einstein. Es mejor as, le escribi a su admirador. No soy orador, no me pareca una manera muy digna de ganar dinero.

Eso mismo le cont dos aos despus a Chaim Weizmann, el dirigente sionista que sera el primer presidente de Israel, cuando ste le pidi que lo acompaara a Nueva York a recaudar fondos. Es graciosa la manera en que Weizmann lo sum a la causa del sionismo. Einstein le dijo en aquella entrevista que le pareca absurdo llevar a trabajar la tierra a un pueblo que se caracterizaba por su orientacin hacia lo intelectual. Weizmann le contest que lo ayudara entonces a juntar dinero para crear la primera universidad hebrea en Palestina. Einstein le dijo que ya haba comprobado que nadie pagara por escucharlo en Amrica. Weizmann le contest que no se trataba de pedir honorarios por hablar de la teora de la relatividad, sino de recolectar donaciones voluntarias entre los judos de Amrica hablndoles de la patria que construiran en Palestina.

La llegada a Manhattan del Premio Nobel y el futuro presidente de Israel colaps la ciudad. Multitudes de inmigrantes los esperaban en el puerto y siguieron cada uno de sus pasos en los das siguientes. Llamativamente, el grueso de esas multitudes estaba compuesto por inmigrantes de clase media y baja. El establishment judo, en cambio, encabezado por Louis Brandeis (presidente de la Corte Suprema norteamericana), Felix Frankfurter (decano de Leyes de Harvard), Arthur Hays Sulzberger (dueo del New York Times), el financista Irving Lehman, el filntropo Daniel Guggenheim y el senador Jefferson Levy, le recomend discretamente a Einstein que restringiese a lo cientfico sus alocuciones pblicas y dejara a cargo de ellos la recaudacin de fondos: No se puede confiar el dinero para la creacin de un Estado judo en Palestina a los judos rusos. Weizmann es una buena persona, pero su gente no es confiable. Einstein les contest pblicamente: Hasta hace una generacin, los judos alemanes no se consideraban miembros del pueblo hebreo. El antisemitismo ha revertido esa situacin, nos guste o no nos guste, y considero repulsiva la indigna tendencia a adaptarse y conformar a los goyim que caracteriza a los judos asimilados, tanto aqu como en Europa. Consecuencia: Harvard le retir una invitacin para dirigirse a su alumnado, el New York Times cubri con mal disimulada irona la gira y los fondos recaudados en la gira fueron cinco veces inferiores a los cuatro millones de dlares que esperaba Weizmann.

La nica universidad que honr a Einstein como se mereca fue Princeton: le contrat un ciclo entero de conferencias, le dio un doctorado honoris causa y le ofreci publicar la traduccin al ingls de esas conferencias con un royalty del 15 por ciento (cuando el derecho de autor histrico era del 10 por ciento). As comenz el vnculo que desembocara, doce aos despus, en la instalacin definitiva de Einstein en Long Island, como joya de la corona de Princeton. Pero su vida all no fue fcil. Su sionismo, su pacifismo, su socialismo, su igualitarismo racial no eran vistos como virtudes americanas, ni en los aos de preguerra, ni durante, ni despus. Para el decano de Princeton, que tanto esfuerzo haba hecho por contratarlo, las declaraciones polticas de Einstein eran una incomodidad permanente. Incluso cuando hablaba de las causas que defenda. No ms llegar a Princeton, Einstein despert las iras del sionismo cuando declar: Si los judos somos incapaces de encontrar una honesta va de pactar y cooperar con los rabes, demostraremos que no hemos aprendido nada en veinte siglos de sufrimiento (aos despus, cuando rechaz la presidencia de Israel, supo ser ms discreto: le confes en una carta a su hijastra Margot que si aceptara, debera decir cosas que el pueblo israel no quiere escuchar).

Es sabido que, desde que Estados Unidos entr en la guerra, un comit de la universidad filtraba el correo de Einstein e incluso rechazaba invitaciones a su nombre sin consultarlo. Cuando Einstein comprendi la situacin, decidi poner en prctica el consejo que le haba dado su amigo Charles Chaplin y aprendi a camuflar sus ideas polticas a travs de la fachada simptica de genio distrado (la melena revuelta, los suters viejos, los zapatos sin medias). En 1949 escribi al matemtico Max Born: Se me considera un objeto petrificado, un rol que no me disgusta del todo si sirve para que se acepten mis defectos como los acepto yo mismo.

El FBI no le respet la intimidad ni siquiera en el lecho de muerte. En el frondoso legajo sobre su persona, abierto al pblico recientemente, hay un memorndum furioso de J. Edgar Hoover preguntando cmo era posible que la enfermera que cuidaba de Einstein en sus ltimas horas (y escuch sus ltimas palabras) no supiera alemn, idioma en el que se refugi el moribundo antes de expirar. La ltima intromisin a la intimidad de Einstein fue la diseccin de su cerebro para estudiar el origen de su genio. Dividido en 240 partes, almacenado en frascos de vidrio, analizado por todo tipo de genetistas durante los ltimos cincuenta aos, el cerebro de Einstein no logr ofrecer ninguna revelacin particular a la ciencia norteamericana, demostrando cun literalmente cierta era la frase que su dueo repiti un milln de veces sin que nadie lo tomara en serio: No tengo talentos especiales; slo una anormal curiosidad.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-136004-2009-11-27.html


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter