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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2009

Memoria del 27 de noviembre de 1871
Barbarie colonialista en La Habana

Pedro Antonio Garca
www.cubahora.cu


Al medioda del 27 de noviembre de 1871, un tribunal militar espaol en juicio sumarsimo, conden a muerte a ocho estudiantes de Medicina de la Universidad de la Habana y a trabajos forzados a otros 31, sin descontar que impuso reclusin carcelaria a cuatro educandos de ese centro.

El llamado Cuerpo de Voluntarios, fuerza paramilitar del colonialismo espaol para reprimir todo sentimiento independentista en la Isla, festej la sentencia, cuando uno de sus capitanes, desde el balcn de un edificio de la Plaza de Armas, la dio a conocer a la multitud chovinista congregada all.

Los 31 condenados a trabajos forzados fueron llevados como criminales por las calles de la ciudad hacia las canteras de San Lzaro, en donde los pusieron a picar piedras con solo un poco de caf aguado en el estmago.

A los ocho condenados a muerte, conducidos hacia la explanada de La Punta, los colocaron de cara a la pared del depsito del Cuerpo de Ingenieros, de rodillas y de dos en dos, y ejecutados a eso de las cuatro de la tarde por el piquete encabezado por el capitn de Voluntarios Ramn Prez de Ayala.

Qu horrendo crimen haban cometido esos ocho estudiantes y sus 31 compaeros para recibir sancin tan severa y haber concitado el odio de los "patriotas" espaoles?

LOS HECHOS

En la tarde del jueves 23 de noviembre de 1871, los alumnos del primer ao de Medicina de la Universidad de La Habana se dirigieron hacia el anfiteatro de San Dionisio, contiguo al Cementerio de Espada, para su clase de Anatoma.

Ese da falt el profesor. Entre los estudiantes, como era usual en la poca en que la Universidad reciba muchos adolescentes incluso de 14 aos de edad, comenzaron a jugar y a tirarse piedras. El presbtero Mariano Rodrguez, capelln de la necrpolis, les reconvino y amonest.

Los muchachos no hicieron caso y siguieron jugando en la entrada del camposanto. Cuatro de ellos cogieron la carretilla destinada a transportar cadveres a la sala de diseccin. Y uno arranc una flor del jardn...

Dos das despus, a primera hora de la maana, el gobernador poltico espaol Dionisio Lpez Roberts, atendiendo una denuncia annima, se person en el Cementerio de Espada. Este siniestro personaje solo andaba buscando una justificacin para reprimir a la poblacin cubana residente en la ciudad.

La animadversin de Lpez Roberts y los llamados Voluntarios se exacerbaba despus de la muerte en una ciudad norteamericana de un periodista espaol Gonzalo Castan, partidario furibundo del colonialismo, en un duelo con un cubano.

En ausencia del capelln lo atendi el celador, Vicente Cobas. A este, un insistente rumor lo seala acusadoramente como el difamador sopln.

Acto seguido, acompaado por el inspector de polica Manuel Araujo, se present en el aula de segundo ao para detener a sus alumnos como presuntos profanadores de la tumba de Gonzalo Castan, furibundo partidario de la colonia espaola, fallecido meses antes en un duelo irregular.

Solo la actitud viril del profesor Juan Manuel Snchez Bustamante, quien arguy: "yo respondo de la conducta de mis alumnos, entre ellos no hay ninguno capaz de realizar actos de tal naturaleza", impidi la detencin. Lpez Roberts insisti en el aula de primer ao: all el profesor no fue tan valiente y los 45 estudiantes fueron arrestados.

Solo un sanitario del Ejrcito espaol, quien asista de oyente y fue dejado en libertad, y tres ausentes otras fuentes sealan incluso un cuarto alumno que no fue ese da a clases- se salvaron de ir a prisin.

De nada vali que el capelln del cementerio tratara de demostrarle al gobernador poltico Lpez Roberts que nunca hubo profanacin. Los estudiantes ya estaban sentenciados.

Uno de los Voluntarios resumi la situacin: "No importa de que no sea cierta la profanacin; hay que vengar la muerte de Castan y esto no se consigue ms que derramando sangre cubana".

 

JUSTICIA "A LA ESPAOLA"

Se constituy un consejo de guerra, presidido por el coronel Alejandro Jaquetot e integrado por quince capitanes, con el comandante Mariano Prez como fiscal. Como defensor se design al capitn Federico Capdevila.

El primer veredicto, con sentencias muy benignas, fue rechazado por los paramilitares partidarios de la colonia espaola, el llamado Cuerpo de Voluntarios, y el mismo tribunal tuvo que "volver a deliberar". El segundo dictamen los satisfizo.

El tribunal comenz por separar a cuatro de los 43 estudiantes detenidos. Dos de ellos eran hijos de espaoles ilustres de la colonia y parece que la orden vino de "las alturas" y ni los Voluntarios la discutieron.

A los dos hijos de cubanos, les salv que uno de ellos era el cuado de un "juez", quien abog por l y por su amigo y compaero de estudios. Los cuatro fueron sancionados a una leve reclusin carcelaria sin imponerles trabajos forzados.

A los 39 restantes, se les "quint", por lo que se determin as en ocho los que iban a ser condenados a muerte.

Cinco de ellos ya estaba predeterminados: Alonso lvarez de la Campa (La Habana, 1855), por arrancar la flor; ngel Laborde (La Habana, 1853), Anacleto Bermdez (La Habana, 1851), Jos de Marcos Medina (La Habana, 1851) y Juan Pascual Rodrguez (1850), por jugar con el carro de los cadveres.

Los restantes se seleccionaron por sorteo: Eladio Gonzlez (Quivicn, 1851), Carlos de la Torre (Camagey, 1851) y Carlos Verdugo (Matanzas, 1854), quien por una de esas ironas se encontraba en su ciudad natal el jueves 23 por lo que no poda haber tomado parte en la pretendida profanacin. Pero sin tomar de cuenta ese aspecto, fue fusilado con los dems.

Once alumnos entre ellos Fermn Valds Domnguez, quien ya haba sido encausado junto con Jos Mart por infidencia en 1869 fueron sentenciados a seis aos de crcel; veinte estudiantes, a cuatro aos; otros cuatro, a seis meses.

Aunque ya estaba en libertad, tambin fueron "juzgados" Octavio Smith, menor de edad e hijo de una norteamericana, e Ildelfonso Alonso, natural de Santander, Espaa: Resultaron, como era obvio, absueltos.

Lo interesante de este juicio no es que las sanciones nos parezcan muy desproporcionadas ante el supuesto delito, sino que ni siquiera este pudo probarse.

El capelln del cementerio aclar entonces -y hasta su muerte no ces de afirmar- que las rayas en el nicho de Castan (la pretendida profanacin), cubiertas por el polvo y la humedad, "las he visto desde hace mucho tiempo y por lo tanto no pueden suponerse hechas por los estudiantes".

Por su honestidad, el presbtero fue separado en aquel noviembre de su cargo por las autoridades espaolas. Dicen que la Iglesia Catlica tuvo que esconderlo en aquellos das de 1871 para que no sufriera las iras de algunos Voluntarios que le llamaban traidor.

Un juicio tan amaado como este, con acusaciones no probadas y severas condenas, no nos recuerda otro proceso reciente por el que cinco compatriotas todava estn presos?

Fuente: http://www.cubahora.cu/index.php?tpl=principal/ver-noticias/ver-not_ptda.tpl.html&newsid_obj_id=1034785



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