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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2009

Rusia: peleados con su propio pasado
Por qu no cesa el odio hacia la Unin Sovitica

Mijal Deliaguin
Nezavisimaya Gazeta

Traducido del ruso para Rebelin por Josafat S. Comn


Pronto se cumplirn 20 aos desde el momento de la destruccin de la Unin Sovitica. A pesar de la ignominia de su colapso y del descrdito de sus lderes e ideologa, el odio que despierta no solo no disminuye con el paso del tiempo sino que va en aumento.

Lo podemos ver en el ejemplo de la sustitucin de la fiesta del 7 de noviembre, suplantada por el Da de la reconciliacin y la concordia (los burcratas no pueden soportar la ideologa de la justicia social, ni siquiera la reconciliacin con la misma). Lo vemos en el intento de eliminar la estrella en la bandera de la Victoria, en las calumnias que lanzan pelculas del tipo Cargamento 200. Lo pudimos ver en los seguidores de Podrabinek, que no escatim maldiciones dirigidas a todos los defensores del Poder Sovitico (aunque lo fuesen contra el fascismo) y que considera autnticos hroes de nuestro pas a los seguidores de S. Bandera, a los hermanos de los bosques lituanos, a los Basmachi y a los terroristas chechenos.

Aparte de toda esta esquizofrenia demcrata, que no ha vuelto en si desde finales de los 80, el odio visceral hacia nuestro pasado es algo comn entre los fundamentalistas liberales: para ellos, que deifican el mercado y el beneficio, el solo recuerdo de nuestro pas, que negaba el lucro como nico sentido de la vida, es un sacrilegio insoportable.

Pero la principal fuente de odio es la burocracia gobernante.

Para stos, el recuerdo de la Unin Sovitica equivale a la revelacin de su absoluta incapacidad, holgazanera y permanente latrocinio. Cualquiera puede ver, que incluso los ms importantes chanchullos cometidos durante la poca sovitica son insignificantes comparados con lo ocurrido durante la privatizacin, o simplemente con la aplicacin diaria de los presupuestos de Rusia.

El gobierno sovitico, con todos sus defectos, tena como meta el bien comn, y aunque a veces este fuese interpretado de un modo sorprendentemente desvirtuado, era el objetivo real. Eso es lo que no puede soportar la actual cleptocracia, que ha convertido al pas en un mero instrumento de enriquecimiento personal.

La Unin Sovitica cosech colosales logros en todas las esferas de la vida: en la industria y en la mejora del nivel de vida, que a finales de los 60, principios de los 70, era perfectamente comparable con el de los pases ms desarrollados. (Podamos tener menos electrodomsticos, pero eso se compensaba con creces con la ausencia de desempleo, la seguridad, la educacin y sanidad gratuitas, de gran calidad).

La burocracia de la Federacin de Rusia, solo ha cosechado xitos en el saqueo de la herencia sovitica. Claro que fuera del estrecho crculo de tus futuros compinches, es mejor no alardear de esto.

El nivel de vida (e incluso de ingresos) de la mayor parte de la poblacin es inferior hoy en comparacin con los ltimos aos de la Unin Sovitica, y los manidos derechos humanos estn hoy infinitamente peor defendidos (vale la pena recordar que los juzgados soviticos, causas polticas aparte, tomaban decisiones de modo profesional e independiente).

Odian a la Unin Sovitica todos esos biempensantes intelectuales moscovitas (no incluyo aqu a todos esos portadores de la cultura, que aspiran a diluir la identidad rusa para mayor gloria de Occidente). Una parte est contusionada por su propia historia, otros odian el pasado de su pas por aquello de la cordialidad intelectual, por lo trgico.

Una parte importante de los intelectuales aspira a ridiculizar y calumniar a su pas, para autojustificarse (aunque sea de un modo subconsciente). Educados en la cultura sovitica, sienten que al elegir la democracia o simplemente la vida privada en una poca de grandes conmociones sociales, aunque fuese bajo una gran presin, han abandonado a su pas, han traicionado a su patria, y el sentimiento de culpa les reconcome. Y para librase de esa culpa y justificarse, culpan a su difunto pas de todos los pecados mortales.

Es comprensible la postura de la Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR), que no se cansa de hablar del gobierno ateo que persegua a los sacerdotes. Olvida la jerarqua eclesial que la explosin popular de apostasa no fue responsabilidad sola de los bolcheviques. Mucho tuvo que ver la enorme cantidad de vagos que desde finales del s.XIX, se meti a sacerdotes, utilizando la sotana para ocultar sus vicios, lo que provoc la indignacin de los rusos. (Recordemos a Blok, cuando, no por retrica, escriba sobre el cura que echaba a perder jovencitas).

Por otra parte, con el trasfondo de las declaraciones sobre que la iglesia ortodoxa no tiene derecho a la protesta social (que solo lo tiene a rezar), y que la historia sovitica no se puede considerar rusa (tuve que or esto de boca de Alexander Shumshy), la diferencia entre la jerarqua de la IOR y los tan mentados exitosos hombres de negocios comienza amenazadoramente a disiparse.

El odio hacia el pasado destruye el presente, como esos complejos adolescentes que se arrastran hacia los padres y que terminan por quebrantar la salud mental de los adultos.

No seremos pueblo mientras no podamos entender nuestro pasado, aceptarlo (sin perdonar sus pginas negras), hacer las paces con l (como han hecho Polonia y Rumania con sus regmenes de los aos 30), mientras sigamos desligndonos de l de un modo histrico, esforzndonos en convertirnos en unos desarraigados fulanitos Juan Nadie.

Tenemos por delante la tarea de repensar nuestra historia, recuperar el sentimiento de integridad, y conseguir que de factor de debilidad y descomposicin, lo sea de fuerza y consolidacin.

Sin esto, sin la percepcin de la civilizacin sovitica como forma de la civilizacin rusa, basada en la cultura rusa, estamos condenados a ser un espacio indeterminado entre las fronteras de China y Finlandia, pues los que luchan contra su pasado se privan de su futuro.

Nuestros competidores estratgicos se esfuerzan en cizaar esa guerra, para debilitarnos y destruirnos. Ayudarles en eso, sera indigno.

Notas de la Traduccin.

Mijal Deliaguin es Director del Instituto de Problemas de la Globalizacin y Doctor en Economa.

Fuente: http://www.ng.ru/politics/2009-11-20/3_kartblansh.html 



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